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domingo, 18 de enero de 2026

REYNALDO JIMÉNEZ. LORENZO GARCÍA VEGA: SUITE PARA LA ESPERA.

 



Si hay alguien que siguió íntegro el mítico Curso Délfico propuesto por Lezama Lima —una serie de lecturas formadoras que empezaban apenitas con Lautréamont y Proust— ése fue Lorenzo García Vega (Jagüey Grande, Matanzas, Cuba, 12 de noviembre de 1926 - Miami, 1 de junio de 2012). Lorenzo insistía en que no se consideraba poeta y había desarrollado un contundente rechazo y resistencia conciente al menor asomo de lirismo, que identificaba con el ocultamiento y la hipocresía. Digamos que Lorenzo tendía a destrozar toda metaforización y toda sublimación, para dar cabida a un balbuceo superior que buscaba desnudar la situación misma del escritor en su intemperie existencial, su situación atenta al mundo circundante y frente a sí: indagación de la pérdida y del malentendido, el quid salvaje de la risa, de generosidad implacable. Un desmontaje, diría él, siguiendo un poco la paradójica relativización en primera persona del autoprotagonista, que Lorenzo asociaba con sus lecturas tempranas del Krishnamurti y su “¿quién dice?”. En esto fundaba ese permiso radicalizado del anti-atajo, la contra-síntesis, la desmesura de un sinceramiento (como en Macedonio Fernández o Néstor Sánchez o Juan Emar, entre sus grandes admirados) capaz de generar su propio sentido del rigor. Una escritura al infinito, pero sin la menor consideración metafísica, por cierto, ni, mucho menos, un lineamiento según programa, sino al revés: escribía para desprogramarse, en el intento constante de una transparencia de variación, una traslucidez. Para Lorenzo, que padeció varios infartos en la última etapa de su vida, la escritura implicaba habitar el pálpito. Dada la compleja relación con su maestro Lezama y el grupo de la revista Orígenes, de cuyo consejo editor fue integrante y de los más activos (volvería a suceder, después, con su participación en otra revista histórica imprescindible: escandalar, que dirigía Octavio Armand en Nueva York, donde Lorenzo colaboró en cada número), su discrepancia con la subsiguiente construcción procerizada denominada origenismo devino materia insistente, nutriente, por capacidad de contradicción, de buena parte de su escritura, como en ese ajuste de cuentas que tituló Los años de Orígenes. Lorenzo renegaba de su primer libro, por ser “de prosa poética” (Suite para la espera (1948), publicado a sus 21 años de edad, con dibujos de Mariano) y por tener el sello de Orígenes, el aval y el estímulo franco y seguramente cariñoso de Lezama.


Aunque el libro desmiente las características formales, más bien conservadoras, de lo que sus colegas origenistas publican entonces y después (siempre quitando a Lezama, que orbitará en sí mismo) a Lorenzo, siempre cerca del espíritu patafísico-dadá-surreal (en este libro, ya evidente), le parecía, andando el tiempo, el típico “pecado de juventud” que más valdría olvidar. Pero en honor a la corriente de recíproca simpatía (me atrevo a llamarla amistad) que nos vinculó con logar8 (tal como firmaba Lorenzo sus correos eléctronicos, allá por el cambio de siglo, cuando compartimos tantas cosas) discrepé, yo también, con esa condena a la que sometía esta Suite para la espera. Libro que mantiene la frescura —en doble sentido: ligereza y desenfado— de una impronta única que inicia alucinando su viaje autoral, que el tiempo develará extenso, con atmósfera paravanguardista, es una pieza imprescindible a la hora de estudiar (y disfrutar) de su obrar expandido e intenso. No sólo cabe considerarlo antecedente de un estilo y menos aun una incipiencia, sino todo lo contrario: porque es un tremendo libro, en el sentido de su estésica apertura, la potencia informalescente que le cunde, la libertad de palabra, en fin, en plenitud de sus medios artesanales. En otras palabras: Lorenzo se la estaba inventando y este libro es un alto testimonio de esa revelación que abre camino (y sigue) y hace olas. 

Nota del editor:
Si obrara la casualidad con impensada fortuna y algunos de ustedes desearan acceder al libro de Lorenzo sólo tienen que escribir a delavoratorio@gmail.com y en unos días lo tendrán en vuestras manos.