martes, 30 de diciembre de 2025

MAURIZIO MEDO. PENSAR CON LA NORMA. EL ELOGIO DEL FRACASO

 


En 2016, tras la publicación de Y un tren lento apareció por la curva (Ay del Seis, Madrid, 2017), participé en una serie de reuniones orientadas a explorar lecturas posibles de la poesía española contemporánea a partir del proyecto País Imaginario. No se trató de un programa académico en sentido estricto, ni de una empresa llamada a producir consensos o resultados verificables, sino de una práctica de aproximación fragmentaria, sostenida por la circulación discontinua de materiales, la lectura compartida y una conversación intermitente, atravesada por entusiasmos, fricciones, interrupciones y una fatiga que nunca llegó a disimularse del todo¹. La precariedad del marco —su falta de estatuto, su débil institucionalidad, su condición de reunión siempre provisional— fue desde el comienzo una condición productiva y no una carencia a corregir.

Desde el inicio, el proyecto se vio tensionado por una contradicción conocida: cuanto más se intentaba ajustar el trabajo a los protocolos normativos —metodologías explícitas, marcos teóricos estabilizados, introducciones justificatorias, declaraciones de intenciones—, más se desplazaba la atención desde los textos hacia los dispositivos encargados de validarlos. La experiencia mostraba con una claridad incómoda que el exceso de forma no intensifica la lectura, sino que la sustituye por su coreografía reglada². Allí donde se prometía claridad, emergía un espesor burocrático que confundía rigor con proliferación de garantías, y pensamiento con administración del pensamiento.

La abigarración de títulos, subtítulos, epígrafes, notas y referencias comenzó a operar como una escenografía de la reflexión: una arquitectura de andamiajes visibles que simulaba sostener algo que ya no estaba allí. Introducciones desplegadas en arcos imposibles, desarrollos metodológicos tensados como puentes suspendidos sobre abismos de silencio, y esas notas que, reunidas, parecían convertirse en nodos de un organismo que —seamos francos— no piensa, pero simula pensar mientras absorbe la atención en la enumeración infinita de normas, numeraciones, subnumeraciones y referencias³. El lector, atrapado en ese laberinto, no avanza: circula obedientemente.

Este mecanismo no es exclusivo del ámbito académico. La cultura contemporánea ha naturalizado la idea de que la acumulación equivale a densidad y que la expansión es una forma de profundidad. No es casual que ciertas narrativas seriales hayan convertido la proliferación de tramas en un principio estructural, desplazando el sentido hacia una continuidad sin resolución efectiva. Series como Game of Thrones (HBO, 2011–2019) o Vivir sin permiso no prometen cierre, sino persistencia del sistema⁴. Algo análogo ocurre cuando el discurso crítico se organiza no para pensar, sino para prolongarse, reproduciendo su propia lógica de funcionamiento más allá de cualquier necesidad real de lectura.






Frente a este escenario, la decisión de trabajar con apuntes, fragmentos, tentativas y registros incompletos no respondió a una poética de la negligencia, sino a una ética de la atención. Se asumió que el corpus no podía clausurarse sin violencia y que cualquier intento de síntesis produciría más ruido metodológico que claridad crítica. En este punto, experiencias editoriales como Medusario: muestra de poesía latinoamericana (1996) y Pulir Huesos. Veintitrés poetas latinoamericanos (2007) funcionaron como antecedentes decisivos: compilaciones que renunciaron al blindaje normativo para confiar en la potencia relacional de los textos y en la inteligencia —no tutelada— del lector⁵. La antología de José Antonio Llera, La noche es un pájaro azul (2023), mereció un elogio aparte: lejos de formar un canon alternativo, su disposición de materiales y su resistencia a la síntesis autoritaria recordaban que la poesía, a diferencia de la normatividad académica, sigue siendo un territorio de remanentes brillantes y relaciones imprevisibles.

La normatividad, entendida como sistema de garantías, mostró aquí su reverso disciplinario. Regular la forma implica regular lo decible, lo pensable y, sobre todo, lo evaluable. La obsesión por el marco, por la correcta disposición del aparato crítico, termina produciendo un efecto paradójico: el texto es leído menos cuanto más se lo protege. Byung-Chul Han ha descrito este fenómeno como una patologización del rendimiento, donde toda experiencia debe justificar su productividad y toda escritura su utilidad inmediata⁶. El resultado es un pensamiento exhausto, perfectamente organizado, incapaz de desviarse sin sentirse culpable.

En este contexto, el fracaso dejó de aparecer como un accidente y comenzó a operar como categoría estructural. Fracasa el proyecto que no logra cerrarse; fracasa la antología que no agota su campo; fracasa el ensayo que se resiste a convertirse en doctrina. Pero ese fracaso no es un déficit moral ni una mala praxis: es el punto donde la experiencia se sustrae a la lógica del rendimiento. Agamben ha señalado que el verdadero fracaso no consiste en errar, sino en perder la experiencia misma⁷. Persistir en el fragmento fue, entonces, una forma de resistencia y no una coartada. De ese proceso apenas sobrevivieron remanentes de naufragio: notas, observaciones, fichas, márgenes, glosas que no encontraron integración sistemática. No restos heroicos ni ruinas románticas, sino materiales inconclusos, comparables a esas líneas narrativas secundarias que Game of Thrones abandona deliberadamente, recordando que el sistema no está diseñado para cerrar, sino para perpetuarse⁸.

Aquí conviene detenerse en un punto decisivo: la falta de cierre como principio ético antes que estético. El cierre —síntesis, conclusión, clausura— no es una exigencia natural del sentido, sino una convención histórica asociada a regímenes de autoridad. Cerrar es decidir qué cuenta como concluido, qué puede archivarse, evaluarse y, finalmente, capitalizarse. La ética de la no clausura no se opone al rigor, sino a su fetichización; no rehúye la forma, sino que sospecha de su pretensión de totalidad. La apertura, en este sentido, no es un recurso estilístico ni un “final abierto” ornamental, sino un gesto de responsabilidad frente a aquello que no puede ser agotado sin violencia⁹.




Desde Benjamin, la constelación y el fragmento no son procedimientos formales inocentes, sino respuestas éticas a una historia que no puede cerrarse sin falsearse. Clausurar un archivo, una lectura o una experiencia implica seleccionar un sentido dominante y relegar el resto al estatuto de residuo mudo. La ética del no cierre asume, en cambio, que todo pensamiento deja restos, zonas no resueltas, márgenes que resisten la síntesis. No se trata de celebrar la incompletud como estilo, sino de reconocer que la experiencia —poética, histórica, política— es estructuralmente excedente respecto de cualquier marco que intente contenerla.

El ensayo, desde Montaigne, ofreció una salida ambigua a estas tensiones. Al declarar que su materia es él mismo, Montaigne inaugura una libertad formal decisiva, pero también funda una egolatría metodológica: el yo como centro y medida del pensamiento. Buena parte de la tradición ensayística heredó ese gesto sin interrogarlo, confundiendo experiencia con autoridad. El ensayista se vuelve así una figura curiosamente cercana a BoJack Horseman: hiperconsciente de sí, irónico hasta la saturación, atrapado en un monólogo interminable que se confunde con lucidez¹⁰. La falta de cierre, en este marco, no libera: encierra.

Frente a esa centralidad del yo, la tradición crítica que va de Adorno a Blanchot propuso otra cosa: un pensamiento que no se afirma, sino que se expone; una escritura que no se presenta como totalidad, sino como constelación inestable. Para Adorno, el ensayo vale en la medida en que no coincide consigo mismo, en que se permite errar sin devenir sistema¹¹. Blanchot radicaliza este gesto al desplazar al autor hacia una zona donde el sentido no se clausura y escribir es, literalmente, perder pie¹².

En esta misma línea debe leerse la antología de José Antonio Llera, La noche es un pájaro azul (2023). Lejos de proponerse como canon alternativo o cierre panorámico, funciona como cartografía provisional, como disposición de materiales que rehúye la síntesis autoritaria. Su gesto recuerda —en otro registro— a ciertas narrativas contemporáneas como Mad Men, donde el sentido no se resuelve sino que se suspende, aceptando que toda clausura es una convención más que una verdad¹³.

A esta escena se superpone hoy un nuevo régimen de normatividad: el canon digital. Si el archivo tradicional aspiraba a la clausura, el archivo digital aspira a la actualización perpetua. No cierra: expira. Su ética no es la totalidad, sino la visibilidad; no la memoria, sino la recurrencia. El canon ya no se impone como lista cerrada, sino como ranking móvil, gobernado por métricas opacas que convierten la atención en unidad de valor. Allí donde antes operaba la autoridad del experto, hoy actúa el algoritmo, ese editor sin rostro que decide qué reaparece y qué se hunde en el fondo del scroll¹⁴.

El feed no recuerda: reproduce.
No archiva: reactiva.
No lee: reordena.

Este desplazamiento no elimina la normatividad: la refina. El algoritmo no prescribe cómo escribir, pero condiciona qué se vuelve legible. La visibilidad funciona como una nueva forma de legitimación simbólica, tan eficaz como cualquier aparato crítico tradicional, aunque infinitamente menos discutible. El “trending” reemplaza al canon con la suavidad de una notificación.

En este contexto, el apunte —precario, incompleto, local— se vuelve una forma de sabotaje mínimo. No porque escape al sistema, sino porque no optimiza. El apunte no escala, no se resume bien, no circula con eficiencia. Carece de promesa. Su temporalidad es asincrónica, su lógica improductiva. Es, por definición, un mal dato.

Fracasar hoy es no coincidir con la interfaz. La insistencia en el fragmento, en la nota, en el resto, se vuelve entonces una forma de fricción ética frente a la economía de la atención. No se trata de nostalgia por el libro ni de rechazo tecnofóbico, sino de una toma de posición: escribir sin garantizar rendimiento, leer sin prometer resultados, editar sin asegurar cierre. No cerrar no es prolongar indefinidamente el discurso —eso lo hace el algoritmo con mayor eficiencia—, sino sustraerlo a la lógica de la actualización obligatoria. No cerrar es aceptar que algo no será optimizado, que quedará fuera de circulación intensiva, que exigirá una lectura no asistida.

Desde esta perspectiva, los apuntes sobre poesía española que publicáramos, no funcionan como una metáfora melancólica o el inventario de un "fracaso", sino como descripción operativa. El naufragio no es el fracaso del proyecto  sino su condición de posibilidad. Solo lo que no llega a puerto deja restos reutilizables. Solo lo que no se integra del todo puede reaparecer bajo otras formas. El resto no es lo que sobra: es lo que resiste la integración.

Este prefacio no explica ni justifica. Registra.
No ordena: expone condiciones.
No cierra: deja restos.


 

Notas de Caos Controlado

  1. La forma “reuniones de trabajo” evita deliberadamente la noción de proyecto evaluable, financiable o indexable.
  2. La normatividad no organiza el pensamiento: organiza su circulación y su legitimación.
  3. Benjamin describió este efecto en El libro de los pasajes: el archivo que crece hasta volverse ilegible.
  4. Game of Thrones (HBO, 2011–2019); Vivir sin permiso (Telecinco, 2018–2020).
  5. Medusario (1996); Pulir Huesos (2007).
  6. Han, B.-C. (2010).
  7. Agamben, G. (1998).
  8. La falta de cierre como principio ético antes que estético.
  9. El no cierre como gesto de responsabilidad frente a lo no asimilable; Hejinan, L. (2009).
  10. BoJack Horseman (Netflix, 2014–2020).
  11. Adorno, T. W. (1958/2003).
  12. Blanchot, M. (1955/1992).
  13. Mad Men (AMC, 2007–2015).
  14. El algoritmo como editor invisible y canon blando.
  15. Nota impropia, excesiva y deliberadamente redundante. Esta nota existe para confirmar que el aparato crítico también naufraga. Si las notas compiten con el cuerpo, si el prefacio parece exceder su función y si el lector sospecha que nada ha quedado definitivamente cerrado, entonces el texto ha alcanzado su coherencia formal.
  16. La inseguridad del autor frente a ciertos críticos españoles contemporáneos se materializa en la cautela, sin declararlo explícitamente.

Referencias (APA)

Adorno, T. W. (2003). Notas sobre literatura. Akal.
Agamben, G. (1998). Homo sacer I: El poder soberano y la nuda vida. Pre-Textos.
Benjamin, W. (1982). El libro de los pasajes. Taurus.
Blanchot, M. (1992). El espacio literario. Paidós.
Han, B.-C. (2010). La sociedad del cansancio. Herder.
Hejinan, L. (2009). El rechazo al cierre. Fondo de Cultura Académica.
Llera, J. A. (Ed.). (2023). La noche es un pájaro azul. Madrid: Temas de Hoy.
Medusario: muestra de poesía latinoamericana. (1996). México: Fondo de Cultura Económica.
Pulir Huesos. Veintitrés poetas latinoamericanos. (2007). Barcelona: Galaxia Gutenberg / Círculo de Lectores.

Principio del formulario

Final del formulario

 

PRIMICIA: SÍNDROME DE NAGER Y OTROS POEMAS. INÉDITOS DE RODRIGO FLORES SÁNCHEZ

 





christopher anderson



Síndrome de Nager

 

 

Para Ángela Leyva


 

Reporte médico. 18 de abril

Es alto

Es violento

Nociva

Es su conducta

Su hermano

Es parecido

Forzoso

Es dividirlos

El diagnóstico

No es óptimo

Perentorio

Es corregir

Al paciente

De trece años

Enmendarlo

Hundir su rostro

Desfigurarlo

En el abismo

De la congénita

Impostura

Se necesita

Una goma

Un bisturí

Una guillotina

Un trapo

Un maquillaje

Un taladro

Un salón de belleza

Un quirófano

Un aplastacabezas

Una crema facial

Un lanzallamas

Para develar

Su nuevo semblante

Indefinido

Irresoluto

El fin es obtener

Borraduras supresiones

Se requiere

Destruir

Su apariencia

Revertir

La geometría

De sus proporciones

Quebrantar

El frágil equilibrio

Érase una nariz

Sayón y escriba

Se dispone

De verduras

Y tubérculos

Para preparar

Su catadura

Se sustituirá

Su boca

Con tomates

Sus pómulos

Por papas

Donde era

Cabellera

Se colocará

Un frutero

Se triturarán

Sus facciones

Entre reflejos

Invertidos

Se conseguirá

Hipoplasia malar

Malformaciones

Del oído externo

Es necesario

Urdir

En su cara

Un rompecabezas

Disostosis mandibulofacial

Con anomalías

En extremidades preaxiales

Coloboma del párpado inferior

Antes de proceder

La bioética es de auxilio

Para garantizar

El procedimiento

Se coteja con el vademécum

-Abren zanjas oscuras
En el rostro más fiero

-En el nítido rostro sin facciones

El agua, poseída, siente

Cuajar la máscara de espejos

-Grandes espacios

Ciernen finas nieblas
Entre tu rostro

Y los que aquí te borran

Pero no es suficiente

Se precisa

Una pizca de dolor

Para lograr

Un resultado favorable

El análisis exige

Una cirugía clamorosa

Que devuelva

Lo turbio

A los espejos

Una santidad

Una morbidez

Una gesticulación

Que rompa

De cuajo

Su fisonomía

Que dinamite

La plenitud armónica

Del óvalo

Se acude

A María Falconetti

Su Juana de Arco

Rebana al que la mira

Frente al gesto

Despiadado

De sus jueces

Los ojos entornados

De zozobra

Como nidos

De zanates

Pero aún faltan

Las estrías los surcos las verrugas

Descubrir

Su carnalidad

Y escurrirla

Desenrollar su epidermis

Y volverla

Alfombra cutánea

Fortuita y siniestra

Se proveerá

A su aspecto

De fisuras palpebrales

Con inclinación descendente

De paladar hendido

 

Conclusión. 19 de abril

Desafortunadamente para la ciencia médica y para el paciente, la familia no quiso seguir realizando los estudios sistemáticos.

 

 

 

Un regalo musical

 

y por Dios, olvídame después.

Álvaro Carrillo

primero

un sujeto

se autodefine

pájaro migratorio

lepidóptero multicromático

 

a continuación

la melancolía

convención bolerística

el sujeto se siente

melancólico

 

¿por qué dice

que argollas que llanto

no le impiden

actuar

aunque de hecho le estorben?

 

dice que no

pero posiblemente sí

qué curioso

qué curioso es el amor

de los boleros y las novelas y los poemas

 

y

entonces

el sujeto el poeta el alma prisionera

pide disculpas

a

 

¿su amante?

¿su querida?

¿su novia?

¿su nalguita?

¿su detalle?

 

el apasionado

quiere serenarse

y ofrece

a la destinataria

su miocardio

 

cantan chabela

vargas víctor

iturbe el pirulí

pepe jara

y lila downs

 

la interpretan

voz en

punto los panchos

los tres

ases y los santos

 

pero a mí me gusta

la versión de su autor

su rústico falsete en

hay ausencias que triunfan

y la nuestra triunfó

 

para denis de rougemont

sin adúlteros no hay literatura

agregaría

tampoco escucharíamos tangos trova rancheras

y boleros

 

en los poemas y las novelas y los boleros

la distancia

y la derrota

mutan

en laureles

 

distancia y negación se muerden la cola

la ausencia vence y bolero

la victoria del luego y álvaro carrillo

y no y nínive y lechos de ceniza

y elena garro y octavio paz

 

me gustan los boleros románticos

boleros que necesitan

del adulterio que necesita

de la distancia que busca

lugares comunes

 

sobre este lugar común

añade denis de rougemont

la mitad de las desgracias

se resumen en una palabra

adulterio

 

el adulterio

es hijo

de la mentira

pero esa es otra

canción

 



christopher anderson


Fuga

aún recuerdo aquella ocasión tan especial, un pensamiento me roe, me prometo a mí mismo trabajar el tema con mayor detalle, la idea que me angustia desaparece bajo otros ojos, escucho el regalo musical para olvidar lo que veo, sólo consigo inquirir en el pánico, bach utiliza el tema de un monarca, yo empleo la imagen de una alberca, su majestad me pide tocar una fuga, pero carezco de la preparación necesaria, el tema original se extravía en los canales, un molino gira en mis pupilas, en mi cabeza remo para olvidar, me digo que deseo no ver, para no hacerlo repito, un dos tres calabaza, quería que mi hija viera los toboganes, un instante después, su cuerpo se hunde en progresiones armónicas, remo a contracorriente, una melodía surge de las aguas, el tiempo deforma la geometría hidráulica, la imagen titila, se hunde en mis ojos, el molino en cuyas aspas patalea y lucha lucía para salir de la música, la recojo, la cargo, tose, despierta, llora, un pensamiento me roe, federico de prusia le ordena improvisar una fuga a seis voces, los papás de los niños me ven con reproche, un dos tres calabaza para salir de la imagen, labro los detalles para emerger de las aguas, resbalan por toboganes, recreo la escena para así conjurarla, nos sentamos en la alberca, miro el tobogán, escuchamos el clavecín, un pensamiento me roe, observo su cuerpo sumergido en azules, la ejecución fue tan excelsa como el tan refinado tema requería, remo por los canales para salir de la música, recreo el tema del rey, la melodía original es inasible, pierdo el tiempo, resbala por mis ojos, un pensamiento me roe, un dos tres calabaza, no consigo olvidar, no domino la imagen, las voces reiteran el sol húmedo, en fuga, el efecto de la obra es de zozobra y melancolía.

 



Ansiedad after Los Panchos

Ansiedad por indolencia,

dolencia sin precisión.

 

Por el sistema nervioso

disemina mi aflicción.

 

Por un pensamiento fijo:

nudo de musitación.

 

Se activa ante la amenaza,

arde ante su exposición.

 

Riguroso desplazarse

en la ausencia de moción.

 

El organismo responde,

muta su composición.

 

Hay un rostro sin distancia

ni rastro de desazón.

 

Ante tantas dopaminas,

riesgo de intoxicación.

 

Hay una imagen de ausencia

cuando escucho esta canción.

 

Cuando siento sus encantos

en riesgosa situación.

 

No llora mi pensamiento

y no goza mi razón.

 

Órbita de desconcierto,

indícame una reacción.

 

Ya no hay eco que recuerde

de mi propia dimensión.

 

Un lamento hace presente

la difusa sensación

 

de ansiedad por otro sitio,

¿otro ambiguo corazón?




christopher anderson




Lo desvencijado

 

Para Emilio Hinojosa

Te comiste los astros. La voluntad de ser diletante. Comenzar siempre. Ir a tientas. Era de noche. Vestías de cascabeles. Tropezaste con uno de ellos. Arcadas. Te rascaste la nariz antes de vomitar. Expulsaste miel y galaxias. 

 

Agruras. Todos hemos escuchado nuestros propios retortijones. A la mañana siguiente, te apareció una hendidura bajo los labios. Te quemaba. Tenías tentación de tocarte. La herida se ensanchó poco a poco. Te ibas a rascar, pero te amarraste las manos. Luego de unas horas, la abertura había crecido. Iba de tu boca hasta el ombligo. Te provocaba comezón. Tu garganta estaba ya rasgada. Ahí alcanzaste a palpar las bellas melodías que había bajo el cuello. Te amarraste unos cordones para que no se volcara lo acústico. Pero no funcionó. Ataste lo que quedaba de tu pecho con un mecate. Tu intención era conservar los sonidos. Pero se deshizo el nudo y un hacha cayó sobre tu cabeza.

 

Te derramaste. Galería de muñones. Cuerpo desvencijado. Coyolxauhqui instantánea.

 

Un río áspero fue lo que se escuchó al desmembrarse tu cuerpo. Los resoplidos raspaban. Fluir de alarmas. Algo a punto de acontecer. Azares y turbaciones. Algo que no acontece porque es vislumbre. Chillaba algo. Dolía. Cuando se produjo el accidente continuaron surgiendo ruidos. ¿Cómo se practican las perplejidades? Repites tu resquebrajamiento, pero siempre hay variaciones.

 

Si te dijera que tu nombre es nudo gordiano cómo te sujetarías de nuevo. Lo intentas. Tu barriga está destruida. Tu cuerpo es un globo desinflado. Componer el rompecabezas. Tú eres tu propio intérprete. Yerras. Haces lo que puedes con lo agudo, con tus pellejos, con tu estructura ósea. Te revives a fuerza de traquetearte. Encuentras tu cabeza en una de las esquinas del cielo. Haces que la boca silbe. Colocas los labios en un pedazo de carne tiesa para que soplen. Es la vejiga. Haces sonar tus órganos rotos. Sonará siempre la luna. Eres Huitzilopochtli y Coyolxauhqui. El señor de la sombra pita con muchas ganas. Así suena tu decapitación. Para siempre. Te cortarás la cabeza para siempre. Te desbaratarás para siempre. Las combinaciones son infinitas. Catálogo de cosas rotas. No hay violencia.


 


 

 

PRIMICIA: YARA PATIÑO. GOJIRA Y OTROS POEMAS (INÉDITOS)

 




gregory crewdson

 


EPIGENÉTICA

Los perros de Chernóbil ya no son perros

son otra cosa

y no es por la radiación, es el entorno…

de ojos,

decimos las perras de acá

levantando las orejas

mutando el colmillo, moviendo la cola

radioactiva y con gas mostaza como los pedos de Marla, la tuerta.

 

Ladramos aún y también vamos

a morderte, pero ya somos otra cosa:

la mayor parte del día esperamos

que caiga verde la noche



POZO CON FONDO

 

Un borde escondido a la vista pero no a la llantita del patín

ni a la curva ni al giro con freno de mano

suave y calculado.

 

Un salto a la medida de las leyes de la física

y cómo debe funcionar un cuerpo en movimiento

el resultado de la colisión

imperceptible al principio y abrupto

en fracción de segundo.

 

Un trozo de concreto como un rascacielos

del que se salta por distracción

o convicción de aeroplano que vuela a poca altura

mirando por las ventanas

tomando nota de los detalles

reproduciéndolos fotográficamente

cuando ya no hay más por hacer que taparlo

lavarse

enjuagar

repetir.



 

gregory crewdson




GOJIRA

 

Lluvia con ye de yo

no me mojo porque estoy al fondo del océano

al pie del cañón

del barco hundido vuelto coral

casa escondite tumba.

 

Aquí no hay olas, pero sí corriente:

yo, con ye

  y doble ele en la rendija

  y cae la bomba

  y llueven cenizas

se inunda el mar que muta:

invierno nuclear en el pacífico

verano pasado sé lo que hiciste.