I
la tersura porosa del balón
me hace
pensar en la piel humana
nostalgia
por el contacto
aunque el
contacto sea siempre ilusorio:
lo cierto
es que estamos formados de átomos
hechos de
vacío
y que los
átomos se repelen entre sí
por eso no
nos mezclamos con las cosas
por eso
cuando tocamos
realmente
no tocamos nada
VII
un metro
noventa y ocho
de altura
y contra el
atardecer
mi sombra
se alarga y cubre
al menos
cuatro metros
de
distancia
ese gigante
negro sobre el pasto
de la
cancha de golf
no es otra
cosa
que la
sombra de un enano
VIII
nueve mil
trescientos sesenta y seis puntos
cubren la
superficie del balón de básquetbol
como las
cuentas de un rosario perfecto
XIV
en mis salidas nocturnas
a veces me
topo con Bob Dylan o Snoop Dog
vecinos que
también trotan de noche
por estos
barrios periféricos y marginales
en que
vivimos los que ganamos dinero
desproporcionadamente
nos miramos
de reojo como un tigre que mira a otro tigre
en la
oscuridad del zoológico vacío
y lo
ilumina
XXVII
piensa en
esto: un enjambre de avispas
devora a un
tigre de bengala medio descompuesto
dos
simetrías enfrentadas
la
sinestesia de la avispa con un tigre
en su
aparato digestivo
es un
préstamo, una especie de desdoblamiento
negociación
y plasticidad de la materia
no se me
ocurre un ejemplo mejor
algo así
pasa cuando vistes el toro de los Chicago Bull’s
cuando los
poros de tus manos tocan los poros del balón
cuando el
resorte de los músculos te despega de la tierra
y te mezcla
con el aire
