martes, 6 de enero de 2026

MARTÍN ADÁN: CUANDO UN POETA SE VUELVE INMORTAL Y UN HUMANO OBRA EL MILAGRO

 Este artículo está especialmente dedicado al poeta Andrés Piñeiro por su infatigable tarea





Martín Adán, llamado en los anales Rafael de la Fuente Benavides, nacido en Lima el 27 de mayo de 1908, se despliega ante nosotros no como simple poeta sino un caminante de callejuelas limeñas que observan la humanidad con la paciencia de un mayordomo inglés midiendo el té con compás y escuadra, mientras el mundo —torpe, fisgón y desalmado— se estampa contra su cordura con la torpeza de un gato en la escalera. Desde mozo convirtió cafés, tertulias y bibliotecas en sendos espacios de lucidez recóndita, donde cada letra se tornaba en microcosmos y cada verso en un artefacto alquímico de significación y sonido, afirmando a Hubert P. Weller que “soy un humano como los de por la calle que versifica sobre su experiencia y procura hacerlo con alguna precisión gramatical” (Adán, 13 de septiembre de 1974, en Martín Adán. Cartas y entrevistas, p. 32), declaración que haría sonreír al mismísimo Oscar Wilde mientras los críticos se rascan la testa y tropiezan como oficiales perdidos en escalera de caracol, y en otra interpelación concluye: “Yo mismo he vivido simplemente mi vida, sin relacionarla con la poética” (Adán, 1978, en Martín Adán. Cartas y entrevistas, p. 265), dejando en claro que su exilio interior, sus silencios y su barroquismo verbal no se destinan a murmuraciones ni frivolidades, y que cualquier intento de encasillar su ser en categorías especulativas es tan absurdo como un paraguas agujereado bajo la llovizna de Londres. En una carta a José Miguel Oviedo advierte con la finura de un gentleman: “no recuerdo los textos … esos poemas no son míos” (Adán, 1971, en Martín Adán. Cartas y entrevistas, p. 12), gesto que subraya la soberanía de su obra y la exigencia de que sea leída, custodiada y venerada por los que poseen la paciencia de un jardinero que poda rosales mientras se burla de la trivialidad humana; y mientras los contemporáneos lo observan como quien contempla un relámpago sin comprender la descarga eléctrica, Adán convierte su retiro voluntario en acto de soberanía estética, su silencio en metáfora, y su humor soterrado en lección de agudeza para quienes pretenden apresar lo inaprensible; la voz del poeta se torna torrente en donde la lucidez, la ironía y la erudición se mezclan como ginebra, limón y hielo medidos con precisión arcana, y así, entre cartas, cuadernos, cafés, paseos nocturnos y silencios prolongados, Martín Adán reina, imperturbable y burlón, mostrando que la poesía es territorio de creación, el exilio interior, imperio y la verdadera comprensión solo se alcanza en leer su palabra, no en chismes ni murmuraciones, y que su legado es un torrente de intensidad, barroquismo y brillantez irónica que desafía la mediocridad con la elegancia de un aristócrata que brinda con té y sonrisa ante el caos del mundo que no lo alcanza a comprender; y he aquí, en el cenit de esta narración que gira y se retuerce como serpiente de oro, que si Martín Adán permanece vivo en el presente, si su verbo intacto sigue iluminando la comprensión y el corazón de lectores, ello se debe a la labor incansable, erudita y devota de Andrés Piñeiro, custodio sublime y amante del arte, quien con paciencia, sabiduría y ardor literario ha rescatado, preservado y difundido la obra del poeta, asegurando que su luz jamás se extinga, que su legado sea perpetuo, y que generaciones futuras puedan contemplar la majestad, la ironía, la densidad y la soberanía de un Martín Adán eternamente vivo gracias al celo, la pasión y el amor por la literatura de Piñeiro, cuyo nombre quedará grabado junto al del poeta como guardián de la memoria y maestro de admiración sin tacha ni parangón.



ENTRE EL ECO CONFUSO DE MÓRBIDOS DECIRES

Los testimonios sobre Martín Adán, cuando se leen en bloque, se convierten en un desfile de percepciones desiguales que revelan más la mediocridad o la incapacidad de sus contemporáneos que la verdadera magnitud del poeta; Juan Mejía Baca, por contraste, se erige como custodio y confidente, único capaz de comprender que el exilio interior de Adán no es capricho ni extravagancia sino acto de soberanía estética y laboratorio de lucidez extrema, mientras los demás —escritores de apellido rimbombante, cronistas de tertulias y observadores superficiales— apenas rozan la superficie del fenómeno, limitándose a registrar anécdotas trivializadas, comentarios fragmentarios o impresiones ingenuas, como quien intenta medir el océano con un vaso; Mejía Baca, en cambio, acompañó al poeta, editó sus textos, organizó manuscritos, cartas y cuadernos con la paciencia de un alquimista y la devoción de un discípulo que comprende que cada silencio, cada retiro, cada gesto de distancia es parte integral de la obra y de la vida, mientras los otros —Reynoso, Ginsberg, Alarcón Larrabure y una larga ristra de observadores mal equipados para el asombro— apenas detectan su presencia como curiosidad exótica, incapaces de penetrar el tejido de densidad y coherencia que define la retirada de Adán; ellos ven la soledad, pero no la entienden, escuchan sus palabras pero las confunden con delirio, observan sus gestos pero los banalizan como caprichos temperamentales, y comentan la obra como si fuese un objeto aislado, sin percibir que cada línea escrita, cada silencio prolongado y cada exilio voluntario constituyen un laboratorio de soberanía interior que solo Mejía Baca supo custodiar, preservando la obra y la memoria del poeta para quienes, en verdad, desean acercarse a la magnitud de su creación; en suma, los contemporáneos “comprendentes” son apenas ecos deslavados, espectadores de un misterio que se les escapa, mientras Mejía Baca, con fidelidad, lucidez y amor crítico, nos entrega la verdadera medida de Martín Adán: poeta cuyo exilio interior, lejos de ser debilidad, es acto de potencia máxima, cuya lucidez se confunde con locura solo ante ojos incapaces de seguir la densidad de su pensamiento, y cuya soledad, custodiada por un amigo digno de su confianza, deviene testimonio de la soberanía absoluta de la palabra y de la vida creadora.


LOS "COMPRENDENTES"

El filósofo Alberto Benavides Ganoza, sobrino del poeta, al rememorar a Martín Adán, ofrece un testimonio que combina cercanía humana y reconocimiento literario, presentándolo  no solo como mito o figura de exilio interior, sino como interlocutor agudo, socarrón y profundamente lúcido; Benavides Ganoza lo describe como un maestro del lenguaje, encantador y criollísimo, limeñísimo, capaz de convertir la lectura del periódico en un acto casi ritual, usando la lupa para transformar cada noticia en función de cine, demostrando así su relación intensamente reflexiva con el mundo y con las palabras; recuerda, asimismo, la precisión y rigor con que Adán abordaba la realidad, mezclando erudición y humor irónico, y destaca la manera en que la soledad y el retiro voluntario del poeta constituían, lejos de debilitarlo, un laboratorio de creación y un espacio de soberanía estética; la atención de Benavides Ganoza hacia la preservación de la obra y la vida de Adán se evidencia en la conservación y donación de objetos personales del poeta, como su máquina de escribir y sus anteojos al Centro Cultural Antares, lo que subraya no solo el vínculo afectivo sino también el compromiso con la memoria cultural y literaria; este testimonio permite apreciar a Martín Adán como lector exigente, creador de su propio exilio interior y figura cuya lucidez y coherencia radical se manifiestan tanto en la obra escrita como en la forma de habitar el mundo, consolidando la imagen de un poeta que, mientras se apartaba de la mediocridad social y de la visibilidad convencional, convertía la soledad, la incomprensión y el silencio en instrumentos de creación y en medidas de excelencia estética, elevando su vida y obra a un espacio de libertad y perfección donde la aparente locura se revela finalmente como lucidez extrema y coherencia absoluta.











MÁS ALLÁ DE LA "LOCURA"


Martín Adán, que se reconoce en la altura y el abismo de un Hölderlin trasladado a Lima, habita simultáneamente la claridad y la sombra, la ciudad y el silencio, la conciencia y la ausencia, mientras Mirko Lauer observa con la precisión de un cirujano de conciencias y la ironía apenas contenida de quien contempla desde el borde del mundo la mediocridad humana y señala que este exilio interior, que se despliega como territorio infinito de introspección, no es huida, ni enfermedad, ni extravío, sino coherencia radical, lucidez extrema, soberbia estética y acto de cinismo elevado a categoría de arte donde cada hospital, cada habitación saturada de libros y papeles que se amontonan como ruinas de civilizaciones posibles, cada biblioteca donde la luz llega con retardo calculado, cada silencio prolongado y cada gesto que parecería delirio son en realidad laboratorio de pensamiento, catalizador de lenguaje, prueba de perfección, manifestación tangible de la densidad del arte y de la conciencia que se retuerce sobre sí misma hasta volverse absoluta autonomía y donde la locura y la lucidez se confunden en hilos imposibles de deshacer, cada línea escrita es afirmación de independencia y resistencia a la mediocridad, cada instante de retiro es acto de alquimia barroca, cada incomprensión social es parámetro de excelencia y cada respiración contenida es instrumento de creación mientras la vida y la obra se confunden hasta devenir indistinguibles y la sintaxis se encadena sobre sí misma como río de luz y tormenta, hipérbole tras hipérbole que se multiplica hasta saturar la percepción y donde la sociedad, impotente ante tal despliegue de lucidez y densidad, solo puede observar desde la distancia confundida y silenciosa mientras el poeta atraviesa simultáneamente el mundo y el vacío, la ciudad y la memoria, la palabra y el silencio y convierte cada hospital, cada cuaderno, cada sombra, cada pausa, cada respiración contenida en imperio, en laboratorio, en testimonio de soberanía absoluta, y Lauer, testigo y cronista de este exilio interior, nos muestra que la locura aparente no es sino lucidez elevada al máximo, coherencia absoluta que confunde y sobrecoge a quien pretende medirla con instrumentos de mediocridad mientras la soledad se transmuta en matriz de creación, la incomprensión en medida de excelencia, el aislamiento en potencia poética infinita y la densidad del lenguaje en territorio de soberanía suprema donde cada gesto, cada silencio, cada línea, cada instante de retirada es evidencia de que la verdadera libertad y la verdadera creación no residen en el reconocimiento, en el aplauso ni en la adhesión social sino en la capacidad de sostener sin concesión alguna la intensidad absoluta de un universo interior cuya magnitud excede la comprensión de todos los ojos y de todos los juicios, y que Martín Adán, en su exilio voluntario, en su contemplación implacable, en su retirada soberana, es náufrago, demiurgo, Hölderlin limeño, alquimista de palabras y maestro de un arte de existir cuya coherencia y lucidez transforman la locura percibida por los demás en expresión de la perfección más rigurosa y la incomprensión en instrumento de creación absoluta mientras cada línea, cada silencio, cada gesto, cada respiración continúa siendo acto de soberanía, acto de belleza extrema y acto de resistencia literaria infinita.



Adán, M. (13 de septiembre de 1974). Carta a Hubert P. Weller. En Martín Adán. Cartas y entrevistas (pp. 32–33). Fondo Editorial PUCP.

Adán, M. (1978). Entrevista a Martín Adán. En Martín Adán. Cartas y entrevistas (p. 265). Fondo Editorial PUCP.

Adán, M. (1971). Carta a José Miguel Oviedo. En Martín Adán. Cartas y entrevistas (p. 12). Fondo Editorial PUCP.



lunes, 5 de enero de 2026

MIGUEL ÁNGEL ZAPATA. ROGER SANTIVÁÑEZ Y LAS GRIETAS DE LA PASIÓN

 


Roger Santiváñez (Piura, 1956) irrumpe en el contexto de la poesía peruana e hispanoamericana con una música distinta: las palabras se articulan en el interior del poema haciendo música con el silabeo, al mismo tiempo que van creando un ensamblaje inusual y coherente. Hay en su poesía un equilibrio entre lo semántico y lo sintáctico, prevaleciendo siempre la musicalidad de las palabras. Aquí no se trata de una música monocorde, sino de una múltiple expansión sonora. En sus primeros libros podíamos apreciar versos largos de corte narrativo, siempre controlando el exceso o la brevedad sin sentido. Recuerdo vívidamente el “Poema para Martin Adán” que saliera publicado en el suplemento “Imagen” del extinto diario la Prensa de Lima (mayo, 1977). Esa fue la primera vez que leía un poema de Roger Santiváñez.

Lo que llamó mi atención en esa oportunidad fue el control del verso largo y corto, combinados adecuadamente en el poema. Además de la simbología urbana, la degradación de la urbe limeña a través de una mirada aguda, y un atisbo erótico bien matizado. Por ahí, el poeta Martin Adán deambula ebrio de la soledad. La poesía de Roger Santivañez, desde entonces, ha venido trabajando espacios líricos complejos, y con una variedad temática que nos asombra. Entendió bien que el silencio es escribir, y que lo monótono produce sordera en el poema. La tarea del poeta no ha sido solo la creación obsesiva de un objeto verbal, sino sobre todo establecer una relación estrecha con la dimensión humana y sus membranas eróticas, entre otras temáticas. Precisamente, los poemas de Virgen de Guadalupe (Manofalsa Editores & Salto de Mata, 2025) se acercan más a una dimensión personal que exclusivamente del lenguaje.  La eroticidad tanto de las palabras como de los hechos son la médula de este libro.

Siguiendo una clave de George Bataille, el erotismo se configura como uno de los aspectos de la vida interior del hombre. El hombre- dice Bataille- busca fuera un objeto del deseo, pero ese objeto responde a la interioridad del deseo. Teniendo en cuenta esta premisa, el libro responde a una textualidad interior trastocada en una saludable transgresión. El erotismo se acerca a la escritura, y al deleite de poseer tanto a la amada como al signo del poema: “Ligera silenciosa suspendida se agarra de mi/ Escritura porque quería escuchar esa madrugada/ Cuya luz apenas percibías me sacaba de onda…” (p. 13). El libro esta poblado de dulcificación y deleite entre tercetos que culminan siempre con la locución latina Laus Deo (Gloria a Dios). El título Virgen de Guadalupe nos puede llevar a un equívoco en tanto pareciera enunciar algo místico o de celebración religiosa, no obstante, está lleno de espumas, sensaciones, hervores, y humedales corpóreos.

 En la segunda parte del libro se lee “Virgen de Guadalupe” (Milagro segundo). Recordemos que el segundo milagro de los Milagros de Nuestra Señora de Gonzalo de Gonzalo de Berceo (siglo XIII) se titula "El sacristán fornicario", una historia que narra cómo un clérigo devoto de la Virgen María, es un empedernido pecador. El poeta peruano, por cierto,  dice: “hay una melodía que casi no se/ Escucha/ porque yo ya vi sus vinculaciones/Transmitidas por tu cuello erguido/ En la congregación mariana…” (p. 19). El Mester de Clerecía es llevado a un contexto contemporáneo, con cambios radicales en la sintaxis y carnalidad de las imágenes. Virgen de Guadalupe también se podría conectar con El Libro de Buen Amor de Juan Ruiz, en lo referente al “amor mundano”, pero sobre todo su acometividad erótica. Al final de cuentas, Virgen de Guadalupe no es un canto mariano, sino una fervorosa arteria de la pasión.

Virgen de Guadalupe es un libro que posee infinidad de posibles acercamientos. Los poemas contienen un ritmo que nivela aquel canto dotado de complejidad y hermosura. En sus constelaciones se sienten ecos bien asimilados de Góngora, Lezama Lima, Martín Adán, como también la orfebrería de Néstor Perlongher, y la tradición mística traviesa. Encontramos fisuras frecuentes que equilibran el ritmo de los poemas, mientras surge el despliegue del fraseo preciso, es decir, el ritmo Santiváñez.  Es en apariencia un ritmo dislocado que pesa como una perla. Aquí la poesía descubre otros campos semánticos, idilios nuevos ante la vastedad del erotismo, y la transgresión incurable de la pasión:

 

Espejo donde admiras tu belleza & te tocas

Los cabellos derramados persuasiva siempre

A la hora del amor consientes mi boca

En la grieta que jamás se fatiga

 

 

Long Island, Diciembre, 2025

LUIS ROLDÁN. TOM WAITS. MÁS ALLÁ DE LOS HITS.

 





Al pensar en la gran canción popular de la segunda mitad del siglo XX, hay nombres que inevitablemente vienen a la mente: Bob Dylan, Leonard Cohen, Johnny Cash y, si vamos un poco más allá, quizá aparezca sobre la mesa el nombre de Lou Reed. Sin embargo, a mi parecer, existen figuras que no aparecen con la frecuencia que deberían, figuras con las que la historia mantiene aún cabos sueltos y una de esas es Tom Waits.


Tom Waits ha llevado la canción popular hasta los límites de la realidad, quebrantando incluso las convenciones mismas de lo que una canción debe narrar y de cómo debe hacerlo. Desde baladas jazz de carácter urbano, que retratan la decadencia moral y material de la ciudad que lo vio formarse, hasta disolverse como parte de su propio universo felliniano de circo, cabaret y surrealismo, Waits ha estado siempre atravesado por una necesidad de frenesí creativo que lo ha conducido a realizar discos que dialogan con el cine, el teatro, la publicidad y las historias de bares.

Resulta pertinente establecer una separación de etapas dentro de su carrera. Por un lado, existió el baladista beatnik que retrataba a los personajes marginales de Los Ángeles. Este primer Waits, fuertemente influenciado por el cine noir y la literatura norteamericana de su tiempo, explora los distintos géneros propios del folclore de su país. Folk, country, blues y jazz conviven a lo largo de sus cuatro primeros discos. Nos encontramos ante canciones situacionales que invitan al oyente a emitir sus propios veredictos o a extraer sus propias conclusiones, del mismo modo en que podría suceder frente a una pintura de Edward Hopper o en uno de los cuentos de Raymond Carver. Waits aplica magistralmente una fórmula ya transitada por los artistas antes citados, pero la desplaza hacia el territorio de la canción popular con una sensibilidad más ambigua, narrativa y profundamente teatral.

Ya bien entrada la década de los ochenta, Tom Waits da un giro radical en su sonoridad, llevando su ambición creativa más allá de los instrumentos musicales que, en un inicio, dieron forma a su obra. Influenciado por Harry Partch, Waits comienza a hacer música a partir de sonidos que no provienen de instrumentos convencionales, sino de la vida misma. Incorpora grabaciones de máquinas industriales, sillas arrastradas por el suelo y golpeteos de cristales, desplazando el eje de la composición hacia una escucha ampliada de lo cotidiano.

Waits otorga voz a esa cotidianidad y la impregna de un carácter artístico. El gesto de Waits recuerda al de Duchamp en tanto desplazamiento de lo cotidiano al campo del arte. Sin embargo, mientras el ready-made duchampiano busca la desactivación del afecto, Waits opera en sentido inverso: inscribe el ruido en el cuerpo, la narración y la experiencia social. No se trata únicamente de una búsqueda estética: cada sonido arrastra un trasfondo simbólico, una carga expresiva que se camufla entre los elementos del día a día. De este modo, los metales industriales percutidos con martillos no funcionan solo como recursos sonoros, sino como parte de una escenificación más amplia, donde la precariedad del obrero —figura recurrente en la obra de Waits— encuentra una forma de hacerse audible.

Tom Waits admite sin conflicto no tener hits y ser un artista difícil, y lo hace sin pedir disculpas: las cosas son como son. No responde a parámetros comerciales, no persigue estadios llenos ni la repetición constante en la radio. Desde 1973, Waits emprendió una búsqueda que no ha cesado: una exploración obstinada de los márgenes, donde el ruido se vuelve lenguaje, el cuerpo deja oír su cansancio y la canción popular se resiste a ser cómoda. En esa negativa a complacer, en esa fidelidad a lo torcido, reside la vigencia de su obra.

PRIMICIA: CAYRE ALFARO FONSECA. EL ANIMAL Y OTROS FELINOS

 





Escribí los doce fragmentos de la primera parte de este libro, dedicado doce meses después, publicado gracias a la complicidad de mis mejores amigos. Años después, reescribí texto por texto bajo el título  
El animal y otros felinos, en una serie de prosas que parodiaban un bestiario medieval. Es otro proyecto, sin embargo, acaso descartado. Al revisar mis apuntes de los últimos cinco años, en la simulación de una semana, reescribí siete fragmentos que entendí como la secuela de Hay un animal entre nosotros, la segunda parte lo primero que publiqué y que espero nunca dejar de escribir. 


Lima, verano de 2024

 

 

[…]

pensar en un poema
de amor fascista

versos como
qué bonito
el color de tus ojos
qué lindo
tu tono de piel
qué—

la televisión interrumpe
el fluir de lugares comunes

algo así como una carrera
de motociclistas
en una ciudad desconocida

el narrador pide que alguien
se caiga / se accidente
para que una carrera aburrida
se convierta en algo interesante

pensar en un verso contra hitler
y no escribirlo




[…]

escribir un poema
es cuando tienes dos vacas
y viene un vecino
y ya no sé qué sigue

nunca diría
hagamos la revolución juntos

en todo caso diría
veamos una serie juntos
hasta quedarnos dormidos


nacimos en un tiempo
que no nos corresponde
sería una afirmación
que me mandaría
de vuelta a la facultad

en todo caso
un amague
de estrofa marxista

solo a tu lado
es posible
sobrellevar
el capitalismo


 

PANTERA

Yo jugué el juego del amor. Tú jugaste el juego de la mentira. Eso escribe, con el peso de los lugares comunes, la pantera en su libro dedicado al animal. Siente que ha vivido un libro que nunca debió ser escrito. Siente que la escritura no sirve para la vida y que la vida no sirve para nada y que el animal es una mierda. Eso siente. El animal también tiene sentimientos encontrados. Siente que hay dos libros. En la vida siempre hay dos libros. En un libro, en el libro de la pantera, es un villano. Es el enemigo. Una presa que debería ser cazada. No le gustaría leer ese libro. No le gustaría que ese libro se escribiera. No le gustaría, en realidad, que ningún libro se vuelva a escribir. Sin embargo, disfruta de escribir su libro. En su libro no hay villanos ni héroes. Solo un matrimonio que no funcionó. Alguien salió de caza y regresó con las manos vacías. Eso sucede más de lo que se cree, piensa el animal. Acaso escribe esa oración. Piensa en terminar su libro, en dedicárselo a la pantera y en que la vida siga como la escritura. Salir de caza, regresar con las manos vacías y evitar el llanto. 

 







EDUARDO PADILLA. SCHEHEREZADE, NOVELISTA

    







   

Adolf Eichmann estrenó su autobiografía de 315 páginas

en Jerusalén; edición severa,

inflexible,

de un manuscrito original de

3,564 páginas

transcritas a partir de una grabación magnética,

según Arendt,

que observa

que a Eichmann

le hubiera encantado seguir

hablando  y componiendo

auto-ficciones

a lo largo de un juicio

que le concedió el honor

de batir los récords

de tiempo registrado por un solo alemán

bajo el más riguroso y publicitado

escrutinio.

Pero Eichmann, siendo honestos,

no era bueno,

i.e.,

su vida era extrañamente

aburrida

y su talento

no podía conducir

la atención del público

a través de las mil y una

noches didácticas

necesarias para

liberarlo.

 

Esto no significa, creo,

que la autoficción

sea una empresa abyecta

per se,

pero tal vez sugiere

que nuestras vidas

son más interesantes

antes de compartirlas.

 

A veces pienso en el tío Antonio que

-según mi madre-

pasó sus años

guardando sus uñas

(las que se cortaba

cada tercer día)

en una caja fuerte

y al final

murió y nadie sabía la

combinación de la caja

pero nadie tampoco

quiso averiguar.  

ROM FRESCHI . TAMARA KAMENSZAIN Y EL NEOBORROSO: UN CHISTE LITERAL

 


foto de Ludy Villanueva




La trayectoria de Tamara Kamenszain atraviesa diferentes agrupaciones y generaciones de escritores y se constituye en enlace de redes (Maíz y Fernandez Bravo; 2009, Maíz, 2011) que actúan tanto en la tradición argentina como en la latinoamericana. Allegada a la revista Literal, protagonista de la flexión rioplatense del neobarroco, el neobarroso, y punta de flecha de las reflexiones del siglo XXI en torno a las literaturas sin metáfora (Kamenszain, 2008) y/o postautónomas (Ludmer, 2021), lo cierto es que al proponer el término “neoborroso” (2013), Kamenszain enlaza, de manera humorística, un recorrido que la mantiene conectada con variadas redes a nivel nacional y continental, al tiempo que produce una diferencia que la vuelve vinculable con otras generaciones. De esa manera, consolida nuevas conexiones y se recorta en un “cuarto propio” como “poeta-crítica” que postula la continuidad de la tradición a través de la ruptura.  Me interesa hacer un recorrido por la trayectoria de Kamenzsain a través de las propuestas de las distintas agrupaciones y redes con las que establece contacto para, a través de una “explicación del chiste” (Masotta, 2008; Kristeva, 2005) “neoborroso”, dar con una posición de irreverencia que conjuga tradiciones que se piensan por separado.

 
Lo borroso

Este escrito surge en el marco de los intereses de distintos proyectos de investigación en el ámbito académico, que se combinan con mis inquietudes previas como poeta, y lectora y que me llevaron a singularizar desde distintos aspectos la figura y la obra de Tamara Kamenzsain como una presencia recurrente a la vez que cambiante en los últimos cincuenta años de literatura argentina y latinoamericana.

Esa recurrencia y esa variación se deben, en gran medida, a una multiplicidad de roles asumidos por Tamara Kamenszain en el trabajo con la literatura, que van más allá de un género literario o incluso de la escritura misma, y que van configurando un determinado espacio, con un determinado acervo dentro del reparto de lo sensible (Rancière, 2009). Kamenzsain ha formado parte de grupos de, en sus palabras, amigos escritores, en torno a la revista Literal, fue llamada y se autodenominaba neobarroca, a la hora de escribir literatura y eso implica el rol dual de poeta-crítica, pero también ha realizado trabajos en otras posiciones que ofrece la institución literaria, como son la tarea de bibliotecaria, la realización de entrevistas y reseñas periodísticas, la lectura de originales como consultora en editoriales, la gestión de espacios culturales como el C. C. Rojas, la coordinación de Talleres de Poesía o Escritura Creativa particulares y en diferentes instituciones, tanto en Argentina como en el exterior, la docencia universitaria tanto de teoría e historia literaria como de escritura creativa, labor que incluye la creación y participación en la Licenciatura en Artes de la Escritura de la Universidad Nacional de las Artes. A eso podemos sumar el enlace “literal” con Héctor Libertella, (Freschi, 2025) (y la maternidad también literal en relación a Mauro Libertella). Esa multiplicidad la posiciona como una figura de enlace y conexión entre redes de muy diferente índole.

En su escritura propiamente dicha, es notable una construcción elástica de los géneros literarios que lleva a una indiferenciación entre ellos, en cuanto a que, si bien la leemos mayormente como poeta, ensayista y crítica literaria, también ha escrito novela y autobiografía, pero sobre todo, en cada uno de esos géneros, ha mezclado todos los otros produciendo tensiones en la enunciación literaria y sus polos de ficción y testimonio. (Hamburger, 1995)

 En ese punto de cruce entre un lugar de enunciación múltiple y una diversidad de roles dentro de la institución literaria, podríamos pensar que Tamara Kamenszain se encuentra habilitada a tomar varias o incluso todas las direcciones a la vez. Me interesa entonces pensar su lugar de enunciación y su posición en la literatura argentina – y también la latinoamericana. Para ello, me serviré como punto de partida de una de sus invenciones: el vocablo “neoborroso”.  La palabra, que fue evolucionando a la vista de los lectores- indiferenciados también entre amigos, alumnos, íntimos y éxtimos-  puede volverse metáfora a la vez que proyección de la propia carrera y poética de Kamenzsain.

De acuerdo a su relato en una entrevista realizada por Enrique Foffani en 2010, el término surge como respuesta del momento a una pregunta sobre el neobarroco en una mesa de lectura en un festival de Ecuador. Más tarde, en la promoción de su poesía reunida, en 2013 aparece el titular: “Kamenszain: <Quiero transitar hacia el neoborroso>” (Toledo, 2013). Ya en 2016, el término resulta parte de uno de sus artículos académicos, y queda convertido en “concepto” que permite pensar la obra de una generación posterior.

Entonces, surge en un contexto latinoamericano: Ecuador, y el neobarroco. Es notable en cuanto que, en algunas discusiones meramente argentinas, el barroco y el neobarroco son temas perimidos (Díaz, 2021; Freschi, 2025), mientras que fuera de Argentina las discusiones hallan continuidades de distinta índole. Esto sería material para otro trabajo. Con todo, es posible señalar que marca desde el surgimiento del término una diferencia de contextos en los que el vocablo opera: uno latinoamericano, en el que el debate y la escritura neobarroca continúan teniendo vigencia y otro argentino en el que esas discusiones y prácticas se hallan invisibilizadas o se consideran obsoletas, en tanto no son retomadas por los espacios académicos, incluso hasta el punto en el que parecen darse por terminadas con el propio Perlongher (Freschi, 2025).  En ese punto, la respuesta de Tamara consigue por un lado, señalar lo perimido de la discusión, pero sin cortar del todo su propia relación con el neobarroco. La expresión reúne dos pájaros de un tiro.


El chiste

La palabra “neoborroso” puede describirse como compuesta del prefijo “neo” y el adjetivo “borroso”. Sin embargo, está claro que su sentido no se limita a la unión de los significados que aporta cada significante, sino que debe interpretarse en el contexto de las discusiones ya mencionadas sobre el neobarroco. Es entonces cuando puede pensarse como un chiste, de acuerdo a la reflexión de Freud, puesto que actúa en un contexto que le ofrece, como mínimo, una otra interpretación. En el espacio de una sola palabra, se condensa y ahorran una serie de explicaciones si uno se halla en el marco del contexto compartido al que alude la expresión.

 Es que el término resulta una variación del término “neobarroco”, pero además del “neobarroso” consignado por Perlongher, el cual resulta el modelo para comprender el gesto de Kamenszain. Los dos, tanto Perlongher como Kamenzsain, emplean la técnica de composición de un chiste que Freud describe como “condensación con formación de sustitutivo”, es decir, una mezcla de palabras que resulta una palabra mixta en la que además se cambia un sonido y que necesita un contexto particular para ser comprendida. (Freud, 1996, p.1036)

De acuerdo con Freud (1996, p.1167) el chiste produce placer, y este placer es vivido como un ahorro que se extrae de la “actividad anímica, un placer que se había perdido precisamente a causa del desarrollo de esta actividad, pues la euforia que tendemos a alcanzar por estos caminos no es otra cosa que el estado de ánimo de una época de nuestra vida en la que podiamos llevar a cabo nuestra labor psíquica con muy escaso gasto: esto es, el estado de ánimo de nuestra infancia, en la que no conocíamos lo cómico, no éramos capaces del chiste y no necesitábamos del humor para sentirnos felices en la vida”.

De esta cita,  me interesa pensar el cambio etario, cronológico, en la producción de sentido, y el placer ligado al humor, que es una producción pero es vivida como un ahorro. En el lugar – o los lugares – de enunciación que condensa o combina  Tamara Kamenszain hay una producción de sentido humorística ligada a la línea  Literal- Neobarroso- Neoborroso, que es además una línea temporal, cronológica en la historia literaria nacional y en la de Kamenzsain misma.


A continuación me centraré en algunas reflexiones más sobre el chiste provenientes de otros teóricos del psicoanálisis cercanos a Kamenszain y que considero pueden ser útiles a la hora de pensar su lugar de enunciación.

En primer lugar, Oscar Masotta, publicado y referido con frecuencia en el entorno de Literal. He mencionado aquí la frase “matar dos pájaros de un tiro” en un intento por unir aquello que, de acuerdo con Masotta, en la lógica del discurso, funciona al modo de los teros: “ponen el grito en un lugar y los huevos en otro” (Masotta, 1991. p. 45). En su visión del psicoanálisis, Masotta refiere a una política del tero, esto es, un funcionamiento del lenguaje en el que “la palabra revela su semejanza fundamental con el chiste. La función de las palabras por donde las palabras revelan su capacidad de remitir no a lo que quieren decir sino a otra cosa. Hay en la palabra para el psicoanálisis un operador “tero”. No hay que buscar en ellas lo que ellas significan sino otra cosa.” (Massotta, 1991, p. 45)

En esta operación de referir a un contexto otro, propia del discurso, y del chiste, Masotta propone, con una operación también de humor, una diferencia de contextos, que están separados pero que se unen a través de la palabra. Así el lenguaje es capaz de traer a la superficie manifiesta del lenguaje, contenidos ocultos en la profundidad latente del inconsciente, que en su contraste, resultan una “confesión”. En Masotta, las pulsiones sexuales y sus divisiones, entre varones y mujeres, o masculinas y femeninas resultan equivalentes como formas de relación con un solo objeto teórico: el falo y una misma falta de éste.

De esta manera, las jerarquías entre ámbitos, dimensiones, géneros, estructuras, roles, lenguajes, etc. esto es, las jerarquías en general, se ven en un estado de transgresión: es el contraste y la fricción lo que produce el chiste, en un universo ilimitado de contextos, sean banales, o altamente consagradores.

Otra posición cercana a Kamenzsain es la de Julia Kristeva. En su primera visita a Buenos Aires, Julia Kristeva ofreció una conferencia sobre la Pasión Materna. Kamenszain da cuenta de esta visita (2020), además de otras lecturas que hace sobre ella. En esa conferencia, Kristeva comenta aquello que llama la “pasión materna”.

En relación a la subjetividad materna, Kristeva (2005) observa una inestabilidad de la relación yo-Otro que produce graduaciones muy variadas entre polos muy amplios de exaltación-depresión, o proyección-identificación con distintas presentaciones, estadíos y tensiones que se suceden desde el embarazo, el parto y vuelven a experimentarse al recursar la infancia con le niñe.

De esta manera, la pasión o función materna, para Kristeva, resulta tan estructurante de la subjetividad de le niñe como la función paterna. Será la madre la encargada de estructurar, con el cambio y su posibilidad, el sentido de la temporalidad en le niñe, y la adquisición del lenguaje.

Kristeva otorga la transmisión de la cultura a la pasión materna, y hace uso de la reflexion de Freud sobre el chiste. Kristeva observa que quien cuenta un chiste, no solamente sabe el efecto que tiene, sino que sabe construirlo, y su atención se concentra en el espectador, quien debe captar el significado oculto del chiste. De esa manera, como quien cuenta un chiste, son las madres quienes transmiten los sentidos de la cultura para que sean descubiertos por le niñe sin explicación previa, y sobre todo, sin forzar los propios sentidos sobre le niñe.

En ese acto de transmitir los sentidos sociales, de manera chistosa y didáctica y sin anticipar el final, Kristeva observa una sublimacion de la pasión materna que permite a les niñes crear su propio lenguaje. En esa sublimación, hay un desapasionamiento que torna la pasión en una broma y consigue transmitir, igual que el adn, las claves de la cultura.

Me parece muy claro que Tamara Kamenszain es consciente de su lugar en las culturas argentina y latinoamericana,  lugar que está además tamizado por el espacio que esas culturas les han dado y les dan a las mujeres, es decir, a las poetas- poetisas (del neobarroco- neobarroso o no), tanto en el contexto argentino, como en el latinoamericano y el occidental.

Su respuesta, en clave de humor, tiene el valor de reunir sin mencionarlos una serie de sentidos que marcan la diferencia de los contextos, les da lugar, para luego dejarnos ver la construcción de un cuarto propio[1]. Que no los mencione, no implica que no sean escuchados, al contrario, desde una tradición Literal, el modus operandi de Tamara Kamenszain resuena de lleno en la irreverencia, en la intriga y el humor.

Por un lado, se hace parte del neobarroco al avanzar en la denominación a partir de un juego fónico con el lenguaje frecuente en esa red – ella menciona primeramente a Perlongher y el neobarroso, y posteriormente alude al New Barranco, enunciado por Cucurto (Kamenzsain, 2016, pp.601-602) pero podríamos pensar otras, desde lo latinoamericano, lo neoberraco (Sarduy, Castañón), o lo neo-no-barroco o el barrococó (Espina). Por otro lado, al instalar lo borroso, se sitúa en una zona de indeterminación aún mayor que la que ofrecería lo barroso del neobarroso, puesto que tanto el neobarroco como el neobarroso tendrían un desgaste que los convertiría en cristalizaciones:

 

“… con el Neoborroso se trata de borrar lo ya cristalizado, ahora podemos pasar a otra cosa, es como una vuelta de página: lo que una vez fue útil, ahora ya no lo es más.” (Entrevistada por Foffani, 2010)

 

A diferencia de lo barroco y lo barroso, que aluden a cosas materiales – perlas, barro – el neoborroso anula, borra esa materialidad, parece tornarse puramente conceptual. El neoborroso propone un estado de indeterminación y una acción “borradora”, garante de un futuro posible.

 

En esa garantía de futuro, opera un lugar de enunciación en perpetua transición, que además es fiel solo a la transición. Cuando hay dureza y cristalización, la lengua borra lo anterior con un fluido. Ahí el chiste, el desapasionamiento materno, de acuerdo a Kristeva. Que es además neobarroso, cuya lengua poética se despliega en juegos de palabras.

 

Kamenszain admite no haber comprendido originalmente el gesto de Perlongher:

“… nosotros, sus compañeros de ruta, no teníamos la capacidad de vislumbrar. Es por eso tal vez que leímos el paso con el que él avanzó desde el neobarroco al neobarroso, más como ejemplo de un extraordinario malabarismo lingüístico que como un verdadero gesto crítico” (Kamenszain, 2016, p.600)

Así como “lo que empezó como poesía / tuvo que terminar como novela” (Kamenszain, 2021, p.15) parece que lo que comenzó como un chiste o “malabarismo lingüístico” puede devenir herramienta crítica. Kamenszain enlaza vida y poesía, ficción y testimonio, chiste y crítica a través de un movimiento temporal que permite hallar entre lo binario un punto de indiferenciación (o indiferencia, diría Aira) borroso. 


Lo singular como tradición

Con la palabra “neoborroso”, entonces, más que dos, Kamenzsain mata varios pájaros de un mismo tiro, entra y sale del neobarroco y del neobarroso, con un término propio que le da un lugar de singularidad. A su vez, inventa un concepto, asunto de la Filosofía (Deleuze- Guattari, 1997), concretando una vez más una posición entre la literatura y la filosofía que la ha caracterizado, que podemos pensar que también la singulariza en tanto su género: poetisa-crítica. Se suma así el debate sobre la palabra “poetisa”, que Kamenszain (2021) parece revivir como un anacronismo - esto es también un cambio de contexto -, y esa reflexión sobre la historicidad de las palabra, que puede pensarse en primera instancia como otro chiste, o gesto de provocación,  resulta que la mete de lleno – o la devuelve pero esta vez con su propio espacio e independencia simbólica - a una tradición de irreverencia argentina.  

Esa tradición, en su trayectoria personal, podemos verla desde sus inicios con su cercanía a la revista Literal. (Freschi, 2025) Desde su número 1, la revista propone la intriga como modo de participación, cuestión que instala en cinco puntos al inicio de la publicación y un ensayo breve al final. Allí se lee, entre otras cosas:

“La insistencia de ciertos juegos de palabras es literatura, como lo comprende cualquiera que sepa escuchar un chiste”  Literal nro. 1: una intriga

Y también:

“Montada como intriga literal, el juego donde el texto teórico podrá ser portador de la ficción, y de la reflexión semiótica y tejerá la trama de poema.” Literal nro.1, La intriga

 

Entre estas nociones de intriga, juego, reflexión semiótica, teoría, ficción y poema, la práctica literaria se acerca a una producción para la escucha del chiste. Es decir, a un tipo de comprensión y transmisión particulares de la cultura.

 


 

Bibliografía

 Deleuze G., Guattari, F, (1997) ¿Qué es la filosofía? Barcelona, Anagrama

Díaz, V. (2021). “neobarroco, neo-barroco”. En Beatriz Colombi

(coord.). Diccionario de términos críticos de la literatura y cultura en

América Latina, Buenos Aires, Clacso pp.353-364.

Fernández, N (2020) Ensayos críticos. Violencia y políticaen la literatura argentina. Tradición, canon y reescrituras. Córdoba, Alción

Foffani, E. (2010) “La extraña familia” Entrevista a Tamara Kamenszain, Radar Libros, Página 12, 24 de octubre

Freud, S (1996) “El chiste y su relación con el inconciente” en Obras Completas, Madrid, ed. Biblioteca Nueva, Tomo I pp.1029-1167

Freschi, R (2025) “Un enlace Literal en el neobarroso rioplatenseen Narodowski, Patricio   4tas. Jornadas de Investigación / UNAJ : investigaciones interdisciplinarias en el territorio en el actual contexto pp.517-528 disponible en: https://rid.unaj.edu.ar/handle/123456789/3375.2

----- (2025) “La red visible de Medusario: conexiones analógicas para la emergencia de la Muestra”  en Freschi R y Schnirmajer A. Compiladoras Redes culturales en América Latina (siglos XIX a XXI) Algunos entramados continentales: modernismo, neobarroco y desbordes, UNAJ, pp.93-144

disponible en https://rid.unaj.edu.ar/server/api/core/bitstreams/62810ed5-170a-4166-af0e-26e028e76620/content

-----(2024) “Muchas versiones / en una única escena sobre Tamar(a) y Kamenszain”, en plebellanube iimxxiv, disponible en https://plebellanube.wordpress.com/wp-content/uploads/2024/07/tamara-y-kamenszain-x-freschi.pdf

----- (2023) “Narratología transgenérica: un enlace entre poesía e historia. dictadura y posdictadura argentina en dos poemas de perlongher y thénon”, Revista de Investigación Narrativa, Universidad de Mar del Plata, RAIN, Vol. 3, Nº6, Julio-Diciembre , ISSN 2718-751 pp. 145-162

García G. et al. (2011) Literal, edición facsímil, Bs. As. Biblioteca Nacional

Hamburger K. (1995) La lógica de la literatura, Madrid, Visor

Kamenszain, T. (1996)  “Epílogo” a Medusario, muestra de poesía latinoamericana, Echavarren, Kozer, Sefamí, compiladores, México, Fondo de Cultura Económica

----- (2000) Historias de amor (y otros ensayos sobre poesía), Paidós, Bs. As..

----- (2012) La novela de la poesía, obra reunida, Bs. As. Adriana Hidalgo

----- (2016) Un intimidad inofensiva: los que escriben con lo que hay, Bs. As. Eterna Cadencia

----- (2016) “NEOBARROCO, NEOBARROSO, NEOBORROSO: Derivas de la sucesión perlongheriana en la poesía argentina actual”, BHS 93.6 UNA pp.599-608

----- (2018) El libro de Tamar, Bs. As. Eterna Cadencia

----- (2020) Libros Chiquitos, Bs. As. Ampersand

----- (2021) Chicas en tiempos suspendidos, Bs. As. Eterna Cadencia.

Kristeva, J. (2005) “Maternity today”, Colloque Gypsy V Vendredi 21 et samedi 22 octobre 2005-10-28 Rêves de femmes, disponible en www.kristeva.fr

Libertella, Héctor, (2002) compilador Literal 1973-1977, Bs. As. Santiago Arcos Editor.

----- (2006) La arquitectura del fantasma. Autobiografía. Bs. As.Santiago Arcos Editor.

Masotta, O. (1991) Lecciones de introducción al psicoanálisis, México, Gedisa

-----(2008) Lecturas de psicoanálisis. Freud, Lacan, Bs. As. Paidós

Rancière, J (2009) El reparto de lo sensible, Santiago de Chile, LOM

Toledo F. G. (2013) “Kamenszain: <Quiero transitar hacia el neoborroso>”, Diario Uno, 11 de Octubre.

 



[1] En el punto del humor, cabe destacar que Kamenszain no puede leerlo del todo en el neobarroco, podemos pensar por su contexto latinoamericano, y sí en el neobarroso, al que circunscribe a Perlongher como autor argentino. Lo reconoce de manera más tardía, y por eso quizás lo adjudica mejor a una generación siguiente, viendo humor únicamente en algunos poetas, sin salir ya del contexto argentino. En el caso de Cucurto, por ejemplo, Kamenszain asocia el gesto de leer el neobarroco como un sketch televisivo, o en el caso de Laguna, realizar un poema sobre una toallita femenina como algo banal y abyecto a la vez, como herencia de Perlongher en clave “neoborrosa”. En futuros trabajos cabría pensar que esas características- y otras - ligadas a Perlongher pueden adjudicarse a varios poetas neobarrocos y también a otros posteriores justamente porque la influencia y herencia de Perlongher resulta mucho más amplia de lo que ha sido leída hasta ahora. Por otro lado, también es necesario mencionar que esas características también han sido pensadas dentro de la categoría generacional de los 90, exclusiva del contexto critico argentino, con las contradicciones que allí se encuentren. Quizás sea momento de pensar las relaciones de la escritura de Perlongher con un arco mayor de las variantes de escritura de los 90 y posteriores, y con un marco que le restituya los vínculos con el neobarroso como práctica rioplatense y el neobarroco como movimiento continental. Un buen punto de partida es el modo en que Nancy Fernández (2020, pp. 189-191) analiza la polémica objetivismo- neobarroco en Argentina como una instalación del objetivismo como generación en pugna a partir de un recorte del neobarroco que, entre otras cosas, lo desliga de las relaciones con generaciones anteriores (como la de Literal) y del contexto latinoamericano (Freschi, 2025).