martes, 6 de enero de 2026

UN COLEGIO, UN DÍA: MARTÍN ADÁN Y EL COLEGIO ALEMÁN

 



No todos los textos llegan como propuestas; algunos llegan como ajustes de cuentas, y este —sobre Martín Adán y el Colegio Alemán— pertenece a esa especie incómoda que no quiere corregir lecturas ni actualizar consensos, sino volver incómoda una pregunta que la crítica literaria y el sistema educativo han preferido mantener en sordina: qué tipo de formación hace posible La casa de cartón y por qué ese modelo fue, en el Perú, una anomalía irrepetible (Lauer, 1989; Sologuren, 1975). Martín Adán perteneció antes de comprender, y perteneció —detalle decisivo— al lugar equivocado: no al Perú, esa entidad siempre explicada con exceso y escuchada con déficit, sino al Colegio Alemán de Lima, cuando Alemania era todavía diccionario, rigor filológico, música verbal y cortesía intelectual, antes de que la historia exigiera aclaraciones y notas al pie (Basadre, 1968; Lohmann Villena, 1994). El Colegio Alemán funcionó entonces como una república mínima del lenguaje, una patria portátil donde la pertenencia no exigía fe ni fervor, sino oído, y allí Rafael de la Fuente Benavides —todavía no del todo Martín Adán— encontró algo que el Perú raramente concede: pertenencia sin épica, sin identidad, sin futuro prometido, solo conversación; no se formaban ciudadanos ni patriotas, se formaban interlocutores, y eso siempre ha sido peligroso (Lauer, 2000; Escobar, 1985).


En ese espacio aparece Emilio Huidobro, maestro de lengua decisivo y silenciosamente radical, cuya influencia ha sido señalada de manera lateral pero persistente por la crítica especializada: no enseñaba a escribir bien sino a escuchar antes de hablar, a desconfiar del adjetivo, a entender que el ritmo precede al sentido, porque la lengua no era herramienta de ascenso ni ornamento cultural, sino una responsabilidad ética (Sologuren, 1988; Núñez, 1974). De ahí proviene esa prosa adaniana que parece siempre a punto de desarmarse, como si estuviera siendo dicha por primera vez, con una ironía que no se explica porque no lo necesita, una ironía que se ensaya en el aula y se perfecciona en el patio. Porque el verdadero currículo, sin embargo, estaba allí: no como recreo sino como escena central, donde el diálogo era constante, la burla una forma de respeto y el humor —seco, preciso, involuntariamente británico— un método de afinación intelectual; el balón rodaba mientras se citaba poesía y allí, sin actas ni ceremonias, se forma una constelación irrepetible: Estuardo Núñez, Carlos Cueto Fernandini, Guillermo Lohmann Villena, Alberto Escobar y, sobre todo, Emilio Adolfo Westphalen, Westphalen librero, Westphalen pasador, Westphalen proveedor de Rilke y Hölderlin, porque los libros no se enseñaban: circulaban, como rumores bien informados (Westphalen, 1996; Cueto Fernandini, 1989).

En ese mismo clima se da la célebre rivalidad con Luis Alberto Sánchez, más discursivo, más confiado en la claridad, mientras Adán era más musical, más oblicuo, más dispuesto a perder con elegancia; las puyas eran constantes, medidas, casi ceremoniales: la claridad también puede ser una trampa, se oía decir; la música, una coartada, respondía otro, y nadie buscaba humillar, se trataba de afilar la frase, de aprender a perder sin dejar de pensar (Sánchez, 1969; Lauer, 1991). Las traducciones del alemán al español, ejercicios en apariencia escolares, respetaban el original solo lo suficiente para poder traicionarlo con inteligencia; el español salía transformado, más consciente de sí mismo, más musical, y en esos desajustes felices se gesta La casa de cartón, no como proyecto sino como acumulación de restos luminosos, fragmentos, escenas, climas donde nada se explica y todo se sugiere (Adán, 1928/1980; Núñez, 1978).

Cuando el libro aparece en 1928, con modestia material, allí está todo: el patio trasladado a la imprenta, el diálogo convertido en fragmento, la ironía elevada a principio constructivo; La casa de cartón no intenta comprender el Perú, intenta reconstruir un clima, y allí nace el malentendido central. Conviene decirlo sin cortesía académica: Martín Adán no entendía el Perú porque el Perú nunca quiso parecerse al lugar donde él aprendió a pensar; el Colegio Alemán fue una anomalía estructural, un error feliz, una falla por donde se filtró brevemente la posibilidad de una educación basada en diálogo, ironía y pertenencia antes que obediencia, y el Perú hizo lo que siempre hace con sus anomalías: las dejó pasar, luego las mitificó y finalmente las neutralizó con homenajes (Lauer, 2005; Basadre, 1983). Hoy no hay patio sino circulación vigilada, no hay diálogo sino exposición, no hay rivalidad intelectual sino ranking, y el humor —ese humor seco, oblicuo, que incomoda— ha sido expulsado del aula por no figurar en los objetivos de aprendizaje; por eso La casa de cartón sigue molestando, no por difícil sino por provenir de un mundo educativo que ya no existe y que, en el fondo, nunca quiso existir del todo, y mientras sigamos formando ciudadanos obedientes en lugar de interlocutores incómodos seguiremos leyendo a Martín Adán como clásico y no como advertencia, que es la forma más educada y eficiente de no aprender absolutamente nada (Escobar, 1993; Sologuren, 1991).


REFERENCIAS 

Adán, M. (1980). La casa de cartón. Lima: PEISA. (Obra original publicada en 1928).
Basadre, J. (1968). La vida y la historia. Lima: Universidad Nacional Mayor de San Marcos.
Basadre, J. (1983). Historia de la República del Perú. Lima: Editorial Universitaria.
Cueto Fernandini, C. (1989). Ensayos sobre educación y cultura. Lima: Fondo Editorial PUCP.
Escobar, A. (1985). Lengua, literatura y sociedad en el Perú. Lima: Mosca Azul.
Escobar, A. (1993). La literatura peruana: tradición y modernidad. Lima: Fondo Editorial UNMSM.
Lauer, M. (1989). Crítica literaria y modernidad en el Perú. Lima: Hueso Húmero.
Lauer, M. (1991). La polémica del modernismo peruano. Lima: SUR.
Lauer, M. (2000). La formación de una literatura nacional. Lima: IEP.
Lauer, M. (2005). El sitio de la literatura. Lima: Fondo Editorial PUCP.
Lohmann Villena, G. (1994). Recuerdos de una generación. Lima: Academia Nacional de la Historia.
Núñez, E. (1974). Panorama de la literatura peruana. Lima: Universitaria.
Núñez, E. (1978). Martín Adán: vida y obra. Lima: Instituto Nacional de Cultura.
Sánchez, L. A. (1969). Testimonio personal. Lima: Universo.
Sologuren, J. (1975). La palabra en el tiempo. Lima: Mosca Azul.
Sologuren, J. (1988). Notas sobre poesía peruana. Lima: Hueso Húmero.
Sologuren, J. (1991). Escritura y tradición. Lima: Fondo Editorial PUCP.
Westphalen, E. A. (1996). Escritos varios. Lima: Pontificia Universidad Católica del Perú.

 

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