jueves, 25 de diciembre de 2025

PRIMICIA: MARTÍN ADÁN. DAN Y LOS ANIMALES DIBUJADOS

 

norman rockwell



Dan y los animales dibujados (1971) es una obra tardía de Martín Adán —seudónimo de Rafael de la Fuente Benavides (1908–1985)— que representa uno de los experimentos más radicales de la narrativa peruana del siglo XX. Este libro, fruto de décadas de reflexión y experimentación formal, se ubica en la confluencia entre la prosa poética, la novela introspectiva y la exploración sensorial de la percepción. Adán no busca narrar acontecimientos lineales ni construir una trama convencional: su proyecto literario consiste en transcribir la conciencia, los impulsos, la memoria y la percepción física en lenguaje escrito, generando textos que son a la vez laboratorios de la mente y del lenguaje.

En los fragmentos que se presentan a continuación —“Trance de Poder” y “Mandolina Monocorde”— se observan las características centrales de la obra: densidad léxica, acumulación sintáctica, alternancia entre prosa y prosa poética, saltos abruptos de línea, uso de neologismos y palabras en otros idiomas, así como un ritmo interno que simula la cadencia del pensamiento. Estos textos reflejan la tensión entre la introspección extrema del personaje y la percepción detallada del mundo exterior, desde la intimidad de la habitación hasta el paisaje urbano y natural de Barranco, en Lima.

La edición actual respeta la estructura original de Adán, incluyendo la fragmentación, la disposición visual irregular y los elementos tipográficos que contribuyen a la musicalidad y al efecto sensorial del texto. El lector encontrará en estos fragmentos una experiencia de lectura exigente, que demanda atención a la sintaxis, al ritmo y a la acumulación de imágenes, así como al juego de referencias científicas, literarias y sensoriales que atraviesan la obra.




TRANCE DE PODER

El Iluminado pierde su alma en la impotencia de la acción, de sí mismo, del hecho, del mundo. La antigua fuerza se desliza y huye, erizada, peluda, neutral y pesada de una horrible seguridad, por los nervios fláccidos y gruesos como gatos que se arrastran por las jarcias de los navíos, enfermos de una incurable nostalgia de puerto. Espesos párpados me dio cerrados, estiran una piel donde se transparentan bacilos, espiroquetas, gonococos, unidos uno a uno, en superficiales venillas incoloras. Las manos, individuales, recorren el dorso de los volúmenes, áspero y escabroso camino mural, donde lo rojo se funde en las marmoraciones que cortan esmeraldas de artrópodo. Y el Iluminado no tiene otra luz que la de sus ojos abiertos ni otro calor que el de su bata que le arropa; su corazón, lo siente pesado, inútil: cobriza lámpara vacía. Ah, cuando su alma emergía de él inquieta, ardiente y roja, y quemante llama…

La esposa del Iluminado, con su cuarentena corta de años breves, no puede penetrar ese drama ahogado. A más, para confesarlo todo: tiene un amante el canario. ¿Por qué pedir la dicha? ¿La felicidad es un hombre que arde… apagado? Déjémosle a sus pantuflas, con sus soberbios brazos. Ella mantiene la casa limpia y nueva, la perpetuamente estrenada, ¡barriéndola, sacudiéndola! El Iluminado, sentado a medias sobre su sillón, no se abandona más a sí mismo, a su yo verdadero. El antiguo impulso vital está allí (lo palpa que le jalan de los pies en su peso reconocido y no sus pies reumáticos). Pleno espectador, mas, ay, los instintos, víctimas de su propia confusión, se lanzan con la cabeza baja en el oscuro silencio: son ahora fantasmas omnipotentes, vengativos, burlones, de lámpara vacía, de su corazón, del mundo. Querría ocio (todo en él se vuelve oscuro silencio: profundo, metálico, raro), mas no puede. Querría sentir su pena, mas no siente ninguna pena. El quiere, oh, sí, salir a la calle, franquear todas las puertas, ulular, arrancarse los cabellos con ambas manos, arder, inflamarse, llamear, quemarse, consumirse, desgarrar su chaqueta y su chaleco. Querría todavía arder, amar, sin fin. ¡Qué roja llama, y qué ardor, qué llamear y quemar y consumirse de locura! Impulsan al Iluminado los colapsos de su corazón, los calambres que rozan su cuero cabelludo, el calor y el frío de su carne y de sus huesos, por el principio y fundamento de su corazón oxidado.

—¡Eh, vosotros todos, venid y comprobadme! Muerto está el fuego y la llama, pues ¿qué soy sino la necesidad misma de fuego, la intención de llama, auténtico fuego y auténtica llama? Yo que nací y viví para arder, elevarme y consumirme siempre, estoy frío, sentado e íntegro junto a mi gorda esposa. Miradme aquí, vosotros todos, sabedme aquí miserable con todas las miserias, sin desear nada de mi alma, de mi llama. Compadecedme todos, lloradme todos, constante y humano. ¡Movedme, arrastradme, heridme, matadme al fin! ¡Devolvedme el fuego que han tenido vuestras manos fulgurante y que, sin embargo, no os enciende! Hice mal en abandonaros un alma, una llama, que no os sirve de nada. ¡Eh! ¿qué me importáis vosotros…? ¡Devolvedme mi alma, mi llama! Se han apagado entre vuestros abrazos viles. —¡Si! Dejad, pues, que surja un nuevo fuego, un alma nueva en mí: frotadme contra la tierra, como se frota la yesca contra el pedernal, y el aire elevará mi yo de llama. Me siento pronto a todo dolor, a toda vida. ¡Escuchadme!: ich, tú, él, mesa, Wirrklickheit es happiness, merde, merde, merde.

Toda la habitación del Iluminado —siete cuartos y un amplio vestíbulo— se llena del inmenso, intenso, denso nonsense de sus palabras. Los ecos se despiertan roncos, antifónicos y distintos; soplos acústicos, globos de gas infantiles que estallan, se derriban y retuercen sus gusanillos de caucho apenas tocan los cielorrasos ardientes. Él, el Iluminado, doctor en Ciencias Físicas, Naturales y Matemáticas, quizá Premio Nobel, despliega su bata sobre la faz anterior y desnuda de su cuerpo. He aquí su vientre, inflado y desnudo, su pene azul y pequeño, sus testículos flácidos, sus piernas peludas, lívidas marmoraciones callosas sobre los tobillos. El corazón adentro no es todavía sino un músculo cualquiera, nada más que un músculo cualquiera.

La esposa y la casa se aturden a la voz. Y el Iluminado se ha vuelto perfectamente loco. Todo, sin embargo, está en el mejor de los órdenes posibles; todo, según toda la calle, resuena. Bendita sea la llama de sombra que inflama al esposo. El canario, sobre una pata, las plumas erizadas en su garganta gozosa, gorjea y gorjea…

MANDOLINA MONOCORDE

Se empina, se ladea la isla, boyante; se sostiene sobre un metro de orilla, en el más vertical equilibrio; manifiesta el lado secreto del asentamiento o de la flotación, taraceado de calamares y caracoles; se le desploman rocas azules de las cimas, que exasperan, exaltan la blanca efervescencia del mar. Al reflotar, al reasentarse, ¿qué de asperjes, de cabezas de tramboyos, de honduras, de nudos, de chasqueos de lengua con paladar…! Licuado, el sol, que la nube cala, o por el flanco corre y en el aire cae, goterones unos de frenesí, otros de cera, otros de miel.

Sabed qué es un día en Barranco: el esfuerzo de un cholo que sube un volquete por el talud del ferrocarril; un viejecito decente, todo ceño, mostacho, mentón, cigarrillo en boquilla, que, ante el sol poniente, no alcanza a soltar un regüeldo; una mirada que lleva toda la bárbara tristeza de una pared de roja luñidura, donde percute, con huella de impacto, la música de la banda militar; una coyuntura de solitarias calles que habrán previamente pintado nuestros ojos de los colores preferidos, o una calle al óleo, toda brillo y sombra, teoría de inmuebles y espolios; una blanca pared que tan bien ensambla con el cielo al fondo, blanca pared que acaba de traspasar un vuelo de alomas negrales, blanca pared en que nunca nada tiene sombra; jardín-eucaliptos de hoja lineal; saúcos de hoja lustrada; fresnos de hoja lela; ficus de hoja de piel de la planta del pie; raros árboles de hoja de humo o que no se ve; y apenas se oye; algo más que una percepción; un giro de alma.

Sobre todo, un día en Barranco es una tetera sobre una mesa: un fresco pintado en una entreventana, una paloma silenciosa de la cual toda cabezada, todo paso, todo gesto conspira a esclarecer el pavón de la pluma. Aquí, vivir es contener el aliento, medir el tiempo en la intensidad de lo mínimo, en la vibración imperceptible de la materia, en la palpitación oculta del día.


Notas 

1.      Contexto histórico y literario:

o    La obra se inserta en la literatura peruana de posguerra, caracterizada por la exploración de nuevas formas narrativas y poéticas.

o    Martín Adán retoma elementos del modernismo, el vanguardismo y la narrativa introspectiva, proyectando la experimentación formal hacia límites inéditos en la prosa peruana.

o    Influencias externas incluyen surrealismo y flujo de conciencia, adaptados a la sensibilidad urbana y local de Lima, particularmente Barranco.

2.      Innovación formal:

o    Fragmentación y saltos de línea reproducen la cadencia del pensamiento y la tensión perceptiva.

o    Neologismos, términos científicos y expresiones en otros idiomas amplían la percepción semántica y sonora, desafiando la lectura lineal.

o    Repeticiones y acumulaciones verbales generan musicalidad interna, reflejando los ritmos de la conciencia y emoción del personaje.

3.      Fusión de lo íntimo y lo externo:

o    “Trance de Poder” concentra introspección extrema y conflicto existencial.

o    “Mandolina Monocorde” expande la percepción hacia Barranco y el entorno urbano y natural, integrando objetos, paisajes y movimientos en la conciencia del observador.

o    Ambos textos muestran la intención de fusionar experiencia subjetiva y realidad sensorial, expandiendo la conciencia literaria.

4.      Importancia tipográfica y visual:

o    La disposición fragmentaria, paréntesis, saltos de línea y neologismos son parte integral del efecto de ritmo y tensión narrativa.

o    La tipografía y los espacios refuerzan la musicalidad y la percepción sensorial del lector, generando un flujo continuo de conciencia.

5.      Recepción y legado:

o    Inicialmente percibida como difícil y radical, la obra se consolidó como texto fundamental de la literatura peruana contemporánea.

o    Influenció a escritores posteriores en la prosa poética, la experimentación formal y la exploración de la conciencia y percepción sensorial.

o    Su importancia histórica radica en haber ampliado los límites del lenguaje narrativo y anticipado tendencias modernas de experimentación literaria en América Latina.

6.      Recomendaciones para estudio académico:

o    Analizar neologismos y términos científicos en relación con la percepción del protagonista.

o    Observar fragmentación y saltos de línea como elementos estructurales, no meramente visuales.

o    Considerar la obra como laboratorio literario de percepción, ritmo y lenguaje, donde cada elemento textual contribuye a la experiencia estética y cognitiva del lector.


 

martes, 16 de diciembre de 2025

MAURIZIO MEDO. DUBROVNIK: UNA FICCIÓN DE LA REALIDAD* (2)

 






El humor croata no irrumpe ni solicita atención, no se presenta con la cortesía de un gesto ni con la estridencia de un remate, sino que se desliza, casi a su pesar, por debajo de la conversación como una corriente fría que no busca convencer a nadie de su existencia y que, sin embargo, termina por adormecer el entusiasmo ajeno con una eficacia que ninguna carcajada lograría igualar. No es un humor que se explique, porque explicarlo sería  traicionarlo, ni uno que se ofrezca como alivio, pues su función no es consolar sino recordar, con una ironía paciente y minuciosa, que toda euforia es provisional y que toda solemnidad merece, como mínimo, una pausa incómoda.

En Croacia se aprendió temprano que la historia habla demasiado y escucha poco, de modo que la risa, lejos de ser una explosión liberadora, se volvió una técnica de economía emocional, una forma de administrar el desgaste sin llamar la atención, una sonrisa que no aspira a ser compartida y que, por lo mismo, resulta profundamente sospechosa para quien necesita confirmación constante de su ingenio. El humor, aquí, no seduce ni persuade; observa, toma nota, deja pasar, como si supiera que los grandes gestos suelen ser los primeros en desaparecer cuando cambian los mapas. Hay en esta ironía una lentitud deliberada, una negativa  a responder en el tiempo que impone el espectáculo, como si cada ocurrencia cargara consigo el peso de haber visto demasiadas promesas incumplidas, demasiados himnos variando el sentido de la letra pero sin cambiar de compás. Por eso el humor croata desconfía del énfasis, se repliega ante la emoción exuberante y considera la risa abierta una forma menor de propaganda, útil para los imperios breves y para las industrias que confunden atención con sentido. Reír, en este contexto, no es un acto social sino una estrategia íntima, una manera de seguir caminando sin hacer ruido mientras el mundo insiste en desfilar, convencido de que alguien lo está mirando. Y es quizá por eso que este humor, austero hasta parecer inexistente, termina siendo más duradero que cualquier espectáculo: porque no busca aplauso, no espera respuesta y no se ofende cuando nadie se da vuelta.

 

EPISODIO 1: Donde las murallas aprenden a reír


En Dubrovnik, ciudad en la que las las murallas se retuercen y se arremolinan como serpientes de piedra que han bebido demasiado sol y cuyos  adoquines brillan con una insolencia histórica que ningún archivo logra domesticar y los turistas tropiezan en la geografía como lectores de mapas escritos por alquimistas borrachos, el humor no comparece como ornamento ni como alivio retórico sino como sustancia primera de la existencia músculo vital catecismo sin confesor, alquimia de café negro rakija temprana y aire salobre. Aquí se comprende no por deducción sino por contagio que la risa croata se despliega como una epidemia codificada en refranes que condensan siglos de experiencia sarcasmo y administración del desastre y cada frase, cada murmullo, cada chanza, se vuelve hilo conductor de una cultura que ríe incluso cuando debería llorar.

El inat, ese orgullo obstinado del espíritu balcánico, lejos de coagularse en resentimiento, se traduce aquí en carcajada cotidiana, ironía automática, resistencia civil y estética en chiste que atraviesa cafés, callejones, y corbatas imposibles, como si fueran puentes invisibles hacia una eternidad sin solemnidad. La risa no es evasión sino forma de gobierno mínimo, una pedagogía sin cátedra que administra la cercanía permanente de la catástrofe sin convertirla jamás en religión.

Entre espresso ristretto y rakija comparece entonces el eco de Cervantes conocido secretamente como Servet, prisionero de piratas berberiscos en Argel entre 1575 y 1580, ensayando fugas que fracasan una y otra vez, murmurando versos en los que ya palpita la ironía de un Quijote todavía no nacido y observando encadenado cómo la risa sobrevive incluso al cautiverio absoluto como espuma persistente en una taza mínima de café negro. Mientras los piratas discuten con gravedad absurda la longitud de sus propias corbatas, Cervantes anota mentalmente que si el hidalgo cabalgara por Stradun Dulcinea sería eslava. La Historia conspira así para enseñar que el humor es filosofía práctica espada y escudo mapa y brújula remedio y conjura simultáneos.

Los bećarac flotan sobre plazas y tabernas mezclando insulto y elogio, deseo y burla, en una sintaxis oral que no distingue entre celebración y ataque. Los niños erigen anfiteatros líquidos en los charcos, los gatos ejercen crítica literaria silenciosa, los perros narran tragedias no solicitadas. Los taxistas abandonan turistas en callejones inexistentes y declaran con gravedad hermenéutica que la ciudad ha decidido otro comienzo. Aquí perderse es método, equivocarse es rito y la confusión sacramento, en tanto la poesía solemne permanece en las alturas, incapaz de contener la volatilidad vital de una risa que se despliega en cafés corbatas refranes y charcos.

 

EPISODIO 2: Un ensayo que no se deja archivar




No existe un acervo de chistes croatas pretenderlo es como exigir que el sauce dé uvas y aun así la tentación clasificatoria persiste porque la academia confunde perseverancia con método. El humor croata no se conserva, se ejercita, se transpira, se traga antes del desayuno con un vaso de rakija, y quien no lo hace corre el riesgo de ser observado con desprecio por un perro invisible que ladra solo por sí mismo ,como si el mundo entero fuera un teatro de abstracciones y uno apenas un actor que llega tarde al ensayo.

A diferencia de la amargura que se estaciona en la solemnidad y espera devoción con ceja arqueada, el humor croata se retuerce, tropieza, se golpea contra la pared de la historia, y se levanta agitando su abanico de ironía y proverbios. Sin esfuerzo no hay aprendizaje, pero nadie dijo que el esfuerzo no pudiera ser risible, performativo, incluso grotesco, como estudiar metafísica mientras se mastica pan rancio pensando en la última crisis municipal.

En este teatro de tensiones aparece Kusturica como orfebre del folclore exportable, afinador de acordeones simbólicos, fabricante de un humor impostado que se contempla demasiado y se vuelve postal. Frente a él irrumpe Žižek no como representación sino como detonación mezclando filosofía con chistes obscenos y teoría con la eficacia de quien arroja pólvora en las salas de profesores en los que uno estiliza, el otro desordena donde uno embalsama el otro contamina. No es una disputa estética sino epistemológica porque el humor auténtico no ilustra identidades las descompone.

Hay aves que vuelan en espiral para burlarse de la geometría. En ese punto las farmacias antiguas la de los franciscanos o la atribuida a Alighieri, dejan de ser depósitos medicinales para revelarse como habitáculos  simbólicos en los que se dispensan ungüentos contra la vecindad histórica, jarabes de paciencia, pomadas de ironía para paliar trastornos crónicos de convivencia balcánica. No curan el pasado lo vuelven soportable y risible. 

Dubrovnik deja de ser ciudad y deviene órgano palpitante corazón abierto que late con carcajadas minerales. Caminas tropiezas, bebes, escuchas, y entiendes riendo, que la risa croata no es ornamento cultural sino condición de existencia. Y si todo esto es exageración bendita, exageración porque confundir la vida con un pie de página es el único error que aquí no se perdona.

 

EPISODIO3: Nota sobre la risa cuando se le quita el cuerpo



Conviene ahora retirar el ornamento no por virtud sino por método. Si lo anterior opera por proliferación este episodio procede por sustracción deliberada. No añade resta. No celebra enumera. No ríe, observa la risa como si ya hubiese ocurrido y dejara solo un residuo conceptual. Aquí la risa no es experiencia sino objeto. No es universal no es espontánea no brota del carácter ni del clima ni de la identidad. Es una técnica de relación con la contradicción. Donde la contradicción se reprime aparece la solemnidad. Donde se administra aparece la ironía. Donde se habita aparece la risa.

Desde esta perspectiva no existen humores nacionales sino regímenes históricos de gestión del conflicto. El problema comienza cuando la risa se estetiza hasta convertirse en representación, cuando pasa a ilustrar lo que debería interrumpir. En ese punto pierde su función principal: desactivar el exceso de sentido y comienza a confirmarlo. Ya no corta decora. Ya no incomoda tranquiliza.

La corrección política no elimina el humor lo neutraliza. Produce chistes previsibles sin riesgo, sin desplazamiento, sin costo subjetivo. La risa que no compromete al que ríe es una forma menor de lenguaje, una cortesía sin efecto. Por eso cuando el humor se clasifica, se explica, se traduce, suele ser señal de que ya ha perdido eficacia. El humor verdaderamente activo no se deja explicar del todo, no por profundidad, sino porque opera antes del concepto. Cuando llega la teoría la risa ya ha hecho su trabajo.

Este texto no propone alternativa, fija un límite.No todo exceso es resistencia.

No toda risa es subversiva. A veces la risa es solo síntoma de adaptación exitosa.

El exceso anterior necesitaba este espacio seco para no convertirse en ornamento puro. Este ascetismo sería ilegible sin aquel exceso. No se corrigen se necesitan. Si antes se afirmaba que quien no ríe no participa de la ceremonia, aquí se añade con sobriedad incómoda que no toda ceremonia merece risa.

No hay cierre. No hay epifanía. Solo una pausa.

La risa si vuelve que vuelva sola. Y sin embargo todo queda dicho. Porque si este ensayo ha venido avanzando en espiral,  y retrocedido por exceso,  no ha sido para demostrar nada, sino para ejecutar una operación mínima: mostrar que la risa cuando es real no pide permiso, no solicita marco teórico, no comparece dócil ante el índice ni ante la nota al pie.  La risa acontece o no, acontece y cuando acontece deja residuos que la erudición recoge tarde como quien llega a un incendio con un cuaderno. Aquí se ha exagerado para que el gesto fuera visible. Se ha secado después para que no se confundiera con estilo. Se ha citado para no caer en el grito y se ha reído del formato para no confundir el rigor con obediencia. 

El resultado no es una teoría del humor,  una identidad cultural o  una defensa del chiste, sino una constatación incómoda: que pensar sin risa produce solemnidad y que reír sin pensamiento produce decoración. Todo lo demás —ciudades, murallas, piratas, filósofos, obispos, farmacias, proverbios, cafés— ha sido material de combustión.

El texto se cierra aquí no porque haya concluido sino porque continuar sería repetir el gesto y toda repetición de la risa es ya su domesticación. Queda entonces lo único que no puede archivarse :la interrupción.



Notas:

Dubrovnik fuera de plano


Cuando Dubrovnik fue rebautizada como King’s Landing por la liturgia del espectáculo, Lena Headey (Cersei Lannister) caminó por sus calles esperando el temblor devocional que suele preceder a las reinas de pantalla. No lo hubo. La ciudad, veterana en destronar símbolos, prefirió atender su contabilidad diaria. 

Peter Dinklage (Tyrion Lannister), según comentó en entrevistas, encontró “extraña” esa normalidad que no se arrodilla: la capital de Poniente no se comportaba como set sino como ciudad, error imperdonable para la industria.

Llegaron también Emilia Clarke (Daenerys Targaryen) con su carisma de dragón domesticado por el marketing y Kit Harington (Jon Snow) con su melancolía de héroe exportable. Esperaban reconocimiento, esa forma abreviada de amor que vende el culto al espectáculo. 

Dubrovnik, en cambio, estaba ocupada negociando con el clima, con el turismo, con su propio desgaste. No hay tiempo para la épica cuando el café se enfría y el pescado no espera.

Las declaraciones —pulidas por la prensa— insistían en el desconcierto: que nadie pidiera fotos, que los saludos no se multiplicaran, que King’s Landing no funcionara como parque temático. 

El error fue teológico. Confundieron capital con altar, ciudad con audiencia, habitantes con extras. Dubrovnik, barroca hasta la insolencia, respondió con su crítica más feroz: la indiferencia organizada. Las murallas, que ya habían visto pasar repúblicas y cañones, no distinguieron entre Cersei y una turista más; los adoquines no reconocieron a Tyrion; los gatos —críticos implacables— ignoraron a Daenerys y a Jon con idéntica elegancia.

Así quedó expuesto el dogma del espectáculo: creer que existir es ser visto, que una ciudad debe comportarse como fanbase

Dubrovnik no lo hizo. Hizo algo peor para la industria: siguió viviendo. Y al hacerlo, desnudó la ficción más cara de todas —la de la centralidad— dejando a las estrellas con nombre propio y personaje célebre frente a la única soberanía que no concede close-up: la del tiempo.

 

 Sin Medo a las cámaras

El obispo Marko Medo, titular de la Diócesis de Gospić-Senj, una jurisdicción extensa, montañosa y obstinadamente ajena a cualquier tentación de prime time, dejó caer en una homilía —sin focos, sin plano medio, sin subtítulos emocionales— que “una comunidad demasiado atenta a ser mirada acaba por olvidar qué estaba haciendo antes de posar”

La frase, dicha con la tranquilidad de quien no espera ser citado ni recompensado por su lucidez, parecía destinada a una vida breve y parroquial, pero tuvo la mala educación de funcionar demasiado bien fuera de su contexto.

Medo, claro está, no hablaba de actores con abrigos largos ni de ciudades temporalmente alquiladas por la ficción global; hablaba desde un territorio donde la fe no compite por atención y donde la visibilidad es un problema menor comparado con la perseverancia. Y sin embargo, su observación —desprovista de intención crítica explícita— resultó demoledora para cualquier economía del espectáculo: señaló, sin elevar la voz, que el deseo de ser visto no es profundidad sino distracción, y que posar, cuando se vuelve hábito, sustituye con eficacia alarmante a vivir.

Leída desde Dubrovnik, la frase adquiere un brillo casi cómico: mientras unos interrumpen la vida para demostrar que están en ella, la ciudad continúa con su rutina arcaica y ofensiva para la industria, esa rutina que consiste en no actuar, no explicar, no reaccionar a tiempo. 

El obispo, sin proponérselo, formuló así una teología perfectamente aplicable al turismo cultural y a la televisión de prestigio: no todo lo que convoca miradas merece atención, y no todo lo que importa necesita testigos.

Dubrovnik no citó a Medo, no lo compartió, no lo convirtió en lema. Hizo algo más grave para el espectáculo: siguió funcionando. Porque hay frases que no buscan viralidad y ciudades que, con una crueldad exquisita, las practican sin enterarse.


Bibliografía

Krleža, M. (1983). Balade Petrice Kerempuha. Zagreb, Hrvatska: Nakladni zavod Matice hrvatske.

Krleža, M. (2000). Diarios. Zagreb, Hrvatska: Ljevak.

Ujević, T. (1991). Poezija. Zagreb, Hrvatska: Školska knjiga.

Marinković, R. (1998). Kiklop. Zagreb, Hrvatska: Cankarjeva založba.

Drakulić, S. (1996). Kako smo preživjeli komunizam i čak se smijali. Zagreb, Hrvatska: Algoritam.

Drakulić, S. (2004). O tijelu. Zagreb, Hrvatska: Profil.

Kiš, D. (1989). Enciklopedija mrtvih. Zagreb, Hrvatska: Grafički zavod Hrvatske.
(Autor serbio-croata; inclusión deliberada por fricción histórica y literaria.)

Ferić, Z. (2001). Mišolovka Walta Disneya. Zagreb, Hrvatska: Durieux.

Pavičić, J. (2010). Postjugoslavenski film: stil i ideologija. Zagreb, Hrvatska: Hrvatski filmski savez.

Žmegač, V. (2004). Povijesna poetika romana. Zagreb, Hrvatska: Matica hrvatska.

Biti, V. (2000). Pojmovnik suvremene književne teorije. Zagreb, Hrvatska: Matica hrvatska.

 

 * El presente texto es la continuación del que planteamos en el artículo: Dubrovnik, una ficción en la realidad el día 8 de setiembre en este blog.

MARTÍN PALACIO GAMBOA. HIT

 





 





 De El diario de Lunacharski (2021, Prueba de Galera Editoras - La Plata.

teaser: CRISTAL ALARCÓN. COMO LA CRÍA QUE ABANDONA MI CUERPO.

 

 

alex prager




Una mentira oportuna

 Estos son mis hábitos buenos:

Prender la tele y

quedar absorta.

 

Mamá no para.

Cuando tiene un infarto

me llama por teléfono.

Mastico mis vegetales

y tomo un vuelo directo

a su habitación.

 

Di tres pasos y medio

para nunca parar.

Nunca parar.

 

Estos son mis hábitos malos:

Sacar la basura los jueves

y con un día de tardanza.

 

Me retraso 24 horas,

casi siempre,

como la cría

que abandona mi cuerpo

justo antes de volverse derecho.

 

Le dije a mamá

que se detuvo

que no vino este mes.

 

Fui feliz.

 

Mamá dijo

que era necesario

seguir comiendo vegetales.

 

Sabe que soy un mesero,

que volveré con ustedes

con una ronda de martinis

y aceitunas rellenas.

En España

le dicen tapas,

en mi país

lo llamamos

un insulto al tamal.

 

No puedes comer

tamal y vegetales.

Sería indecente.

 

Parte de la rutina

se encuentra en contarlo todo.

Admitir que soy un mentiroso

también es una mentira.

Una mentira oportuna,

muy oportuna.

 

 

Deudas

 

I

Nos debemos baba y sueño

como las tortugas se deben lechuga y queso.

 

Los abrazos a veces muerden

capaz y los capataces

saben algo de eso

entre tantos trapeadores y mopas

entre limpiadores de vidrios

y paños opacos

entre polvo

cera

y categoría.

 

Sé que los abrazos

después de lavar los trastes

eliminan incertidumbres

y las dejan oliendo a limón.

 

que ventilar las dudas húmedas

en tiernas manos

no disminuye el impacto

de la minería ilegal.

 

Ojalá

pudiéramos hablar

con alguna tortuga

ofrecer un silencioso queso

recibir un secreto del universo.

‘olvídalo todo, desaparece’.

 

También lo dirías tú.

Pero el queso

y la cera

y el polvo

descansarían sin percibirse.

 

 

II

 

Polvo

cera

categoría.

 

He pensado también

en abrazos geniales

abrazos geniales geniales.

Observar

cómo se sumergen,

un estudiante

y la medicina,

el escenario era un taxi

esa noche nos hundimos todos.

 

Categoría

cera

polvo.

 

Me duele

el trapeador

las ganas de salir en la mañana

la gente con vigor

los cólicos ambulatorios.

 

¿Ya olvidamos a la tortuga

y la militancia oficial del ambiente?,

¿es que hubo otra gran revelación

en la naturaleza?

[  ] Sí

[  ] no.

 

La gente escuchó abrazo genial

y fue todo lo que necesitaron,

necesitamos.

 

III

 

La tortuga volvió a depender

de un dedo que le alcance

queso y lechuga.

 

Hay que visitarla más seguido, es un deber cívico.

Vivir con un cableado de cobre, una orden.

 

Quizá sugerencia imprescindible

quizá temor irremediable

quizá propuesta indecorosa

pero prudente.

 

Cera

Polvo

categoria.

 

 

Soy persona

ok

Respiro

Ok

voy en la lista de

no sé que

para no sé qué.

 

Espero mi turno

desde mil novecientos noventa y siete.

Espero mi turno.

Espero mi turno.

Espero mi turno.

 

Abrazo genial.

Mis brazos son brasas

y tú

un bollo de chocolate

ardiendo.

 


alex prager




Thank you for staring.

 

Desistí de la idea

de cercenar mi cuerpo

con un bisturí

para llenarlo de silicona.

 

Desistí

cuando cogiste mis senos

y los besaste

después de escucharme.

 

No estaría malo un boobjob.

Una forma de renovar la carne.

 

Y es que me da tanto miedo

la gangrena y el uso constante de un sujetador

para todo. 

 

Las cuentas de streaming sobregiraron mi tarjeta.

Ya no tengo de donde agarrarme.

 

Me viste

implacablemente

tus manos siguieron su rumbo

en 45 grados perfectos.

Nunca me había sentido tan querida.

 

Pensé de nuevo.

It’s no biggy, it’s a matter of confort and taste.

 

First biggy,

Es un tema de posesión

dijiste.

Son más mías que tuyas

y es probable

que demande al doctor

por quitarme la almohada que acomoda mi sien

la manta que seca mis lágrimas

y el recurso adecuado

para liberar la ansiedad

o frustración.

 

A veces no puedo creer

que la respuesta sea tan obvia.

 

Quizá no lo soporto

como los pobres plomeros

que agachan la cabeza

cuando alguien trata de pagarles

con un billete

y no

con un protagónico

en un mal empleado

guión pornográfico.

 

Second biggy.

Derramé té de cedrón sobre mi blusa,.

Lo hice a propósito.

Usaste tal determinación

que mis latidos

sincronizaron las palpitaciones

sobre tus yemas.

 

¡Qué pulgadas!

 

Creo que ya no está en mi cabeza

nunca más pensaré

en cirugías,

en bisturís,

en siliconas,

o en los bikinis que irían bien

con esta situación.

 

Third biggy,

You’re thinking of one little buddy

 

Querido México

volveremos a ti

por carretera.

Izaremos nuestros brazos en el viento

mientras aquello que hicimos

en nombre de los osos de peluche

llora en la parte de atrás.

No te preocupes

nosotras también lloraremos.

Quizá no de gracia

quizá no de pena

pero, ¿quién sabe?

 

You’re thinking of one little girl

 

Tiene tus ojos,

me dirás.

Pero mis ojos nunca fueron los míos.

Valoraré el no seguir pensando

en aquellas aguachentas bolsas

para conformarme

con las que puedes tocar.

Podemos,

las tres.

 

Nuestras manos

son tan escasas.

 

Recorreremos miles de kilómetros

para chocar con una cerca igual de blanca.

 

Un housejob.

A medida.

 

Predije amplias ventanas

arrullos que se renuevan

para mantenernos aquí.

 

Quién nos viera.

 

México no espera

a que nos apaleemos con tequila

porque nuestros días

se colmaron de

talco y caca.

 

Le leche y los pañales

que prometiste dejar

en el camino ejemplar,

del pompis al tacho,

de la reserva al pompis.

Te sedujeron lo suficiente.

 

Renunciaste a las camisas limpias

y los lentes oscuros.

 

Quien nos viera.

 

Sumergidas

en una órbita divagante

de mugidos

porque nadie dijo nunca agú.

Y todas dijimos: pero tu dijiste mu.

 

Teníamos sueño

y soñamos mucho.

 

Que alivio,

pero qué calor

cuánta envidia se esconde

en la vergüenza de admitir

que la grumosidad

sí nos gusta

y el olor a leche

y pañal fresco.

 

Aunque nunca olimos

aunque no soltamos

aunque there’s no more biggy but my boobs.