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lunes, 5 de enero de 2026

MIGUEL ÁNGEL ZAPATA. ROGER SANTIVÁÑEZ Y LAS GRIETAS DE LA PASIÓN

 


Roger Santiváñez (Piura, 1956) irrumpe en el contexto de la poesía peruana e hispanoamericana con una música distinta: las palabras se articulan en el interior del poema haciendo música con el silabeo, al mismo tiempo que van creando un ensamblaje inusual y coherente. Hay en su poesía un equilibrio entre lo semántico y lo sintáctico, prevaleciendo siempre la musicalidad de las palabras. Aquí no se trata de una música monocorde, sino de una múltiple expansión sonora. En sus primeros libros podíamos apreciar versos largos de corte narrativo, siempre controlando el exceso o la brevedad sin sentido. Recuerdo vívidamente el “Poema para Martin Adán” que saliera publicado en el suplemento “Imagen” del extinto diario la Prensa de Lima (mayo, 1977). Esa fue la primera vez que leía un poema de Roger Santiváñez.

Lo que llamó mi atención en esa oportunidad fue el control del verso largo y corto, combinados adecuadamente en el poema. Además de la simbología urbana, la degradación de la urbe limeña a través de una mirada aguda, y un atisbo erótico bien matizado. Por ahí, el poeta Martin Adán deambula ebrio de la soledad. La poesía de Roger Santivañez, desde entonces, ha venido trabajando espacios líricos complejos, y con una variedad temática que nos asombra. Entendió bien que el silencio es escribir, y que lo monótono produce sordera en el poema. La tarea del poeta no ha sido solo la creación obsesiva de un objeto verbal, sino sobre todo establecer una relación estrecha con la dimensión humana y sus membranas eróticas, entre otras temáticas. Precisamente, los poemas de Virgen de Guadalupe (Manofalsa Editores & Salto de Mata, 2025) se acercan más a una dimensión personal que exclusivamente del lenguaje.  La eroticidad tanto de las palabras como de los hechos son la médula de este libro.

Siguiendo una clave de George Bataille, el erotismo se configura como uno de los aspectos de la vida interior del hombre. El hombre- dice Bataille- busca fuera un objeto del deseo, pero ese objeto responde a la interioridad del deseo. Teniendo en cuenta esta premisa, el libro responde a una textualidad interior trastocada en una saludable transgresión. El erotismo se acerca a la escritura, y al deleite de poseer tanto a la amada como al signo del poema: “Ligera silenciosa suspendida se agarra de mi/ Escritura porque quería escuchar esa madrugada/ Cuya luz apenas percibías me sacaba de onda…” (p. 13). El libro esta poblado de dulcificación y deleite entre tercetos que culminan siempre con la locución latina Laus Deo (Gloria a Dios). El título Virgen de Guadalupe nos puede llevar a un equívoco en tanto pareciera enunciar algo místico o de celebración religiosa, no obstante, está lleno de espumas, sensaciones, hervores, y humedales corpóreos.

 En la segunda parte del libro se lee “Virgen de Guadalupe” (Milagro segundo). Recordemos que el segundo milagro de los Milagros de Nuestra Señora de Gonzalo de Gonzalo de Berceo (siglo XIII) se titula "El sacristán fornicario", una historia que narra cómo un clérigo devoto de la Virgen María, es un empedernido pecador. El poeta peruano, por cierto,  dice: “hay una melodía que casi no se/ Escucha/ porque yo ya vi sus vinculaciones/Transmitidas por tu cuello erguido/ En la congregación mariana…” (p. 19). El Mester de Clerecía es llevado a un contexto contemporáneo, con cambios radicales en la sintaxis y carnalidad de las imágenes. Virgen de Guadalupe también se podría conectar con El Libro de Buen Amor de Juan Ruiz, en lo referente al “amor mundano”, pero sobre todo su acometividad erótica. Al final de cuentas, Virgen de Guadalupe no es un canto mariano, sino una fervorosa arteria de la pasión.

Virgen de Guadalupe es un libro que posee infinidad de posibles acercamientos. Los poemas contienen un ritmo que nivela aquel canto dotado de complejidad y hermosura. En sus constelaciones se sienten ecos bien asimilados de Góngora, Lezama Lima, Martín Adán, como también la orfebrería de Néstor Perlongher, y la tradición mística traviesa. Encontramos fisuras frecuentes que equilibran el ritmo de los poemas, mientras surge el despliegue del fraseo preciso, es decir, el ritmo Santiváñez.  Es en apariencia un ritmo dislocado que pesa como una perla. Aquí la poesía descubre otros campos semánticos, idilios nuevos ante la vastedad del erotismo, y la transgresión incurable de la pasión:

 

Espejo donde admiras tu belleza & te tocas

Los cabellos derramados persuasiva siempre

A la hora del amor consientes mi boca

En la grieta que jamás se fatiga

 

 

Long Island, Diciembre, 2025

martes, 28 de octubre de 2025

RÓGER SANTIVÁÑEZ. INÉDITOS.

 

                                                                                                                                                                        fotografía de Nadia Sharova



Alana [ rumbo a Barranquilla ]

 

1

 

Por las frondas reino soleado

Son cabellera o cintura / el cielo

Azucarada estela perfecta

Sobre intocado frescor en

Los fuegos recuperado afán

De sonreírte sin calzón por

La suave & preciosa silva

De tu nombre guarda

 

Resuello de soledad &

Oscura fragancia en la

Limpia embrujada cuyo

Jazmín todavía se recrea

Chiroca / meses de frutas

Cantos recordados & estambre

De tu corazón

 

Dime esa pluma que

Llevabas desnuda en tu

Orejita / si aún refleja

El reverso de tu íntima

Ternura / abriga esos bordes

Con que amarte en minifalda

De blue-jean / códice

De incertidumbre

 

2

 

 

Pórticos secuaces abren las

Fauces recorriendo resplandores

Recientes renovados al son

De la marimba plástica

& la mandolina crinolina

De la infancia feliz

 

Se saltan las puas finales

Soñando pubis angelicales

Vidente en el fondo de la

Noche oscura del alma

Llena de brisas quiméricas

En el mazapán de su

Madrugada

 

Por fín las dunas acrecientan

Sus soleadas soledades

& las estrellas se vengan

Con el brillo del payaso

Azul de los cuentos frac

Asados

 

Secretos perdidos en la

Piscina de tus nalgas

Hubo diosa pero ya no

Quiere

 

3

 

Volátil la suavidad melancó

Lica en sus pajarines desasidos

El mar & oscuras estelas

Son risas para papisas

Desvestidas sin mácula

Sin roche en los huecos ins

Tantáneos imbricados

 

Nada enciende la luz ama

Necida en el rocío de Lima

Es tan solo su soledad

Prístina en lejanos arenales

Apareces como un sueño

Surtido en miríadas de

Flores calatitas intactas

 

Había chiroca o choqueco

En bautizos de floresta chu

Lucanas tránsito de avis

Pas mortecino atardecer

Mariposea en tu memoria

Sin truza roja de sentido

Siente silente su postura



4

Meandros titubeantes deslizan

Panales enmielados son el

Pálpito que late en tu te

Quiero & el petate vuela

Volando en tu jean ajustado

O cuello de cisne sería

En cuatro que voltea

 

¿Quién sabrá si el anillo

Vibrátil se aposenta en

La majada honda de

Ti misma? Dime

Si esta poesía llega

Al claústro & hace

Quorum que mora

 

& enamora morada en

La chicha baiada entre

Las márgenes de píndaros

Dadivosos suculentos si

Nuosos en tu celestial

Vaivén inusitado

Nunca raca

 

 

 

 

 


Róger Santiváñez nació en Piura, ,costa norte del Perú. Estudio Literatura en la Universidad de San Marcos de Lima y obtuvo un Ph.D. en poesía latinoamericana en Temple University. “Comunión de los santos” [Libros de la Resistencia, Madrid 2023] es su mas reciente compilación poética. Fue profesor en Princeton University, Drexell University, Haverford College -entre otras- y actualmente vive a las orillas del río Cooper, sur de New Jersey, dedicado a la escritura y al estudio de los lenguajes de la poesía.