
Saúl Leiter
Monasterio (pretérito,
presente) se exime de pecados y de púbicas cóleras ¿Cuántas formas arrojadas al
fuego, lo dolo tatuado en la ceniza, la cintura vendaval prohibida del jadeo
cantábile? Monasterio alimenta la mentira y el nepente zurcido en ojos
verdugos, de los que juzgan el color de la noche: para lo asqueroso la
violencia sobre los cuerpos disfrazada de jaculatoria; e ingresar entre
escalones, cristos crucificados, pastiches de lo divino no verosímil y ayas
lejanas con baberos agrios, y ayes en boca de aves de fuego, y flacas hayas
obstruyendo el camino a la cueva, la cueva, la ciudad, la ciudad, la no muralla…
examinar los frasquitos repletos de amoxicilina que retienen los hedores de las
vejaciones, los susurros, la inclemente mirada del yeso —yo me imbuyo
del rosal enjaulado, de triturar sus pétalos para que reposen en mis revueltas
vísceras, libertar mis alveolos de la tea, elementos que en el aire tercian
sobre gemidos y terrores (se ha negado el libro para el control del aire, San
Cipriano) —yo he visto los extramuros, mi sobria (ebria) pena: la
existencia de la fiesta o la glorificación del exceso, lo anatema, la
revocación de las sumas, los amperios sobre el ojo ciego; aquí, no se despega
la nuca del coito de los cardos, las almohadas repletas de treponemas, los
reinos del paso humoso destazados… porque en casa nadie halla la necesidad de
la máscara, la banalidad del Diablo de presumir los cuernos frente al espejo,
la imposibilidad masturbadora en la hora de las confesiones. Monasterio ¿libertad
de andar dentro de las cercas? Ingresar al betún confundido con éxtasis. Apresa
el lenguaje del alcohol, semen, hierro, pátina, desgarrada enagua —el antebrazo
entumecido; para elevarte ante mis ojos, desparejar el hueso, jugar con los
nervios… aceleración, detención, equivocaciones entre diástoles y sístoles; las
falanges se contraen, la lengua se mastica a sí misma —catarsis para
volvere a la posición fetal, nada se acostumbra al astro obscuro, rompo la
placenta, añadidura de pliego que se niega al pincel. Y el vientre de mi madre,
mi primera culpa: joderle el útero. La primera pulsión (la negación de Eros).
La contaminación, Ego pienso Ego soy al momento de la lluvia en la ventana
parkinsoniana. Las sombras como yeguas. El globo ocular que provoca vértigo a
la viga, el artificio de la luz, SU SONIDO. Deuda con Maoj, cita: algunos de los
muñecos se han hecho con furia, hilos improvisados; otros, delirio de anatomía,
con delicadeza, los puercoespines: la carca de los cuerpos que llora, grita,
reclama, declama ¿venganza, justicia, mirada?; dilo con una voz sarcástica.
Todo como universo tántrico. Afuera, el encestar, las canicas, la pértiga, que
delicia, la saliva escupida a los cielos (¿Panero?).
SOY YO TU
PROLE. Mis articulaciones resultan las suyas tratando de acoplarse a sus
dobleces, sus contracturas, sus madores; el encuentro con lo deforme. Temo que
nadie ha penetrado falotrado mis extremidades con tanto amor odio —no
delectación al beso del cristal en mi cuerpo, y confieso la pústula de lo
contrahecho; ahora palpo vericuetos donde la tierra fue lisa, ahora introduzco
mis pulgares en otras cavidades; ver para creer; el espejo son los ojos de
otros que erran entre las calles y no apartan los tenebrios su canto cuando
perciben mis pieles mal cosidas —. Tus hijos tienen nombres de Ángel. Te defenderán de
las pupilas con carnosidades. A mí me observan con desprecio, me turba. Todo
ángel es terrible, toda belleza es igualmente terrible (Rilke). ¿Qué es
belleza? Monasterio. Mi escolástico conocimiento, mi conocimiento medieval: «La belleza…
es orden y proporción». La belleza
monstruosa ¿La belleza monstruosa? ¡la belleza monstruosa! Belleza como caos,
desproporción, aquello que causa horror: repetición… terribles ángeles.
Terribles alas. Ícaro que cae, y vuelve a morder la axila excusando piojos.
Olvidado el sol materno (pequeña contradicción
psicoanalista, el astro mayor visto como símbolo femenino, símbolo de poder,
como un miembro mutilado mascado por Cesar anárquico), obligación de
pertenencia: rito, entre los rostros de estas creaciones, buscar el suyo sobre
el lamento del corifeo, buscar sus labios y carillos palpitantes. Porque con
toda ave el carrillón, la elección, lo irreconocible, lo muerto jurado al
buitre. La espera, quizá, el solo deseo de negar el tiempo, lo que no se logra…
mañana, mañana. Volverán con el carrillón, las aves, el parpadeo del oído. Pero
todos los cuerpos femeninos se hallaban descuartizados, lo táctil es pecado,
fácil que la lengua dibuje círculos en el seno y mate la sed; primaria la
cabeza, el dictatorial ojo, y por ende el error, la garganta no contenta, el
cuello solo para el ahorco, de nuevo, la ira, la erección. Porque no existe la
santidad, la hipocresía de mi modorra que anda sin tremar las mareas. Lágrimas
entre este ritual (que veo desde las cadenas) desfila a vista de la muchedumbre,
podredumbre, como carnaval, es el carnaval, la rotura de los tabúes, la rabia
contagiosa que se celebra, admiran lo que me está prohibido, MONASTERIO. Sor
Inés, me lo dijo… Sor Inés, ilegible, mi brutalidad. Aquí justifico mi delirio:
carnaval
[...]fomento de la violencia y el desenfreno, inversión de lo establecido en el
que lo malo se convierte en lo divertido y aceptado; es decir, la máscara se
convierte en un signo de rebelión contra el orden, un símbolo de liberación
frente a la represión del hombre (Martínez, Belén; 2023, p.12). […] el carnaval era el triunfo de una especie de
liberación transitoria, más allá de la órbita de la concepción dominante, la
abolición provisional de las relaciones jerárquicas, privilegios, reglas y
tabúes. Se oponía a toda perpetuación, a todo perfeccionamiento y
reglamentación, apuntaba a un porvenir aún incompleto. (Bajtin, 2003, p.19) He
allí tu respuesta, aire. He ahí tu respuesta, viento. El trance. La utopía: Je
ne suis pas une femme. ¿esto tampoco me pertenece, el ápice, el áspid, el
bolo? Porque toda máscara es libertad, extrañamente la mayoría de muñecos
femeninos (observe el útero cosido sobre la ropa blanca) carecen de cabeza,
descuartizadas; su exclusión parece demostrar la repulsión falo céntrica hacia
lo desconocido, peligroso, distinto; lo pavoroso se adentra en el ser con el
acto del escisión o la carencia de (se interpreta aquí, como el espectro
femenino del lenguaje que se repugna y se niega, este se subyace a la
hipótesis: todo lenguaje es masculino). Lo salvaje contra lo civilizado. Lo excluido
entonces, es aquello que procede de la madre (Suniga & Tonkonoff, 2012,
p.5). Porque el sacrificio de lo materno me permite el lenguaje, porque
asesinar a mi madre me permite hablar (ethos), pensar (logos), y solo el
sufrimiento al rememorar el erótico acto, en clave Bataille, se transforma en
emoción (pathos); por ello, mi segunda culpa —esta máscara
que me has dado, empotrada con miel ¿Alas, Ícaro…? me permite caminar por las
calles, /no preso/ de la angustia de ser vapuleado por mis heridas, mi cuerpo,
permanecer fuera de casa, del monasterio, mi cuerpo malo —. La libertad obtenida con el vagido, el juego, el
juego, ADICTO DOLOR.

Saúl Leiter
Monstruo
observa a presa: la novia; transpiración marchita las rosas que /posee/ aquella
(imagen semi descuartizada, la sangre que mana de las cavidades faciales
reconstruye crimen, gangrena, sangre). Cuerpo encima de cuerpo. Poseer. Posesión.
Posesión. Rosa Desposeída. Muchas manos que instauran la tristeza, compresiones
en el torso, el peso del otro, del amo. Rio con gordos esquifes. Connotación
sexual. El enmascarado (la bestia) conserva /identidad/, libertad de
observación, libre de castigo (su bestia). Su demencia ante mí entre cigarros
intensos o galaxias, su panorama ante mí entre fantasmas promiscuos o mantequilla,
ante mí entre testigos mudos o cuchillos de gala, ante mí él o yo, ante mí la
palabra o el silencio. Lo insignificante de mi presencia. Y sus ojos como albur
Eielson, el pájaro invisible como radio de un círculo visible que no es un
círculo. Brazos aprietan la cintura vendaval, triple desposesión: otro desposee
otra, otra desposee ella, ella desposee rosa ¿y las marañas de cabello que se
esparcen entre la cera del patíbulo, son retazos de lo mío, de lo que nunca fue
mío? El parir catártico. La triada universal del Poema: hombre > mujer >
poema: comida, igual cadena, igual acción, sexual (Verastegui, Ángel Novus =
Ícaro que cae) La tragedia es: toda escritura es también prole (bastarda)
producto consumo de violación… toda escritura es dar a luz; el parangón así: imagen
conducto al abismo, la trema pierna, el yo, extradiegético, extradigestivo, imposibilitado
de acción, solo reacción pasiva, contención, negación, depuración, llanto: su
FALA-CIA ¡su falacia!, su existencia para manipulación, su juego, su carcajada
—de
niños las plastilinas se transformaban en yoes superhéroes hasta que laceraran
sus colores las manos sucias, las verdaderas manos de tanto conminar al vuelo, de
surcar los invisibles astros de nuestras mentiras; entonces nos reconocíamos en
ellos, en el desgaste, en lo incoloro, en la noche, en el ave; y crear, huir,
era destruir, hacer amorfo algo; de niños, desechamos aquellos monstruos, pero
supimos erectarnos o castrarnos, supimos del uso de la caca (Rimbaud), supimos
de los demonios, de la basura, de la gasolina, de la rosa, de las cacofonías,
monstruoso monasterio de monos — ; la usanza que provoca estimulación mental y
corporal, ESPIRITUAL DOLOROSA, MEA CULPA, el terror que conmina al grito y el
grito que obliga al /cuerpo/ a parir en los labios: pathos. Ello es mi tercera
culpa —quizá en los sueños la noche me encuentre en
redención, y los pájaros que entone no carguen en sus picos tu sangre, no el
gong —; la ficción de la salvación, la redención de la
víctima o el mero acto periodístico, la descripción, no penetración en el acto
violento, el ajeno plumón mascado entre los dientes, el no encuentro; el
ebúrneo vicio, turbación, asombro, quiero retirarme del ritual… Y la andrógina
progenie turistea la ciudad. La otredad. Para purificación o escritura,
silencio o subrepticia sonrisa. No santidad, tricotomía distinta, sucia,
algarabía de lo impúdico. ¡Qué asco! ¡Qué horror! ¡Alguien cuélguenos del ojo
crepuscular! ¡Alguien sálvenos de estas mierdas! snÑSNwegipbwkssdkfnSLKGNKLwsaeg
Referencias
bibliográficas
Bajtin, Mijail (2003). La cultura popular en la edad
media y en el renacimiento. El contexto de Francois Rabelais. Alianza
Editorial. Madrid, España.
Cultura
Unsa. [Cultural Unsa]. (31 de octubre del 2024). Te
presentamos el 𝐜𝐚𝐭𝐚́𝐥𝐨𝐠𝐨
𝐯𝐢𝐫𝐭𝐮𝐚𝐥
de "𝐑𝐈𝐓𝐔𝐀𝐋
𝐀𝐆𝐎𝐍𝐈́𝐀"
Exposición Individual, a cargo de 𝐋𝐮𝐫𝐲
𝐌𝐚𝐨𝐣.
[Publicación]. Facebook. https://web.facebook.com/share/p/SjDqzx5mUJWydmMn/
Martínez
Baena, Belén (2023). Máscaras ¿magia o anonimato? Análisis sociocultural de las
máscaras en el ámbito audiovisual y virtual [Tesis de Grado]. Universidad de
Sevilla. https://idus.us.es/bitstream/handle/11441/150536/PUB_MART%C3%8DNEZBAENA_TFG.pdf?sequence=1&isAllowed=y
Natalia Suniga y
Sergio Tonkonoff (2012). Lenguaje, Deseo y Sociedad. Los Aportes de Julia
Kristeva. VII Jornadas de Sociología de la UNLP. Departamento de Sociología de
la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación, La Plata. https://www.aacademica.org/000-097/23