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miércoles, 31 de diciembre de 2025

JON DAVIS, AMORES PERROS (antología bilingüe y comentada)

 


Conocí a Jon Davis gracias a una traducción del poeta uruguayo recientemente fallecido, Roberto Apratto, amigo y conspicuo lector de esta revista, quien decidió sacar a la luz a Davis como una primicia que publicamos en  esta revista, y nos dejó la confusa sensación que este poeta tenía la rara habilidad de hacer que un verso inglés sonara como un cóctel molotov servido en una taza de porcelana mientras un cactus y un ventilador de techo debatían sobre Kant y el jazz. 

La revista lo publicó y yo, armado con un bolígrafo que a veces se negaba a escribir y a veces escribía versos propios, me lancé como un gato persiguiendo su propia sombra por los pasillos de la biblioteca, fascinado por cómo Davis podía observar el mundo urbano y el cuerpo humano con la precisión de un reloj roto que  marca la hora correcta  dependiendo de la intensidad del café y de los semáforos que parpadean como si tuvieran sentido del humor.

Aunque Davis estudió en varias universidades —obtuvo un B.A. en Inglés y un M.F.A. en Escritura Creativa en la University of Montana, donde además fue editor de la revista literaria CutBank— y enseñó durante años en instituciones como la University of Montana, College of Santa Fe y Salisbury State University, su poesía permanece fuera de la corriente académica dominante, como si la academia fuera un laberinto de espejos y él, en cambio, caminara sobre las aceras con la mirada fija en lo que nadie nota, mientras los semáforos le guiñan un ojo y algún perro invisible le roba el bastón y vuelve con la cabeza inclinada como un jurado imaginario. Desde 1990 hasta su retiro, dirigió y enseñó en el programa de MFA de baja residencia del Institute of American Indian Arts, pero incluso dentro de la academia su obra sigue mostrando esa mirada de outsider, capaz de ver los ladrillos, los charcos y los gestos humanos con una claridad casi científica, y al mismo tiempo absurda, que provoca risa y extrañeza.

Su condición de outsider se explica por elección estética y ética: su poesía enfatiza la microescena urbana, la corporalidad y la experiencia social, evita la ornamentación excesiva y la retórica institucional, y busca la resonancia de lo mínimo sin depender de premios, canon o validación académica. Al mismo tiempo, su carrera docente y su presencia en revistas importantes muestran que es un outsider con vínculo crítico con la Academia, un equilibrista que camina sobre las líneas de tinta, los semáforos y la memoria urbana, mientras el viento mueve papeles y gatos invisibles inspeccionan cada página con meticulosidad.

Hemos elegido los cinco poemas que siguen porque, juntos, muestran la amplitud y profundidad de su mirada, y cada uno es como un ladrillo que podría caerse si alguien estornuda demasiado fuerte: desde la observación clínica y humorística de la vida cotidiana (Preliminary Report…), hasta la densidad sensorial de la ciudad (Amores Perros), la reflexión sobre la vulnerabilidad colectiva (Oda al Coronavirus), la memoria urbana y temporal (El viejo en la intersección), y la tensión ética y testimonial de su aproximación a la guerra (Fotografía: Campo de prisioneros, Irak, 2003). Cada poema aporta una faceta de su poética, y juntos permiten comprender por qué Davis sigue siendo un outsider iluminado, capaz de hacer visible lo que otros ignoran y de transformar lo cotidiano en pequeñas epifanías, mientras los gatos invisibles y semáforos parlantes miran, tomando notas.
MM


Preliminary Report from the Committee on Appropriate Postures for the Suffering


In the conference room, chairs line up like tired soldiers.
It is observed that a straight back favors patience, while a tilted head enhances resignation.
Volunteers try different angles: 45 degrees of abatement, 90 degrees of indifference, 120 degrees of incredulity.
The Committee concludes that suffering demands flexibility, but not too much,
and any posture maintained for more than thirty seconds produces side effects: dizziness, indignation, or a sudden revelation of absurd daily life.
Practice in front of mirrors under fluorescent light, and record any change in facial color.
The preliminary report is filed, and suffering goes on, indifferent to science.


En el salón de conferencias, las sillas se alinean como soldados cansados.
Se observa que la espalda recta favorece la paciencia, mientras que la cabeza inclinada potencia la resignación.
Los voluntarios prueban diferentes ángulos: 45 grados de abatimiento, 90 grados de indiferencia, 120 grados de incredulidad.
El Comité concluye que el sufrimiento exige flexibilidad, pero no demasiado,
y que cualquier postura mantenida por más de treinta segundos produce efectos secundarios: mareos, indignación o una súbita revelación de la absurda cotidianidad.
Se recomienda practicar frente a espejos, bajo la luz fluorescente, y registrar cualquier cambio de color en la cara.
El informe preliminar se archiva, y el sufrimiento sigue su curso, indiferente a la ciencia.


La precisión conceptual y la ironía performativa de este poema lo sitúan junto a poetas como Frank Bidart y Bob Hicok, que combinan observación clínica y tensión ética. La enumeración de ángulos y efectos secundarios funciona como dispositivo performativo, creando distancia irónica entre norma y experiencia humana. La atención al detalle confirma la postura de outsider de Davis, capaz de observar la burocracia y la ciencia desde fuera, transformándola en poema sin necesidad de retórica académica.

Referencias APA:

  • Bidart, F. (2017). Half-light: Collected poems 1965–2016. Farrar, Straus and Giroux.
  • Hicok, B. (2004). This Clumsy Living. University of Pittsburgh Press.

Amores Perros


The street smelled of hot cement and engine oil.
A stray dog barked behind a dumpster, its paws marking dirty puddles.
She crossed the avenue with a tattered bag, dodging cars that wouldn’t slow.
Each bark seemed to follow her, insistent, almost insisting on telling the story no one wanted to recall.
On the curb, a man slept with his head on a folded sign; his breathing was a drum, uneven, mingling with city noises.
She turned the corner and saw the dog still following. Then she understood: loyalty and abandonment are the same, only the angle changes.


La calle olía a cemento caliente y aceite de motor.
Un perro sin dueño ladraba detrás de un contenedor, y sus patas marcaban charcos de agua sucia.
Ella cruzaba la avenida con un bolso raído, esquivando coches que no reducían la velocidad.
Cada ladrido parecía seguirla, insistente, casi insistiendo en contar la historia de lo que nadie quería evocar.
En la acera, un hombre dormía con la cabeza apoyada en un cartel doblado; su respiración era un tambor dispar que se confundía con los ruidos de la ciudad.
Ella giró la esquina y vio que el perro la seguía todavía. Entonces entendió: la fidelidad y el abandono son la misma cosa, sólo cambia el ángulo desde el que se mira.

Comentario:
La densidad sensorial y la atención al detalle colocan a Davis junto a poetas urbanos contemporáneos como Mark Levine y Mary Szybist, que trabajan microescenas para explorar emociones humanas. La interacción entre el personaje y el perro construye un paralelismo moral, reflejando la mirada de outsider de Davis: registra la vida urbana sin sentimentalismo, con economía verbal y precisión visual, en diálogo con la tradición minimalista y urbana de su generación.

Referencias APA:

  • Levine, M. (2007). Debt. Graywolf Press.
  • Szybist, M. (2007). Incarnadine. Tupelo Press.

Oda al Coronavirus


Teach me to love cough, testing,
social distance, canceled graduation, empty gym,
the constant fall into impoverishment…
My ears, at this late age, make of silence
a constant hiss, so that I am never alone, except
with my failures…
Everything collapses. Everything suspended a moment
like pollen over water at the top of a waterfall,
or a stray dog in traffic, rushing and turning.
Or a bat in the room flapping clumsily
toward one wall and then the other.


Enséñame a amar la tos, la prueba,
la distancia social, el baile de graduación cancelado, el gimnasio vacío,
la caída constante hacia la empobrecimiento.
Mis oídos, a esta edad tardía, hacen del silencio
un siseo constante, de modo que nunca estoy solo, excepto
con mis fracasos…
Todo se desmorona. Todo suspendido un momento
como el polen sobre el agua en la cima de una cascada,
o un perro callejero en el tráfico, embistiendo y girando.
O un murciélago en la habitación aleteando desgarbadamente
hacia una pared y luego hacia la otra.

Comentario :
Davis transforma la experiencia social y corporal en detalle íntimo, alineándose con poetas como Diane Seuss y Matthew Rohrer, que exploran vulnerabilidad y exposición social. La alternancia de imágenes delicadas y amenazantes crea un contrapunto sensorial característico de su generación. La poética de Davis convierte la pandemia en un microcosmos ético y emocional, evidenciando la mirada de outsider que observa la vida social con precisión y detalle.

Referencias APA:

  • Seuss, D. (2019). Four-Legged Girl. Graywolf Press.
  • Rohrer, M. (2015). A Hummock in the Malookas. Wave Books

El viejo en la intersección

He sits on the curb, cane across knees,
watching the traffic like it might obey him.
A bird lands nearby; he doesn’t flinch.
His eyes have seen the city change,
street by street, brick by brick.


Se sienta en la acera, el bastón cruzado sobre las rodillas,
observando el tráfico como si pudiera obedecerlo.
Un pájaro se posa cerca; no se inmuta.
Sus ojos han visto la ciudad cambiar,
calle por calle, ladrillo por ladrillo.

Comentario:
La contemplación paciente del sujeto refleja la influencia de la memoria urbana en poetas contemporáneos como Timothy Donnelly y Chad Davidson. La repetición acumulativa (“calle por calle, ladrillo por ladrillo”) funciona como dispositivo temporal y filológico, creando continuidad histórica y testimonio urbano. Davis observa desde la periferia, reforzando su condición de outsider, registrando lo que la poesía institucional suele ignorar.

Referencias APA:

  • Donnelly, T. (2012). The Cloud Corporation. Knopf.
Davidson, C. (2012). From the Fire Hills. University of Akron Press

Fotografía: Campo de prisioneros, Irak, 2003


Soldiers lined up along the wire, sun glaring off helmets.
Dust rose in clouds as trucks rumbled past.
Faces in the photograph, half-hidden, half-seeing.
The photographer’s shadow stretching over the sand…


Soldados alineados junto al alambre, el sol reflejando en los cascos.
El polvo se levantaba en nubes mientras los camiones retumbaban de paso.
Rostros en la fotografía, medio ocultos, medio visibles.
La sombra del fotógrafo se extendía sobre la arena, larga y temblorosa.

Comentario :
La precisión documental y la economía de lenguaje vinculan a Davis con poetas de guerra contemporáneos como Yusef Komunyakaa y Kevin Prufer. La alternancia de visibilidad (“medio ocultos, medio visibles”) refleja su interés en la ambigüedad ética y moral. Su perspectiva de outsider le permite capturar la escena con detalle minucioso y sin retórica académica, situándose en la frontera entre testimonio y poética urbana.

Referencias APA:

  • Komunyakaa, Y. (1993). Neon Vernacular: New and Selected Poems. Wesleyan University Press.
  • Prufer, K. (2016). National Anthem. University of Pittsburgh Press.

 

lunes, 20 de octubre de 2025

ROBERTO APPRATTO. «EL MATRIMONIO Y OTROS POEMAS, JON DAVIS.

 


Estoy convencido que la escritura de Jon Davis produjo en Roberto Appratto un efecto realmente inesperado pues, tal como lo hizo también con otros medios, Roberto me escribió comentándome algunos detalles sobre su descubrimiento del  poeta de New Haven:

Jon Davis nació en New Haven, Connecticut , en 1952 , y recibió un bachillerato en artes y una maestría en fine art en escritura creativa en la Universidad de Montana, donde fue editor del diario literario. Fue coordinador del programa de escritura del centro de artes en Provincetown, editó periódicos literarios y dio clases en la universidad de Montana. Actualmente es profesor en el Instituto de Artes Indias Americanas en Santa Fe, New Mexico. Recibió numerosos premios por su poesía, el Lannan Literary Award, dos becas nacionales y un premio para poetas jóvenes de la academia de poetas americanos. Sus libros publicados son:

Dangerous Amusements (Ontario Review Press, 1987)
Scrimmage of Appetite (Akron University Press, 1995)
Local Color (Palanquin Press, 1995),
The Hawk. The Road. The Sunlight After Clouds (Owl Creek Press, 1995) · Preliminary Report (Copper Canyon Press, 2010)

Los primeros datos acerca de Jon Davis los encontré en En cuerpo y en lo otro, el libro que recoge colaboraciones de David Foster Wallace. En el capítulo dedicado a la reseña de Lo mejor de la prosa poética (2001). Foster Wallace se expresa de la siguiente manera:

…un tal Jon Davis, un poeta al que este reseñista no conocía de nada pero cuyos textos en esta antología son tan excepcionalmente tremendos que el reseñista ha salido a la calle y se ha comprado el único libro de Jon Davis que menciona en su nota biográfica… (página 234 de Lo mejor del poema en prosa, artículo incluido en En cuerpo y en lo otro (Literatura Mondadori, Barcelona, 2013). “Y en la página 244: “se puede ver como el poema en prosa se las apaña para alcanzar esa extraña mezcla de lógica y magia de la poesía sin apenas ninguna de las bazas ni las herramientas habituales de la poesía…”

Mi siguiente movimiento, dado el respeto que tengo y tenía por la opinión de David Foster Wallace, fue conseguir Dangerous Amusements, Preliminary Report y Scrimmage of Appetite.

Confirmé el juicio de
Wallace, y fui más allá en mi entusiasmo, tanto que traduje Scrimmage of Appetite con gran placer en unos meses del año pasado. Los comentarios sobre este libro destacan la unión de lírica y meditación, el examen de la condición humana, la captación de la necesidad de significado, la exploración de la realidad. Puedo agregar la grata sorpresa que me llevé con la capacidad de Jon Davis, tanto en prosa como en verso, para fusionar el estilo conversacional con la argumentación a la luz de un infalible sentido del ritmo.

Los poemas que escogí pertenecen a Scrimmage of Appetite

Roberto Appratto

 

 


Marriage

In Chagall’s Birthday, the man floating nearly off the canvas
twists his neck impossibly to complete the shape
suggested by the woman’s face.

She holds a bouquet lightly in her hand.

The rest of the scene is domestic: A butter knife, two plates,
a coin purse; behind them, a bed, tapestries, perhaps a
mirror.

But she is leaving the room. That is the first secret of the
painting.

Though she appears to walk on the red floor, she is already
tilted impossibly forward.

He snakes above her like smoke of mist drawn along by the
gravity of her leaving.

She drifts toward the window, toward the angular repetitions
of the dawn that is just beginning outside.

Or maybe it’s a well-lit night. This is 1923, and lights are
coming on all around the world.

But that’s not the point.

His eyes are closed, his arms, hidden, useless.

She’s pushing off lightly with the toe of her right foot.

He has closed his eyes to kiss her.

Her eyes are wide, her gaze drawn to the lights dazzling the
gray sky.

She has already relinquished the flowers.

The painting is called Birthday, and they are drifting like
balloons toward the future.

In a moment he will bump the window sash, crumple to the
floor, and awake.

She will slip through the crack and be gone.

And that is the other secret of the painting and why Chagall
stopped them with his art.

He will never fall now.

She will never drift off.

The painting concerns marriage.

That is why, love, I woke up early and I wrote this while you slept.

 

Matrimonio

En “Cumpleaños” de Chagall, el hombre que flota casi fuera del lienzo
tuerce su cuello de manera imposible para completar la forma
sugerida por el rostro de la mujer.

Ella sostiene un bouquet delicadamente en su mano.

El resto de la escena es doméstico: un cuchillo para manteca, dos platos,
un monedero; detrás de ellos una cama, tapices, tal vez
un espejo.

Pero ella está saliendo del cuarto. Ese es el primer secreto
del cuadro.

Aunque ella parece caminar por el suelo rojo, ya está inclinada hacia
adelante de una manera imposible.

Él serpentea sobre ella como humo o niebla arrastrada por
la gravedad de su partida.

Ella deambula hacia la ventana, hacia las repeticiones angulares
del alba que acaba de empezar afuera.

O tal vez es una noche bien iluminada. Es 1923, y las luces
están encendiéndose alrededor del mundo.

Pero ese no es el punto.

Sus ojos están cerrados, sus brazos, escondidos, inútiles.

Ella está apartándose levemente con el dedo de su pie derecho. .

Él ha cerrado sus ojos para besarla.

Los ojos de ella están abiertos, su mirada atraída por las luces
que resplandecen en el cielo gris.

Ella ya ha abandonado las flores.

El cuadro se llama Cumpleaños, y ellos están flotando
como globos hacia el futuro.

En un momento él golpeará el marco de la ventana, se arrollará
contra el piso, y despertará.

Ella se deslizará por la grieta y se irá.

Y ese es el otro secreto de la pintura y de por qué Chagall
los detuvo con su arte.

Ahora él ya no se caerá.

Ella nunca se irá.

El cuadro es sobre el matrimonio.

Por eso, amor, me levanté temprano y escribí esto mientras dormías.

 

The Frogs

Fourth of July and the children have grown miserable from turning and turning their wobbly cartwheels, from jump-kicking the forces of evil that throng about us, from dumping Kool Aid on the younger children to attract our flagging attentions. These children who are open to beauty and joy –“Look, Dad! A moth!”- but who quickly weary of the world’s surprises as we weary, the parents of all this joy, who wear our silly striped ties –the badges of our race, the honors; who bang our heads against the daily task; who flop on our chaise lounges and rattle the ice in our drinks; who bolt from our homes at mid-life, then return to hammer back the boards through which we burst and live out our lives, pails under all the leaks. Who then fill the wagon with children and drive to a mountaintop to watch meteorites, stars dying across the sky so beautifully we rattle the ice in our drinks and remember the monastery we passed on the drive up, those por monks who have no cluttered lives against which to measure such purity.

And today we sneak four cars to the frog pond, 17th hole, Manchester Country Club, where we tie the monofilament to fishing poles, squares of red flannel to monofilament, and dangle those squares before the appetite of frogs. They turn to face them, mistaking them for butterflies or moths. They leap and wrap their sticky tongues around the flannel, and we, shouting and whooping, fling them onto the fairway, where they flop and sprawl, where we chase them, where they extricate their tongues and hop, stunned, in whatever direction they face. Poor frogs. Poor frogs. Poor deluded creatures.

 

Las ranas

Cuatro de julio y los niños han quedado tristes de tanto girar y girar sus inestables carretillas, de saltar y patear las fuerzas del mal que pululan entre nosotros, de tirar Kool Aid sobre los niños más pequeños para atraer nuestra disminuida atención . Estos niños abiertos a la belleza y a la alegría- “¡Mira, papá! Una polilla”- pero que rápidamente se cansan de las sorpresas del mundo como nosotros, los padres de toda esta alegría, que llevamos nuestras tontas corbatas a rayas -las enseñas de nuestra raza, los honores; que nos golpeamos la cabeza contra la tarea diaria; que nos tiramos en nuestras chaises longues y hacemos tintinear el hielo en nuestros tragos; que escapamos de nuestras casas en la mitad de la vida, luego regresamos a martillar de nuevo las tablas a través de las cuales estallamos y vivimos nuestras vidas, baldes bajo todas las goteras. Quienes después llenamos el vagón de niños y conducimos hasta la cima de una montaña para observar meteoritos, estrellas que mueren por el cielo de manera tan bella que hacemos tintinear el hielo en nuestros tragos y recordamos el monasterio por el cual pasamos en la subida, esos pobres monjes que no tienen vidas atestadas contra las cuales medir tanta pureza.

Y hoy sacamos cuatro autos para ir a la laguna de las ranas, 17o. Hoyo, Manchester Country Club, donde atamos monofilamento a las cañas de pescar, cuadrados de franela roja al monofilamento, y colgamos esos cuadrados delante del apetito de las ranas. Ellas se vuelven para enfrentarlos, confundiéndolos con mariposas o polillas. Saltan y envuelven sus lenguas pegajosas en las franelas, y nosotros, saltando y vivando, las arrojamos a la calle, donde caen y se despatarran, donde las perseguimos, donde sacan sus lenguas y saltan, aturdidas, en cualquier dirección. Pobres ranas. Pobres ranas. Pobres criaturas engañadas.



The Woman

The woman in the Garcia Lorca poem dies of desire, dies luminously, and we are not allowed to feel pity. The poem is a kind of dance meant to attract and repel. A dance composed of seductiveness and stomping. What we want is not the eagle’s cry, but the illusion of the eagle crying. The callers were “outraged” when “it was revealed” that their “favorite woman,” the one who knew exactly what they needed to hear on the 900 line, was not a woman at all. One man, who wanted to marry his need to “her” voice, threatened to sue. In the “studio audience” –distinguished from the television audience by its apparent presence- the women laughed bitterly, without pity. Realism is based on conventions and conventions are based on desire. The desire for calm, for example, broken by the clamor of an engine, which is a desire for movement. But the imagination can obliterate almost any paradise. And still the world, the solid world, drifts, unmoved, beyond us. Beyond us, the gasses burning and bursting, sending unimaginably hot flames into the unimaginable emptiness. So we return to the comforts of language, to the

pleasantly manipulative language of power and exerted force. And , sometimes, the beauty, the indeterminate layerings of image. Geese. Moon. Loneliness. Not the gulf. Not the gaps and certainties, the word hanging around the neck of the actual, but this innocence, this childish play, these voices given, given up, or listened to and granted form, this tenderness portioned equally among the gathered creatures.

 La mujer

La mujer en el poema de García Lorca muere de deseo, muere luminosamente, y no se nos permite sentir piedad. El poema es un tipo de danza que se propone atraer y repeler. Una danza compuesta de seducción y pisoteo. Lo que queremos no es el grito del águila, sino la ilusión del águila gritando. Los visitantes fueron “ultrajados” cuando “se reveló” que su “mujer” favorita, la que sabía exactamente lo que necesitaban oír en la línea 900, no era en absoluto una mujer. Un hombre, que quería unir su necesidad con la voz “de ella”, amenazó con demandar. En la “audiencia del estudio” -distinguida de la audiencia de televisión por su aparente presencia- las mujeres se reían amargamente, sin piedad. El realismo está basado en convenciones y las convenciones están basadas en el deseo. Por ejemplo, el deseo de calma, roto por el ruido de un motor, que es un deseo de movimiento. Pero la imaginación puede borrar casi cualquier paraíso. E igual el mundo, el mundo sólido, deriva, impasible, más allá de nosotros. Más allá de nosotros, los caballos en sus formas absolutas. Más allá de nosotros, los gases ardiendo y explotando, mandando llamas inimaginablemente calientes al inimaginable vacío. De modo que volvemos a la comodidad del lenguaje, al lenguaje del poder y la fuerza ejercida, agradablemente manipulativo. Y, a veces, la belleza, las capas indeterminadas del vacío. Gansos. Luna. Soledad. No el golfo. No las brechas y certezas, la palabra que cuelga alrededor del cuello de lo real, sino esta inocencia, este juego de niños, estas voces dadas, renunciadas o escuchadas y formadas esta ternura repartida por partes iguales entre las criaturas reunidas.