miércoles, 10 de diciembre de 2025

teaser: ERWIN HERNÁNDEZ. ANOSMIA

 



    norman rockwell



1

El olfato como una pintura impresionista,

una plasta de luz dosificada o una sierra

pulsátil donde la oscuridad no es oscuridad

sino una cabalgata de fosfenos. No huelo al

animal que detona entre alfileres, el olor no

es nada en lo nocivo: exento de salitre

terrestre se disgrega.

Estar en la frontera de lo difuso, no debajo

ni por encima del agua, sino en medio, en la

capa elástica que separa un mundo de otro y

lo duplica

 



III

Si el cráneo tuviera ecuador se localizaría a la

altura del tabique, por donde se filtran todas las

partículas, lo ínfimo: minucias de desierto. Este

roto, desviado o curvo como un desfiladero se

acrecienta, medita en medio de la cara con el

silencio de un montacargas olvidado. Pero no todo

lo que inhala es real, esencias entran como

supositorios mentales y dejan cristales en la boca;

feromonas componen sogas en la ausencia, se

vuelven combas de lívido en el ojo. Entonces llega

el cansancio de fosa nasal, como un tragaluz sin

cielo se almacena el murmullo del olor, el pez

soluble que habita en el cerebro

 

 

VII

Desorientación, ruidos alados se estacionan,

decoloran el lienzo metálico del cuerpo. Años de

ingerir la misma sustancia corrosiva, el mismo

aroma: autopsia al léxico común. Pertenezco a una

placa cognitiva, pernocto en las entrañas de un

armiño y sueño con doncellas materializadas post

mortem, con suculentas estrofas que iluminan. No

busco el bonus track, ni el cuervo albino disecado.

Busco la sangre medieval que encuentre su cauce en

la materia. Vengo de animales congénitos, soy la

espiral de gravedad donde las cosas dibujan su

constancia. No sé desabotonar la destrucción, no

sé si se echa a perder el entramado del ojo. Sólo sé

ubicarme, aspirar, devorar los restos de la filactelia.

 

XII

Según científicos las palomas torcaces usan

el magnetismo de la tierra para orientarse,

aunado a su mapa de olores pueden recorrer

grandes distancias hasta su territorio. Para

regresar los perros van marcando con orina

su camino. Muchas otras especies también

superan al hombre en alcance y sutileza del

olfato, este déficit humano pudo suplirse

con otras cualidades: la capacidad de

destruir amplias ilusiones, lo que gira en su

conciencia de grafito, el meditado montaje

del amor. En campos de alcanfor estas aves

llegan para morir, los campos no se mecen,

pero el viento como en un velódromo de

sombra las resguarda

 

XXI

Las estrías de un cuerpo

no son bifurcaciones

ni riachuelos adheridos

a la piel,

si no algo parecido

a rojizas salamandras

tatuadas con una púa imperceptible,

un reflejo en la zona hipostasiada

y en el centro

una brasa con destello propio.

En la piel

suaves corpúsculos al morir

dejan su huella,

excoriación.

El tacto

un aserradero

de palabras,

la piel

el posible fuego incinerado


 

norman rockwell





XIV

Oigo el ruido circular de las cisternas, siento un

cuerpo, su tegumento no artificial. El cuerpo:

fracción dentada del entorno. Veo insumos de

carnicería, anginas rotas, un algoritmo. Pruebo

piedra, sabe a sal. Cuatro sentidos activos, me falta

uno, el que se estrella como un buque contra las

blancas paredes del bruxismo. Todo cabe en el

cráneo pero este sólo es una cifra ambulatoria,

espacio angular, confinamiento

 

 

XIX

Igual que segmentos de una costra el cuerpo será

deconstruido en ambiente, succión y dinámica de

flujo. Igual que la lengua predilecta cuando rueda

por las alcancías y los nombres provocan un

cortocircuito al incendiarse. Con un catéter

inutilizado la combustión de ovejas se propaga,

contamina las tumbas aleatorias. Ranuras

esterilizan el duodécimo animal. Como un pulso

de cigarra en el cuerpo laten bosques. Igual que

una cáscara de látex la piel que va a morir se limpia

y se desecha

 

 

XXII

Atrofia operativa, ocular, senoidal. Tumor, mentol,

fermento. Ruido de licor, de ubre, de cecina.

Fulgor en las casillas blancas. Risa afectiva,

mutante, corporal. Verano de homínidos maestros.

Mapa criogénico para embalsamar. Bazar de gripa,

de defectos. Poseído voy de alergia, de chatarra.

Todo a precio unitario de sarcófago. Tiempo de

sigilo. Gramaje, ocultación. Aprendo a atravesar el

elemento prehistórico en la carne. Algo parpadea y

es falso. Sin material de curación, sin brillo, sin

dolor. Inicia el rumor de parafina, la mala lumbre

estacionaria. La voz de las arterias blancas se

esconde


teaser: PABLO LÓPEZ CARBALLO. PLATÓN Y ASALARIADOS

 


erwin olaf




I

 Las ramas decidieron adoptar

las teorías de Fibonacci.

Las hojas dudan pero continúan,

persistentes flujos de savia,

como cables internos en la casa.

Los verdes, ocultándolo, refulgen.

 

 

 

XV

 Bajo la higuera llena de ruido,

sus ojos, como tensar tanza

para banderines de feria,

pulen el cielo. Es acuático

como una casa abandonada.

La naturaleza se inclina

sobre un instante, su hígado

busca insaciable el pensamiento.

Presta atención al sabor.

 

 

 

 XVII

 Se siguen como las migraciones:

distancias que continuarán

—acercamientos y retiradas—

cuando ya no estén. Así el amor:

el azar y unas ramas, huecos

en muros y una promesa constante

de retorno.

 

 

 XVIII

 El pulpo inaugura alfabeto

de ocho vocales. Con su ritmo

arcaico se oculta de seres

que dimitieron del mar hace tiempo.

Sigue pesando la luz y midiendo

la altura de las estaciones.

Desde el día que comenzó a llover

se encoge dentro de su sombra.

Con las ventosas corrige

los excesos del mar para que la tierra

no detenga sus vueltas.


 

 XIX

 Viene de limpiar las esferas

cada mañana, nítido, temprano,

alberga la claridad que no llega

del cielo, sale de sus manos.

Verde como un ojo mirando a junio,

inquieto como la vida en el trigo.

Siempre está a dos días del final.

Edad conmovida,

no hay propaganda en el duelo.

 

 

XXIII

 Empalidece entre palos de huerta.

Rotos los hilos tensores,

pierde peso y altura, se seca

como una rana, o el interior

de un hueso. Tierno y viejo

su corazón es cada vez más verde,

más líquido y sacudido en sintaxis.

Labra tierra por lechugas,

chupa tomates y rinde culto

a la abundancia pocos días al año.

Se mea encima y abre repollos

para espantar santos y fantasmas.

 










 XXV

 La humedad tiene manos familiares. Protocola el reposo con sentimientos de turba. Perséfone para empleadas domésticas, o un sastre que hace colmenas y razona con hilos. Es esa capacidad humana de construir circunvalaciones para acabar regresando siempre a la amargura.



 
XXIX

 Viene del mar, viento contrario

que aniquila a Artemisa:

peces gemelos en el estómago,

agua dulce y salada en la cabeza;

migraña de pozo oceánico,

que le acercan al abismo.

Quiere dormir el instinto

de las anguilas, ser ciega

y sorda pero a cambio

está condenada a usurpar

el aire a los recién nacidos.

 

 XLII

 Lenguaje limpio como de cascabel,

ningún pájaro es neutral. Equilibrio

de estómago, desmesura en el picoteo.

Yendo, como va, por costumbre

e impaciencia —candidez del destiempo—,

petulante, altivo, quedo, el viento

deja en la ventana lo que quiere,

no bate en su entorno ni calcina.

La yerba orienta flores, amortigua

frutos e intuye la rala geometría

de los dividendos.

 

 


 XLIV

 Choca el cántaro con piedras

fijas, todavía de noche,

para ver con las chispas.

Se mueve en tarareos,

sin teorías.

Cómo fingir que no existe,

no admitir a cada instante,

que hay hombres que portan

la luz del día en una cesta,

que tienen fuego en una mano

y agua en la otra, que causan

problemas, que llevan las cuentas

de los cerdos y el trigo,

que escriben con tiza las dudas

y mantienen la moneda

en el aire como engañan

los amantes.

O, de otra manera: tener dos caras,

fingir certezas, callar las esquinas

por las que no se atreve a pasar.

 

 XLVI

 

Como patas de cangrejo se mueven

las ramas, chopo temblón que interioriza

mareas y devuelve las olas

que los pájaros traen. Así canta

el cuco y se esconde el mochuelo.

 

 LXIII

 

Somos huéspedes, suyo es el mundo.

Justo es recibir la picadura

y verlo huir con su nuevo peso

en las afueras de la luz.

Carga con un poco de nosotros,

que no echaremos de menos.

 




 

LXXI

 

Ha volado de rama en rama y nido

toda la mañana. Ahora se agita

entre troncos y quicios,

                                       raída

intensidad de cielos cortados,

tubos de viento por los que se desplaza

y fuga la cordura.

Sigue el rumbo del remolque

como si supiera que arraigan

los restos de poda en otro lado.

 





 

Pablo López Carballo (España, 1983). Estos poemas pertenecen a su libro Platón y asalariados  (Pre-Textos, 2024). Recientemente ha publicado también beso político de cada amor que tengo  (libros de la resistencia, 2024). Sobrevive como profesor de Literatura Hispanoamericana en la Universidad Complutense de Madrid (UCM).

FRAGMENTOS DE MIGRACIONES DE GLORIA GERVITZ (SELECCIÓN DE TANIA FAVELA)

 



jesse marlowe







siempre fuiste la más hermosa


nadie más tuvo importancia 

                                              oh maligna

destiérrame

déjame ir

ten piedad de mí

tú que me has consolado

ayúdame a olvidarte

¿me oyes?

¿estás todavía conmigo? 

                                 ¿eres acaso mi propio eco?

estoy en el mismo lugar 

el mismo lugar donde todo comenzó

donde se comienza

donde todo comienza

ya casi en el olvido

abro las persianas y cierro las persianas 

se pone la mesa y se limpia la mesa

enciendo las luces y las apago 

y doblo la ropa y desdoblo y doblo

y el mismo polvo y la misma estación seca y larga

y los frascos vacíos y vueltos a llenar por si tú vienes

y cae el viento 

y caen las hojas

y caigo

 

 

 

 

 

                                     ¿y a quién le importan estos recuerdos?

ella muchacha con flores

y los vestidos plisados y la boca muy roja sonriendo 

ahora sólo un retrato guardado en una caja de habanos

 

ella con el sol de mediodía

flores blancas

y los dos niños agarrados a su falda

caminando por el Parque México

 

ella que no sabía decir Kadish

despidiéndose en una estación de tren

despidiéndose de padres y hermanos

a quienes nunca más volvería a ver

 

ella

oh tantos sueños que no alcanzaron el mar

 

ella gorda

vieja antes de tiempo

                       ¿cómo pudo ocurrirme a mí?

el pelo recogido hacia atrás

y la mirada de un animal herido

y estuviste distante de los otros

y estuviste distante de ti

y te quedó para siempre el sabor del té

                                     de aquel samovar de tu casa

 

 

 

 

 

 

                sin oponer resistencia

en la espera

                 en la anunciación

en la quietud que antecede a la visita

                                                que antecede al nombre

en la belleza absoluta del regreso

                                            en la fiebre

en la percepción anulada

                                  en la fragilidad

nadie a quién decir esto

                        ¿quién puede decir su propia vida?

 

y no hubo tiempo porque esperé otra cosa otra palabra 

la impronunciada la inoída

                                             y nos dispersamos en la rutina

y las palabras que no dijimos las verdaderas las que sí decían 

quedaron en aquel sueño del que no pudimos despertar

                                                                                    escúchalas

                                           ahora que ya no estás déjame decirte



 

 

 

jesse marlowe

 

 


                                  

                                                             ¿me estás oyendo?

abísmame memoria para que pueda perdonar 

¿quién podría decir la compasión?

                                               quédate

febrero

hablo de aquellos tiempos viviéndose

vuelvo a ver aquella cara

                     ¿puedo acaso arrancarme de mí?

 

 

 

 

 

 

 

 

tercos sueños dádivas para nadie apenas para ella misma

la fotografía no nos descubre nada (todavía es una mujer joven) 

                                                                                 yo nunca la conocí

                    ¿en qué momento aquellos sueños comenzaron a perseguirme?

 

 

 

 

 

 

 

 

los sauces se desprenden de la lluvia

ha pasado tanto tiempo desde que estuve aquí

 

                                                madre no me juzgues

tú también estás condenada al olvido

 

 




                                     

como si tuviera nostalgia de lo que estoy siendo 

                                                              nostalgia de mí

como si pudiese comenzar de nuevo

como si me mudara a otra casa

como quien repite palabras que son mantras 

como un monólogo desde ti hacia ti

como si fuese yo la que ha comenzado a morir y no tú 

como si el miedo y el polvo fuesen uno

 

 




 

                     

ven y dime

             ¿me reconoces en ti?

                                                         ¿me reconoces?

ven olvidada

ven y lléname de lágrimas

lléname de lágrimas para que pueda llorarte 

tocaré tu lucidez y la resaca de este día 

te lameré las manos como un animal

mírame

       no te desvanezcas

                  no me dejes

 

 



                                                         

estoy bajo un cielo pálido

por siempre el pálido inmenso silencio

y era dentro de mí como una floración

 

un despertar al otro lado

y yo quería saber

pero sólo me fue dado preguntar

 

el otoño se tensa como un arco

la lluvia también se desplaza hacia el sueño

lentamente recupera su sombra

 

se inclina como un sauce

                                      cae

 

 

 

 

 

tócame adentro de ti

con esa contención que se desborda

 

tócame

en esta oscuridad del pensamiento

 

en lo incomprensible de mí

en esa otra incomprensible yo

                                       ah si pudieras tatuarme

si te quedaras ahí

si tan sólo te quedaras

 

como una perra ciega

amamantando

 

quédate

dame las palabras






Gloria Gervitz. Migraciones. Libros de la resistencia. Madrid, 2020

Gloria Gervitz. Migraciones. Ediciones IBERO /Mangos de Hacha. México, 2024