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miércoles, 7 de enero de 2026

TANIA FAVELA.ESA COSA UN POCO INSENSATA

 




…el artista junta unas palabras para hablar de esa vida que le rodea con su murmullo incesante de colmena demente.

                                             Whestphalen

El poeta jamás es sólo una mujer o un hombre. Cada poeta tiene su dosis de fuego. El poeta es un espejo: el poeta transcribe.

                                                           Susan Howe

                                               He descubierto tu gran herida; esta flor de tu costado te mata.

                                                                                                       Kafka

 
Si como lo dice el pintor Georges Braque el arte está hecho para turbarnos, no hay mejor constatación para esta frase que el libro Ejercicios Materiales de Blanca Varela. En sus trece poemas, escritos entre 1978 y 1993, la poeta peruana nos enfrenta con la realidad en bruto. Se podría hablar de una escritura cáustica, mordaz, sin concesión alguna para quien lee; magnética y repulsiva a un mismo tiempo: salvajemente humana. Lo privado y lo público se encuentran entre los hilos férreos de este poemario: el cuerpo, la maternidad, la soledad, el nihilismo, se entretejen con la miseria social y también con el horror del conflicto armado interno que atravesaba en esos años al Perú. La violencia, con todas sus artistas, marca la psique de la poeta, endureciendo y tensando al máximo sus palabras. Sus imágenes, mezcla de arbitrariedad y necesidad interna, oponen a la realidad su disconformidad: “gran creador el hambre inventa paraísos. los cerdos y los hijos de los cerdos se vuelven héroes. procrean, asesinan, procrean, los cerdos”, escribe la poeta en su poema “Crónica”, y más adelante anota: “hoy llueve fuego sobre bagdad.” // “se viaja en la misma orca indigesta. ajonasados todos. sin tuétanos ni risa. hechos mierda. solo mierda. arrodillada mierda sin sombra.” El poema “Crónica” cierra el poemario, poniendo al descubierto la crueldad que atraviesa a la Historia: la conquista del Perú, la Guerra del Golfo, Sendero Luminoso (aunque no se mencione directamente) señalan y muestra las heridas del mundo. Y es precisamente una herida (la herida es un eje constante de este poemario) la que florece desde el inicio en Ejercicios Materiales: “se trata simplemente de heridas congénitas y felizmente mortales”, leemos en el primer poema “Último poema de Junio”, que paradójicamente señala un final.

Blanca Varela comentó en varias entrevistas que con Ejercicios Materiales cerraba un ciclo: “una especie de época de gran revuelta, de desafío a mí misma y al mundo en general”[1]. De ahí los exabruptos, la desmesura y la crítica feroz que golpean sin piedad todo símbolo o representación, desmitificando el lenguaje “poético”, desacralizando incluso la figura de dios (así lo escribe, con minúscula), y evidenciando el sinsentido de toda ilusión o autoengaño. Su agudeza crítica, puesta siempre en tensión, inscribe en su escritura, de manera horizontal, lo lírico, lo irónico, lo banal, lo cotidiano, lo abyecto, la ternura, el sarcasmo y lo sublime, abriéndose, desde todos estos pliegues, a las fuerzas impersonales que la atraviesan. Es quizá por lo anterior que lo animal cobra una presencia fundamental: “yo soy aquella / que vestida de humana / oculta el rabo / entre la seda fría / y riza sobre negros pensamientos / una guedeja / todavía oscura” escribe en “Claroscuro”; o bien: “Dulce animal, tiernísima bestia que te repliegas en el olvido para asaltarme siempre” en “Ultimo poema de Junio”; y en “Ternera acosada por tábanos” anota: “sólo recuerdo al animal más tierno / llevando a cuestas / como otra piel / aquel halo de sucia luz”, por poner sólo tres ejemplos, de entre los muchos que podrían darse. Eso animal, que no es hombre ni mujer, es un filo que sostiene la oscuridad y el abismo que por momentos asoman en sus poemas. La poesía, dice Varela, “es atreverse de alguna manera a sacar a flote todo lo que tenemos dormido, atávico, acumulado, que no hemos podido soportar a nivel de conciencia y lo hemos puesto atrás”[2]. Abrir esas compuertas, las compuertas del inconsciente, es una forma de tocar esa otra conciencia, que la propia poeta llama “conciencia animal”[3].

Devenir animal sería entonces una forma de enfrentar la demencia racional del mundo de los humanos, de encontrar vías de fuga para establecer un orden distinto desde el margen: animal o poeta (figuras porosas que se empalman). Para Blanca Varela, recordémoslo, el poeta es un animal de palabras[4]. Pero no sólo lo animal, también el cuerpo y la carne (esa materia), son núcleos importantes que revelan la posibilidad de un lenguaje distinto, un lenguaje fuera del logos: “Misterioso, obsceno chasquido del vientre que canta lo que no sabe”, escribe en “Sin fecha”, y en el poema “Ejercicios materiales”, anota: “y es amable el silbo de los aires / que brotan quedamente y circulan / por nuestros puros orificios terrenales / protegidos e intactos / bajo el vellón sin mácula del divino cordero”, y en “Lección de anatomía” comienza con estas líneas: “más allá del dolor y del placer la carne / inescrutable / balbuceando su lenguaje de sombras y brumosos / colores”.  Los ruidos del cuerpo y lo animal señalan ese margen que traza la poeta para aproximarse no a la belleza sino a la verdad: al interior de esa verdad, pareciera querernos decir Blanca Varela, algo huele mal. El olfato es uno de los sentidos que la poeta pone en juego, como lo hace el animal para reconocer su mundo y poder sobrevivir en él: “el hedor de la vida”, el excremento, la náusea, la “redimida letrina”, la orina, “el milagro mortecino”, “un rancio bocadillo”, la “roñosa palidez”, “primavera de suaves gusanos agrios / como bilis materna”, la gangrena. La sensación constante que se desprende es la de un cuerpo en descomposición: el cuerpo político-económico-social, seguramente. Quizá la imagen más contundente de esa podredumbre es la que traza al final del poema “Ternera acosada por tábanos”: “a mi lado / coronada de moscas / pasó la vida”.

¿Cómo escribir? En Ejercicios materiales lo único que queda es desentonar para desmantelar la farsa. No seguir ni al coro terrenal ni al coro celestial (ambos se confunden). Buscar mejor otras voces: la voz gangosa, la que balbucea, la que juega: “la esfinge que finge” o confunde “gracia” con “grasa”; o juntar palabras arbitrariamente: “muertodehambre”, “vaderretro”, o trazar relaciones inesperadas entre la eternidad y el excremento; las flores y la carne; o entre la sangre redentora y la sangre de una mosca bajo el martillo. Irreverente y hasta blasfema en su escritura, Varela busca algo sólido que la sostenga, su apuesta formal así lo muestra: la línea, el verso, el versículo, la prosa, se usan indistintamente. La poeta peruana señaló en varias ocasiones, que sus poemas no cantan, al contrario, buscan la disonancia, se descolocan, van a tientas, huyen de toda aparente perfección, para intentar un orden distinto: “de lo inexacto me alimento” escribe en “Malevich en su ventana”. “Fuera de la poesía [comenta Varela] todo es caos. La única vez que encuentro un orden es cuando escribo poesía, esa cosa un poco insensata”.[5]

Al parecer, Varela, al igual que Vallejo, intenta planchar todos los caos con sus poemas. Así lo sugiere Westphalen de Vallejo, al reflexionar sobre ese verso en uno de sus ensayos: “… ̶ será lícito atribuir rasgos programáticos a ese “azular y planchar todos los caos” ̶ ver incluso un manifiesto de propósitos ̶  la reducción y domesticación de los caos singulares que sería cada poema”[6]. Ese orden que despunta en el poema VI de Trilce como un futuro lejano, pero posible para la poesía, ilumina también los poemas de Varela que, no obstante, su dureza, nos dan una pequeña y frágil esperanza:

hoy me despierta

con su delgado resplandor abstracto la esperanza

la oscuridad del naufragio

se escapa como un gato por la ventana

y alguien vuelve

alguien vuelve desvelado y sin prisa

con un pequeño rectángulo de eternidad entre la

manos

 

Ese que vuelve, desvelado y sin prisa, es Malevich, pero podría ser hoy para nosotras, para nosotros, Blanca Varela, que pone en nuestras manos “esa cosa un poco insensata” llamada poesía.

Releer hoy Ejercicios materiales, cuando el zumbido de la colmena demente quiere ensordecernos, es una forma de resistencia.

 

 

 

 

 

 



[1] Jorge Valverde Oliveros (editor). Entrevistas a Blanca Varela. “Hay que vivir como si fuera el día definitivo”, por Patrik Rosas, Isegoria editorial, Perú, pg 255.

[2] Entrevistas a Blanca Varela. “La fascinación por lo maravilloso”, por Roland Forgues, pg 87.

[3] Entrevistas a Blanca Varela. “No puedo ser sin el Perú”, por César Ángeles, pg 110.

[4] Entrevistas a Blanca Varela. “Diálogo con Blanca Varela”, por Casa de citas, pg. 305. Ver también su poema “Media voz” de Canto Villano.

[5] Entrevistas a Blanca Varela. “Fuera de la poesía, todo es caos”  por Abelardo Sánchez León, pg. 212

[6]  Emilio Adolfo Westphalen. Escritos varios sobre arte y poesía. FCE, México, 1997, pg. 224