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miércoles, 31 de diciembre de 2025

PRIMICIA: SAVIČEVIĆ IVANČEVIĆ, BODROŽIĆ Y HERCEG TRES MUJERES DESPUÉS DE LA GUERRA. SELECCIÓN Y TRADUCCIÓN: LUCIANA HOVRAT PREFACIO Y NOTAS: MAURIZIO MEDO

 

                                                                                                               Dare Dovidjenko


Luciana Hovrat me propuso hacer una antología de poesía croata. Dije que no de inmediato. Venía de una experiencia reciente en la que antología dejó de ser un género y pasó a ser un método de desgaste: consenso coreografiado, Excel moral, fusilamiento con bibliografía limpia. No era una postura: era una reacción física. Y no porque la poesía croata no lo merezca, sino porque toda antología promete hospitalidad y practica una eugenesia educada. Entonces propuso otra cosa: una aproximación. No un mapa ni un panorama, apenas un rodeo torpe. Acepté porque una aproximación no promete justicia: promete error. Y después de lo reciente, el error me pareció la única ética viable. Así,ella debió conformarse con rescatar ciertas voces, como quien saca objetos de un edificio evacuado sin  el tiempo necesario para decidir qué merece salvarse. Luciana lo llama aproximación. Yo, fuga. 
MM


Prefacio

(acercamiento a la poesía croata contemporánea a través de la escritura de tres poetas)

Este no es un inventario ni una genealogía —menos aún una antología, término que acostumbro evitar por su ese penetrante olor a mausoleo—, sino un acercamiento bajo presión: una tentativa de leer la poesía croata contemporánea casi en tiempo real desenredando ese un nudo histórico, lingüístico y político que se resiste a toda estabilización. El gesto es deliberadamente parcial, oblicuo, incluso algo antipático, concentrado en la escritura de tres poetas mujeres cuya obra alcanza su densidad plena después de las Guerras Yugoslavas (1991–2001), no como reacción inmediata al estruendo bélico —esa modalidad suele ser premiada primero y leída después—, sino como sedimentación tardía, espesa, incómoda, de aquello que siguió ocurriendo cuando la guerra dejó de ser noticia y pasó a ser clima1.

Conviene precisar qué se nombra bajo la expresión Guerras Yugoslavas. No se trata de un conflicto unitario ni de una cronología dócil, sino de un proceso de descomposición violenta: guerras de secesión, limpiezas étnicas, desplazamientos masivos, destrucción sistemática de ciudades, archivos, bibliotecas y cementerios y, quizá lo más eficaz a largo plazo, de lenguajes compartidos. Lo que se fractura no es solo un Estado, sino la posibilidad misma de una experiencia histórica común. El pronombre “nosotros”, antaño operativo —aunque estrictamente vigilado— en el imaginario socialista yugoslavo, se vuelve tras la guerra un término sospechoso, cuando no directamente impronunciable sin comillas defensivas2. La lengua, como advirtió Susan Sontag, no solo describe la violencia: puede convertirla en hábito cuando se vuelve retórica disponible (Sontag, 2003).

Desde este punto de vista, estas escrituras no emergen del campo de batalla —escenario demasiado ruidoso—, sino de su duración residual: de lo que sigue vibrando cuando la épica —socialista primero, nacionalista después— ya no logra sostenerse ni siquiera con cinismo profesional, ese lubricante ideológico tan eficaz durante el siglo XX.

Antes de la guerra, buena parte de la poesía croata se movía entre dos polos relativamente estables. Por un lado, la herencia modernista y neovanguardista yugoslava, con su fe crítica en la autonomía del lenguaje, en la capacidad del poema para funcionar como artefacto formal autosuficiente (con o sin lector). Por otro, una lírica culturalmente autorizada, perfectamente compatible con la administración simbólica del socialismo tardío, donde incluso la disidencia encontraba su formato legible, su marco, su expediente. El gesto crítico estaba previsto, y por lo tanto era tolerable. Benjamin ya había advertido que todo documento de cultura es también un documento de barbarie; aquí la barbarie no se negaba, simplemente se difería, como un trámite.

Desde una perspectiva sociológica, la posición de la mujer en la Yugoslavia socialista añade una capa menos heroica. Formalmente integrada al proyecto igualitario —educación, trabajo, visibilidad pública—, su lugar en el campo literario seguía mediado por jerarquías simbólicas robustas: la poeta como excepción celebrable, raramente como norma incómoda. Tras la guerra, la situación no mejora de forma lineal. La democracia posyugoslava introduce libertades formales, pero también precarización, re-tradicionalización del género y una reinscripción del cuerpo femenino como metáfora nacional, reproductiva o sacrificial, según demanda el contexto3. Estas poetas escriben desde esa doble pérdida: la del horizonte colectivo socialista y la del universalismo democrático que prometía neutralidad mientras restauraba, con buenos modales, viejos dispositivos de control.

La guerra rompe el equilibrio poético heredado no solo porque introduce el horror —palabra más precisa aquí que “trauma”, ya muy solicitada—, sino porque vuelve inservibles muchas de las herramientas formales disponibles. El poema deja de poder apoyarse en la metáfora estable, en el símbolo consensuado, en la confianza residual de que el lenguaje todavía representa algo distinto de su propia fatiga. Lo que aparece entonces no es una poesía “experimental” (categoría útil para comités y catálogos), sino una poesía forzada a replantear su estatuto: qué puede ser un poema cuando el suelo histórico, lingüístico y político ha sido retirado sin previo aviso ni manual de usuario.

Estas poetas no escriben sobre la guerra. Escriben después de ella, en un tiempo que no es posbélico en sentido estricto, sino un tiempo suspendido, torpemente nombrado como transición, democratización o normalización, términos todos ellos optimistas por contrato4. Su escritura no busca representar el acontecimiento, sino habitar sus restos: fragmentos de lenguas compartidas, ciudades sostenidas por inercia, archivos rotos, biografías que ya no admiten relato lineal sin caer en la ficción involuntaria.

Aquí el poema deja de ser unidad cerrada y se comporta más bien como campo de fuerzas, en el sentido que Marjorie Perloff atribuye a las poéticas de la indeterminación: textos que operan por presión sintáctica, acumulación y desplazamientos mínimos que erosionan cualquier lectura pacificada (Perloff, 1981). No explican; insisten.


                                                                                           Dare Dovidjenko


El diálogo con otras tradiciones es explícito y subterráneo a la vez: Paul Celan y su ética del resto; Ingeborg Bachmann y la sospecha radical sobre la lengua heredada; las poéticas de la parataxis en Europa del Este; pero también Lyn Hejinian y la idea del poema como espacio de conocimiento no conclusivo. El sentido no se entrega: se negocia, a veces con visible fastidio (Hejinian, 2000).

Desde una perspectiva deleuziana, esta insistencia en el fragmento, el corte y la repetición no debe leerse como déficit, sino como producción de diferencia. No se trata de recomponer una totalidad perdida —gesto sentimental—, sino de insistir en la potencia de lo discontinuo, en una escritura que avanza por variación, pliegue y deriva, no por desarrollo orgánico (Deleuze, 1968). Didi-Huberman permite pensar estos textos como formas de supervivencia: no imágenes ni poemas estables, sino apariciones insistentes, anacrónicas, obstinadas, que reaparecen porque no han sido correctamente enterradas (Didi-Huberman, 2002).

Hay aquí una política que evita cuidadosamente la forma del manifiesto. Lejos de la poesía cívica tradicional, estas escrituras practican una política de baja intensidad pero alta persistencia: desconfían de los discursos, erosionan las narrativas oficiales, se niegan a ofrecer redención. Auden aparece como recordatorio incómodo: la poesía no hace que ocurra nada, pero puede impedir —por un rato— que ciertas mentiras se estabilicen. No es poco. Tampoco es suficiente. Nadie prometió lo contrario.

Comparadas con las voces que las preceden —más seguras de su lugar institucional, más confiadas en la función crítica del lenguaje—, estas poetas escriben desde una intemperie estructural. Carecen de centro, de institución protectora, de lector ideal. A cambio, producen textos que resisten la clausura, que se niegan a concluir. Su gesto más radical no es la denuncia, sino la negativa a cerrar. Deadpan mediante: no prometen salvación; apenas certifican que el daño seguirá ahí mañana.

Esta muestra propone leer estos textos no como piezas aisladas, sino como un tejido de fricciones: poemas que se rozan, se contradicen; notas críticas que no aclaran, sino que incomodan; lenguas —croata y español— que no buscan equivalencia, sino productividad en el error. Advertencia final al lector: no hay baranda, y el suelo no responde reclamos.

Lo que sigue no ofrece consuelo ni panorama. Ofrece supervivencias: formas de escritura que persisten no porque hayan vencido, sino porque aprendieron a sostenerse donde todo lo demás falló. Aquí el poema no promete despertar; apenas constata que, en algún punto impreciso, dejar de esperar también cuenta como método.

Nota 1A

La caracterización de la guerra como “clima” debe entenderse no como metáfora blanda sino como estructura de experiencia. Susan Sontag lo comprendió de forma situada durante su estancia en Sarajevo: montar Esperando a Godot no fue un gesto simbólico, sino una decisión metodológica. Beckett no representa la guerra; organiza la espera. El efecto fue deliberadamente anticlimático, y por ello preciso (Sontag, 1993). Véase también Nota 4A.

Nota 1B

Conviene matizar el entusiasmo retrospectivo por el gesto de Sontag. Beckett en Sarajevo también puede leerse como una estetización mínima de la precariedad, aceptable para el consumo cultural internacional. Esto no invalida la lectura climática de la guerra, pero introduce un resto incómodo que el aparato A tiende a minimizar con elegancia.

Nota 2A

El descrédito del pronombre “nosotros” tras la disolución yugoslava es un fenómeno filológico antes que ideológico. Derrida ya había señalado que todo “nosotros” está estructuralmente atravesado por una frontera interna (nous autres), pero aquí dicha frontera deja de ser conceptual y se vuelve administrativa, étnica, material (Derrida, 1996). El poema responde fragmentando la enunciación por razones de supervivencia, no de estilo.

Nota 2B

No debe exagerarse la novedad de esta crisis del plural. El “nosotros” ya era un pronombre vigilado en el socialismo tardío. La diferencia es que antes existía una institución capaz de simular coherencia. El fracaso actual no es lingüístico, sino institucional. El poema registra esta carencia con una sobriedad que roza la cortesía.

Nota 3A

La posición de la mujer en la Yugoslavia socialista puede describirse como emancipación administrada: derechos efectivos bajo una economía simbólica persistentemente jerárquica. La democracia posbélica no corrige esta asimetría; la redistribuye bajo la lógica del mercado, que resulta menos visible y más eficiente.

Nota 3B

Esta lectura corre el riesgo de homogeneizar trayectorias. Algunas poetas se beneficiaron de la apertura democrática en términos de circulación, traducción y legitimación externa. El problema no es la democracia como régimen, sino su infraestructura cultural deficitaria, que el discurso oficial rara vez reconoce.

Nota 4A

El uso persistente del término “transición” confirma la vigencia del tiempo vacío y homogéneo de Benjamin: una temporalidad que promete futuro mientras neutraliza el presente (Benjamin, 1940/2008). En poesía, esto se traduce en textos sin teleología, sin desenlace, sin aprendizaje final. Véase Nota 1A.

Nota 4B

Benjamin mismo desconfiaba de la aplicación automática de sus categorías. No toda suspensión temporal produce crítica. En algunos casos, la ausencia de cierre responde simplemente a agotamiento formal. El aparato A parece asumir que toda indeterminación es resistencia, lo cual resulta, cuanto menos, optimista.

Nota 5A

La relación con poéticas de la llamada “otra Europa” debe leerse en clave procedimental. Celan (el resto), Herbert (la ética sin épica), Pilinszky (la sequedad), Szymborska (la ironía cognitiva) ofrecen advertencias más que modelos. No hay tradición; hay alertas tempranas.

Nota 5B

La noción de “otra Europa” funciona principalmente como categoría crítica occidental. Su uso aquí es estratégico, pero no inocente. El aparato parece consciente de ello, aunque no siempre dispuesto a asumir las implicancias políticas de esa denominación.

Nota 6A

Lo “croata” de estas poéticas no se define por el acontecimiento bélico, sino por una relación específica con el archivo: bibliotecas destruidas, lenguas fracturadas, tradiciones interrumpidas. Escribir implica administrar restos sin promesa de restauración. Benjamin vuelve aquí como herramienta, no como cita decorativa.

Nota 6B

Definir lo croata solo desde la ruina corre el riesgo de volverlo intercambiable con cualquier experiencia poscatastrófica. La especificidad reside en decisiones formales concretas: sintaxis densa, respiración mínima, resistencia sistemática a la clausura. No toda ruina produce este tipo de escritura.

Nota 7A

Desde Didi-Huberman, estas poéticas pueden entenderse como supervivencias anacrónicas: no continúan una tradición; reaparecen de forma incompleta, obstinada, mal catalogada. El poema no transmite memoria; la perturba (Didi-Huberman, 2002).

Nota 7B

La noción de supervivencia, aunque productiva, tiende a estetizar la precariedad. No toda persistencia es resistencia. Algunas son simplemente lo que queda cuando no hay alternativa. El aparato crítico parece oscilar entre ambas lecturas sin resolver la tensión, lo cual puede leerse como honestidad o indecisión.

Nota 8A

La traducción croata–español opera aquí como diferancia productiva. No busca equivalencia, sino prolongar la inestabilidad del texto. Traducir es documentar la pérdida, no corregirla (Derrida, 1996).

Nota 8B

Esta concepción de la traducción puede resultar poco hospitalaria para el lector no especializado. La fricción productiva tiene un umbral; más allá de él, se convierte en exclusión. El texto parece aceptar este riesgo con notable tranquilidad.

Nota 9A

El deadpan que atraviesa estas escrituras no es neutralidad afectiva, sino política mínima. En contextos de saturación ideológica, el understatement funciona como sabotaje discreto y persistente.

Nota 9B

También puede leerse como adaptación estilística a un campo literario internacional que premia la contención y penaliza el exceso. No toda sequedad es resistencia; algunas son perfectamente exportables.

Nota 10

La coexistencia de los aparatos A y B no responde a un descuido, sino a una imposibilidad estructural. No existe una lectura estable de este conjunto ni un marco crítico que no se vuelva inmediatamente sospechoso. Esta nota, incluida, participa del mismo problema que señala. El lector puede confiar en el aparato, ignorarlo o leerlo como ficción académica. Ninguna opción garantiza legitimidad, pero todas son coherentes con el material presentado.

Llamadas editoriales para insertar en el cuerpo del texto

1. Guerra como condición atmosférica (no tema)

Al cierre de la frase donde la guerra aparece como “clima”, “ruido de fondo” o “condición material”:

(véase Nota 1A; objeción metodológica en Nota 1B)

2. Sospecha del “nosotros” generacional

Tras cualquier afirmación sobre comunidad, generación o experiencia compartida:

(véase Nota 2A; contra Nota 2B)

3. Mujer en Yugoslavia socialista / mujer en la democracia posbélica

Después del pasaje comparativo (emancipación estatal vs. precarización simbólica):

(véase Nota 3A; ampliación filológica en Nota 3B)

4. Insuficiencia de las poéticas heredadas

Al final del párrafo donde se declara inservible el modernismo, la neovanguardia o el experimentalismo clásico:

(véase Nota 4A; desacuerdo frontal en Nota 4B)

5. Escritura “después de la guerra”

Tras la frase que marque el desplazamiento temporal (no sobre, sino después):

(véase Nota 5A; lectura alternativa en Nota 5B)

6. Influencia de la “otra Europa” (Celan, Bachmann, Herbert, Kiš)

Luego de la enumeración o alusión intertextual:

(véase Nota 6A; corrección histórica en Nota 6B)

7. Diferencia deleuziana / fragmento / pliegue

Tras el uso de términos como “variación”, “dislocación”, “no identidad”:

(véase Nota 7A; advertencia conceptual en Nota 7B)

8. Didi-Huberman y la noción de supervivencia

Al cierre del pasaje sobre restos, ruinas, persistencias:

(véase Nota 8A; en diálogo crítico con Nota 4A)

9. Sontag / Sarajevo / ética de la mirada

Después de cualquier referencia a testimonio, mirada extranjera o responsabilidad estética:

(véase Nota 9A; ironización del gesto en Nota 9B)

10. Qué hace que lo “croata” sea “croata”

Tras el intento de definición no bélica de lo croata (lengua, ritmo, archivo, tradición):

(véase Nota 10A; deconstrucción del término en Nota 10B)

11. Democracia y cambio de referentes culturales

Luego del pasaje sobre mercado, traducción, canon internacional, circulación:

(véase Nota 11A; escepticismo empírico en Nota 11B)

12. Lengua, traducción, intraducibilidad

Tras cualquier mención al español como lengua de llegada:

(véase Nota 12A; corrección filológica en Nota 12B)

13. Cierre ensayístico (apertura, no conclusión)

En la última frase del texto, sin énfasis tipográfico:

(véase Nota 13)


NOTAS AL PIE

Nota 1A

Benjamin, W. (2009). Tesis sobre la historia y otros fragmentos (B. Echeverría, trad.). México: Ítaca. (Trabajo original publicado en 1940).
La guerra aquí no es acontecimiento sino condición atmosférica: no irrumpe, se instala. Benjamin permite leer este desplazamiento al advertir que la catástrofe no es lo que ocurre, sino lo que continúa ocurriendo. En ese sentido, las poéticas posteriores a las Guerras Yugoslavas no tematizan la guerra: respiran dentro de ella. La insistencia crítica en buscar “representaciones” del conflicto resulta metodológicamente perezosa. Véase la incomodidad empírica que esto genera en Nota 1B.

Nota 1B

Judt, T. (2005). Postwar: A history of Europe since 1945. New York: Penguin.
Desde la historiografía, la noción de “atmósfera” carece de precisión operativa. El riesgo es convertir la guerra en metáfora total, borrando diferencias cronológicas y responsabilidades políticas concretas. Esta nota recuerda —con visible fastidio— que los archivos existen, aunque incomoden al crítico literario. Véase, sin embargo, cómo la objeción queda neutralizada por la lectura de supervivencia propuesta en Nota 8A.

Nota 2A

Derrida, J. (1998). Políticas de la amistad (P. Peñalver, trad.). Madrid: Trotta.
El “nosotros” es siempre una construcción diferida, nunca un dato. Derrida resulta central para entender por qué estas poéticas desconfían de toda comunidad afirmativa: no porque renuncien a lo común, sino porque saben que todo “nosotros” llega tarde y cobra intereses. En el contexto yugoslavo, esta sospecha no es teórica: es una medida de supervivencia lingüística. Contra la ingenuidad sociológica, véase Nota 2B.

Nota 2B

Mannheim, K. (1952). Essays on the sociology of knowledge. London: Routledge.
La noción de generación sigue siendo útil si se la maneja con cautela empírica. No toda apelación al “nosotros” conduce al totalitarismo. Esta nota cumple la función ingrata de recordar que no todo pronombre personal es culpable hasta demostrar lo contrario. El aparato A exagera; el B corrige sin entusiasmo.

Nota 3A

Ramet, S. P. (1999). Gender politics in the Western Balkans. University Park: Penn State University Press.
En la Yugoslavia socialista, la mujer fue simultáneamente sujeto emancipado por decreto y objeto simbólico de modernización estatal. El acceso a educación y trabajo convivía con una administración ideológica del cuerpo femenino. La poesía escrita bajo ese régimen hereda una paradoja: igualdad formal, silenciamiento estructural. Tras la guerra, la democracia no resuelve esta tensión: la privatiza. Véase la precisión terminológica (innecesaria pero inevitable) en Nota 3B.

Nota 3B

Verdery, K. (1996). What was socialism, and what comes next? Princeton: Princeton University Press.
Hablar de “emancipación” sin matices es conceptualmente tosco. El socialismo yugoslavo produjo formas específicas de agencia femenina que no se reducen a propaganda. Esta nota introduce la palabra que nadie quiere usar: ambivalencia. Su función es molestar a ambas partes por igual.

Nota 4A

Perloff, M. (1999). Poetics of indeterminacy. Evanston: Northwestern University Press.
La inoperancia de las poéticas heredadas no implica vacío, sino reconfiguración forzada del dispositivo poema. La metáfora estable fracasa porque presupone continuidad simbólica. Lo que emerge es una escritura por acumulación, corte, sintaxis presionada. No es experimental: es defensiva. Véase el desacuerdo casi doctrinario en Nota 4B.

Nota 4B

Burger, P. (1984). Theory of the avant-garde. Minneapolis: University of Minnesota Press.
Declarar obsoletas las herramientas modernas es una forma elegante de no usarlas bien. El problema no es la metáfora, sino la lectura. Esta nota insiste —con terquedad alemana— en que la tradición siempre sobrevive a sus funerales prematuros.

Nota 5A

Huberman, G. D. (2012). Supervivencia de las luciérnagas. Madrid: Abada.
El “después” no es un tiempo cronológico sino una persistencia mínima. Didi-Huberman permite pensar estas escrituras como formas de luz débil: no iluminan, insisten. La poesía no clausura el acontecimiento; lo mantiene abierto, a riesgo de volverse ilegible. Véase la objeción de realismo crítico en Nota 5B.

Nota 5B

LaCapra, D. (2001). Writing history, writing trauma. Baltimore: Johns Hopkins University Press.
Insistir demasiado en la supervivencia puede estetizar el daño. Esta nota recuerda que no toda persistencia es ética. El aparato A confía demasiado en la luciérnaga; el B prefiere encender la luz general, aunque deslumbre.

Nota 6A

Celan, P. (2005). Obra completa. Madrid: Trotta.
Bachmann, I. (1992). Ensayos. Barcelona: Gedisa.
Herbert, Z. (2004). El poder del gusto. Madrid: Visor.
Estas escrituras dialogan con una tradición de la otra Europa marcada por la desconfianza radical hacia la lengua heredada. No hay influencia directa comprobable —y eso es irrelevante—; hay una afinidad estructural: escribir cuando la lengua ya ha sido usada contra sí misma. Véase la corrección historicista en Nota 6B.

Nota 6B

Cornis-Pope, M. (2004). History of the literary cultures of East-Central Europe. Amsterdam: John Benjamins.
El concepto de “otra Europa” corre el riesgo de homogeneizar diferencias nacionales, lingüísticas y políticas. Esta nota cumple la función ingrata de recordar que no todo el Este es Celan. Aun así, el daño ya está hecho (véase Nota 6A).

Nota 7A

Deleuze, G. (1988). El pliegue: Leibniz y el Barroco. Barcelona: Paidós.
La diferencia aquí no es identidad alternativa, sino variación continua. Estas poéticas no rompen: pliegan. El poema funciona como superficie de inscripción de fuerzas heterogéneas. Citar a Deleuze no resuelve nada, pero ayuda a complicarlo. Advertencia técnica en Nota 7B.

Nota 7B

Hallward, P. (2006). Out of this world: Deleuze and the philosophy of creation. London: Verso.
El uso indiscriminado de Deleuze produce más neblina que precisión. Esta nota recuerda —con sequedad británica— que no toda fragmentación es deleuziana ni todo pliegue merece celebración.

Nota 8A

Didi-Huberman, G. (2014). Cortezas. Santander: Shangrila.
La noción de resto no implica ruina monumental, sino material mínimo que resiste ser integrado. Estas poéticas operan como cortezas: no explican el árbol, pero prueban que hubo vida. Véase cómo esta idea corrige retroactivamente la objeción archivística de Nota 1B.

Nota 9A

Sontag, S. (2003). Regarding the pain of others. New York: Picador.
La experiencia de Sontag en Sarajevo no funda una ética del testimonio, sino una ética de la incomodidad. Mirar no salva; mirar mal daña más. Su presencia aquí no es modelo, sino advertencia: el intelectual extranjero siempre llega tarde y aun así escribe. Ironización necesaria en Nota 9B.

Nota 9B

Sontag, S. (1997). Where the stress falls. New York: Farrar, Straus and Giroux.
Sontag también se equivoca, y conviene decirlo. Esta nota introduce una sospecha saludable: incluso la crítica de la mirada puede convertirse en postura cómoda. El deadpan consiste en citarla igual.

Nota 10A

Lotman, Y. (1990). Universe of the mind. Bloomington: Indiana University Press.
Lo “croata” no se define por el acontecimiento bélico, sino por regímenes semióticos específicos: ritmo, léxico, archivo, tradición lírica local. La guerra acelera, pero no crea. Véase la demolición conceptual inmediata en Nota 10B.

Nota 10B

Derrida, J. (1985). La différance. Paris: Minuit.
Toda identidad cultural es diferida. Esta nota cumple su función habitual: desarmar lo que la anterior intentó estabilizar. No propone alternativa alguna.

Nota 11A

Bourdieu, P. (1993). The field of cultural production. New York: Columbia University Press.
La democracia introduce nuevos referentes culturales no por libertad, sino por reconfiguración del mercado simbólico. Traducción, circulación, festivales: el poema cambia de ecosistema. Véase el escepticismo empírico en Nota 11B.

Nota 11B

Casanova, P. (2004). The world republic of letters. Cambridge: Harvard University Press.
La mundialización literaria no garantiza visibilidad ni justicia simbólica. Esta nota recuerda —sin consuelo— que la periferia sigue siendo periférica, aunque ahora viaje más.

Nota 12A

Venuti, L. (1995). The translator’s invisibility. London: Routledge.
La traducción aquí no busca equivalencia, sino fricción productiva. El español no domestica: expone. Esta nota defiende una práctica consciente de su violencia. Corrección pedante en Nota 12B.

Nota 12B

Jakobson, R. (1959). On linguistic aspects of translation. Cambridge: Harvard University Press.
No toda intraducibilidad es heroica. A veces es simple incompetencia. Esta nota recuerda, con crueldad innecesaria, que la filología también existe.

Nota 13 (nota final)

Benjamin, W. (2009); Derrida, J. (1997); Didi-Huberman, G. (2012).
Esta nota pone en duda la legitimidad del conjunto: el corpus, la traducción, el aparato crítico y este gesto final. Si algo sobrevive aquí, no es la verdad del texto, sino su capacidad de resistir la clausura editorial. El aparato crítico no explica el poema: lo asedia. Y aun así, fracasa.


INTRODUCCIÓN BIOBIBLIOGRÁFICA sobre las poetas incluidas en estOS APUNTES


  Las poetas reunidas—Olja Savičević Ivančević, Ivana Bodrožić y Monika Herceg— no constituyen una escuela ni una generación en sentido estricto. Sus edades, trayectorias y estrategias formales difieren de manera significativa. Coinciden, sin embargo, en un punto estructural: su escritura alcanza plena visibilidad después de la disolución violenta de Yugoslavia, en un espacio cultural croata ya reconfigurado por la democracia liberal, la economía de mercado y la reorganización —no siempre coherente— del archivo literario nacional.

Olja Savičević Ivančević (1974, Split)

Formada todavía en el tramo final del sistema cultural yugoslavo, Savičević Ivančević ocupa una posición liminar entre dos regímenes simbólicos. Publica tempranamente poesía y narrativa, pero su obra adquiere centralidad crítica a partir de los años 2000, cuando la lírica croata comienza a reconfigurarse bajo condiciones democráticas. Entre sus libros de poesía más relevantes se encuentran Bit će strašno kad ja porastem (2002), Kućna pravila (2007) y Mamasafari (2012).

Su escritura se caracteriza por una aparente accesibilidad que funciona como estrategia de infiltración: escenas domésticas, registros de la infancia, memoria corporal y violencia cotidiana aparecen articulados en una lengua que rehúye tanto el hermetismo como la transparencia. La guerra no es tematizada como acontecimiento épico ni como trauma fundacional, sino como sedimento difuso en el tejido de la vida cotidiana, especialmente en la experiencia femenina. La crítica ha insistido en leerla como “poeta de la intimidad”; una clasificación cómoda que pasa por alto la dimensión política de su trabajo con la voz, el cuerpo y la genealogía familiar en un contexto de recomposición nacional.

Ivana Bodrožić (1982, Vukovar)



Bodrožić pertenece a una generación que vivió la guerra en la infancia y comenzó a publicar cuando la transición democrática ya se había estabilizado como discurso. Su biografía —marcada por el sitio y la destrucción de Vukovar— ha sido frecuentemente instrumentalizada por la crítica y los medios, reduciendo su obra a una clave testimonial. Este volumen se distancia deliberadamente de esa lectura.

Su primer libro de poesía, Prvi korak u tamu (2005), seguido por Prijelaz za divlje životinje (2012), muestra una escritura de alta condensación emotiva, con fuerte control rítmico y una sintaxis que trabaja por acumulación y quiebre. La experiencia histórica aparece, pero resiste ser organizada como relato. Bodrožić escribe desde una conciencia aguda de la fragilidad de la memoria y de la violencia que implica su institucionalización. Su poesía dialoga con tradiciones centroeuropeas de posguerra, pero también con una sensibilidad contemporánea atenta a los desplazamientos del lenguaje afectivo en el espacio público.

Monika Herceg (1990, Sisak)



La más joven de las tres, Herceg escribe desde una Croacia plenamente inserta en los circuitos culturales europeos y globales. Su obra no responde a la urgencia del testimonio, sino a una relectura crítica de los restos: restos del discurso nacional, del archivo familiar, del lenguaje técnico y jurídico. Su libro Početne koordinate (2018), seguido por Lovostaj (2019), la posiciona rápidamente como una de las voces más incisivas de la poesía croata reciente.

Herceg trabaja con una poética de la fricción: el poema incorpora materiales no líricos —documentos, observaciones clínicas, registros administrativos— sin resolver su tensión con la voz subjetiva. El resultado es una escritura que desconfía tanto de la confesión como de la abstracción teórica. Si en Savičević Ivančević el cuerpo es archivo, y en Bodrožić la memoria es zona de presión, en Herceg el poema se convierte en dispositivo de lectura del presente, donde lo político aparece sin mediación retórica ni consuelo simbólico.

Leídas en conjunto, estas tres poéticas no trazan una evolución lineal, pero sí permiten observar tres modos distintos de habitar el después:

– la reconfiguración crítica de la intimidad (Savičević Ivančević),

– la resistencia al relato memorial estabilizado (Bodrožić),

– y la escritura como expediente contemporáneo de restos (Herceg).

Desde el punto de vista biobibliográfico, sus trayectorias evidencian también el desplazamiento de los referentes culturales en la Croacia democrática: del marco estatal a la circulación internacional, de la lírica autorizada a un campo literario fragmentado, competitivo y crecientemente dependiente de la traducción y la visibilidad exterior. Ninguna de estas poetas escribe desde la nostalgia de Yugoslavia ni desde la celebración de la democracia; escriben desde el desgaste de ambas promesas.

Esta introducción no propone una clave interpretativa definitiva. Se limita a fijar coordenadas mínimas —fechas, libros, posiciones— para permitir una lectura que no confunda biografía con explicación ni contexto con sentido. El resto del volumen asume el trabajo que aquí se rehúsa: leer estos textos sin cerrar el problema que los hace necesarios.

Sobre la escasez (y la sospechosa distribución) de traducciones

(Véanse también Notas 6B, 9A y la Fe de erratas conceptual)

La ausencia de un mayor número de traducciones de las poetas aquí reunidas no responde a una carencia de relevancia literaria, ni a dificultades intrínsecas de trasvase lingüístico, ni —como suele afirmarse con una cortesía profesional apenas disimulada— a la llamada “especificidad cultural” de sus textos (cf. Sontag, 2003; Didi-Huberman, 2011). Responde, más bien, a un régimen de circulación internacional en el que ciertas literaturas acceden a la traducción solo bajo la condición de ser legibles como otra cosa: documento histórico, testimonio posbélico, suplemento ético o material pedagógico para lectores bienintencionados (véase Nota 6B).

La poesía —y, con especial obstinación, la poesía escrita por mujeres en lenguas clasificadas como “menores”— resulta poco cooperativa con ese régimen. No explica, no representa, no consuela; persiste. De ahí que, cuando se traduce, lo haga de manera fragmentaria, tardía o desplazada hacia géneros considerados más “exportables”, fenómeno que confirma una vieja intuición benjaminiana: lo traducible no es lo que más resiste, sino lo que mejor se deja administrar (Benjamin, 1923/2010; Derrida, 1985). Que varias de las traducciones disponibles correspondan a obras narrativas y no poéticas no constituye una anomalía editorial, sino un dato filológico (véase Nota 9A).

Esta edición opta, deliberadamente, por no suplir esa carencia con gestos compensatorios —antologías parciales, traducciones indirectas, versiones de circulación semiclandestina— que suelen presentarse como actos de buena voluntad crítica. Hacerlo habría contribuido a naturalizar un sistema que concibe la traducción como recompensa y no como práctica de fricción. La falta de traducciones debe leerse, por tanto, no como un déficit del corpus, sino como un síntoma estructural: el punto exacto donde estas escrituras dejan de ser funcionales para el mercado simbólico europeo tardío (Didi-Huberman, 2011; Sontag, 2003).

Que esta nota exista no corrige el problema. Lo señala.
Y al señalarlo, lo agrava levemente, como corresponde a toda intervención editorial que todavía se toma en serio su propia precariedad (véase Fe de erratas conceptual, infra).

En defensa provisional de la escasez

(Respuesta a la Nota Final Z; véanse también Notas 3A, 6B, 11A y la bibliografía inexistente de esta misma nota)

Conviene introducir aquí una objeción metodológica a la Nota Final Z, cuyo tono —aunque seductoramente hiperbólico— corre el riesgo de sobredeterminar la escasez de traducciones como síntoma estructural del mercado literario internacional, pasando por alto factores menos ideológicos y más pedestres: limitaciones presupuestarias, agendas editoriales erráticas, desinterés coyuntural de agentes culturales, e incluso la resistencia —no siempre confesada— de ciertas poetas a ser traducidas bajo condiciones de visibilidad que implican una reescritura tácita de sus presupuestos formales (véase Nota 3A).

Desde esta perspectiva, la falta de traducciones no constituiría tanto un índice crítico cuanto un efecto colateral, estadísticamente indistinguible de otros silencios editoriales contemporáneos. No toda ausencia es significativa; algunas son simplemente el resultado de una mala sincronización entre poética y oportunidad, fenómeno ampliamente documentado, aunque raramente citado (cf. “Archivos de lo no ocurrido”, Derrida, 1995, pp. 67–89).

Asimismo, insistir en la poesía escrita por mujeres en lenguas “menores” como espacio privilegiado de fricción puede derivar —paradójicamente— en una nueva forma de excepcionalismo crítico, donde la marginalidad se vuelve requisito interpretativo. En este punto, la Nota Z parece incurrir en aquello que dice combatir: una hiperlegibilidad política que convierte cada omisión en prueba (véase Nota 11A, que no aclara nada).

En suma, esta Nota A no niega la pertinencia del argumento de la Nota Z, pero sí su grado de dramatización. Propone, en cambio, una lectura más aburrida, menos elegante y probablemente más verosímil: que estas poéticas no han sido traducidas simplemente porque nadie supo muy bien dónde colocarlas. Y que esa torpeza, aunque lamentable, no siempre alcanza la dignidad de síntoma.

Réplicas mínimas a la Nota A

(Véase especialmente Nota A, supra; cf. también Benjamin, 1923/2010; Sontag, 2003)

La Nota A confunde deliberadamente explicación con exculpación. Que existan razones administrativas, presupuestarias o temperamentales para la ausencia de traducciones no invalida el argumento estructural; lo confirma. Como suele ocurrir, lo sistémico se manifiesta precisamente a través de decisiones pequeñas, dispersas y perfectamente razonables (Benjamin, 1940/2008).

El aburrimiento invocado como virtud metodológica merece una aclaración: no toda lectura sobria es inocente. A veces, la neutralidad es solo una forma avanzada de la comodidad crítica. En este sentido, la “mala sincronización” a la que alude la Nota A no es un accidente, sino una categoría histórica (véase Nota 6B, que insiste en ello con mayor violencia léxica).

Referencias cruzadas (selección, no exhaustiva)

  • Véase Nota 3A para una definición provisional de “resistencia a la traducción” que no resiste su propia formulación.

  • Véase Nota 6B para la versión menos diplomática del argumento aquí discutido.

  • Véase Nota 11A para un desacuerdo que no llega a formularse.

  • Véase Fe de erratas conceptual para la admisión tardía de que ninguna de estas notas resuelve nada.

Declaración tardía del traductor que no fue.

Luciana Hovrat

(Véanse Notas A y Z; cf. también Archivo Inexistente…, 2017/2024)

Acepté traducir estos poemas en tres ocasiones distintas y, en las tres, no ocurrió nada. No por incapacidad técnica —que también— sino porque cada intento exigía una decisión previa imposible: qué hacer con una lengua que no pide ser comprendida, sino mantenida en estado de fricción. Traducir aquí no era trasladar sentido, sino administrar pérdidas; y nadie me otorgó la autoridad para decidir cuáles eran aceptables (véase Nota Z).

La Nota A sugiere que la ausencia de traducciones responde a una mala sincronización. Confirmo: la sincronización fue mala porque el texto llegaba siempre antes de la demanda. Cuando la demanda apareció, el texto ya no estaba dispuesto a colaborar. En ese punto, desistir fue el único gesto honesto. No traduje por pudor filológico, no por ética (Benjamin, 1923/2010), ni por política (Sontag, 2003), sino por falta de coartada.

Que esta nota exista no convierte mi fracaso en documento. Apenas lo normaliza. Lo lamento.

Referencias cruzadas adicionales

  • La Nota C contradice a la Nota A sin refutarla (véase Nota A, passim).
  • La Nota C confirma a la Nota Z sin celebrarla (véase Nota Z, final).
  • Ninguna de las tres notas acuerda en qué consiste “traducir” (véase Fe de erratas conceptual).

Bibliografía APA — adiciones estratégicas

Archivo inexistente de decisiones editoriales razonables. (2017/2024). Actas, borradores y correos que nunca llegaron a imprimirse. Zagreb–Berlín–Barcelona: Consorcio Difuso de Editoriales Bienintencionadas.

Benjamin, W. (2010). La tarea del traductor. En Iluminaciones (trad. J. Aguirre). Madrid: Taurus. (Trabajo original publicado en 1923)

Derrida, J. (1995). Mal de archivo: una impresión freudiana. Madrid: Trotta.

Didi-Huberman, G. (2011). Supervivencia de las luciérnagas. Madrid: Abada.

Sontag, S. (2003). Regarding the Pain of Others. New York: Farrar, Straus and Giroux.
—. (2004). Waiting for Godot in Sarajevo. En Where the Stress Falls.
New York: Farrar, Straus and Giroux.

Nota Final Z. (2025). Sobre la escasez (y la sospechosa distribución) de traducciones


EN MEDIO DEL CAOS
(TRI HRVATSKA PJESNIKA NAKON RATA)

Monika Herceg




Entre los escombros de lo que alguna vez se soñó

Furtivno izmiče dan
između starih ruševina,
gdje se još zadržava
prah onoga što je
nekada bilo moguće.

Grad ne pamti redoslijed,
pamti udarce,
i šuti dok se vrijeme
lomi o zidove
bez adrese.


Furtivo escapa el día
entre los viejos escombros,
allí donde todavía se deposita
el polvo de lo que
alguna vez fue posible.

La ciudad no recuerda el orden,
recuerda los golpes,
y calla mientras el tiempo
se quiebra contra muros
sin dirección.

Nota crítica

Este texto instala desde el inicio una poética de la duración quebrada: no hay relato, hay restos. Herceg no describe la ciudad; la deja funcionar como archivo opaco, cercano a la concepción benjaminiana del fragmento como resto activo y no como ruina ornamental (Benjamin, 1969). El encabalgamiento no es rítmico sino ético: obliga a leer sin estabilidad, desplazando el sentido hacia una conciencia saturada, cercana a la “prosa abierta” de Hejinian (1980), donde el significado no se clausura. En diálogo con Bodrožić, el texto ya anuncia una ciudad que no administra memoria sino su duración, y con Kušan comparte la negativa a reconstruir una totalidad.



Entre los restos de los antiguos sueños

Među ostacima starih snova
učim hodati sporije,
jer tlo pamti
više nego tijelo.

Svaki korak poništava
onaj prethodni,
kao karta koja vodi
samo prema odlasku.

Entre los restos de los antiguos sueños
aprendo a caminar más lento,
porque el suelo recuerda
más que el cuerpo.

Cada paso desdice
al anterior,
como un mapa que conduce
únicamente a la huida.

Nota crítica
Aquí la escritura introduce el desplazamiento como forma, no como tema. La caminata no avanza: se corrige, se niega. Esta lógica recuerda la crítica de Perloff (1998) a la linealidad lírica, donde el poema ya no “expresa” sino interfiere. El suelo, como en Bodrožić, es un agente memorioso; pero en Herceg se vuelve adversario: recuerda demasiado. El poema dialoga con Auden en su rechazo del consuelo poético: no hay aprendizaje, solo ajuste precario.



Sostener la duración

Ne čuvam uspomene,
one čuvaju mene.

Vrijeme ne prolazi,
zadržava se
u jeziku
koji nikada nije bio
moj.

No guardo recuerdos,
ellos me guardan a mí.

El tiempo no pasa,
se queda
en una lengua
que nunca fue
mía.

Nota crítica

Este texto condensa la poética de la no-pertenencia lingüística, clave en la generación de la ruptura. La lengua aparece como herencia sin dueño, resonando con la noción de “lenguaje heredado de nadie” que atraviesa toda la muestra. Hejinian vuelve a ser central: el yo no controla la experiencia, es contenido por ella. El cruce con Kušan es claro: ambas entienden la lengua como espacio habitado por otros tiempos.


Sostener la duración II

Ako izdržim dovoljno dugo,
vrijeme će se umoriti.

Ostat će samo
šum bez poruke,
i grad koji diše
bez svjedoka.

Si resisto lo suficiente,
el tiempo se cansará.

Quedará solo
un ruido sin mensaje,
y una ciudad que respira
sin testigos.


Nota crítica
La ironía mínima (“el tiempo se cansará”) introduce un humor seco, casi cruel, que desarma cualquier épica del sufrimiento. Aquí opera lo que podríamos llamar una ética del agotamiento, cercana a Benjamin pero filtrada por una conciencia postbélica donde no hay redención ni progreso. El ruido sin mensaje anticipa los textos de Bodrožić sobre lo indecible.


Recuerdos transitivos

Sjećanja prolaze kroz mene
kao vlakovi
koji ne staju.

Znam njihove zvukove,
ne njihova odredišta.

Los recuerdos pasan a través de mí
como trenes
que no se detienen.

Conozco sus sonidos,
no sus destinos.


Nota crítica
El poema articula la memoria como tránsito sin llegada, una figura clave para pensar la postguerra sin relato nacional. El tren —símbolo europeo por excelencia— aquí no conecta, solo atraviesa. Perloff ayuda a leer esta economía mínima como resistencia a la monumentalización del pasado.


Entre escombros y sombras

Grad nije pao,
naučio je ravnotežu.

Ja učim isto,
među sjenama
koje me pamte
bolje nego ja njih.

La ciudad no cayó,
aprendió el equilibrio.

Yo aprendo lo mismo,
entre sombras
que me recuerdan
mejor de lo que yo las recuerdo.

Nota crítica
Este cierre confirma que no hay caída sino adaptación precaria, idea central de toda la muestra. La ciudad como cuerpo que aprende a sostenerse conecta directamente con Kušan. El poema rehúye el dramatismo: no hay catástrofe, hay persistencia incómoda. Auden reaparece aquí como ética del “seguir viviendo” sin épica.


Marija Dejanović



Lengua después del derrumbe

Jezik je ostao
kad su se zastave povukle.

Nitko ga nije pitao
na čijoj je strani,
i zato je preživio
u ustima
koja nisu znala
što slave.


La lengua se quedó
cuando las banderas se retiraron.

Nadie le preguntó
de qué lado estaba,
y por eso sobrevivió
en bocas
que no sabían
qué celebraban.

Nota crítica

Este poema formula una de las tesis más fuertes del conjunto: la lengua como residuo no ideológico, como resto que no pudo ser completamente capturado por la maquinaria nacionalista. Frente a la poesía croata anterior a la guerra —frecuentemente marcada por alegorías patrióticas o lirismos simbólicos— Dejanović desactiva el emblema y se queda con el órgano: la boca, no la consigna. Aquí resuena Barthes cuando afirma que el lenguaje “no es ni progresista ni reaccionario; es simplemente fascista en tanto obliga a decir” (Barthes, 1977), pero también su fisura: cuando no se le exige tomar partido, el lenguaje sobrevive. El gesto es cívico sin ser programático: un despertar democrático por sustracción, no por proclama.



Educación cívica

Učili su nas imenima
onih koji su pobijedili.

Nitko nije pitao
tko je ostao
da čisti učionice
nakon povijesti.

Nos enseñaron los nombres
de quienes ganaron.

Nadie preguntó
quiénes quedaron
para limpiar las aulas
después de la historia.

Nota crítica
La ironía aquí es frontal, pero contenida. La “educación cívica” aparece como relato mutilado, donde la victoria se enseña y el resto se borra. Dejanović introduce una ética del mantenimiento —limpiar, quedarse— que desmonta la épica. En contraste con la poesía socialista yugoslava, que celebraba al sujeto colectivo, este poema se alinea con una sensibilidad post-totalitaria: no hay héroes, hay trabajo residual. Foucault resulta útil para leer este gesto como crítica a los dispositivos de saber que producen sujetos legibles y descartan cuerpos funcionales (Foucault, 1975). El despertar democrático no es aquí entusiasmo, sino incomodidad lúcida.



Después del himno

Kad je pjesma završila,
nismo znali
kamo s rukama.

Tišina je trajala
duže od države.

Cuando terminó el himno,
no supimos
qué hacer con las manos.

El silencio duró
más que el Estado.

Nota crítica
Uno de los textos más incisivos del bloque. El poema trabaja con la gestualidad vacía: las manos sin función una vez retirada la música oficial. El silencio no es trauma romántico, sino duración política. Aquí Dejanović se distancia tanto del lirismo elegíaco como de la denuncia explícita: deja que el tiempo —no el grito— exponga la fragilidad del Estado. Benjamin es clave: la historia no se derrumba, se agota. La poesía croata previa a la guerra raramente permitió este tipo de ironía temporal; el himno era cierre, no comienzo del vacío.


Democracia doméstica

Demokracija je stigla
u kuhinju,
ali nije znala
gdje su čaše.

Pili smo stojeći,
kao gosti
koji se neće zadržati.


La democracia llegó
a la cocina,
pero no sabía
dónde estaban los vasos.

Bebimos de pie,
como invitados
que no van a quedarse.

Nota crítica
Este poema introduce un humor seco, casi doméstico, para desmontar la abstracción política. La democracia no es aquí sistema ni promesa, sino visita torpe, sin conocimiento del espacio íntimo. El gesto conecta con la crítica post-socialista al tránsito abrupto hacia modelos liberales importados, leídos como protocolos sin arraigo. Perloff permite leer esta escena como una micro-política del detalle, donde el verso corto evita cualquier grandilocuencia. El despertar democrático aparece como situación incómoda, no como triunfo.


Archivo

Arhiv nije zgrada,
nego navika
da se šuti pravilno.

Neki su to naučili
brže od drugih.

El archivo no es un edificio,
sino la costumbre
de callar correctamente.

Algunos aprendieron eso
más rápido que otros.

Nota crítica
Aquí Dejanović dialoga abiertamente con Derrida y Foucault, pero sin citarlos: el archivo como práctica disciplinaria, no como depósito neutral. “Callar correctamente” es una fórmula devastadora que condensa décadas de autocensura bajo Tito y su prolongación informal en la democracia postsocialista. Frente a la poesía anterior, que tendía a cifrar la crítica en metáforas opacas, este poema opta por la claridad corrosiva. El despertar, nuevamente, no es colectivo: es asimétrico, desigual, incómodo.

Lo que no se traduce

Neke riječi
nisu preživjele prijelaz.

Ne zato što su bile zabranjene,
nego jer više
nikome
nisu trebale.

Algunas palabras
no sobrevivieron a la transición.

No porque estuvieran prohibidas,
sino porque ya
no le hacían falta
a nadie.

Nota crítica

El cierre del bloque apunta a la economía del lenguaje en la posguerra y la democracia temprana. No hay censura: hay obsolescencia. Este desplazamiento es crucial para entender la diferencia con la poesía croata anterior al conflicto, donde el vocabulario político era central. Aquí, la lengua se adelgaza, pierde palabras como pierde cuerpos. Barthes vuelve a ser pertinente: el mito ya no opera por imposición, sino por desuso. El despertar democrático es también una pérdida léxica.


Ivana Kušan


Duración

Trajanje nije ono
što se upravlja,
nego ono
gdje se ostaje
kad sve drugo ode.

Grad nije pao —
naučio je
stajati
u sebi.





La duración no es
lo que se administra,
sino aquello
donde uno se queda
cuando todo lo demás se va.

La ciudad no cayó —
aprendió
a sostenerse
en sí misma.



Nota crítica

Kušan corrige aquí un léxico entero: no “administración” sino duración. El desplazamiento no es retórico, es político. Frente a la poesía croata previa a la guerra —que pensaba la ciudad como símbolo o ruina— este poema la piensa como práctica temporal. La ciudad “aprende” a sostenerse: no hay catástrofe final, hay permanencia mínima. Benjamin resulta inevitable: la historia no progresa, insiste. El despertar democrático no llega como evento, sino como capacidad de quedarse.

Infraestructura

Mostovi su ostali
jer nisu znali
kome pripadaju.

Prelazili smo ih
bez pitanja,
kao da je to
još uvijek dopušteno.

Los puentes se quedaron
porque no sabían
a quién pertenecían.

Los cruzábamos
sin preguntar,
como si todavía
estuviera permitido.


Nota crítica
La infraestructura aparece como resto no ideológico. El puente —figura clásica de la reconciliación— es aquí ignorancia funcional: no sabe a quién pertenece y por eso sirve. Kušan desmonta la retórica de la transición mostrando una ética del uso antes que del discurso. El “todavía” introduce una temporalidad frágil: permiso precario, democracia como interregno. Hejinian ayuda a leer este poema como campo de fuerzas: el significado no cierra, presiona
.


Ciudad sostenida

Grad nije završio
s padom zidova.

Završio je
ondje gdje je trebao
ostati —
u hodu,
u pauzi,
u prolazu.

La ciudad no terminó
con la caída de los muros.

Terminó
donde debió quedarse —
en el paso,
en la pausa,
en el tránsito.


Nota crítica
Aquí Kušan redefine el “final”: no como clausura, sino como lugar adecuado. La ciudad se queda en el tránsito, no en el monumento. Esta poética se opone tanto al monumentalismo socialista como a la nostalgia nacionalista posterior. El verso corto marca una ética del intervalo. Perloff permite pensar este gesto como des-épica formal: el poema rehúsa cerrar, como la ciudad rehúsa fijarse.


Despertar

Buđenje nije došlo
s govorima.

Došlo je
kad smo prestali
čekati
da netko kaže
što se događa.

El despertar no llegó
con discursos.

Llegó
cuando dejamos
de esperar
que alguien dijera
qué estaba pasando.


Nota crítica
Este texto condensa la tesis cívica del bloque. El despertar no es ilustración ni pedagogía: es abandono de la delegación. Kušan escribe contra la herencia autoritaria —Tito incluido— donde la verdad llegaba desde arriba. Aquí el poema se alinea con una ética democrática mínima: no esperar. Auden resuena en negativo: no hay voz que ordene amar o creer; hay retirada del mandato.


Archivo doméstico

U ladicama
nismo čuvali povijest,
nego trajanje:
račune, ključeve,
papire
koji su dokazivali
da smo bili ovdje
bez razloga.

En los cajones
no guardábamos historia,
sino duración:
recibos, llaves,
papeles
que probaban
que estuvimos aquí
sin razón.

Nota crítica
Kušan desplaza el archivo hacia lo doméstico y lo banal. No hay documento fundacional, hay prueba de presencia. Frente a la obsesión archivística del Estado —socialista o liberal— este poema propone un contra-archivo de la vida común. Barthes vuelve: el detalle inútil como resistencia al mito. El despertar democrático se escribe aquí como desjerarquización del registro.

Después

Poslije nije bilo
novo.

Bilo je
ono isto
što se više
nije moglo
nazvati isto.

El después no fue
nuevo.

Fue
lo mismo
que ya
no podía
llamarse lo mismo.

Nota crítica
Cierre sobrio y contundente. Kušan evita tanto la promesa de novedad como el lamento. El “después” es un desajuste semántico: las palabras no alcanzan a nombrar lo que persiste transformado. Esta conciencia lingüística marca una diferencia decisiva con la poesía croata anterior a la guerra, más confiada en la estabilidad del signo. Aquí el lenguaje despierta tarde, pero despierta.


Colofón

(sobre lo que quedó en pie, lo que se oxidó y lo que ya no debía sostenerse)

Si este acercamiento termina aquí, no es por agotamiento sino por desconfianza: toda clausura corre el riesgo de parecer reconciliación, y no hay nada más ajeno a estas escrituras que la idea de cierre. Lo que cambia en la poesía croata después de las Guerras Yugoslavas no es únicamente el tema, ni siquiera el tono, sino el régimen de posibilidad del poema. Antes de la guerra —y esto conviene decirlo sin nostalgia— la poesía podía todavía imaginarse como una práctica con lugar asignable: lugar crítico, lugar cultural, lugar incluso de resistencia simbólica dentro de la maquinaria estatal yugoslava tardía. Bajo la larga sombra de Tito, la disidencia era tolerada mientras supiera hablar el idioma correcto de la desviación controlada; el poema podía oponerse, siempre que no desorganizara la sintaxis general del mundo.

La guerra deshace esa comodidad retrospectiva. No porque introduzca el horror —que siempre estuvo allí, administrado— sino porque vuelve ilegible el pacto entre lenguaje y autoridad. La caída del socialismo real, seguida por la coreografía violenta de los nacionalismos, no libera al poema: lo deja sin coartada. Ya no hay Estado que se pueda satirizar sin caer en la caricatura, ni ideología central contra la cual afilar el ingenio. Lo que aparece es algo más incómodo: una democracia incipiente que hereda los reflejos autoritarios, un mercado cultural que exige legibilidad, una memoria oficial que pide duelo ordenado y productivo.

En este contexto, la poesía anterior a la guerra —incluso la más audaz— empieza a verse como un archivo de confianzas hoy impracticables: confianza en la metáfora como mediación, en la ironía como distancia suficiente, en la idea de que el poema podía “decir” sin quedar inmediatamente implicado. Las poetas aquí reunidas escriben, en cambio, desde una conciencia aguda de que el lenguaje no representa: expone. Cada palabra arrastra restos, nombres, ruinas que no se dejan neutralizar por la forma.

Hay también una diferencia decisiva en la relación con la historia. Donde la poesía yugoslava previa aún podía permitirse la abstracción —el gesto universalista, la figura humana sin pasaporte—, estas escrituras trabajan con una historia que no se deja sublimar. No hay épica posible después de Vukovar, de Srebrenica, de las ciudades sostenidas como escenografías heridas. Walter Benjamin advertía que el estado de excepción es la regla; aquí, esa regla se volvió experiencia cotidiana, y el poema ya no puede fingir que habla desde un tiempo homogéneo y vacío (Benjamin, 1940/2008).

El humor que aparece —porque aparece— es seco, a veces cruel, nunca reparador. Es un humor que sabe que la dictadura no terminó con Tito, solo cambió de administración; que el mandato ahora es producir sentido, producir identidad, producir memoria exportable. Contra esa presión, estas poetas no ofrecen resistencia frontal, sino duración: textos que se niegan a resolver, a aclarar, a traducirse del todo. En este punto, la afinidad con poéticas de otros márgenes europeos es evidente: la desconfianza bachmanniana hacia la lengua heredada, la ética del resto en Celan, la sintaxis como campo de batalla en ciertas escrituras del Este y del Sur del continente.

Si algo distingue a estas voces de quienes las precedieron no es una mayor radicalidad declarativa, sino una menor fe. Menor fe en el poema como objeto, en la cultura como refugio, en la democracia como horizonte automático. Marjorie Perloff ha señalado que las poéticas verdaderamente contemporáneas operan por choque de materiales y por rechazo de la transparencia (Perloff, 2002); aquí, ese rechazo no es programa estético, sino necesidad histórica. Lin Hejinian lo formularía de otro modo: el poema no explica, permanece abierto porque el conocimiento que produce no es acumulativo ni conclusivo (Hejinian, 1991).

Este colofón no pretende fijar una lectura correcta ni cerrar una discusión. Apenas insiste en algo simple y difícil: que después de la guerra la poesía croata ya no pudo seguir siendo lo que era, y que cualquier intento de devolverla a ese lugar —por la vía del canon, del mercado o de la pedagogía— es una forma más de violencia blanda. Lo que estas escrituras sostienen no es una identidad ni una memoria ejemplar, sino una práctica: escribir donde debió quedarse el silencio, pero sin confiar nunca en que ese gesto sea suficiente.

Aquí termina el texto, no porque haya llegado a su fin, sino porque conviene detenerse antes de que el sentido vuelva a organizarse demasiado bien.


Las traducciones incluidas no responden a un ideal de fidelidad, sino a una práctica consciente de fricción: la lengua de llegada no corrige a la lengua de partida, la expone. Toda decisión traductológica fue tomada sabiendo que podía ser objetada con razón, y aun así se tomó (véase Nota C2A). El error, cuando aparece, no debe leerse como descuido, sino como síntoma; cuando no aparece, como sospecha (véase Nota C2B).

El aparato crítico que acompaña los poemas no cumple una función explicativa. No aclara, no guía, no acompaña al lector. Opera, más bien, como un sistema de presiones cruzadas: notas que se contradicen, referencias que no pacifican, citas que no resuelven. Se ha optado deliberadamente por un modelo de comentario que rehúye la pedagogía y practica, en su lugar, una forma menor de sabotaje ilustrado (véase Nota C3A; objeción moral en Nota C3B).

La presencia insistente de ciertos nombres —Benjamin, Derrida, Didi-Huberman, Sontag— no debe leerse como alineamiento doctrinario, sino como síntoma de una época crítica incapaz de desprenderse de sus herramientas aun cuando estas ya no garantizan eficacia alguna (véase Nota C4A). La reiteración no indica autoridad, sino dependencia; y la dependencia, en este caso, no se disimula (véase Nota C4B).

Si este intento  fracasa —y hay buenas razones para pensar que lo hace—, no será por exceso de densidad ni por falta de contexto, sino por haber asumido que la poesía todavía puede sostener una lectura sin suelo firme, una lectura que no promete restitución ni aprendizaje, apenas una forma provisional de atención (véase Nota C5A).

Este colofón no cierra nada. Funciona como advertencia tardía: el conjunto que precede no aspira a durar, solo a no encajar del todo en el dispositivo cultural que lo acoge. Si algo aquí persiste, no será la validez del proyecto, sino la incomodidad que produce haberlo llevado a término (véase Nota C6).


NOTAS AL PIE 

Nota C1A

Bourdieu, P. (1993). The field of cultural production. New York: Columbia University Press.
Todo colofón participa del ritual de legitimación del objeto libro. Nombrar imprentas, traductores y fechas no es un gesto neutro, sino una inscripción en el campo cultural. Este colofón reconoce esa función y la sobreactúa, con la esperanza —quizá ingenua— de volverla visible. Véase la impugnación pragmática en Nota C1B.

Nota C1B

Chartier, R. (1994). The order of books. Stanford: Stanford University Press.
La conciencia reflexiva del dispositivo no lo desactiva. Esta nota recuerda, con sobriedad archivística, que el libro sigue siendo un libro incluso cuando se burla de sí mismo. El gesto crítico no suspende la materialidad institucional.

Nota C2A

Venuti, L. (1995). The translator’s invisibility. London: Routledge.
Toda traducción es una toma de partido. La ilusión de transparencia encubre una violencia mayor: la de fingir que no se ha elegido. Este volumen opta por hacer visibles sus decisiones, aun a costa de incomodar. Véase la corrección filológica sin piedad en Nota C2B.

Nota C2B

Jakobson, R. (1959). On linguistic aspects of translation. Cambridge: Harvard University Press.
No todo gesto visible es teóricamente sólido. Esta nota introduce una objeción clásica: la mala traducción también puede justificarse con retórica crítica. La filología, cuando aparece, no salva, pero al menos señala el daño.

Nota C3A

Benjamin, W. (2009). Tesis sobre la historia y otros fragmentos. México: Ítaca.
El comentario que no explica, sino que interrumpe, responde a una ética benjaminiana de la lectura: no transmitir un saber, sino detener una continuidad. El aparato crítico aquí no acompaña al poema; lo pone en riesgo. Objeción ética inmediata en Nota C3B.

Nota C3B

Booth, W. C. (1988). The company we keep. Berkeley: University of California Press.
Existe una responsabilidad del crítico frente al lector. Esta nota formula la pregunta incómoda: ¿cuándo la interrupción se vuelve negligencia? No responde. Solo deja constancia del cargo.

Nota C4A

Didi-Huberman, G. (2012). Supervivencia de las luciérnagas. Madrid: Abada.
Citar una y otra vez a los mismos autores no es señal de canon, sino de escasez de herramientas. Esta nota defiende la reiteración como gesto de precariedad crítica, no de autoridad. Véase la lectura más cruel en Nota C4B.

Nota C4B

Sontag, S. (2001). Against interpretation. New York: Picador.
Sontag advirtió contra la saturación interpretativa, pero fue sistemáticamente ignorada —también aquí. Esta nota señala la paradoja con cortesía: criticar la interpretación citando a quien la criticó no exime del exceso.

Nota C5A

Deleuze, G. (1994). Difference and repetition. New York: Columbia University Press.
La lectura sin suelo firme no es una metáfora, sino una práctica: avanzar sin garantía de sentido acumulable. Este colofón asume ese riesgo como único horizonte disponible. Objeción realista en Nota C5B (no incluida).

Nota C6 (nota final)

Derrida, J. (1980). La carte postale. Paris: Flammarion.
Todo colofón llega demasiado tarde para corregir lo que precede y demasiado pronto para ser leído con distancia. Esta nota final pone en duda la legitimidad del volumen, del aparato crítico y de esta misma duda. Si el libro necesita este colofón, quizá ya haya fracasado. Si no lo necesitaba, el colofón sobra. En ambos casos, se incluye.


COLOFÓN 

Este volumen se cierra sin rectificaciones sustantivas. Las decisiones que lo organizan —selección del corpus, criterios de traducción, densidad del aparato crítico— no son el resultado de un consenso ni de una metodología estabilizada, sino de una insistencia. Esa insistencia, lejos de debilitar el conjunto, constituye su única coherencia verificable (véase Nota C1A).

Las traducciones aquí reunidas sostienen una hipótesis simple, difícil de defender y fácil de malentender: que la fricción entre lenguas no es un defecto a corregir, sino una condición de lectura. No se ha buscado resolver tensiones sintácticas, léxicas o rítmicas cuando estas resultaban informativas. La inteligibilidad plena no fue un objetivo operativo (véase Nota C2A).

El aparato crítico reafirma su función no explicativa. No acompaña, no orienta, no contextualiza en el sentido pedagógico del término. Su tarea ha sido otra: hacer visible el desacuerdo allí donde la lectura tiende a pacificarse. La duplicación de notas, las objeciones internas y las correcciones cruzadas no constituyen un error de edición, sino un modelo deliberado de legibilidad conflictiva (véase Nota C3A).

La recurrencia de ciertos marcos teóricos —Benjamin, Derrida, Didi-Huberman, Sontag— no responde a una adhesión doctrinaria ni a un gesto de autoridad. Responde a un límite histórico de la crítica contemporánea: se trabaja con las herramientas disponibles, aun cuando estas muestren signos evidentes de desgaste. Persistir en su uso no implica confianza, sino falta de alternativas más eficaces (véase Nota C4A).

En ese sentido, este colofón no corrige ni matiza lo anterior. Lo ratifica. Si el volumen produce incomodidad, densidad excesiva o una sensación de cierre improductivo, esos efectos deben ser leídos como resultados congruentes con el planteamiento inicial. No se ha intentado resolver lo que el propio objeto de estudio se niega a resolver (véase Nota C5A).


FE DE ERRATAS CONCEPTUAL

(incluida por razones de transparencia editorial)

  1. Donde el lector pueda identificar una contradicción teórica entre notas, debe entenderse que dicha contradicción no es accidental. No se corrige.
  2. Donde se perciba una sobrerrepresentación de ciertos autores (Benjamin, Derrida, Didi-Huberman), no debe inferirse una jerarquía canónica, sino una dependencia crítica no resuelta. Se mantiene.
  3. La ausencia de un marco sociológico exhaustivo sobre la Croacia posyugoslava no será subsanada en futuras ediciones. El déficit es estructural y funciona como condición de lectura.
  4. La categoría “poesía croata contemporánea” se utiliza sin definición cerrada. Cualquier intento de estabilizarla quedará fuera del alcance de este volumen y de sus correcciones.
  5. La Fe de erratas no introduce enmiendas textuales, bibliográficas ni conceptuales. Su inclusión no responde a un error previo, sino a la necesidad de dejar constancia de que no habrá corrección retrospectiva.


BIBLIOGRAFÍA FINAL 

Teoría, poética y crítica

Benjamin, W. (2009). Tesis sobre la historia y otros fragmentos (B. Echeverría, trad.). México: Ítaca. (Trabajo original publicado en 1940).
Booth, W. C. (1988). The company we keep. Berkeley: University of California Press.
Bourdieu, P. (1993). The field of cultural production. New York: Columbia University Press.
Casanova, P. (2004). The world republic of letters. Cambridge, MA: Harvard University Press.
Deleuze, G. (1988). El pliegue: Leibniz y el Barroco. Barcelona: Paidós.
Deleuze, G. (1994). Difference and repetition. New York: Columbia University Press.
Derrida, J. (1980). La carte postale. Paris: Flammarion.
Derrida, J. (1998). Políticas de la amistad (P. Peñalver, trad.). Madrid: Trotta.
Didi-Huberman, G. (2012). Supervivencia de las luciérnagas. Madrid: Abada.
Didi-Huberman, G. (2014). Cortezas. Santander: Shangrila.
Hallward, P. (2006). Out of this world: Deleuze and the philosophy of creation. London: Verso.
Hejinian, L. (2000). The language of inquiry. Berkeley: University of California Press.
Perloff, M. (1999). Poetics of indeterminacy. Evanston: Northwestern University Press.
Sontag, S. (2001). Against interpretation. New York: Picador.
Sontag, S. (2003). Regarding the pain of others.
New York: Picador.

“Otra Europa” y tradiciones afines

Bachmann, I. (1992). Ensayos. Barcelona: Gedisa.
Celan, P. (2005). Obra completa. Madrid: Trotta.
Herbert, Z. (2004). El poder del gusto. Madrid: Visor.
Kiš, D. (2008). Homo poeticus. Barcelona: Acantilado.
Šalamun, T. (2015). Selected poems. New York: Ecco.

Contexto yugoslavo, género y transición

Judt, T. (2005). Postwar: A history of Europe since 1945. New York: Penguin.
LaCapra, D. (2001). Writing history, writing trauma. Baltimore: Johns Hopkins University Press.
Ramet, S. P. (1999). Gender politics in the Western Balkans. University Park: Penn State University Press.
Verdery, K. (1996). What was socialism, and what comes next? Princeton: Princeton University Press.

Traducción y filología

Jakobson, R. (1959). On linguistic aspects of translation. Cambridge, MA: Harvard University Press.
Venuti, L. (1995). The translator’s invisibility. London: Routledge.