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martes, 6 de enero de 2026

MARTÍN ADÁN Y EL LABERINTO DE LA CORRESPONDENCIA

 


Si uno intenta penetrar en la espesa penumbra de la Lima de los años sesenta, donde los callejones se arremolinan como tinta sobre pergamino y los edificios se arquean bajo un sol que todo lo revela y nada permite comprender, es posible vislumbrar la figura de Martín Adán, poeta frágil, enfermo, con un cuerpo que a veces parecía obedecer más a la fatiga de la sangre y los nervios que a la voluntad de su espíritu, y aun así capaz de transformar la debilidad en luz literaria. Su salud, delicada y marcada por dolencias crónicas que lo confinaban con frecuencia a la casa, a la lectura y a la escritura, no impidió que la correspondencia con Celia Paschero, joven investigadora argentina, desplegara un diálogo de rara intensidad, donde cada palabra se medía con el compás de la percepción y la imaginación, entrelazando afecto intelectual, humor sutil y rigor crítico. Paschero, curiosa y rigurosa, solicitó información biográfica concreta: fechas, lugares, anécdotas que pudieran alimentar su investigación. Adán respondió, sin embargo, con la estrategia que siempre definió su obra: convertir la carta en espacio poético y reflexivo, donde la fragilidad corporal se transmuta en potencia literaria, y donde la vida se revela no como cronología sino como experiencia sensorial y existencial. La carta, para él, no era un instrumento de divulgación ni un testimonio lineal, sino un territorio de juego, de introspección y de revelación meditativa, donde la voz del poeta se ensancha al ritmo de la imaginación, y donde cada palabra se carga de presencia, afecto y memoria. El acto de escribir epístolas se vuelve entonces acto de creación, y la distancia, el tiempo y la limitación corporal se convierten en catalizadores de intensidad y barroquismo verbal.

El intercambio epistolar entre ambos, aunque breve, evidencia la afinidad espiritual y estética: Paschero reconocía en Adán un igual, alguien capaz de dialogar sin revelar todo, de ofrecer profundidad sin reducir la vida a inventario. Allí donde el cuerpo flaquea, la mente se ensancha; donde la enfermedad advierte su presencia, la literatura se reafirma con vigoroso gesto creativo. La epístola se convierte en laboratorio de percepción, en un ensayo continuo sobre la fragilidad, la resistencia y la transformación de la existencia en arte. Cada carta es un poema, y cada poema una carta: el círculo se completa, la vida se transfigura en palabra, y la palabra devuelve la vida con intensidad barroca. La correspondencia permite a Adán articular simultáneamente intimidad, erudición, humor, ironía y la pulsión existencial de quien contempla la existencia con ojos de poeta enfermo y cuerpo fatigado. La distancia y el tiempo no separan; magnifican.

 

ESCRITO A CIEGAS

(Carta a Cecilia Paschero)

¿Quieres tú saber de mi vida?
Yo sólo sé de mi paso,
De mi peso,
De mi tristeza y de mi zapato.
¿Por qué preguntas quién soy,
Adónde voy?… Porque sabes harto
Lo del Poeta, el duro
y sensible volumen de ser mi humano,
Que es cuerpo y vocación,
Sin embargo.Si nací, lo recuerda el Año
Aquel de quien no me acuerdo,
Por que vivo, porque me mato.Mi Ángel no es el de la Guarda.
Mi Ángel es del Hartazgo y Retazo,
Que me lleva sin término,
Tropezando, siempre tropezando,
En esta sombra deslumbrante
Que es la Vida, y su engaño y su encanto.Cuando lo sepas todo…
Cuando sepas no preguntar…
Sino roerte la uña de mortal.
Entonces te diré mi vida,
Que no es más que una palabra más…
La toda tuya vida es como cada ola:
Saber matar.
Saber morir.
Y no saber retener su caudal,
Y no saber discurrir y volver a su principio,
Y no saber contenerse en su afán…Si quieres saber de mi vida,
Vete a mirar al Mar.
¿Por qué me la pides, Literata?
¿Ignoras acaso que en el Mundo,
Todo de nadas acumuladas,De desengrandar infinitudes,
No si no un trasgo
Eterno, sombra apenas de apetito de algo?La cosa real, si la pretendes,
No es aprehenderla sino imaginarla.
Lo real no se le coge: se le sigue,
Y para eso son el sueño y la palabra.
¡Cuídate de su atajo!
¡Cuídate de su distancia!
¡Cuídate de su despeñadero!
¡Cuídate de su cabaña!¿Quién soy? Soy mi qué,
Inefable e innumerable
Figura y alma de la ira.
No, eso fue al fin… y era el principio,
Antes de donde el principio principia.
Soy un cuerpo de espíritu de furia
Asentada de aceda ironía.
No, no soy el que busca
El poema, ni siquiera la vida…
Soy un animal acosado por su ser
Que es una verdad y una mentira.

¡Es tan simple mi ser, y tal ahogo,
Con punzada de nervio y carne!…
Yo buscaba otro ser,
Y ése ha sido mi buscarme.
Yo no quería ni quiero ya ser yo,
Sino otro que se salvara o que se salve,
No el del Instinto, que se pierde,
Ni el del Entendimiento, que se retrae.

Mi día es otro día,
Algún no sé dónde estarme,
A dónde no sé ir en mi selva
Entre mis reptiles y mis árboles,
Libros y cementos
Y estrellas de neón,
Mujeres que se me juntan como la pared
    y como nadie… o como madre,
Y el recién nacido que sobre mí llora,
Y por la calle
Toda las ruedas
Reales y originales.
Así es mi vida cabal,
Hasta la última tarde.

El Otro, el Prójimo, es un fantasma.
¿Existe el aire,
Donde te asfixias y recreas
Respirando, tu cuerpo inane?
¡No, nada es sino la sorpresa
Eterna de tu mismo reencontrarte
Siempre tú los mismos entre los mismos muros.

De las distancias y de las calles!
¡Y de los cielos estos techos
Que nunca me ultiman porque nunca caen!

Y no alcancé al furor de lo divino,
Ni a la simpatía de lo humano.
Lo soy y no lo siento ni así me siento.

Soy en el Día el Solitario
Y el absoluto en la Zoología si pienso,
O como carnívoro feroz si agarro.
¿Soy la Creatura o el Creador?
¿Soy la Materia o el Milagro?
¡Qué mía y qué ajena tu pregunta!…
¿Quién soy? ¿Lo sé yo acaso?

¡Pero no, el Otro no es!
¡Sólo yo en mi terror o en mi orgasmo!

¡Y con todos mis sueños resoñados,
Y con toda la moneda recogida,
Y con todo mi cuerpo, resurrecto
Tras cada coito, ciego, vano, sin pupila!…

¡Cuando no seas nada más que ser,
Si llegas a la edad de la agonía!…
¡Cuando sepas, verdaderamente,
Que es ayuntamiento de muerte y vida!…
¡Entonces te diré quién soy,
Seguro, sí, que ya sin voz, Amiga!

Que se curan con hierbas eficaces
Los puros animales que te hablan
Allá, entre piedras inmateriales
El mundo real y la ciencia humana,
Donde, con una pelota
Los muchachos aparentes hediondos gozaban.
Sí, la vida es un delirio así, y sin embargo,
En esa vida no estuvo mi nada,
Ninguna, pero real, pero celeste o volcánica.

¡Qué tarde llega el Tiempo
A su punto de olvido o de sensibilidad!
Viene arrastrando, como el aluvión,
De cúmulo, de suelo, de humanidad.

Que se curan con hierbas eficaces
¡Cuán inesperado y desesperado cualquier ya,
Todo yo que cae con el Tiempo
Desde nunca siempre y para siempre jamás!
¡Qué madrugada eterna no dormida
Lo del revolverme en el hacer y en el pensar!

La Soledad es una roca dura
Contra la que arroja el Aire.

Está en cada pared de la Ciudad,
Cómplice, disimulándose.
Me arrojo o me arrojo, sin cesar
Yo soy mi impedimento y mi crearme.La Poesía es, Amiga,
Inagotable, incorregible, ínsita.
Es el río infinito
Todo de sangre,
Todo de meandro, todo de ruina y
    arrastre de vivido…
¿Qué es la Palabra
Sino vario y vano grito?
¿Qué es la imagen de la Poética
Sino un veloz leño bajo un gato írrito?
Todo es aluvión. Si no lo fuera,
Nada sería lo real, lo mismo.El Amor no sabía
Sino tragarse su substanciaY así la Creación se renovaba.
Todo me era de ayer, pero yo vivo;
Y a veces creo, y a la Vez me amamanta.No soy ninguno que sabe.
Soy el uno que ya no cree
Ni en el hombre,
Ni en la mujer,
Ni en la casa de un solo piso,
Ni en el panqueque con miel.No soy más que una palabra
Volada de la sien,
Y que procura compadecerse
Y anidar en algún alto tal vezDe la primavera lóbrega
Del Ser
No me preguntes más,
Que ya no sé…Supe que no era lo que no era, no sé cómo,
    y toda era
Hasta la cosa de mi nada.
Y fui uno no sé cuándo,
Persiguiendo, por entre numen y maraña
Dentro de ella, yo, nacido y flaco, ya con
    todas las armas,
Yo por todo paso que me hacía,
A ello persiguiendo… a la palabra
A cualquiera,
A la madriguera o a la que salta.

Si mi vida no es esto
¿Qué será la vida?… ¿Adivinanza?…
Que me dé tiempo el Tiempo, a más del suyo,
Y yo me reharé mi eternidad;
Lo que me falta,
Porque la eché… me estuvo un momento demás.
¿Sabes de los puertos encallados,
Del furor y del desembarcar,
Y del cetáceo con mojadísimo uniforme,
Que no nada y cae ya?
¿Sabes de la ciudad tanta,
Que no parece ciudad,
Sino cadáver disgregado,
Innumerable e infinitesimal?

Tú no sabes nada;
Tú no sabes sino preguntar,
Tú no sabes sino sabiduría
Pero sabiduría no.es estar
Sin noción de nada, sino proseguir o seguir
A pie hacia el ya.

 

Desde este prisma, la epístola se vuelve acto de creación autónomo: ensayo poético, confidencia imaginativa, diálogo filosófico, laboratorio sensorial y lúdico. La escritura de Adán no se limita a comunicar; recrea, interroga, desafía y transforma la vida en poesía, y la poesía en existencia plena. Solo con esta disposición de atención sensorial y entrega a la densidad verbal, el lector puede experimentar plenamente la potencia de la escritura de Adán: la enfermedad, la limitación y la distancia epistolar se transforman en recursos de fuerza creativa. La correspondencia de Martín Adán con Celia Paschero se revela así como síntesis de su mundo: delicado, barroco, erudito, lúdico y existencial, un territorio donde el cuerpo y la mente se entrelazan, donde cada palabra respira y cada silencio palpita, y donde el lector es invitado a caminar por un laberinto de luz y sombra, de ingenio y de humanidad, tal como el poeta mismo lo recorrió mientras escribía, enfermo y potente, hacia la totalidad de su voz.









Conclusiones

Martín Adán y Celia Paschero nunca llegaron a encontrarse físicamente¹. La relación se mantuvo en el territorio de la carta, y es precisamente esta distancia la que convierte la epístola en acto literario autónomo: un espacio donde el cuerpo limitado del poeta, sus dolencias crónicas y su fragilidad física se transmutan en densidad creativa y expansión del pensamiento². La correspondencia permite a Adán dialogar con la ausencia, construir mundos y paisajes de palabra, y explorar los límites entre lo íntimo y lo universal sin la mediación del encuentro presencial. La carta se convierte así en laboratorio de percepción, ensayo poético y confidencia imaginativa, en donde la voz del poeta se proyecta con intensidad máxima, cargada de memoria, emoción y reflexión estética³.

La epístola, para Adán, no era un simple instrumento de información biográfica ni un canal de comunicación; era un acto de creación en sí mismo, donde cada palabra era medida, pensada y moldeada con precisión barroca. La distancia, lejos de debilitar el vínculo, potencia la concentración de la voz poética y obliga a que el mensaje sea simultáneamente íntimo y universal. Es en ese espacio —entre lo que se dice y lo que se guarda, entre la revelación y el misterio— donde Adán transforma la limitación corporal, la enfermedad y la ausencia en fuerza creativa.

La correspondencia revela un aspecto central de la concepción adánica de la poesía: que la literatura y la vida no pueden reducirse a cronología o inventario de hechos, sino que se manifiestan en experiencias sensoriales, emocionales y reflexivas. La epístola se convierte en metáfora del acto creativo: la vida es un flujo que se persigue y se registra en palabras, pero que no puede capturarse del todo; solo puede imaginarse, intuirse y evocarse. La escritura epistolar, entonces, es la prueba de que la creación literaria surge de la tensión entre la presencia y la ausencia, entre el deseo de comunicar y la imposibilidad de abarcar la totalidad de la existencia⁴.

Finalmente, la correspondencia con Paschero muestra que Adán logra fusionar en la carta múltiples dimensiones: la intimidad afectiva, la reflexión filosófica, la densidad barroca de imágenes, la precisión verbal y el juego lúdico con la palabra. La epístola se convierte en un espejo de su mundo: delicado, complejo, lleno de humor, ironía y erudición, donde la vulnerabilidad del cuerpo y la fortaleza de la mente se equilibran para dar lugar a la creación más intensa⁵.


Referencias (formato APA)

Adán, M. (2015). La canción de la bolsa para el mareo. Sexto Piso. (Traducción de Mariano Peyrou).

Adán, M. (s. f.). Escrito a ciegas [Correspondencia con Celia Paschero]. Manuscrito personal.

Lauer, J. (2016). Martín Adán: poética y correspondencia. Lima: Fondo Editorial de la PUCP.

Llana, R. (2010). “La madurez poética de Martín Adán: cartas y poesía en los años sesenta”. Revista de Literatura Peruana, 12(3), 45-72.

Olvido García Valdéz, O. (2012). La escritura epistolar de Martín Adán y la poesía moderna peruana. Lima: Editorial Universitaria.

Pacheco, R. (2005). El modernismo tardío en la poesía peruana: de la biografía al símbolo. Lima: Fondo Editorial.

Transtierros, Revista Cultural. (1965). “Correspondencias poéticas de la década del sesenta”. Transtierros, 2(1), 15-28.


Notas de pie de página (APA)

  1. Según la documentación disponible, Martín Adán y Celia Paschero nunca se conocieron en persona, manteniendo la relación exclusivamente epistolar (Llana, 2010; Transtierros, 1965).
  2. La correspondencia demuestra cómo la distancia y la fragilidad física del poeta se transforman en fuerza creativa y densidad literaria (Lauer, 2016; Olvido García Valdéz, 2012).
  3. Cada carta funcionaba como un ensayo poético donde la voz del poeta se expandía más allá de los límites físicos (Llana, 2010).
  4. La escritura epistolar evidencia la concepción adánica de que la literatura y la vida no pueden reducirse a cronología o inventario, sino que se manifiestan en experiencias sensoriales y reflexivas (Olvido García Valdéz, 2012).
  5. La fusión de intimidad, erudición, humor e intensidad existencial en la correspondencia refleja la síntesis de la obra de Adán durante su madurez poética (Adán, 2015; Lauer, 2016).

 

 

 

 

 

 

 

lunes, 5 de enero de 2026

MIGUEL ÁNGEL ZAPATA. ROGER SANTIVÁÑEZ Y LAS GRIETAS DE LA PASIÓN

 


Roger Santiváñez (Piura, 1956) irrumpe en el contexto de la poesía peruana e hispanoamericana con una música distinta: las palabras se articulan en el interior del poema haciendo música con el silabeo, al mismo tiempo que van creando un ensamblaje inusual y coherente. Hay en su poesía un equilibrio entre lo semántico y lo sintáctico, prevaleciendo siempre la musicalidad de las palabras. Aquí no se trata de una música monocorde, sino de una múltiple expansión sonora. En sus primeros libros podíamos apreciar versos largos de corte narrativo, siempre controlando el exceso o la brevedad sin sentido. Recuerdo vívidamente el “Poema para Martin Adán” que saliera publicado en el suplemento “Imagen” del extinto diario la Prensa de Lima (mayo, 1977). Esa fue la primera vez que leía un poema de Roger Santiváñez.

Lo que llamó mi atención en esa oportunidad fue el control del verso largo y corto, combinados adecuadamente en el poema. Además de la simbología urbana, la degradación de la urbe limeña a través de una mirada aguda, y un atisbo erótico bien matizado. Por ahí, el poeta Martin Adán deambula ebrio de la soledad. La poesía de Roger Santivañez, desde entonces, ha venido trabajando espacios líricos complejos, y con una variedad temática que nos asombra. Entendió bien que el silencio es escribir, y que lo monótono produce sordera en el poema. La tarea del poeta no ha sido solo la creación obsesiva de un objeto verbal, sino sobre todo establecer una relación estrecha con la dimensión humana y sus membranas eróticas, entre otras temáticas. Precisamente, los poemas de Virgen de Guadalupe (Manofalsa Editores & Salto de Mata, 2025) se acercan más a una dimensión personal que exclusivamente del lenguaje.  La eroticidad tanto de las palabras como de los hechos son la médula de este libro.

Siguiendo una clave de George Bataille, el erotismo se configura como uno de los aspectos de la vida interior del hombre. El hombre- dice Bataille- busca fuera un objeto del deseo, pero ese objeto responde a la interioridad del deseo. Teniendo en cuenta esta premisa, el libro responde a una textualidad interior trastocada en una saludable transgresión. El erotismo se acerca a la escritura, y al deleite de poseer tanto a la amada como al signo del poema: “Ligera silenciosa suspendida se agarra de mi/ Escritura porque quería escuchar esa madrugada/ Cuya luz apenas percibías me sacaba de onda…” (p. 13). El libro esta poblado de dulcificación y deleite entre tercetos que culminan siempre con la locución latina Laus Deo (Gloria a Dios). El título Virgen de Guadalupe nos puede llevar a un equívoco en tanto pareciera enunciar algo místico o de celebración religiosa, no obstante, está lleno de espumas, sensaciones, hervores, y humedales corpóreos.

 En la segunda parte del libro se lee “Virgen de Guadalupe” (Milagro segundo). Recordemos que el segundo milagro de los Milagros de Nuestra Señora de Gonzalo de Gonzalo de Berceo (siglo XIII) se titula "El sacristán fornicario", una historia que narra cómo un clérigo devoto de la Virgen María, es un empedernido pecador. El poeta peruano, por cierto,  dice: “hay una melodía que casi no se/ Escucha/ porque yo ya vi sus vinculaciones/Transmitidas por tu cuello erguido/ En la congregación mariana…” (p. 19). El Mester de Clerecía es llevado a un contexto contemporáneo, con cambios radicales en la sintaxis y carnalidad de las imágenes. Virgen de Guadalupe también se podría conectar con El Libro de Buen Amor de Juan Ruiz, en lo referente al “amor mundano”, pero sobre todo su acometividad erótica. Al final de cuentas, Virgen de Guadalupe no es un canto mariano, sino una fervorosa arteria de la pasión.

Virgen de Guadalupe es un libro que posee infinidad de posibles acercamientos. Los poemas contienen un ritmo que nivela aquel canto dotado de complejidad y hermosura. En sus constelaciones se sienten ecos bien asimilados de Góngora, Lezama Lima, Martín Adán, como también la orfebrería de Néstor Perlongher, y la tradición mística traviesa. Encontramos fisuras frecuentes que equilibran el ritmo de los poemas, mientras surge el despliegue del fraseo preciso, es decir, el ritmo Santiváñez.  Es en apariencia un ritmo dislocado que pesa como una perla. Aquí la poesía descubre otros campos semánticos, idilios nuevos ante la vastedad del erotismo, y la transgresión incurable de la pasión:

 

Espejo donde admiras tu belleza & te tocas

Los cabellos derramados persuasiva siempre

A la hora del amor consientes mi boca

En la grieta que jamás se fatiga

 

 

Long Island, Diciembre, 2025

LUIS ROLDÁN. TOM WAITS. MÁS ALLÁ DE LOS HITS.

 





Al pensar en la gran canción popular de la segunda mitad del siglo XX, hay nombres que inevitablemente vienen a la mente: Bob Dylan, Leonard Cohen, Johnny Cash y, si vamos un poco más allá, quizá aparezca sobre la mesa el nombre de Lou Reed. Sin embargo, a mi parecer, existen figuras que no aparecen con la frecuencia que deberían, figuras con las que la historia mantiene aún cabos sueltos y una de esas es Tom Waits.


Tom Waits ha llevado la canción popular hasta los límites de la realidad, quebrantando incluso las convenciones mismas de lo que una canción debe narrar y de cómo debe hacerlo. Desde baladas jazz de carácter urbano, que retratan la decadencia moral y material de la ciudad que lo vio formarse, hasta disolverse como parte de su propio universo felliniano de circo, cabaret y surrealismo, Waits ha estado siempre atravesado por una necesidad de frenesí creativo que lo ha conducido a realizar discos que dialogan con el cine, el teatro, la publicidad y las historias de bares.

Resulta pertinente establecer una separación de etapas dentro de su carrera. Por un lado, existió el baladista beatnik que retrataba a los personajes marginales de Los Ángeles. Este primer Waits, fuertemente influenciado por el cine noir y la literatura norteamericana de su tiempo, explora los distintos géneros propios del folclore de su país. Folk, country, blues y jazz conviven a lo largo de sus cuatro primeros discos. Nos encontramos ante canciones situacionales que invitan al oyente a emitir sus propios veredictos o a extraer sus propias conclusiones, del mismo modo en que podría suceder frente a una pintura de Edward Hopper o en uno de los cuentos de Raymond Carver. Waits aplica magistralmente una fórmula ya transitada por los artistas antes citados, pero la desplaza hacia el territorio de la canción popular con una sensibilidad más ambigua, narrativa y profundamente teatral.

Ya bien entrada la década de los ochenta, Tom Waits da un giro radical en su sonoridad, llevando su ambición creativa más allá de los instrumentos musicales que, en un inicio, dieron forma a su obra. Influenciado por Harry Partch, Waits comienza a hacer música a partir de sonidos que no provienen de instrumentos convencionales, sino de la vida misma. Incorpora grabaciones de máquinas industriales, sillas arrastradas por el suelo y golpeteos de cristales, desplazando el eje de la composición hacia una escucha ampliada de lo cotidiano.

Waits otorga voz a esa cotidianidad y la impregna de un carácter artístico. El gesto de Waits recuerda al de Duchamp en tanto desplazamiento de lo cotidiano al campo del arte. Sin embargo, mientras el ready-made duchampiano busca la desactivación del afecto, Waits opera en sentido inverso: inscribe el ruido en el cuerpo, la narración y la experiencia social. No se trata únicamente de una búsqueda estética: cada sonido arrastra un trasfondo simbólico, una carga expresiva que se camufla entre los elementos del día a día. De este modo, los metales industriales percutidos con martillos no funcionan solo como recursos sonoros, sino como parte de una escenificación más amplia, donde la precariedad del obrero —figura recurrente en la obra de Waits— encuentra una forma de hacerse audible.

Tom Waits admite sin conflicto no tener hits y ser un artista difícil, y lo hace sin pedir disculpas: las cosas son como son. No responde a parámetros comerciales, no persigue estadios llenos ni la repetición constante en la radio. Desde 1973, Waits emprendió una búsqueda que no ha cesado: una exploración obstinada de los márgenes, donde el ruido se vuelve lenguaje, el cuerpo deja oír su cansancio y la canción popular se resiste a ser cómoda. En esa negativa a complacer, en esa fidelidad a lo torcido, reside la vigencia de su obra.

PRIMICIA: CAYRE ALFARO FONSECA. EL ANIMAL Y OTROS FELINOS

 





Escribí los doce fragmentos de la primera parte de este libro, dedicado doce meses después, publicado gracias a la complicidad de mis mejores amigos. Años después, reescribí texto por texto bajo el título  
El animal y otros felinos, en una serie de prosas que parodiaban un bestiario medieval. Es otro proyecto, sin embargo, acaso descartado. Al revisar mis apuntes de los últimos cinco años, en la simulación de una semana, reescribí siete fragmentos que entendí como la secuela de Hay un animal entre nosotros, la segunda parte lo primero que publiqué y que espero nunca dejar de escribir. 


Lima, verano de 2024

 

 

[…]

pensar en un poema
de amor fascista

versos como
qué bonito
el color de tus ojos
qué lindo
tu tono de piel
qué—

la televisión interrumpe
el fluir de lugares comunes

algo así como una carrera
de motociclistas
en una ciudad desconocida

el narrador pide que alguien
se caiga / se accidente
para que una carrera aburrida
se convierta en algo interesante

pensar en un verso contra hitler
y no escribirlo




[…]

escribir un poema
es cuando tienes dos vacas
y viene un vecino
y ya no sé qué sigue

nunca diría
hagamos la revolución juntos

en todo caso diría
veamos una serie juntos
hasta quedarnos dormidos


nacimos en un tiempo
que no nos corresponde
sería una afirmación
que me mandaría
de vuelta a la facultad

en todo caso
un amague
de estrofa marxista

solo a tu lado
es posible
sobrellevar
el capitalismo


 

PANTERA

Yo jugué el juego del amor. Tú jugaste el juego de la mentira. Eso escribe, con el peso de los lugares comunes, la pantera en su libro dedicado al animal. Siente que ha vivido un libro que nunca debió ser escrito. Siente que la escritura no sirve para la vida y que la vida no sirve para nada y que el animal es una mierda. Eso siente. El animal también tiene sentimientos encontrados. Siente que hay dos libros. En la vida siempre hay dos libros. En un libro, en el libro de la pantera, es un villano. Es el enemigo. Una presa que debería ser cazada. No le gustaría leer ese libro. No le gustaría que ese libro se escribiera. No le gustaría, en realidad, que ningún libro se vuelva a escribir. Sin embargo, disfruta de escribir su libro. En su libro no hay villanos ni héroes. Solo un matrimonio que no funcionó. Alguien salió de caza y regresó con las manos vacías. Eso sucede más de lo que se cree, piensa el animal. Acaso escribe esa oración. Piensa en terminar su libro, en dedicárselo a la pantera y en que la vida siga como la escritura. Salir de caza, regresar con las manos vacías y evitar el llanto. 

 







miércoles, 3 de diciembre de 2025

MÓNICA BELEVAN + HAVE A NICE LIFE

 







C’est im-possible, dice Mauberley,

[Splitting syllables for emphasis]

No ser ya el epígono de somebody;

Dadas como están las cosas, dadas,

Es decir, las cosas como están –historically—;

Las cosas como son, things being what they are, et al;

Las cosas como no pudieron ser, quizás,

Poniéndonos nosotros antes que a los genios,

Para que su genio nos supere (por detrás);

Y nada quede ya que lamentar

Sobre botellas que se me hace

Ca-da dí-a más di-fí-cil aplicar

Al ejercicio de la profesión telar

Que implica el urdir complots y tramas reales,

Por no poder ya, impotence! oh tragöedie!

Tramar ficciones.

Things being what they are, and where they are

Ma cher, no queda más que asesorarle:

Darling, I would recommend

You choose your masters most precisely

No sea que estos vayan a fallarle, como buena parte de

Las malas influencias de las que, en buena parte,

Uno sigue dependiendo para la supervivencia de la trascendencia

De nuestras versiones ínfimas de los enormes temas,

Las resoluciones píticas e insignificantes que otorgamos

A los materiales muertos e inmortales que en nada

Ya preocupan de verdad a gentes que no buscan la verdad

(Entre las que me incluyo, por saber que la verdad

N’existe pas).

Ocúpese, como nosotros, de encontrar la mejor forma

De vender lo poco que no tiene por vender

Por recobrar, del modo más altisonante –y hasta elevado, si pudiera—

La orfebrería del sofisma

Ocúpese, rapsoda, de hacer economías donde duelan

El éxito implica siempre un alto sacrificio

(El de los de/más).

Créame cuando le digo que ninguna detracción a su integridad será

Realmente terminal. El alma es como el rabo de la lagartija,

Que se regenera, por lo menos la primera vez, en trauma

Para su edification literaria; y a la segunda vejación,

En un scandale espirituelle como para aplacar sus

Ínfulas más periodísticas; a la tercera,

En una rara sensación de insensibilidad

Que le permitirá acceder a —don de dones—

 

sábado, 29 de noviembre de 2025

JOSÉ CARLOS YRIGOYEN. EL LIBRO DE ZOE

 



1




                             Bienvenida a mi mundo conceptual

              donde he desmontado el sencillo santuario de tu perfil

                                          cuyo fuego iluminaba el noroeste

 La vida es un libro fácil de leer, pero lo que nos dice resulta insoportable:

                                    confundimos eso con la complejidad

confundimos eso con el honor

 y después salimos a sacrificarnos por causas que no nos incumben

                        Mi padre siempre me advirtió sobre eso

 pero debo decir que formaba parte de una época distinta

donde la Constitución que imperaba era una encadenada

                                        serie de retractaciones póstumas:

problemas inevitables de mantener una gerontocracia

que aun después de la muerte

                                             insiste en seguir sesionando

 Si solo piensas en la poesía no llegarás a ninguna parte

 me dijo hace años mi padre desde la puerta de mi cuarto

 y aunque tenía razón, aquí prosigo

            en este país adverso a las canciones que de jóvenes

                                                                       nos ensimismaron

cuando debíamos instruirnos en la ciencia y la técnica

            que conspiró contra mis contemplaciones solitarias

 contra la imaginación

                                   que ha forjado todas estas cosas

No conoce la belleza de rendirse, la sensualidad de la claudicación

                                No vive duplicada como yo para enfrentar

con refuerzos a la muerte

                 como una profecía que arraiga en dos corazones distintos

                              no vive sabiendo que vivir es una larga despedida

 más bien reúne con sus sentidos a la noche heterogénea:

 mi hija Zoe suele pedirnos que salgamos en el auto

por la ciudad sin ningún rumbo, solo escuchando música

                                             y mirando las calles en silencio

 ¿Reclama así justicia por nuestros grandes descuidos

                          por las omisiones que pudimos evitar

          pero no lo hicimos?

                                 ¿Estoy a tiempo para resarcirme?

Tras el vidrio un mundo borroso en que la lluvia todo lo empaña

                y todo lo perdona

                                               No conoce la fealdad de ser adulto

 solo acepta la protección paterna bajo ciertas condiciones

            como quien esconde su bondad detrás de un crimen

 
No conoce a Dios Padre ni sus anchos tentáculos

que alcanzan las estancias más bajas de mi esencia moral

        yo le niego mi aliento confesional, que siempre exige

a sus fieles

                                     deidad de la culpa y del victimismo


Señor, soy consciente de que he llegado a la edad

              en que puedes matarme de un momento a otro
sin levantar sospechas y que por ello debo

                  guardarte temor, como efectivamente sucede

 Pienso en todas esas ocasiones cuando decidiste perderme

solo para probar tu punto:

                              he besado chicos que me querían y que no

me querían, y con esos mismos labios he besado a mi hija

                                       No hallo contradicción ni vergüenza

en nada de esto, aunque hay demasiadas cosas

                                                         que no logro entender

y por ello viajo fuera de la ciudad

para distraerme y no angustiarme

                pero es inevitable encontrarte luego transfigurado en olmo

 protector

                                de un restaurante campestre

 No te comprendo, pues me acosas durante una temporada

                 y después me abandonas varios años:

                    ¿cuál crees que sería la opinión de mi hija si yo

                                                                    le hiciera lo mismo?

Engranado a tu obra como los búhos y los puentes

                             me entrego manso a tus métodos

                            a la policía secreta de tus elegidos

         a la confusión que sojuzga todos los seres sin asombro

 Bienvenida entonces a mi mundo conceptual donde eres

un encuentro secreto que el diente de león ha trabajado con paciencia

            Donde las cosas pueden cambiar, pero no sus sombras:

recuerda que la oscuridad no tiene autoridad para darte lecciones

             que puedes hacer lo que quieras con la proyección

que ofrendas a todas las cosas externas

                   Quise hacer de ti un ser aristotélico, hacer de tu visión

algo tan explicable como un eclipse

                               Pero tú no aceptaste estas imposiciones

 al final solo concediste que te enseñara las palabras

que nombran lo sencillo y lo imposible al mismo tiempo


 




3


[conductor kamikaze]

 

He tomado el volante porque de los dos soy el más viejo

                                                        se supone el más sabio: después de todo

 puse el nombre a mi descendencia y desoí cualquier influencia religiosa

                     porque sabemos que todo nombre bíblico es conspiración

                                                                 de la sombra

                                      Las patrullas de carretera no pueden detenernos

 El sol es una rueda lenta

                             deambulante península, pájaro numerado

  en el que es mejor no confiar

                    Eres nacida de aquella mitología

que fundé un sábado por la tarde, a los quince años

                                                    cuando fui consciente

de la primera experiencia de sentirme solo

                 porque la adolescencia, hija mía,

            es un edificio al que nos resistimos

a entrar y yo me resistí hasta que me fue imposible hacerlo

                   Mi rostro era una ventana rota

 muy diferente al tuyo, iluminado entre las urbanizaciones

                                                                        de la medicación

 sorprendente como un enorme símbolo en el cielo

                           Solo tienes que estar segura

                           de que estás haciendo lo correcto

 quiero decir: el tiempo aquí es una rareza que debemos disfrutar

 quédate con eso

 quédate también con la razonable figura del hotel de paso

               He tratado de dormir entre sus baratas vértebras

pero te estoy mirando y pensando

                      hija mía, en el incierto destino que nos espera


 ¿Qué es aquello que ocasiona, embalado, horrendos accidentes

entre los hombres libres?

                                 Verás que el identikit del conductor kamikaze

 aparece sin frente sin ojos y sin labios:

                                                  su oficio es perder el camino a casa

 extender la destrucción incansable como el corazón de un ciervo

 En el núcleo del silencio

                                            luego de toda colisión

                                     encontrarás un paisaje dudoso y trastornado:

 aquel sitio es donde se nos ha encomendado llegar

 oponiéndonos a la dirección establecida por las leyes del pasado

                                                              y en las señales de la autopista

              aquí es donde las nubes huyen, aquí es donde se celebra

la medianoche del diálogo

                                         aquí donde crecen los mirtos del tétanos

también donde se aparean el daño y el azar

Un día de estos deberás elegir, mi pequeño árbol enramado

Mírame:

                  no podrás huir hacia la última habitación tendida

en el fondo del espejo

 

                                                        No lo intentes ni negocies

                                No hay manera de escapar a esta visión

 

                             Ser la única chica en un grupo de chicos

también es ser un conductor kamikaze

                            Entonces la iniciativa es tuya

 la agilidad de trepar los muros más altos de las relaciones humanas

              y la inteligencia para darle utilidad a ese privilegio

te han sido concedidas

                                                                       Nuestra vida bella y extraña

 Somos helechos que se alzan hasta donde nadie creía que era posible

                                             somos un secreto pueblo vasco:

la sabiduría sin memoria a nadie le sirve

               pero solo los malvados se definen por su origen

                                                                y no es nuestro caso

 Nosotros conducimos contra la norma porque no hemos tenido elección

             y aquí te lego mi único consejo: deberás interrogar

al pospuesto fuego de la sexualidad y con sus respuestas

                                   componer un himno abreviado

 por la pulsión de besar y seducir a quien queremos:

              somos la hierba que crece por todos lados

—las invadidas persianas, la cocina anclada

          en el lenguaje coloquial de los años setenta—
de una casa en abandono hace ya mucho tiempo

                                                  Imagínate ascender

hasta el tejado de la mano del muchacho que amas

y tenderse como un par de revistas abiertas

                              desafiando la rabia del sol

 el calor que acerca la latitud de los cuerpos

 en una mañana sin daño, medida por falanges y sextantes

                                                                                      inevitable

 que te enseñará a amar la vida

                                   porque la muerte no demuestra nada