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lunes, 29 de diciembre de 2025

EMOTIONAL RESCUE. HEBERT BENÍTEZ PEZZOLANO : FINALIDAD SIN FIN

 





MARTIN PARR






Lo supimos: seremos derrotados,

como animales sin agua,

como pequeñas flores del ciruelo

ahogadas por la helada,

como labios temblorosos implorando una palabra

atontada entre brumas porque nunca se ha formado,

todo es más rico

que la pobre ley de la palabra,

¿A dónde va esa diferencia?

¿Dónde queda

lo que parece quedar?

Derrotados, como

tibiezas y filos del pasado,

los segmentos de fuego de vida de muerte porque

todo es muerte o casi

todo es

por la muerte

el recuerdo es

tregua entre puñaladas de muerte

que te habla de la muerte.

De ahí, la poesía, la cuna de su ardor.

Visto así,

nada es más serio

ni existe una salida, las puertas

han sido clausuradas: el recuerdo

no agota su cifra y solo llama

como un pájaro de canto que se afina

como babas del diablo

se apaga y se enciende como el iris

como las finales reverberaciones

del crepúsculo. Ese llamado se disuelve

 

en el calor de tu anhelo

todo en suma todo avisa

del calor de tu anhelo.

(Inédito)

 

 


es la nata del tiempo: da manteca

ese pensar.

nata tibia

planta recuerdos, resurrecciones,

da muertos vivos

con la cambiada

vida

del volver.

a ver. sería así:

un desayuno, pan con manteca,

un muerto a la vida

que no fue aquel vivo.

un silencio,

es después del silencio de la muerte

ese otro. pura espera, puro

preguntar

puro

ir de nuevo: da manteca

esa nata, ese pensarte,

el despiadado luto de ti

(Inédito)

 


                                                                                                                      MARTIN PARR


Los plátanos dejando caer sus hojas,

los brazos apenas moviendo

entre danzas emplumadas de brisa y de gorriones,

calles semivacías, yermos humos fríos en la tarde,

el sol

manchó las copas de los árboles

con la asombrada paleta de los impresionistas,

solo allá arriba se entregaba a ese vórtice el pincel,

el suave delirio de los cromos pestañeaba

de una nota en otra:

supimos

que era dable pintar la luz

y solo así sentir el vaivén de los acordes

allí en la altura, nosotros más abajo

con las mariposas bajo el brazo

guardadas

de repente en el hueco de aquel plátano

que ya no está:

despegó

con su improvisada casita de las mariposas

por burlar la gravedad

y la seca cascada del tiempo

como antes

las pérfidas luces de la patrulla

y el espinazo del miedo.

 

(Inédito)

 

 

 

8

 

Sonaron las campanas del sesquicentenario. De cuando en el patio liceal muy de repente

volaron casi todas las palomas

con sordera de alas menos tres

demoradas por destinos de piedras y procesos

de sus carnes ya pesadas, y nosotros

viendo todo lo otro

allí charlamos en voz baja suspendiendo

las alegres resonancias de gargantas

con sus nuevos graves y agudos de las voces,

frente al bosque de eucaliptus

entre silencios de goma negra tapizada de oídos y de ojos,

de cuando sin embargo los damascos maduraron en dulzores de miel

y los limones de la casa desafiaron los tamaños y los jugos

de los frutos de mercado, de cuando

las uvas de la parra eran sombra dulce con agujeros de solcito

en tardes y mañanas de todos los tiempos y también

de la eternidad.

Sonaron, y con ellas, las campanas, los sueños del amor. Entre los pinos

el viento daba seda a los temblores de lo bello,

las ramas del imaginar coloreando las pupilas

al descubrir cuánto podían las palabras

pintarse de otro modo, y que así, en las volutas del aliento,

en los rizos de la tinta, saltaban con sus vuelos,

como liebres queridas, sonata impensable

como en sueños de amor de amor soñado entre pinos que no vuelven.

 

(de Sesquicentenario, 2017)

 


                                                                                                            MARTIN PARR



De carnada con tu zaino, la respiración del milico se revuelca

y se revuelca, se hace el indio, se hace el puma, todo lo que es

se hace. Quiebra despacito las carquejas, pero las quiebra,

con paso de serpiente renga hasta que

se disgrasia en tu puntazo y se ahoga

en el remanso de tu poncho, fiero, como aguas feroces

corre lo suyo hacia fuera, circula entonces

para cualquier lado: borbotones, chijetazos

de lo que ya no está.

 

En el horizonte un cerro.

La aurora, dijo el gringo, de sangrientas manos.

La aurora entre los fuegos de las torres del petróleo.

El flete trepa, con chasquidos de cascos, salpicaduras

hasta que todo se ve, y es ahí

que te ves: en la punta del cerro de vos,

Vos te ves a Vos es el nombre nuevo

de la ciudad. ¿Y quién cree

que el gaucho le teme a la ciudad?

Sitiala, buscá al infiel.

Lengüetazos marrones de un río

                                                  allá abajo

                                                                a la derecha,

                                                                                  anfitrión

del horizonte, tan baguala esa sangre fría, tan linfática, tan blanda

guillotina de tiempo, temporoso barro

tan sin nada

que decir,

tan matrero ese río, tan así vos vas vos ves vos vos

y ellos que querrán pescarte, sitialos, que tendrán la tansa tensa,

sitialos, que se habrán equivocado, sitialos, porque no se pesca

al propio río.

Matrero de vos y de mí,

sitialos, sitiate, matrero.

El guascazo de tu rebenque es menos ciego que todos ellos,

matrero.

Matrero, matrero de mí, finalidad sin fin,

como un aullido

cimarrón,

como un aullido,

cimarrón

interminable

finalidad

sin fin.

 

(de Matrero, 2004)

 

 

10

la turba luminosa succionada

del abismo bandada de crisálidas

en voluptuoso enjambre fulgurantes

pájaros tibios de viento pronuncian

 

y la muerte no tendrá señorío

y la turba estallada mariposa

viniendo en red de venas del relámpago

de membranas del corazón la rosa

 

florece al cielo y corta dos guirnaldas

que caen habitan todas tus cuencas

el cielo se hace flor avasallantes

 

guirnaldas de piel agua azul y armiño

chorro de viaje por su borde mudo

y la muerte no tendrá señorío

 

(de Amor de precipicio, 1996)

 

 

 

12

 

Papel de cosas

de papel

                                     duele la tinta Mallarmé

realidad cuello cortado

al sol

de abril el mes cruel

con once hermanos

la especie humana no puede

soportar mucha realidad

dijo el pájaro                         Mallarmé

en tu fin

está mi comienzo

 

(de Introducción al límite, 1993)

 



Geografías I

 Las vacas tienden el mugido

ves           aquellas

le dan lomo y hocico al horizonte

el atavío el desparejo haz

de patas torpes le dan cuero

ves

y cuerno torcido de pregunta

en marcha en animal

en pisoteo

en alambrado se refriega tanta carne

al sol

llevan el camino de memoria en plena médula

por eso el otro día que comiste

el caracú apretado entre dos panes

estaba lleno de caminos

y si de pronto quedás de frente al animal

pero de frente ojo con ojo

y pensás morirá descuartizado por nosotros

se subirá una culpa glandular a tu garganta

y dirás para expulsarla es obvio

la vaca no comprende

los valores

solo el miedo sembrado

ancestral de todo lo que pisa

el miedo

menos en un caso si se observa

el desconcierto cuando anda

detenidamente

por su quiebre en los dos curatos

perturbados

se advierte la conciencia

irreductible esta vez sí

de la imposible cantidad de suelo

que está obligada a comer

                                    perdida

entre las chircas

de los cinco estómagos

 

(de Detrás del ojo mudo, 1989)


Hebert Benítez Pezzolano (Montevideo, 20 de junio de 1960) es un escritor, poeta, ensayista, crítico literario e investigador uruguayo con una trayectoria destacada en la academia y en la crítica de la literatura latinoamericana y uruguaya. Benítez Pezzolano se ha desempeñado tanto como poeta como crítico y ensayista.

En poesía ha publicado varios volúmenes, entre ellos: Detrás del ojo mudo (1989), Introducción al límite (1993), Amor de precipicio (1996), Matrero (2004) y Sesquicentenario (2017). En diversas entrevistas y comentarios públicos, Benítez Pezzolano ha subrayado la importancia de una tradición literaria que dialogue con el pasado y no sólo con la producción inmediata de cada autor, así como la necesidad de una crítica que no reduzca la literatura a agendas superficiales. Además de su actividad académica, ha sido fundador y director de la revista Hermes Criollo, y colaborador frecuente en publicaciones culturales como El País Cultural y Cuadernos de Marcha.

Ha recibido en varias ocasiones el Premio Nacional de Literatura de Uruguay, así como el Premio Bartolomé Hidalgo por su contribución ensayística y poética. Benítez Pezzolano es frecuentemente valorado por su rigor académico y su enfoque en zonas de la literatura que desafían la mimesis tradicional, especialmente a través de estudios sobre autores como Marosa di Giorgio, Felisberto Hernández o Lautréamont. Su enfoque suele integrar métodos fenomenológicos, hermenéuticos y hasta psicoanalíticos para explorar cómo ciertas escrituras “raras” reconfiguran la relación entre realidad, escritura y subjetividad.