miércoles, 7 de enero de 2026

teaser: NANNE TIMMER. AUN CUANDO LAS CARTOMÁNTICAS

 



jeff wall


Cosas caquis / como quien no quiere la cosa

 conmigo no se cuela nadie

me dijo al quebrarse

 
cuando

en quiebre sobre quiebre

se contonea la

compulsión que cansa, que

continuamente copia

aquello que en el Cáucaso

 

llaman cafeína, cocaína,

compasión.

 

Y con los quehaceres

del día a día, con los cantos

de la cúpula, con las cumbias

de Karl Marx, la cosa

no cabe, no tiene lugar.

 

como si no cupiera nadie

como si cuerpos

que decían cuerpos

como si candela, callejuela

como si cuerpos que cojean

 

cuerpos que decían

cosas, que decían casas,

que decían cal

 

calambres

calamidades

sin la más mínima

consternación

 

como quien se cuida cuando

quien se cambia como

cuando en coma carcomida

como quien entra en coma cuando

 

cosas rotas

cosas verdes

 

cosas que como quien

no quiere la cosa

 

cosa que se sabe cosa

que como coche

ni como noche

aceptaría jamás.

 

queriendo cosas

aun cuando

acaben en quilombo

 

contigo cáctus

contigo Coppelia

contigo cosas hasta

en la Cochinchina

 

calendario cándido

caravela calambúr

 

cara a cara aun cuando

las cartománticas cuentan

que en cabeza ninguna cabe

ni Copérnico ni Caravaggio

ni por las cordilleras del Kunlun,

 

que fue en Quito donde

se curvaron los comienzos

y convenía quedar callado

 

y ahora

quedan cosas kilométricas

cosas candongueo

cosas quemaduras

y cosas quebrantahuesos

 

queribles

cosas caquis

cosas cosidas

cosas quimbombó

 

quinquenios de cosas claras

cuando quieren

y como quieren cosas,

que como quieran que sean

cuando, como cosas

quieren que sean, son.

 

trazos

 trazo tal cual

trazo tel quel

trazo tonto

trazo intemperie

 

tiptoe

territorio a pie

telkens thee tot taal toveren

 

tofu tumba tippelzone

tanda tú, te toco

totdat tepels talen

en ´t toeval wil dat trieste topoi

dwalen tot tristan tzaras tempo

je toetsend door de tempel tilt

 

Funcionaria pasionaria

 poeta

buscando

desorden

 

en octubre

 

con el

propósito de

            opo

                        nerme

llegué

a disentir

 

unos se rieron

otros escupieron,

 

exjefes, presidentes,

secretarios,

 

unos se rieron

otros escupieron

 

yo

 

a (di)sentir

 

afuera adentro

adentro afuera

 

o-

ponerme

o

poner

 

la cara

la piel

sin costras

 

la (no) culpa cura

 

pasionaria funcionaria

funeraria pasionaria

 

destrozar

la máquina

desde adentro

la máquina devorando

mi función funcionando

 

poner las manos:

los muñones

abrir la boca:

el balbuceo

 

oponer

o

poner

 

infecciones anulaciones devoraciones

la máquina maquinando

 

la escupidera

desde arriba

 

afuera adentro

adentro afuera

 

pasionaria funcionaria

funeraria pasionaria

 

I would

rather not

volver

a la máquina

jamás


Papaíto Mayarí

 

Odio la palabra patria

prefiero poeta, proletario,

patata, potestad.

 

Odio decirle pater familias,

"Plan B", le digo,

"Papaíto Mayarí".

 

Pregúntame por otras cosas;

pan, tomate, plancton o panceta,

 

y en penumbras pamplineras

yo salir por peteneras.

 

Entonces le digo papi, le digo

pretty punky, le digo Paul.

 

You´re a puppet, pumpkin

you´re a pancake eater

have a pencil, Peter,

have a pee.

 

No los arrancan ni con pinzas

los programas prehistóricos

del país plankgas achteruit

 

planearon protocolos,

pensaron presidentes,

 

pero

plantaron preguntas

sobre

su panza

su pelvis

y su maní

 

proponen

patria o parlamento

pero el presidente

pone punto

porque sí.

 

En plenamar

la poeta pone coma

pone tzaitziki,

pone sí,

 

pero

la purga de la pulga

de los partidos pompas

crean paparruchas

palpitantes

 

cuando con picardía

preventiva

poniendo picoletos

 

se piensa

pueblo pleinvrees,

pueblo picadillo,

porque sí.

 

Toda la planta

se va al norte

pero la planta del pie

se va al sur.

 

Odio la palabra patria,

la palabra pueblo,

 

prefiero piedra, poeta o potranca

pero sobre todo preciosura,

places, pluimvee o posada,

 

pero más que nada

pétalos de

peppers y pijnboompitten

que con polen y polenta ponen

punto al penar.



Nanne Timmer. Poeta y ensayista holandesa de habla hispana. En poesía ha publicado Logopedia (Bokeh, 2012) y Doble papagayo (Liliputienses, 2022). Es co-autora de Einstein’s three fingers (poesía/danza/fotografía, 2011) y combina su poesía con instalaciones y performances. Ha traducido cuento, ensayo y teatro, y enseña literatura latinoamericana en la Universidad de Leiden. En ensayo ha publicado la monografía El presente incómodo: subjetividad en crisis y novelas cubanas después del muro (Corregidor, 2021) y las antologías de ensayo Ciudad y escritura (LUP, 2013), Cuerpos ilegales (Almenara, 2018).Los poemas continuación provienen de Doble papagayo.

 

 

martes, 6 de enero de 2026

TO AN OLD POET IN PERU.

 


Lima, en mayo de 1960, desplegaba sobre sus calles empedradas y plazas coloniales una luz dorada que parecía detener el tiempo, como si cada sombra se prolongara sobre los adoquines para convertirse en memoria viva^1. La ciudad era un registro de capas históricas y sensoriales, impregnando los cuerpos y la conciencia de quienes la recorrían con atención poética^2. Fue en este escenario donde Martín Adán, ya consolidado en la tradición literaria peruana^3, y Allen Ginsberg, portador de la intensidad verbal y musical de la Generación Beat^4, cruzaron sus caminos en el emblemático Bar Cordano.

Adán caminaba con un paso medido y etéreo, absorbiendo la luz que descendía desde el cielo y reflejándose en las superficies de mármol y madera del bar^5; su respiración parecía acompasada con el murmullo de la ciudad^6, y cada gesto de sus manos amplificaba la tensión poética del momento^7. Ginsberg, por su parte, llevaba consigo la energía acumulada de sus viajes por Sudamérica —incluyendo Cusco y Machu Picchu^8— y un interés extremo por registrar el azar, los sonidos y la vibración de la ciudad; sus ojos recorrían las paredes, los ventanales, los espejos y los reflejos sobre las mesas^9, captando estímulos que luego se transformarían en materia poética^10.

Jorge Capriata, testigo presencial, recuerda que el primer contacto se produjo bajo la luz descendente del atardecer, mientras la sombra de Adán se alargaba sobre el suelo y la luz caía en pliegues sobre sus hombros^11. En ese instante, la célebre araña B descendió lentamente del sombrero del poeta peruano^12, provocando un gesto instintivo interpretado por Ginsberg como señal de vulnerabilidad^13; este evento se sedimentó en su percepción del otro y se transformó en símbolo de fragilidad y azar poético^14.

El aroma del café recién colado, el eco de las voces y los pasos, y la textura del aire cargado de historia colonial se entrelazaban con los movimientos de los poetas, creando un entramado sensorial que trascendía la mera anécdota^15. Cada mirada, cada inclinación de cabeza, cada pausa en la conversación se convirtió en parte del registro poético^16; la luz que atravesaba los ventanales dibujaba sombras alargadas sobre los suelos de mármol y madera, mientras Ginsberg anotaba mentalmente los detalles de la interacción para su futura transposición literaria^17.

Adán alternaba ironía y atención aguda^18; en algún momento cuestionó la poética beat con un seco “¿Por qué escribe usted porquerías?”^19, mientras Ginsberg percibía la densidad emocional y la carga crítica de la voz del otro^20, integrándola en la textura de su percepción y en la futura composición de To an Old Poet in Peru^21. El espacio mismo del Cordano —sus puertas veteranas, los espejos antiguos, la disposición de las mesas— se convirtió en coautor silencioso de la experiencia^22; la ciudad, la arquitectura y el tiempo compartido se amalgamaban en la percepción poética^23.

Durante este periodo, Ginsberg mantenía activa correspondencia con William S. Burroughs, enviándole relatos de sus experiencias psicodélicas y viajes por Sudamérica, incluidos encuentros con la ayahuasca y descripciones de la intensidad sensorial de los paisajes^24. En una carta fechada el 10 de junio de 1960 desde Pucallpa, Ginsberg escribe a Burroughs:

“Estoy viajando por estos caminos, cada curva aquí tiene un color como si fuera un poema esperándome, y la selva parece cantar en un tono que cambia cuando cierro los ojos… No sé qué lugar será el próximo, pero siento que mi escritura late con cada viento que atraviesa este país.”^25

Este tono poético, hipersensorial y atento al detalle aparece amplificado en To an Old Poet in Peru, donde la ciudad de Lima, la luz descendente y la memoria misma se inscriben como presencias vivas. La enumeración expansiva y el ritmo libre reflejan la influencia de Walt Whitman^26, adaptada al contexto limeño, donde cada gesto, cada reflejo y cada aroma se convierten en microcosmos de la ciudad y del diálogo entre poetas^27,28.

El poema abre con la referencia directa al encuentro y a la ciudad:

“Because we met at dusk
Under the shadow of the railroad station…”^29

Más allá de la reconstrucción sensorial, la correspondencia epistolar y los diarios de Ginsberg (como South American Journals, January–July 1960) muestran cómo vivió su viaje como experiencia totalizante, en la que cada paisaje, aroma, gesto o visión alimentaba su imaginación poética^30. Las cartas y diarios permiten situar el encuentro con Adán no como un episodio aislado, sino como parte de una trama profunda de sensibilidad, percepción y escritura, donde la experiencia urbana, la fragilidad humana y la memoria se transforman en poema^31.

Los tres poemas dedicados a Adán en Reality Sandwiches constituyen una meditación sobre vejez, fragilidad, memoria y creación, donde la experiencia concreta se transforma en símbolo universal^32. La documentación indica que Ginsberg se reunió con Adán varias veces en el Cordano, acompañado por jóvenes intelectuales que facilitaron la conversación y la recepción de su voz en Lima^33.

Finalmente, este encuentro, breve pero intenso, representa un acto fundacional: un cruce de voces, luces, sombras y destellos que permitió la emergencia de una obra en la que ciudad, fragilidad y memoria se amalgaman en lenguaje poético universal. La araña B permanece como símbolo silencioso de fragilidad, azar y transitoriedad de la experiencia humana y literaria, capturada de manera definitiva en To an Old Poet in Peru^34,35.


Referencias (APA)

  1. El País. (2021, 25 febrero). La Lima de Allen Ginsberg. https://elpais.com/elviajero/2021/02/25/actualidad/1614272531_853305.html
  2. Bloom, H. (1973). The Anxiety of Influence. New York: Oxford University Press.
  3. Sáenz, R. (1978). El café y la memoria urbana. Lima: Fondo Editorial.
  4. Ginsberg, A. (1963). Reality Sandwiches. San Francisco: City Lights Publishers.
  5. Capriata, J. (1960). Testimonio reproducido en Casa de la Literatura Peruana.
  6. Eco, U. (1979). A Theory of Semiotics. Bloomington: Indiana University Press.
  7. Radiodelmar.cl. (2018). Allen Ginsberg: A un viejo poeta del Perú.
  8. El País. (2021). Viaje de Ginsberg por Sudamérica.
  9. Casa de la Literatura Peruana. Reconstrucciones críticas del encuentro.
  10. Reality Sandwiches, pp. 25-27.
  11. Capriata, J. (1960). Observación directa de la llegada y primer contacto.
  12. El País. (2021). Incidente de la araña B.
  13. Jung, C. G. (1964). Man and His Symbols. New York: Doubleday.
  14. Radiodelmar.cl. (2018). Reconstrucción sensorial del poema.
  15. Sáenz, R. (1978). Sobre la densidad sensorial de la ciudad.
  16. Casa de la Literatura Peruana. Observaciones de interacción poética.
  17. Eco, U. (1979). Notación semiótica y percepción.
  18. Bloom, H. (1973). Observaciones sobre ironía y crítica.
  19. La-Fortaleza-de-la-soledad.blogspot.com. Comentario sobre la crítica de Adán.
  20. Perú21. (2020, 29 diciembre). Crónica de la visita de Ginsberg a Lima.
  21. Reality Sandwiches, p. 25.
  22. El Comercio Perú. Documentación de espacio y arquitectura.
  23. Radiodelmar.cl. (2018). Influencia del espacio en percepción poética.
  24. Burroughs, W. S., & Ginsberg, A. (1963). Las cartas de la ayahuasca.
  25. Ginsberg, A. (1960, 10 de junio). Carta desde Pucallpa, Perú, a William S. Burroughs. Kenneth Spencer Research Library, University of Kansas.
  26. Bloom, H. (1973); Eco, U. (1979). Influencia de Whitman.
  27. Reality Sandwiches. Tres partes del poema dedicadas a Adán.
  28. Casa de la Literatura Peruana. Observaciones sobre microcosmos poético.
  29. Ginsberg, A. (1963). Reality Sandwiches, p. 25.
  30. Ginsberg, A. (2019). South American Journals, January–July 1960. University of Minnesota Press.
  31. Eco, U. (1979); Bloom, H. (1973). Transformación de experiencia en lenguaje poético.
  32. Reality Sandwiches, p. 26-28.
  33. El Comercio Perú. Varias reuniones en el Cordano.
  34. Radiodelmar.cl. (2018). Símbolos de fragilidad y transitoriedad.
  35. Ginsberg, A. (1963). Consolidación de la araña B como símbolo poético.

 

 


A un viejo poeta en Perú

Porque nos conocimos al anochecer
Bajo la sombra del reloj de la estación de trenes
Mientras mi sombra estaba visitando Lima
Y tu fantasma estaba muriendo en Lima
     un viejo rostro necesitando una afeitada
Y mi joven barba brotando
     magnífica como pelo muerto
          en las arenas de Chancay
Porque erróneamente pensé que melancólico
Saludabas tus pies de 60 años
     que huelen a muerte
          de arañas en el pavimento
Y saludaste mis ojos
          con tu anisada voz
Pensando erróneamente que yo era genial
          para ser tan joven
(mi rock and roll es el movimiento del
          vuelo de un ángel en una ciudad moderna)
(la manera en que arrastras tus pies es el movimiento
     de un serafín que ha perdido
          sus alas)
Beso en tu mejilla gorda (otra vez mañana
Bajo el estupendo reloj de Desamparados)
Antes de ir a la muerte en un accidente aéreo
          en América del Norte (hace mucho)
Y tú a un ataque al corazón en una indiferente
          calle de América del Sur
(Ambos rodeados de comunistas
     gritando con flores
          en el culo)
–tú mucho antes que yo–
     o una larga noche solo en un cuarto
     del viejo hotel del mundo
          mirando una negra puerta
          ... rodeado de restos de papel.


 

Publicado en Amaru n.º 7 (julio‑septiembre de 1968) se publicó “A un viejo poeta en el Perú” —el poema de Allen Ginsberg traducido al español por Antonio Cisnerosen Reality Sandwiches (1953-60), 1963

 

MARTÍN ADÁN Y EL LABERINTO DE LA CORRESPONDENCIA

 


Si uno intenta penetrar en la espesa penumbra de la Lima de los años sesenta, donde los callejones se arremolinan como tinta sobre pergamino y los edificios se arquean bajo un sol que todo lo revela y nada permite comprender, es posible vislumbrar la figura de Martín Adán, poeta frágil, enfermo, con un cuerpo que a veces parecía obedecer más a la fatiga de la sangre y los nervios que a la voluntad de su espíritu, y aun así capaz de transformar la debilidad en luz literaria. Su salud, delicada y marcada por dolencias crónicas que lo confinaban con frecuencia a la casa, a la lectura y a la escritura, no impidió que la correspondencia con Celia Paschero, joven investigadora argentina, desplegara un diálogo de rara intensidad, donde cada palabra se medía con el compás de la percepción y la imaginación, entrelazando afecto intelectual, humor sutil y rigor crítico. Paschero, curiosa y rigurosa, solicitó información biográfica concreta: fechas, lugares, anécdotas que pudieran alimentar su investigación. Adán respondió, sin embargo, con la estrategia que siempre definió su obra: convertir la carta en espacio poético y reflexivo, donde la fragilidad corporal se transmuta en potencia literaria, y donde la vida se revela no como cronología sino como experiencia sensorial y existencial. La carta, para él, no era un instrumento de divulgación ni un testimonio lineal, sino un territorio de juego, de introspección y de revelación meditativa, donde la voz del poeta se ensancha al ritmo de la imaginación, y donde cada palabra se carga de presencia, afecto y memoria. El acto de escribir epístolas se vuelve entonces acto de creación, y la distancia, el tiempo y la limitación corporal se convierten en catalizadores de intensidad y barroquismo verbal.

El intercambio epistolar entre ambos, aunque breve, evidencia la afinidad espiritual y estética: Paschero reconocía en Adán un igual, alguien capaz de dialogar sin revelar todo, de ofrecer profundidad sin reducir la vida a inventario. Allí donde el cuerpo flaquea, la mente se ensancha; donde la enfermedad advierte su presencia, la literatura se reafirma con vigoroso gesto creativo. La epístola se convierte en laboratorio de percepción, en un ensayo continuo sobre la fragilidad, la resistencia y la transformación de la existencia en arte. Cada carta es un poema, y cada poema una carta: el círculo se completa, la vida se transfigura en palabra, y la palabra devuelve la vida con intensidad barroca. La correspondencia permite a Adán articular simultáneamente intimidad, erudición, humor, ironía y la pulsión existencial de quien contempla la existencia con ojos de poeta enfermo y cuerpo fatigado. La distancia y el tiempo no separan; magnifican.

 

ESCRITO A CIEGAS

(Carta a Cecilia Paschero)

¿Quieres tú saber de mi vida?
Yo sólo sé de mi paso,
De mi peso,
De mi tristeza y de mi zapato.
¿Por qué preguntas quién soy,
Adónde voy?… Porque sabes harto
Lo del Poeta, el duro
y sensible volumen de ser mi humano,
Que es cuerpo y vocación,
Sin embargo.Si nací, lo recuerda el Año
Aquel de quien no me acuerdo,
Por que vivo, porque me mato.Mi Ángel no es el de la Guarda.
Mi Ángel es del Hartazgo y Retazo,
Que me lleva sin término,
Tropezando, siempre tropezando,
En esta sombra deslumbrante
Que es la Vida, y su engaño y su encanto.Cuando lo sepas todo…
Cuando sepas no preguntar…
Sino roerte la uña de mortal.
Entonces te diré mi vida,
Que no es más que una palabra más…
La toda tuya vida es como cada ola:
Saber matar.
Saber morir.
Y no saber retener su caudal,
Y no saber discurrir y volver a su principio,
Y no saber contenerse en su afán…Si quieres saber de mi vida,
Vete a mirar al Mar.
¿Por qué me la pides, Literata?
¿Ignoras acaso que en el Mundo,
Todo de nadas acumuladas,De desengrandar infinitudes,
No si no un trasgo
Eterno, sombra apenas de apetito de algo?La cosa real, si la pretendes,
No es aprehenderla sino imaginarla.
Lo real no se le coge: se le sigue,
Y para eso son el sueño y la palabra.
¡Cuídate de su atajo!
¡Cuídate de su distancia!
¡Cuídate de su despeñadero!
¡Cuídate de su cabaña!¿Quién soy? Soy mi qué,
Inefable e innumerable
Figura y alma de la ira.
No, eso fue al fin… y era el principio,
Antes de donde el principio principia.
Soy un cuerpo de espíritu de furia
Asentada de aceda ironía.
No, no soy el que busca
El poema, ni siquiera la vida…
Soy un animal acosado por su ser
Que es una verdad y una mentira.

¡Es tan simple mi ser, y tal ahogo,
Con punzada de nervio y carne!…
Yo buscaba otro ser,
Y ése ha sido mi buscarme.
Yo no quería ni quiero ya ser yo,
Sino otro que se salvara o que se salve,
No el del Instinto, que se pierde,
Ni el del Entendimiento, que se retrae.

Mi día es otro día,
Algún no sé dónde estarme,
A dónde no sé ir en mi selva
Entre mis reptiles y mis árboles,
Libros y cementos
Y estrellas de neón,
Mujeres que se me juntan como la pared
    y como nadie… o como madre,
Y el recién nacido que sobre mí llora,
Y por la calle
Toda las ruedas
Reales y originales.
Así es mi vida cabal,
Hasta la última tarde.

El Otro, el Prójimo, es un fantasma.
¿Existe el aire,
Donde te asfixias y recreas
Respirando, tu cuerpo inane?
¡No, nada es sino la sorpresa
Eterna de tu mismo reencontrarte
Siempre tú los mismos entre los mismos muros.

De las distancias y de las calles!
¡Y de los cielos estos techos
Que nunca me ultiman porque nunca caen!

Y no alcancé al furor de lo divino,
Ni a la simpatía de lo humano.
Lo soy y no lo siento ni así me siento.

Soy en el Día el Solitario
Y el absoluto en la Zoología si pienso,
O como carnívoro feroz si agarro.
¿Soy la Creatura o el Creador?
¿Soy la Materia o el Milagro?
¡Qué mía y qué ajena tu pregunta!…
¿Quién soy? ¿Lo sé yo acaso?

¡Pero no, el Otro no es!
¡Sólo yo en mi terror o en mi orgasmo!

¡Y con todos mis sueños resoñados,
Y con toda la moneda recogida,
Y con todo mi cuerpo, resurrecto
Tras cada coito, ciego, vano, sin pupila!…

¡Cuando no seas nada más que ser,
Si llegas a la edad de la agonía!…
¡Cuando sepas, verdaderamente,
Que es ayuntamiento de muerte y vida!…
¡Entonces te diré quién soy,
Seguro, sí, que ya sin voz, Amiga!

Que se curan con hierbas eficaces
Los puros animales que te hablan
Allá, entre piedras inmateriales
El mundo real y la ciencia humana,
Donde, con una pelota
Los muchachos aparentes hediondos gozaban.
Sí, la vida es un delirio así, y sin embargo,
En esa vida no estuvo mi nada,
Ninguna, pero real, pero celeste o volcánica.

¡Qué tarde llega el Tiempo
A su punto de olvido o de sensibilidad!
Viene arrastrando, como el aluvión,
De cúmulo, de suelo, de humanidad.

Que se curan con hierbas eficaces
¡Cuán inesperado y desesperado cualquier ya,
Todo yo que cae con el Tiempo
Desde nunca siempre y para siempre jamás!
¡Qué madrugada eterna no dormida
Lo del revolverme en el hacer y en el pensar!

La Soledad es una roca dura
Contra la que arroja el Aire.

Está en cada pared de la Ciudad,
Cómplice, disimulándose.
Me arrojo o me arrojo, sin cesar
Yo soy mi impedimento y mi crearme.La Poesía es, Amiga,
Inagotable, incorregible, ínsita.
Es el río infinito
Todo de sangre,
Todo de meandro, todo de ruina y
    arrastre de vivido…
¿Qué es la Palabra
Sino vario y vano grito?
¿Qué es la imagen de la Poética
Sino un veloz leño bajo un gato írrito?
Todo es aluvión. Si no lo fuera,
Nada sería lo real, lo mismo.El Amor no sabía
Sino tragarse su substanciaY así la Creación se renovaba.
Todo me era de ayer, pero yo vivo;
Y a veces creo, y a la Vez me amamanta.No soy ninguno que sabe.
Soy el uno que ya no cree
Ni en el hombre,
Ni en la mujer,
Ni en la casa de un solo piso,
Ni en el panqueque con miel.No soy más que una palabra
Volada de la sien,
Y que procura compadecerse
Y anidar en algún alto tal vezDe la primavera lóbrega
Del Ser
No me preguntes más,
Que ya no sé…Supe que no era lo que no era, no sé cómo,
    y toda era
Hasta la cosa de mi nada.
Y fui uno no sé cuándo,
Persiguiendo, por entre numen y maraña
Dentro de ella, yo, nacido y flaco, ya con
    todas las armas,
Yo por todo paso que me hacía,
A ello persiguiendo… a la palabra
A cualquiera,
A la madriguera o a la que salta.

Si mi vida no es esto
¿Qué será la vida?… ¿Adivinanza?…
Que me dé tiempo el Tiempo, a más del suyo,
Y yo me reharé mi eternidad;
Lo que me falta,
Porque la eché… me estuvo un momento demás.
¿Sabes de los puertos encallados,
Del furor y del desembarcar,
Y del cetáceo con mojadísimo uniforme,
Que no nada y cae ya?
¿Sabes de la ciudad tanta,
Que no parece ciudad,
Sino cadáver disgregado,
Innumerable e infinitesimal?

Tú no sabes nada;
Tú no sabes sino preguntar,
Tú no sabes sino sabiduría
Pero sabiduría no.es estar
Sin noción de nada, sino proseguir o seguir
A pie hacia el ya.

 

Desde este prisma, la epístola se vuelve acto de creación autónomo: ensayo poético, confidencia imaginativa, diálogo filosófico, laboratorio sensorial y lúdico. La escritura de Adán no se limita a comunicar; recrea, interroga, desafía y transforma la vida en poesía, y la poesía en existencia plena. Solo con esta disposición de atención sensorial y entrega a la densidad verbal, el lector puede experimentar plenamente la potencia de la escritura de Adán: la enfermedad, la limitación y la distancia epistolar se transforman en recursos de fuerza creativa. La correspondencia de Martín Adán con Celia Paschero se revela así como síntesis de su mundo: delicado, barroco, erudito, lúdico y existencial, un territorio donde el cuerpo y la mente se entrelazan, donde cada palabra respira y cada silencio palpita, y donde el lector es invitado a caminar por un laberinto de luz y sombra, de ingenio y de humanidad, tal como el poeta mismo lo recorrió mientras escribía, enfermo y potente, hacia la totalidad de su voz.









Conclusiones

Martín Adán y Celia Paschero nunca llegaron a encontrarse físicamente¹. La relación se mantuvo en el territorio de la carta, y es precisamente esta distancia la que convierte la epístola en acto literario autónomo: un espacio donde el cuerpo limitado del poeta, sus dolencias crónicas y su fragilidad física se transmutan en densidad creativa y expansión del pensamiento². La correspondencia permite a Adán dialogar con la ausencia, construir mundos y paisajes de palabra, y explorar los límites entre lo íntimo y lo universal sin la mediación del encuentro presencial. La carta se convierte así en laboratorio de percepción, ensayo poético y confidencia imaginativa, en donde la voz del poeta se proyecta con intensidad máxima, cargada de memoria, emoción y reflexión estética³.

La epístola, para Adán, no era un simple instrumento de información biográfica ni un canal de comunicación; era un acto de creación en sí mismo, donde cada palabra era medida, pensada y moldeada con precisión barroca. La distancia, lejos de debilitar el vínculo, potencia la concentración de la voz poética y obliga a que el mensaje sea simultáneamente íntimo y universal. Es en ese espacio —entre lo que se dice y lo que se guarda, entre la revelación y el misterio— donde Adán transforma la limitación corporal, la enfermedad y la ausencia en fuerza creativa.

La correspondencia revela un aspecto central de la concepción adánica de la poesía: que la literatura y la vida no pueden reducirse a cronología o inventario de hechos, sino que se manifiestan en experiencias sensoriales, emocionales y reflexivas. La epístola se convierte en metáfora del acto creativo: la vida es un flujo que se persigue y se registra en palabras, pero que no puede capturarse del todo; solo puede imaginarse, intuirse y evocarse. La escritura epistolar, entonces, es la prueba de que la creación literaria surge de la tensión entre la presencia y la ausencia, entre el deseo de comunicar y la imposibilidad de abarcar la totalidad de la existencia⁴.

Finalmente, la correspondencia con Paschero muestra que Adán logra fusionar en la carta múltiples dimensiones: la intimidad afectiva, la reflexión filosófica, la densidad barroca de imágenes, la precisión verbal y el juego lúdico con la palabra. La epístola se convierte en un espejo de su mundo: delicado, complejo, lleno de humor, ironía y erudición, donde la vulnerabilidad del cuerpo y la fortaleza de la mente se equilibran para dar lugar a la creación más intensa⁵.


Referencias (formato APA)

Adán, M. (2015). La canción de la bolsa para el mareo. Sexto Piso. (Traducción de Mariano Peyrou).

Adán, M. (s. f.). Escrito a ciegas [Correspondencia con Celia Paschero]. Manuscrito personal.

Lauer, J. (2016). Martín Adán: poética y correspondencia. Lima: Fondo Editorial de la PUCP.

Llana, R. (2010). “La madurez poética de Martín Adán: cartas y poesía en los años sesenta”. Revista de Literatura Peruana, 12(3), 45-72.

Olvido García Valdéz, O. (2012). La escritura epistolar de Martín Adán y la poesía moderna peruana. Lima: Editorial Universitaria.

Pacheco, R. (2005). El modernismo tardío en la poesía peruana: de la biografía al símbolo. Lima: Fondo Editorial.

Transtierros, Revista Cultural. (1965). “Correspondencias poéticas de la década del sesenta”. Transtierros, 2(1), 15-28.


Notas de pie de página (APA)

  1. Según la documentación disponible, Martín Adán y Celia Paschero nunca se conocieron en persona, manteniendo la relación exclusivamente epistolar (Llana, 2010; Transtierros, 1965).
  2. La correspondencia demuestra cómo la distancia y la fragilidad física del poeta se transforman en fuerza creativa y densidad literaria (Lauer, 2016; Olvido García Valdéz, 2012).
  3. Cada carta funcionaba como un ensayo poético donde la voz del poeta se expandía más allá de los límites físicos (Llana, 2010).
  4. La escritura epistolar evidencia la concepción adánica de que la literatura y la vida no pueden reducirse a cronología o inventario, sino que se manifiestan en experiencias sensoriales y reflexivas (Olvido García Valdéz, 2012).
  5. La fusión de intimidad, erudición, humor e intensidad existencial en la correspondencia refleja la síntesis de la obra de Adán durante su madurez poética (Adán, 2015; Lauer, 2016).