miércoles, 3 de diciembre de 2025

BACKSTAGE:ANA ESTAREGUI; «VEO EL POEMA COMO ESE RING DE DISPUTA ENTRE LO QUE SE ESCRIBE Y LO QUE SE DESEARÍA HABER ESCRITO ». SERGIO RÍOS.

 


Ana Estaregui es una de las voces más interesantes de la poesía brasileña, sus libros pueden ser leídos en clave de un despegue, que parte de la complejidad del cuerpo y los cuerpos, la caducidad amalgamada a la inercia de nuestros rituales de todos los días, hacia la naturaleza y lo espiritual, al silencio, el vuelo pagano de ciertos poemas.




 

 

Sergio Ernesto Ríos: ¿Cuál fue el contexto en el que creciste? ¿La ciudad, tu familia, tienen alguna relación con tu búsqueda en el arte?

 

Ana Estaregui: Nací en Brasil, en una ciudad del interior de São Paulo llamada Sorocaba. En mi familia no había nadie que tuviera relación directa con el arte, excepto una prima más joven que fue a estudiar artes escénicas más tarde. Vengo de una familia de clase media con padres y hermano médicos, y abuelos que no tuvieron formación universitaria. Puedo decir que corrí con suerte al haber tenido padres con sensibilidad para percibir mi interés por el arte, pues desde chica me inscribieron en cursos libres de dibujo, clases de pintura, etcétera. Me siento muy agradecida con ellos por eso.

 

SER: ¿Tienes algún recuerdo determinante de tus comienzos en la poesía?

 

AE: Desde pequeña tengo interés en la palabra.Al final elegí graduarme en artes visuales por pensar que tendría mayor posibilidad de experimentación. Aunque haya elegido las artes visuales y no letras, creo que el interés por la palabra (y, posteriormente, por la poesía) siempre permeó esta elección. Creo que mi relación con la poesía fue dada dentro de este contexto, a partir del estudio de poesía visual (y de la poesía concreta y neoconcreta brasileña), en la cual la cuestión espacial del poema es central. Durante la graduación produje varios poemas considerando su espacialidad y materialidad (letras de madera, metal), poemas proyectados en el espacio, videopoemas, libros de artista con páginas de tejido transparente, entre otros. Más tarde acabé encaminándome al texto propiamente dicho e iniciando una producción escrita más regular. Un recuerdo muy fuerte del periodo de graduación era cuánto me interesaba aislar palabras en diferentes contextos y, a partir de este movimiento, poder observarlas como objeto de corporalidad. Un tiro de dados, de Mallarmé, fue un trabajo que me impactó mucho en esta fase. Algunos artistas brasileños, como Marilá Dardot, José Leonilson y Nuno Ramos, también fueron referencias importantes para mi formación.

 

SER: Apareces en la antología Uma alegria estilhaçada, de Gustavo Silveira Ribeiro. ¿Cuál es tu relación con esta generación? ¿Crees que es una generación con búsquedas estéticas afines?

 

AE: Creo que en la actualidad no es posible pensar una producción generacional tal cual como la generación del mimeógrafo o de los concretos en Brasil. Incluso si miramos de cerca estos grupos, también tienen producciones bastante heterogéneas. Tal vez más adelante sea posible ver con mayor claridad alguna costura visible que identifique una relación entre las producciones actuales. Creo que está presente en la elección de Gustavo un vector orientador que considera sobre todo una investigación rigurosa del lenguaje y del choque que esto implica. Existe una producción bastante vigorosa de poesía en Brasil que dribla, inclusive, un mercado oficial”. Hay bastantes cosas de calidad que están haciendo y publicando editoriales pequeñas e independientes. Si tuviera que decir algo, diría que hay muchos aspectos siendo pensados hoy, como la intertextualidad, la polifonía, la mezcla de medios, el metalenguaje, la búsqueda de voces que sufrieron algún tipo de cancelación histórica, la narratividad, la performance poética, pero no creo que alguna de estas características por sí sola sea suficiente para definir un grupo o una generación. Creo que hay algo muy vivo sucediendo en este momento que es difícil capturar.

 

SER: ¿Cómo es escribir en el Brasil de hoy?

 

AE: Creo que hay dos lados bastante conflictivos en esta pregunta. Por un lado, existe de hecho esta producción efervescente sucediendo hoy que parece no estar ligada a un juego mercadológico, ya que sucede, en su mayoría, en espacios independientes de ferias de publicaciones, zines, veladas o incluso en medios digitales y redes sociales y que, por lo tanto, estaría de cierta forma libre de un proyecto hegemónico”. Por otro lado, escribir en Brasil hoy significa poseer una vida profesional doble, en la cual escribir mucho probablemente no será la fuente de generación de un ingreso importante. En el mejor de los casos, un escritor en Brasil consigue sobrevivir dando clases de literatura, traduciendo, revisando, realizando otros proyectos literarios. En un escenario menos optimista, el escritor necesita dedicarse a otra actividad para pagar las cuentas.

 

SER: La idea del poema como archivo o registro de lo cotidiano aparece en Coração de boi como un ritual para no ser arrasado por la rutina y el sistema, y siempre el poema resultaba la salida: un hallazgo en los detalles más pequeños, el dolor del cuerpo, los sonidos, las sensaciones, lo simbólico que resignifica al mundo, y tanto como en Dança para cavalos la presencia de la naturaleza tiene algo de búsqueda espiritual, ¿cómo lo piensas?

 

AE: Este año voy a publicar mi cuarto libro de poemas y he comenzado a pensar si existe o no algún tipo de trayecto que me llevó de un libro a otro, incluso de una forma no consciente. El primer libro que publiqué, Chá de Jasmin, fue un ejercicio de experimentar formas, asuntos, espacios, de modo que no percibo como muy cohesionado este libro. Creo que cumplió la función de hacerme entender que el proceso de escribir y publicar un libro era más complejo que simplemente pasar de la computadora al papel. Ahora los últimos tres libros tienen mucho más en común y veo que la semilla de esto comenzó en Coração de boi con temas que involucran el tema del animal y de un estado salvaje, aunque en aquella ocasión de manera muy mezclada con el ambiente doméstico. He percibido que este aspecto de conectar la escritura con la experiencia ritual (espiritual) es algo que se viene sedimentando y ganando cuerpo en mi investigación poética. Percibo que está mucho más presente en los dos últimos libros. Mi interés por la poesía (leer y escribir) se dio más o menos en la misma época que me consagré a la ayahuasca por primera vez (hace casi 20 años) y poco a poco noto que esos dos ejes tan constitutivos para mí se fueron conectando y mezclándose. De entrada, la poesía me atrajo por la subversión, por permitir ese otro tiempo de percepción, por enseñar sobre la belleza y finalmente por ser una especie de lugar de resistencia donde algo no necesita tener necesariamente una función práctica evidente. Sin embargo, después de algunos años escribiendo, veo que ocurrió una profundización en mi relación con la escritura. Hoy busco escribir para aprender con la propia escritura. Es ella quien conduce el proceso. Sé que lo estoy haciendo bien cuando no tengo idea de lo que voy a escribir, y aun así siento deseo de colocar palabras en la página. Voy descubriendo mientras escribo o, como dice Barthes, intento escuchar al "lenguaje fuera del poder". Ese lenguaje que piensa -o es pensado- por el poema es algo que surge con más facilidad en los estados alterados de consciencia, en el trance o en los momentos que preceden al sueño, en el que las conexiones parecen estar en suspenso.

 

SER: No es muy común trabajar una obra poética desde la academia, como sucede en Dança para cavalos, al menos en México es más o menos reciente la aparición de carreras universitarias dirigidas a la escritura. Quiero decir que está bien marcada la línea entre crítica literaria y creación literaria, ¿Cómo funciona en Brasil, este fomentar no sólo una mirada crítica a los autores contemporáneos sino la realización de una obra?

 

AE: En Brasil esto también es muy reciente. Este año comencé un doctorado en Letras en la Universidad de São Paulo en una línea de investigación en Escritura Creativa. Esta línea existe hace poquito tiempo, creo que no tiene más de cinco años. Hay varios alumnos de letras de ahí que ni siquiera saben que existe. Es un segmento que está comenzando a despuntar en algunas universidades brasileñas, con algunas excepciones como la PUC de Rio Grande do Sul, donde existe hace algunos años. En las artes visuales, en la música y en la danza, por ejemplo, esto existe desde hace algún tiempo, pero demoró más para que en las letras la producción literaria/poética autoral ganara espacio como producción científica, de pensamiento. Personalmente, me siento muy entusiasmada con esta apertura. Encuentro bastante interesante leer sobre procesos de producción  de arte, poder compartir con colegas, entender los mecanismos de estas creaciones, pensar sobre los procesos de génesis, construcción y evolución de poéticas a partir de la práctica. Y pensar en todo esto a partir de métodos (propios) y con el rigor que la academia exige. Antes de que existieran estos "espacios oficiales" en la universidad, siempre existieron autores que habitaron espacios fronterizos entre lo literario y lo filosófico, lo poético y lo ensayístico, lo científico y lo ficcional. Deleuze era filósofo, pero escribía con una gran apertura a las imágenes poéticas; Barthes exploraba ese espacio entre lo teórico y lo ficcional, Tim Ingold escribe textos que mezclan antropología, arte, filosofía y teoría del conocimiento. En fin, es rico cuando las cosas pueden mezclarse. Creo que la escritura poética gana con la consciencia crítica y la investigación airea el lado más experimental de la práctica. Siento muchas ganas de escribir poemas cuando estoy leyendo textos teóricos, principalmente cuando tratan de lenguaje.

 

SER: Me interesa mucho el proceso de Danza para caballos, primero, porque sólo después de leer el libro de poemas encontré Dança para cavalos: um experimento de escrita, ¿cómo fue trabajar con profesoras que a la vez son poetas como Annitta Costa Malufe y Alice Sant'Anna, ¿qué te compartieron?, ¿cambió en algo tu forma de pensar el poema?

 

AE: Fue muy importante para mi investigación haber podido tener esa interlocución con personas que tenían formación académica, pero que también eran artistas en sus propios recorridos de investigación en poesía. Annitta y Alice son poetas que admiro y cada una tiene un camino propio. Annitta es profesora, crítica literaria y poeta, y tiene una trayectoria sumamente consistente de investigación en el ámbito académico, en poesía y filosofía. Ella señaló algunos aspectos importantes en mi disertación que hablaban respecto al desarrollo del ensayo reflexivo sobre la producción de los poemas. Fue un punto importante, un punto de inflexión que distingue el texto poético del académico y para mí tenía todo el sentido. Me llevé ese aprendizaje para el doctorado. Alice es maestra y doctora en Literatura, Cultura y Contemporaneidad y, además de su producción poética, también es editora de poesía. Alice me dio excelentes sugerencias en la cualificación sobre la cuestión de la técnica en la escritura, que acabé desarrollando en el texto final. En fin, fueron contribuciones bastante generosas, técnicas y sensibles. Espero que más escritores y poetas puedan adentrarse en este espacio de investigación.

 

SER: En México se discute si las becas que otorga el Estado en cierto modo falsean la búsqueda de los artistas y escritores, y los vuelven monótonos y estériles, si el redactar un proyecto, acotarlo, prometer tantas páginas, algunos temas, mantener un estilo y cumplir un plazo, se contrapone al hecho de experimentar. Me gustaría saber tu opinión, en especial porque encuentro muy poco de tu trabajo de posgrado en el libro de poemas por más que aparece escrito de forma tan racional como en esta lista:

 

procuré no comparar sino producir relaciones afirmativas entre elementos; procuré emplear el tiempo presente;

procuré los infinitivos;

procuré un habla al ras a lo cotidiano;

procuré más el plural y el femenino;

procuré, muchas veces, quitar comas y dejar los elementos pegados unos a otros;

procuré antes de esto la indeterminación de un sujeto;

procuré un texto que no olvide que es un texto;

procuré no producir cortes aleatorios (sino cortes que compusieran unidades de sentido que, a veces, pudieran

ganar nuevas reverberaciones por el propio corte);

procuré observar el ritmo del poema –ya sea para hacer el texto fluir en sí mismo o bien para que se estrellara contra sí;

procuré crear condiciones para una performatividad de la escritura;

procuré entender la danza como procedimiento análogo.*

 

AE: Creo que este punto es muy interesante. De hecho, un proyecto de escritura literaria no encaja tan bien en los criterios estandarizados para obtener becas de estudio. Elementos como "objetivo", "resultados" y "gestión de datos" parecen no tener ningún sentido dentro de una investigación poética; sin embargo, mientras aún no se crean esos elementos más específicos para este tipo de proyecto es necesario ir tratando de entender cómo navegar en esos universos a partir de los recursos posibles. En esta parte del texto que destacas intenté mapear algunos procedimientos que había realizado en los poemas. En este ejercicio de escribir el ensayo sobre la producción de esos poemas traté de relacionarme con los textos desde adentro y no como si los poemas fueran un objeto externo siendo analizado por mí, tal como lo haría con el texto de otro autor si estuviera produciendo una crítica, con distancia. Mi intención fue escribir de manera más directa, más procesual, manteniendo cierta objetividad, sin dejar de hacer ese movimiento de señalar algunos puntos comunes entre los poemas. En vez de decir "los poemas son sobre esto" preferí escribir "busqué hacer esto o aquello..." y dejar abiertos ciertos aspectos, incluso porque hay cosas que tampoco no sé sobre estos. Siempre es difícil intentar clasificar una producción poética, sobre todo cuando es la nuestra, por eso evité ese camino y busqué una forma de no encajonar las ideas, sino tratar esto con cierta concreción.

 

SER: Dedicas el libro a la maestra ayahuasca, y yo diría que el tema de Dança para cavalos es justo la desaparición del yo (con todo lo que implica) entre la naturaleza, como si la mirada o el pensamiento pudiera ser la de la flor, el río, insectos. ¿Cómo fue tu experiencia de esos ensinamentos transespecíficos que cruzaram as fronteiras entre espécies? ¿Y qué tanto se pueden reproducir en la escritura esas enseñanzas al regresar al lenguaje?

 

AE: Fue Kant quien postuló que no accedemos a la realidad tal cual es en sí misma, sino como nos aparecía y la percibíamos a partir de nuestros propios sentidos. Él convirtió al sujeto el centro activo en la constitución del mundo conocido y esto fue importante en la época. Por mucho tiempo este paradigma antropocéntrico fue medio imbatible, pero ya desde hace algún tiempo otras formas de pensar el cuerpo, el mundo y las relaciones ha ganado espacio, por ejemplo, los estudios sobre el pensamiento de pueblos originarios o el perspectivismo amerindio. Creo que un punto donde la experiencia ritual y la escritura de poesía se encuentran –además de una especie de desgaste del lenguaje– es en la cuestión de la alteridad y de la percepción de sí, del otro, del ambiente (y del ambiente entendido como una extensión inseparable). La literatura permite ese ejercicio de empatía y de fabulación del otro a partir de personajes, tipos de narradores, etc. La poesía, más específicamente, eleva esto a otro nivel de radicalidad en la medida en que el lenguaje puede ser múltiple, sin sujeto, mezclada con las cosas, indistinta, ininteligible. Tal vez lo que traté de hacer sea un poco eso: llevar a la escritura una especie de desbordamiento de la experiencia ritual donde las cosas se muestran de otras formas. Cuando el cuerpo -y el cuerpo del texto- nos muestra que es posible relacionarse de otras maneras para escuchar al(os) otro(s) es necesario también encontrar formas de desaparecer o mínimo de guardar silencio.

 

SER: Me gusta cómo tus poemas parten del propio acto de escribir y de una meditación profunda sobre las palabras, el tiempo, las posibilidades y también sobre el peso de lo que no fue posible aterrizar en el poema; el poema es la tensión de lo que es y no es. ¿Cómo vives ese proceso?

 

AE: Te agradezco por la lectura atenta, Sergio. Veo el poema como ese ring de disputa entre lo que se escribe y lo que se desearía haber escrito. También hay una distancia entre la cosa y la palabra que no puede ser descartada y atravesada sin la atención de la mirada. Pienso que escribir nunca es un proceso que ocurre a una altitud grado cero. Están presentes siempre los elementos de la palabra, de la lengua, de la época, del lugar, del espacio, de la tipografía y así sucesivamente. Todo esto necesita ser considerado. El poema no puede ser un medio para transmitir un mensaje, sino una forma-fuerza, como dijo Gustavo Silveira Ribeiro en el texto de presentación de la antología que citas. Creo que mi relación con la materia (y la materialidad de las cosas) no me deja nunca olvidar el considerar el aspecto de la forma del poema. En el fondo creo en eso: la discusión sobre poesía es sobre lenguaje y forma, que nunca es neutra.

 

Traducción de Sergio Ernesto Ríos

 

 



chiara zonca




4 poemas del libro Corazón de buey de Ana Estaregui

 

1.

 

el corazón del buey sobre el fregadero

se va enfriando a medida

en que el músculo absorbe

la frialdad del granito y lanza en él

sus deseos de siempre, media cara

calientes, como todo lo que en él era

pastos, pelos, las tetas espléndidas

de las vacas lecheras

y en poco tiempo todo lo suyo calla

se equipara al nivel de la piedra

las arterias y venas

los espacios entre los atrios, el heno, todo

 

2.

 

 

llevar el vaso a la boca

siempre en la misma inclinación

y con la misma fuerza

aplicada al biceps

levantarse de la cama

siempre de lado

girar el cuerpo noventa grados

primero el pie izquierdo en el suelo

después el otro

las manos apoyadas sobre el colchón

entonces flexionar las rodillas

e impulsar levemente

hasta que todo quede en pie

erguir los brazos a lo alto

alcanzar la máxima estatura

que admita el cuerpo

si nada falla

caminar hasta la cocina

hervir el agua

soplar al té algunas veces

antes de beber

continuar, continuar



3.


la palabra ocupó toda la sala

cerró las ventanas, el radiecito de pilas

y los portarretratos

arrancó los libros del estante

produciendo tsunamis con las persianas

silenció nuestras voces a cero

y quedamos aplastados entre ella

y la pared, ella y el techo

ella y las tablas de madera del piso

en el corto vaho de oxígeno libre

la palabra se pegó al desván

y ahora pasamos nuestros días presos

mirándola, una estrella.


4.

 

 

de cerca las rocas

piedras y cascajos

hacen recordar

aquella belleza tosca

de difícil corrosión de las cosas

confirman la resistencia

de la materia cohesionada impenetrable

la promesa sólida de las ocasiones

en la condensación de los átomos

de cerca el corazón

puro átomo y esfuerzo mutuo

se rompe en dos

obtuso y silvestre

de un lado

estufa húmeda

del otro piedra de sal

 

 

 

 

chiara zonca

 

 

 

 

4 poemas del libro Danza para caballos de Ana Estaregui

 

 

6.

 

es siempre difícil

leer un poema en voz alta

fuera del papel, de la tela de luz

fuera de la casa

esperar que la voz se proyecte

un buen misil

surca el cielo

alcanza directo a un ave en el camino

saber crear un peligro de incendio

de esos que permanecen por un tiempo

antes de esfumarse

es siempre más difícil

leer un poema en voz alta cuando se tiene asma

tomar el primer impulso almacenar el aire

abdomen y pecho

hacer que dure hasta el final

cuántas palabras faltan aún

apenas una brazada y

continuar

es siempre difícil

leer un poema en voz alta

toser un poco, ganar tiempo

crear una pausa que no había

un ave posa por dos segundos en el alambre de cobre

es siempre difícil continuar

enmendar en el próximo verso

acercar las frases

como si ellas siempre hubiesen

sido cercanas

sería mejor si estuviésemos

debajo del agua

si los días fuesen más opacos

como los ojos ilegibles de las alpacas

o si pudiésemos leer esto en silencio

y aun así comunicarnos

7.

 

hay alguna inestabilidad

en todas las cosas

hasta que se pronuncie el nombre

en voz alta y con el cuerpo entero

escrito: esto

en cualquier lengua

se puede conjurar la fruta

ahora esto está abierto

podemos fijar por instantes

la sombra antes vaga de todos los árboles

la casa y hasta los espejos

podemos

realizar el sueño

hacia la superficie fina de los acontecimientos

ahora podemos tocar

sobre la piel de las cosas

sin quemarnos los dedos

todo es examinable

excepto los barcos

que ya estaban dentro desde el comienzo


 

8.

 

daremos nuestra agua

como quien devuelve su última zafra

en retribución a la dádiva

regaremos las plantas

diariamente

ahora sabemos las cantidades exactas

que cada una necesita para crecer

traemos al gran felino impreso en la espalda

el modo como caminamos

como estiramos la columna

arqueándonos para atrás

el modo como aproximamos las manos como cuenco

a la boca

no necesitamos esconder más las presas

ni las orejas

danzando, despertaremos a los caballos

que ahora descansan

en el interior manso de la casa

la casa ya no tiene paredes, nosotros somos la casa

palafitos, ancas, vello y lunas en repetición

tenemos a los caballos en el cuerpo

no: somos los caballos

los músculos y no sólo


 

9.

 

todo será un límite

escribir con una o dos manos

poder comer solamente por la boca

no poder ver una datilera nacer

y dar dátiles

las palabras tienen sentidos

andar y no andar

dormir y no dormir

nacer, tener un hijo,

darle un nombre

 

 


 

 

Ana Estaregui (Sorocaba, 1987). Es autora de los libros Chá de Jasmim (Editora Patuá, 2014), Coração de boi (7letras, 2015), Dança para cavalos (Editora Fósforo, 2022) y Fazer círculos com mãos de aves (Editora 34, 2025). Aparece en la antología Uma alegria estilhaçada, poesia brasileira 2008-2018 (Escamandro & Macondo, 2020), de Gustavo Silveira Ribeiro. En 2018 recibió el Prêmio Governo de Minas de Gerais de Literatura en la categoría de poesía. Actualmente realiza talleres de creación poética.

 

Sergio Ernesto Ríos (Toluca, 1981). Es director de la revista de literatura Grafógrafxs y miembro del Sistema Nacional de Creadores de Arte. Publicó los libros: POE/CIA (Herring Publishers, 2024) y El ganador del primer premio del centro de estudios interplanetarios (Periferia de escribidores forasteros, 2019). Tradujo del portugués: Poemas (7letras, 2025) de Heyk Pimenta y Pasen las legiones con los huesos expuestos + Algunos prefieren batallas perdidas apuntes para una poética de Donizete Galvão (Viralata, 2024).



* Estaregui, Ana (2021), Danza para caballos: un experimento de escritura. [Tesis (Máster en Literatura y Crítica Literaria)]. Programa de Estudios de Posgrado en Literatura y Crítica Literaria de la Pontificia Universidad Católica de São Paulo, São Paulo. Disponible en: <https://repositorio.pucsp.br/jspui/handle/handle/24211>

WINGSTON GONZÁLEZ ARMAS DE SALVACIÓN, XXV

 





william eagleston






retrato con madona, santos y granero encontrás
cámara en mano, abrazás la sal del universo
la reproducís, la reescribís, deconstruís
el sonido del agua cuando un cuerpo desespera

ñandús corren por tundra asombrosa
destrucción de pechos, presencias fijas, preguntas
cosas obvias, lugar exacto, sentido, palabra limpia
en brizna de paja, exaltada, una voz pregunta
porqué un ñandú correría por tundra si apenas
sé qué es tundra, si apenas, he imaginado ñandú, apenas
su imagen incompleta, su rasgo de plaga, ese
retrato que rompe este poema, la pequeña hermenéutica
de la plenitud difícil de los besos, de las fotografías
en la pared de tu cuarto, tus recuerdos
plenos de resonancias muertas, qué
qué significa ser pleno
si hay que romperlo todo, qué significa el verdor
tras puerta y nube de cigarrillos a dos centímetros del techo
dibujando un cuerpo, secando piel que suda
sombra del nosferatu, jóvenes británicos
pub fantasma del Yorkshire, arrabal maldito
posibilidad monstruosa, asomada
en el frontispicio de un cine que abandonamos
a fantasmas que nunca vieron estos pueblos, dentro
del vientre de una batalla contra imagen hundida
en sofás baratos, tv technicolor, de lado a la herencia
la miseria de pariente extranjero cuya calavera asoma
por el cierre de los pantalones mientras el agua golpea
tus recuerdos, dispersos, el tiempo atípico
el leve simulacro de traducción que suena en las palabras
que escribo para ti, animal intraducible
cuando en O brother where art thou brilla arrodillado
ese mismo muchacho, dentro de la canción
de tres sepultureros negros cavando lluvia muy lejos
lejos
del lugar en que le encontrás, redundante, innecesario
bar alegre y oscura piedad, insolación adolescente irritable
le tirás
lazo, llamada telefónica, pantalla plasma
a él que no es valiente, que no es bravo, que jamás
amasa coraje para emborracharse y perder
el control que queda de la vida; maceta al océano
o hipopótamo que habla de amor cara a un ataúd
ya no sé, la vida, ya no sé dónde alzar
el niño mugriento que a las dos de la tarde
despierta un domingo y piensa
en el fondo ofendido de esta ciudad, en esta marcha
que exhibe el espectro imantado
de mi cabello agua, cabello luz, cabello placidez municipal
factura incendiaria que baila como el mar

como una tabla de felicidad en un pueblo
……………..que no habla bien
……………..de la felicidad

 


EMOTIONAL RESCUE: LUIS REBAZA SORALUZ. LA CUMBIA DEL TORO

 






PANCHO GUERRA GARCÍA









Su don ya no es estéril: su creación
la segura marcha en el abismo.
JOSÉ LEZAMA LIMA

Para Edgar O'Hara y Carlos López


Ya en el abismo y -mulo al fin-
olvida el caminar.
Piensa, y su conciencia
es menor a la física caída. Un sol
azucarado atardece en su cuello,
en el lomo curvo por los brazos
de un sueño, donde una joven cebra
es la exótica belleza; antídoto
al que recurre en el abismo.

Al tonto grito las aguas callan
y el cielo precipita una delgada
cortina. Su cuerpo se afila en duro alfeizar
de piedra. Y el agua hace eco al sonido
de cascos estropeando el desfile
lavado por la lluvia. como reloj solar,
una sombra parece aproximarse
al punto medio. Esforzado el paso del hombre
sobre el río, más al filo del mulo,
más ancho el cuerpo y el abismo.

El hombre al otro lado y el mulo
pensante en dirección contraria.
¿Pero, cuál retorcede? ¿cuál avanza?
Qué levanta su pata delantera
¿Una esfera de cébridos países?
El musgo que la piedra fabrica
y el torso de una hembra se confunden
en la mente del mulo.

Un toro furioso galopa tristemente
en todo apagado mulo,
un toro escribe el círculo
que desciende su peso iluminado
en el abismo. De dos mundos
consta el universo; la muerte
de un pie en el aire. De una venda
en los ojos consta cada noche,
el sueño previo al nacer es un mulo
ciego al borde del abismo.

Lento, en su paso tenso,
inmoviliza el mundo.
A cada paso suyo el río crece
en la tarde y la escritura es hiedra
que aumenta el rastro dejado
por la lluvia. Piensa.
Tan solo como sólido,
en sus acciones sucede
del seso al paso. Ha vuelto
el caso en un eco de sismo
y su grito la creación parece.

La lluvia descubre las fisuras,
lava los ojos circulares
del mulo osado y gritando
su fuerza taurina contra el viento.

La ciencia es vana al mulo
que mastica un libro y sopla una flauta
en su garganta. Y el toro embiste. Piensa;
y su conciencia responde al movimiento.
Es el paso seguro, es el ritmo moral
que hacia el frente dirige en el filo
empinado. Y cae un hombre

junto al otro que el mulo ha soltado
hace tiempo en el abismo.
A la caída, otra luz de razón
ilumina al mulo perdido en el borde,
mientras su creación de un mundo
aumenta en otro grito
la noche de un abismo.


martes, 2 de diciembre de 2025

teaser: GASTÓN AGURTO/ UN AVIÓN QUE SE ESTRELLA TODOS LOS DÍAS

 

















FELIPE CUSSEN/ CÓMO NO DECIR NADA

 

Hace algunos meses discutíamos con Martín Gubbins algunos de los poemas que entonces escribía (y que ayer nos presentó (2)), basados en la formación de palabras a partir de las letras contenidas en un vocablo mayor. El valor de estos juegos consistía, evidentemente, en encontrar la mayor cantidad de términos, pero mientras los revisábamos comenzamos a discutir hasta qué punto ese rendimiento era necesariamente la medida de una mayor o menor efectividad expresiva. Implícitamente, también estábamos pensando en una serie de prácticas experimentales cuyo énfasis está puesto en el agotamiento de las posibilidades disponibles de un determinado procedimiento o tecnología. Y entonces comencé a apuntar algunas preguntas que quisiera plantear hoy: dentro de las innumerables experimentaciones poéticas contemporáneas, ¿qué espacio cabe para un uso no definitivo sino parcial de esos hallazgos? ¿Qué ocurre si decidimos explotar una técnica vanguardista sólo a medias, o en una dirección contraria a la que se supone que debería tener, o detener la maquinaria cuando el experimento aún no se ha terminado? ¿Es posible un titubeo, una retracción?


Eran preguntas retóricas, por cierto, pero no inocentes. Calzaban con una tendencia latente en algunas obras que había preparado en años anteriores, y surgían ahora como una justificación tardía. Podían servir, por supuesto, de excusa para una performance inmóvil (3). O para una sextina que realicé sin siquiera intentar mantener las estrofas que contuvieran las 6 palabras-rima, sino escogiendo simplemente seis versos-rima que se combinaban sin ningún esfuerzo(4). O un soneto que, en realidad, era un texto en que cortaba pedazos de prosa incrustándoles las rimas perfectas de un soneto de Lezama Lima(5). O un libro con sus páginas cortadas en tres, pero en el que la última sección repetía siempre la misma frase, como un ostinato, y así reducía la cantidad de combinaciones posibles (6). O el que, según creo, es el primer poema-mascota virtual del mundo:

Me siento incómodo con mi cuerpo arriba de un escenario y no sé improvisar. No me creo capaz de escribir bien una sextina o un soneto. Una vez que me he propuesto trabajar con una restricción, limito su aplicación porque pierdo el impulso. Mi relación con todo tipo de técnica es ansiosa pero torpe. He perdido mucho tiempo solucionando los aspectos visuales o gráficos de una presentación, y aún más editando un poema sonoro, ocupando procesos muy engorrosos que, probablemente, se solucionarían con una función del programa que aún desconozco. Como no sé hacer animaciones, he tenido que suplirlas con lentas sucesiones de diapositivas en powerpoint. Dudo que alguna vez pudiera desarrollar un software. A estas alturas de mi vida, ya he asumido que nunca podré hacer un poema holográfico, ni menos producir un conejo verde. Aunque tengo un computador moderno y sofisticado, no soy moderno ni sofisticado.

No soy original, tampoco, en mis planteamientos. A pesar de los excesos de optimismo y seriedad en las vanguardias y neovanguardias, también ha habido espacios para la ironía y el descreimiento, o al menos la soltura y el juego. Hoy mismo, en esta era de fetichización tecnológica, se rescatan ciertas estéticas del error (como el «glitch» en la música electrónica) y retro (el movimiento «8 bit» en el mismo campo), o el uso de herramientas sencillas con fines más banales o deformadores (como el género «flarf» en internet). Hace algunos días leía también la propuesta pedagógica de de Kenneth Goldsmith, su «uncreative writing», sugiriendo como técnica básica el traslado de un contenido hacia distintos contenedores, es decir, la escritura como simple copia. Todas estas tendencias parecieran oponer su sencillez o intrascendencia a aquellos ímpetus cibernéticos que Marjorie Perloff caricaturizaba en uno de sus ensayos: «As in any case of any medium in its early stages, digital poetry today may seem to fetishize digital presentation as something in itself remarkable, as if to say, ‘Look what the computer can do!'». Pero también podríamos revertir esa misma acusación en mi contra: «Look what the computer can do wrong!» o «Look what the computer can’t do!».

Sería una estupidez, sin embargo, que esta acumulación de prevenciones y falsas modestias impidieran mi acercamiento como lector a las producciones basadas en técnicas que nunca llegaré a manejar plenamente; la oportunidad de conocer y aprender de todo el rango de sus posibilidades es justamente una de las principales motivaciones para encontrarme aquí hoy. Es evidente que el uso del cuerpo, las matemáticas o la tecnología son capaces de marcar una expansión insospechadamente fértil para la poesía, llevando a un uso casi infinito de todas las posibilidades del lenguaje. Pero creo también que cada uno de nosotros debe detenerse a evaluar las propias capacidades e intenciones. ¿Qué ocurre, por ejemplo, si nos damos cuenta que, a pesar del entusiasmo, nuestros experimentos no dan para una digna emulación, ni siquiera para una mala parodia? Como en cualquier tipo de producción artística, considero ineludible una reflexión profunda sobre las características específicas de cada herramienta, de cada soporte, por lo que es preciso un conocimiento de esas posibilidades antes de tomar como opción estética la subutilización. No es un primitivismo impostado, ni una negación de la técnica, ni menos flojera, sino una conciencia crítica: si asumo que no soy capaz de recorrer hasta el límite las posibilidades de la plenitud y exuberancia de los procedimientos, renovándolos y cargando de sentido, debo girar para encontrar los riesgos que se abren, también, en los usos parciales, los tiempos muertos, los efectos fallidos, la ambigüedad y el malentendido. No se trata, entonces, de una vuelta conservadora a los usos mesurados del lenguaje convencional; se trata de encontrar, en la renuncia, la posibilidad de un descontrol que no es tan distinto al desenfreno del optimista.

Es necesario, entonces, disolver la idea de vanguardia como una búsqueda en una sola dirección: los límites no están sólo al frente, también están detrás, o al interior de cada palabra. Y esos límites los podemos traspasar mediante un uso excesivo de la sintaxis, la combinatoria o la explotación de su carga gráfica o sonora pero también mediante su vaciamiento. Es esa dirección negativa la que me ha interesado desarrollar, buscando una pérdida progresiva del sentido. Una forma de hacerlo es la problematización irónica de los formatos, ya sean clásicos o experimentales, en los ejemplos ya citados. La otra es el intento por dejar los contenidos de mi mensaje en un plano cada vez más distante, por ocupar las palabras para decir cada vez menos.

Hace años venía rumiando esta pretensión, pero sólo recientemente he llegado a la convicción cierta de que no tengo nada verdaderamente importante que decir al escribir poesía, que no tengo un mensaje particularmente atractivo para el resto del mundo ni para nadie. Un artículo de Ian Wallace plantea este problema como una marca del contexto contemporáneo: luego de siglos en los que la cultura ha acumulado obras maestras que dicen muchas cosas, «the ‘something to say’ given by literature is no longer needed, or rather, the preservation and accumulation of ‘great works’ renders contemporary works into pathetic clichés of greatness». Ahora, entonces, «we have nothing to say. That this is true is indicated by the fact when literature does maintain an attempt to say something of importance, it inevitably talks about its own emptyness». Y ésta es la experiencia de desprendimiento de la que otros poetas contemporáneos también dan testimonio: al indagar en las posibilidades de la retracción del lenguaje cabe la posibilidad de ir desapareciendo lentamente, no sólo como sujeto, sino como conciencia y comprensión. Luis Cardoza y Aragón lo explica inmejorablemente: «Yo escribo lo que no puedo decir. / Yo escribo lo que no puedo callar. / Cuando dije algo y después no lo entiendo, lo dejo, tal cosa quería decir. / Yo sólo quiero escribir lo que no entiendo». Del mismo modo, Ulises Carrión se sitúa en esta incertidumbre: «Yo no quiero ni puedo imponer un contenido porque no sé qué quieren decir exactamente las palabras (¿y cómo saber si el lector sabe?)». Pero es allí, precisamente, donde, una vez perdida la intencionalidad, surge la capacidad de provocar nuevas relaciones: «en mis textos las palabras no cuentan porque significan esto o aquello para mí o para alguien más, sino porque, juntas, forman una estructura. Esta abstracción de los contenidos particulares es, precisamente, la mejor (no la única pero sí la mejor) posibilidad de contener su propia negación».

Es ese punto donde creo que se reúnen estas reflexiones: no sólo se trata de la subutilización de los procedimientos, sino también la subutilización de las palabras. Vaciar sus significados, inutilizarlos, y buscar allí la posibilidad de una liberación, de una subversión. No ocuparlas para lo que sirven, sino para otros fines. Hacer como que escribo, pero no escribir, hacer como que hablo, pero no hablar, hacer como que digo, pero no decir.

La poesía es la mejor manera de quedarse callado.

 

NOTAS

(1) Este texto corresponde a una conferencia leída el 30 de agosto de 2008 en el Encuentro Internacional de Poesía Experimental «Amanda Berenguer», realizado en el  Centro MEC, en Montevideo, bajo la curadoría de Clemente Padín.

(2) Se trata de los poemas correspondientes a su serie Escalas, que fueron presentados en una performance el 29 de agosto en el mismo Encuentro.

(3) Esta «Performance» la presenté antes de mi conferencia, y consiste en un texto leído en el que el performer no realiza ninguna acción.

(4) «Courant dolorosa», incluida en la antología Diecinueve (Poetas chilenos de los novena), compilada por Francisca Lange.

(5) «La verdad sin dobleces», incluido en la misma antología.

(6) Esto es la globalización:, editado por Foro de Escritores el año 2005.

 

 

JUAN JOSÉ RODINÁS/ GENÉTICA E IMPOSTURA DE LA EMOCIÓN EN EL POEMA

 

                                                                                                                                               rebecca law beauty



Es casi aquí, es, digamos, es casi bueno, a
distancia, acercarse, es bueno, casi, va hacia, eso va
hacia bueno, en lo bueno, eso no es nulo, es eso
casi, va, bien si un poco todavía va, es muy regular
pero, casi, eso es la mitad bueno pero eso va en la
buena dirección, es casi, agarra, pero, va, es si,
bueno, pero, casi eso, delante, detrás, el uno contra,
dentro, sobre la buena vía de hasta casi la mitad de
distancia tiende hacia este todo también bien.
CHRISTOPHE TARKOS, “cuadrado 21212155578637234251353”

 

 

Cuando se habla de poesía de la emoción, de arte emotivo, de literatura pasional, presumo que estamos ante un prejuicio o, quizás, ante una idea abstracta y quizás ligeramente demagógica. Desde luego, la primera pregunta es ¿qué nos emociona? Escribo esto mientras escucho el disco Discipline de King Crimson y, aunque a mí me conmueve, no sé si es objetivamente, ontológicamente emotivo. ¿Hay acaso un “ser” de la emoción? ¿Posee la emoción un código genético que el artista pueda administrar eficazmente desde sus dotes expresivas? Francamente no lo creo, aunque sí opera una dinámica que puede esclarecer ese planteamiento sobre la emoción literaria. El lenguaje está constituido de palabras y de reglas que están escritas, pero que se van reescribiendo diariamente en el uso del lenguaje oral, escrito, mediático e hipermediático. Quizás el asunto clave está más bien en pensar que entre más obediente eres a las reglas vigentes en ese contrato social que es el lenguaje podemos escribir poemas más emotivos. ¿Es esto así? ¿Son Danielle Steel o André Rieu artistas emotivos? Y, si la respuesta es afirmativa ¿serían Xenakis, James Joyce o José Miguel Ullán artistas de la frialdad, de la dureza, de la indiferencia? Quizás Paulo Coelho pensaría que sí. Quizás algunos suscribirían esa opinión. Yo diría que Xenakis o Ullán más bien trabajan sobre coordenadas emotivas irregulares, imperfectas, caosmóticas, que demandan lecturas tabulares y que, solo quizás, son autores preferidos por públicos minoritarios. De todos modos, los hitos intermedios son los que hacen interesante este asunto. Puntos intermedios: Gonzalo Rojas, Jorge Esquinca, Juan Gelman, pero ¿es Gelman un poeta de la emoción? Alguien podría decir: “sí, después de todo habla de amor ¿no?”. Desde luego, no en todos sus poemas. Además, Gelman tiene textos de filiación, de inquietud hermética. ¿Son estos textos (los de Mundar, por ejemplo) menos emotivos que los que aparecen citados en las películas de Subiela. No lo creo.

El problema que yo veo con la idea del “poema emotivo” es que se confunde una característica formal del texto con el fenómeno de su recepción (e incluso más allá, sobre un concepto impuesto al acontecer de tal recepción). Desde luego, ambas cosas estás relacionadas, pero no son lo mismo: ser entendido no es lo mismo que conmover. Puedo entender que un poeta se defina como de “línea clara” o a favor de la tradición porque son rasgos –más el primero que el segundo- que se pueden evidenciar materialmente en los textos. Sin embargo, la idea de la emoción es muy ambigua. Para explicar esto podemos partir de un punto: la mayoría de los poetas contemporáneos pretenden crear un consenso alrededor de su obra, pero sin perder el prestigio de su insularidad, el aura de su carácter ideosincrático. Esa propuesta paradójica (legitimación y singularidad) va precedida de una voluntad de ser entendido (incluso en ese entender no entendiendo, incluso si ese entendimiento se desliza como intuición) y de singularizar su uso del lenguaje. Sin embargo, nada garantiza que un modo específico de trabajar el lenguaje emocione a todas las personas o incluso a algunas fijadas como lector ideal o target específico. Cabe anotar que incluso algunas campañas publicitarias donde intervienen antropólogos, publicistas y expertos en retórica fracasan. ¿Por qué? No quiero atribuir esto al misterio, sino a algo menos metafísico, pero quizás más complejo: a las sutilezas del movimiento, a las leyes del caos y las características sensoriales de un lector cultural, económica, social y topológicamente situado. Quizás en otro tiempo hubiese sido posible pensar que la emoción y el lenguaje estabilizado por consenso eran equivalentes, en virtud de que el lenguaje mismo era una experiencia comunitaria y la posible comunidad de lectores (o, más bien, de oyentes) era mucho, pero mucho más homogénea: la vida y las palabras no se distinguían (y de hecho esto aún es así en ámbitos donde las comunidades son pequeñas y su sistema simbólico es autocoherente y fluido).

Sobre esto habría que señalar algo. Eduardo Milán al referirse a Mario Benedetti dice que su compatriota traduce el sensorium del hombre medio[1]. A propósito de lo dicho por Milán recuerdo que hace al menos diez años, en una librería de Quito una madre le sugería a su hija que leyera a Benedetti, tomando un ejemplar entre sus manos y mostrándoselo con cálida vehemencia. La muchacha, que no parecía la adolescente que dice no a todo lo que sus padres dicen sí,  leyó el poema y le dijo a su madre: “esto no me gusta”. Ésta es una anécdota, claro, pero subraya la imposibilidad –al menos hoy por hoy-de crear un poema unánimemente emotivo. Quizás hoy seria pensar en un benedetti pessoano que sea capaz de ofrecer un benedetti emo, otro benedetti geek, otro benedetti rash, otro benedetti yuppi, otro benedetti vegano. Tales identidades (que se traducen en experiencias lingüísticas diferenciadas) aparecen tan atomizadas y, en muchos casos, resultan tan divergentes que sólo el mercado cultural como totalidad podría ser ese poema promedio[2]. De hecho, las personas que nacimos en la periferia de Occidente después de la década en que Félix de Azúa señala como la fecha de la muerte del Gran Arte (los setenta del siglo XX), aunque no hay que olvidar que Azúa es europeo, pero tampoco hay que olvidar los aplastantes procesos de globalización y uniformidad planetaria) vivimos una espectacularización simbólica y un control biopolítico tan intensos que una sensibilidad media resulta más bien parte de un juego con el vacío del hombre contemporáneo. El autor colectivo Tiquun en Teoría del Bloom señala que el Bloom (este hombre o mujer sin contenido, característico nuestra época) ya no posee una identidad fija, si no que se enmascara en un juego de identidades finalmente ficcionales[3].

Algo como Dador de Lezama Lima podría parecernos materialidad bruta: lo otro, lo ajeno. Sin embargo, algo como Poemas de la oficina de Mario Benedetti también podría serlo. Desde luego, entre más alejados del lenguaje-consenso estén los juegos semánticos y las propuestas sintácticas del autor, las estrategias de acercamiento al texto deberían ser más refinadas. Pero el asunto central no ése: incluso si la propuesta del autor exhibe mesura, contención y cautela, el poema podría no emocionar. Quizás entenderse, sin emocionar. O al revés. E incluso el lector podría simplemente no reconocerse allí: no hay anagnórisis, no hay emoción. Quisiera utilizar otra analogía. Cuando una persona visita un restaurante de comida rápida, la entrega de la misma es inmediata y se sugiere que su consumo sea expedito. Algo bien hecho que puede servirse rápido y, sin embargo, no emocionar al paladar. Lo mismo podría ocurrir con esos restaurantes de comida molecular o de slow food o de platos OLV, que pueden resultan maravillosos o completamente fallidos. Desde luego, es posible una poesía del consenso emotivo (después de todo el lenguaje-consenso puede tener alcances sobre minorías significativas), de la democracia emocional, pero sus rangos de éxito van a ser limitados. Aunque vivimos en un entorno que fabrica consensos de una forma tan liofilizada, tan acariciadora, y que apenas si nos damos cuenta que vivimos un fascismo reticular de baja intensidad, esos consensos son polimorfos y establecen quiebres y transfiguraciones de acuerdo a juegos que, aunque no son infinitos, sí resultan inconmensurables. Hoy funcionan Lady Gaga y Justin Bieber (productos diseñados con tal precisión que sólo podemos amarlos) pero mañana probablemente no. La caducidad prefijada por la Industria (incluida la del espectáculo) se ha trasladado aleatoriamente a las llamadas “artes serias” y, claro, a la poesía. Francamente, resulta difícil –y desbordado- escribir una historia de la poesía en esta época sin evidenciar una fragmentación que a su vez fragmente y disuelva en caos el propio proyecto historiográfico. Lo interesante –y divertido- es que esa misma fragmentación impide codificar la emoción de una manera estática y que, si bien hoy nos emociona King Crimson, mañana podría ser el día de Cheo Feliciano o de Mamá Vudú. O hasta de Subiela.

 

 

[1] Milán, Eduardo. No hay, de veras, veredas. Ensayos aproximados. Madrid, Libros de la resistencia, 2012, p. 28.

lunes, 1 de diciembre de 2025

FRANK O’HARA: PERSONISMO, UN MANIFIESTO


                                                                                                                                           dave krugman


 

Todo está en el poema, pero a riesgo de sonar como el Allen Ginsberg del pobre millonario, te escribo porque acabo de escuchar que uno de mis colegas poetas piensa que si un poema mío no se entiende a la primera lectura es porque yo también estaba confundido. Vamos, yo no creo en dios, así que no tengo por qué elaborar estructuras tan sólidas. Detesto a Vachel Lindsay, siempre lo detesté; ni siquiera me gustan el ritmo, la asonancia, todas esas cosas. Hay que seguir el impulso. Si alguien te persigue por la calle con un cuchillo, sales corriendo, no te das vuelta a gritarle “¡Date por vencido! ¡Fui estrella de atletismo en el colegio de Mineola!”.



Eso, en cuanto a escribir poemas. Con respecto a su recepción, supón que estás enamorado y te maltratan (mal aimé), no dices “¡Hey, no me puedes lastimar así, yo te quiero!”, dejas que los distintos cuerpos caigan donde tengan que caer; y, aunque sea después de unos meses, siempre caen. Pero no fue por eso que te enamoraste en un principio, por agarrarte a la vida,  así que hay que aprovechar las oportunidades y tratar de evitar ser lógico. El dolor siempre produce lógica, y eso es muy malo para ti.



Y no digo que yo no tenga prácticamente las ideas más elevadas de los que escriben en la actualidad, ¿pero qué diferencia hay? Son nada más que ideas. Lo único bueno es que cuando me elevo lo suficiente es que paré de pensar, y ahí es cuando llega el refrigerio.



Pero cómo te va a importar si alguien entiende, o si sabe lo que significa, o si los hace mejores. ¿Mejores para qué? ¿Para la muerte? ¿Por qué apurarlos? Muchos poetas son como madre madura tratando de hacerles comer a los hijos un montón de carne asada y papas con salsa (de lágrimas). A mí me importa un carajo si comen o no. Comer a la fuerza lleva a la delgadez extrema (effete). Nadie tendría que experimentar nada que no necesite; si no necesitan poesía, mejor para ellos, a mí también me gustan las películas. Después de todo, de los poetas norteamericanos, solamente Whitman, Crane y Williams son mejores que las películas. En cuanto a la métrica y demás cuestiones técnicas, no es nada más que sentido común: si vas a comprarte un pantalón, quieres que sea tan ajustado como para que todos quieran acostarse contigo. No hay nada metafísico en eso. A menos, por supuesto, que te autohalagues pensando que lo que experimentas es “anhelo”.



La abstracción en la poesía, lo que Allen comentaba recientemente en IT IS, es un misterio. Pienso que aparece sobre todo en esos detalles insignificantes en los que es necesario decidir. La abstracción (en la poesía, no en la pintura) supone la eliminación personal del poeta. Por ejemplo, la decisión que implica elegir entre “la nostalgia del infinito” y “la nostalgia por el infinito” define una actitud hacia el grado de abstracción en el que la nostalgia del infinito representa el grado máximo de abstracción, eliminación y potencial negativo (como en Keats y Mallarmé). El personismo, un movimiento que acabo de fundar y que todavía no conoce nadie, me interesa muchísimo porque es tan totalmente opuesto a este tipo de eliminación abstracta que, por primera vez en la historia de la poesía, se está al borde de la verdadera abstracción. El personismo es a Wallace Stevens lo que la poésie pure fue a Béranger. No tiene nada que ver con la filosofía, es arte puro. No tiene nada que ver con la personalidad ni con la intimidad, ¡ni de lejos! Pero para darte una vaga idea, uno de sus aspectos mínimos es que se dirige a una persona (fuera del poeta mismo), así evoca los distintos matices del amor sin destruir su vulgaridad vivificante, y mantiene los sentimientos del poeta hacia el poema mientras impide que el amor lo distraiga con el sentimiento por la persona. Eso es parte del personismo. Fue fundado por mí después de almorzar con LeRoi Jones, el 27 de agosto de 1959, un día en el que estaba enamorado de alguien (no Roi, dicho sea de paso, un rubio). Volví a trabajar y escribí un poema para esa persona. Mientras lo estaba escribiendo me daba cuenta de que si quería podía usar el teléfono en vez de escribir un poema, y así nació el personismo. Es un movimiento muy emocionante que sin duda tendrá montones de adherentes. Pone al poema exactamente entre el poeta y la persona, al estilo Lucky Pierre, y, en consecuencia, el poema queda satisfecho. Por fin está entre dos personas en vez de estar entre dos páginas. Con toda modestia, confieso que puede ser la muerte de la literatura tal como la conocemos. Aunque tengo algún remordimiento, me alegra haber llegado ahí antes que Alain Robe-Grillet. Al ser más rápida y certera que la prosa, es justo que sea la poesía la que liquide a la literatura. Por un tiempo la gente pensó que Artaud lo iba a conseguir, pero hoy en día, por toda su magnificencia, sus escritos polémicos no están más afuera de la literatura que Bear Mountain del estado de Nueva York. Su relación no es más sorprendente que la de Dubuffet con la pintura.



¿Qué se puede esperar del personismo? (Esto se pone bueno, ¿no?)



Todo, pero no lo vamos a tener. Es un movimiento demasiado nuevo, demasiado vital como para prometer nada. Pero, igual que África, está en camino. Los últimos propagandistas de la técnica por un lado, y del contenido, por el otro; mejor que estén atentos.








9/3/59: «El personismo: un manifesto», Yugen N°7, 1961. Aparecido en El placard, adaptado.

 

MICHEL BUTOR. FRAGMENTOS DE LA UTILIDAD POÉTICA

 




Si queremos entender para qué sirve la poesía, podemos apoyarnos en otra pregunta: ¿para qué sirve hacer música? ¿Por qué cantamos?

También la ciencia puede ser considerada un género literario. La ciencia no sólo se hace en el laboratorio, sino también con lenguaje.

A menudo, el texto científico antiguo y caduco lo percibimos como poesía. Desde el momento en que una descripción antigua no tiene más valor científico, reviste un valor de ensoñación, de imaginación.

La poesía intenta poner orden en los conflictos entre antiguos pensamientos religiosos y nuevos pensamientos científicos.

La poesía es crítica permanente del lenguaje monetario.

Sólo una poesía sensible a lo económico puede destruir el lenguaje económico tal y como se encuentra hoy en día.

Se trata, para el poeta, no de tomar posiciones políticas azarosas sobre tal o cual candente problema, sino de transformar la lengua misma.

Una nueva lengua es necesaria para una nueva política.

La tarea del poeta es demostrar las insuficiencias de todo programa político actual.

Estamos en el principio de algo. Ciertamente lo que llamamos democracia no es satisfactorio. Lo que había antes lo era aún menos. Por ello, necesitamos ahondar en el lenguaje para descubrir lo que queremos realmente. Se supone que los instrumentos políticos actuales están hechos para que conozcamos nuestra voluntad. Por ello las encuestas de opinión; sin embargo, los resultados obtenidos nos parecen totalmente desfasados. Se nos pide votar. Pero somos incapaces de manifestar nuestra voluntad dentro de este lenguaje. Las preguntas están mal planteadas.

Hoy resulta imposible considerar una lengua dentro de su torre de marfil. Las lenguas son ventanas abiertas unas a otras. Es vano intentar cerrarlas. Al contrario, hay que abrirlas lo más que se pueda y lograr absorciones recíprocas.



De La utilidad poética (Auieo ediciones, 2012)
Traducción de Stéphanie Robert Le Fur