domingo, 7 de diciembre de 2025

DE LO QUE ES LA MELANCOLÍA (Palabras de Gabriel Viñals en la presentación de Coartada para Dios, de José Viñals)

 




gabriel viñals


Coartada para Dios es seguramente el libro más canalla, más desprejuiciado y libre en la vasta obra de mi padre, pero si no fuera así lo es para mí y creo poder justificar esta opinión. Lo intento, aunque antes es menester hacer una señalización algo extensa: preceden a Coartada... un poemario fundamental no solo en la obra de José Viñals sino para la poesía argentina y el surrealismo sudamericano: Entrevista con el pájaro, y en otro registro la novela, que es un ensueño de desparpajo, Nicolasa verde o nada.


Entrevista con el pájaro
fue su primer libro, editado nada menos que por Editorial Losada en la colección Prisma de poesía contemporánea. Un libro que fue distribuido simultáneamente en Argentina, Uruguay, Chile, Colombia, México y España, que recibió numerosas críticas estupendas y vendió varios miles de ejemplares llegando a posicionarse en las listas de los más vendidos en varios países del mundo. Ese libro fue escrito a lo largo de muchos años en la década de los 50 y 60 casi todo él en nuestra provincia —Córdoba, Argentina—. No es un dato menor: Entrevista con el pájaro fue un libro escrito entre sus 25 y 32 años de vida en el ambiente provinciano y clericalmente opresivo de una sociedad conservadora, orgullosa de su histórica condición, en un país que llevaba entonces casi treinta años de dictaduras y fraudes electorales.


Tened en cuenta, además, que José Viñals quedó huérfano de padre a la edad de tres años siendo el mayor de dos hermanos hijos de emigrantes españoles, campesinos y analfabetos. Se crio en el campo en un caserón de adobe sin luz ni agua corriente, junto a primos, tíos, abuelos, aperos y caballos. Afortunadamente esos emigrantes solo tenían dos credos: la bondad y el trabajo. Ni dios ni amo. Anarquistas unos, ácratas todos. Antes de morir, mi abuelo Viñals junto a dos o tres colonos consiguieron traer al campo a un maestro y fundar la primera escuelita rural de la zona. Mi padre asistió a ella. Iba a caballo. Su abuelo materno le regaló un caballito criollo, de pelaje lobuno. El lobuno fue el gran compañero de mi padre. Potro y maestro fueron los personajes más importantes de toda su infancia. El uno le enseño a leer, y a lomos del lobuno, un día de tormenta solos en medio de la pampa seca y amarilla, el huérfano supo y decidió que sería poeta. Me lo contó José Viñals, mi papá. También me contó que aquél día hacía frío, que el cielo estaba revuelto y muy oscuro, que el caballo galopaba inquieto en un potrero de alfalfa.


Si nadie entre los presentes ha conocido un momento así, no tiene idea alguna de lo que es la melancolía.


Para que mi padre y su hermano pudieran seguir estudiando, mi abuela viuda se trasladó con ellos a Córdoba capital, y mi padre —trabajando durante el día y asistiendo a un instituto nocturno en esa ciudad de provincia, pacata y ñoña— fue construyéndose en el fuerte intelectual autodidacta, el poeta rebelde alejado de canon, el artista rabiosamente moderno que fue José Viñals el resto de su vida, y esto, para bien o para mal, es Entrevista con el pájaro, su primera obra. Un libro sorprendente pero también escrito con juvenil voluntad de sorprender.


En gran medida algo similar ocurre con su novela Nicolasa verde o nada: está construida en un tono inexistente. Es pura novedad narrativa. O sea: sorprendente.


En 1963 nos mudamos a Buenos Aires, así que el suceso de Coartada para Dios encontró a un ignoto poeta de provincias, tradicionalmente excluido —como todos los provincianos— del ámbito cultural de referencia en Argentina y a poco de haber llegado asombrando al cerrado círculo de las letras porteñas. Entonces mi padre se cree compelido a demostrar que otro registro, el de la novela, no le es ajeno y publica Nicolasa verde o nada. Otro suceso editorial, y ya son dos.


Y aquí, entiéndaseme bien, se calmó la fiebre.


Entonces, cuando llegó el turno de Coartada para Dios, que fue escrito íntegramente en Buenos Aires con contrato de edición a futuro por Losada, ese autor de 38 años se disciplinó, escribía día a día en su estudio junto a su inmensa biblioteca, con constancia y rigor, con conocimiento y madurez, sin necesidad alguna de sorprender a nadie entre otras razones porque era un autor reconocido, un artista asombroso, un artesano de la disciplina en la palabra. Lo escribió bajo un constante estado de precariedad económica asumiendo que su vida sería siempre así, que sus prioridades vitales no iban a ser jamás las de un hombre corriente sino las de un artista singular, y me dedicó ese libro a mí, un jovencito pintor que ya sabía que sería pintor. Me pasó así un trozo de su legado. Yo acaté. Yo acato.


Días antes de la aparición de Coartada para Dios, curiosamente el mismo día que emprendíamos vuelo hacia Bogotá, Colombia, donde vivimos unos años, fui a comprar el periódico en el aeropuerto para encontrarnos la sorpresa de que el suplemento literario del periódico de mayor tirada en Argentina despedía a José Viñals dedicándole la portada a Nicolasa verde o nada. Pero ya no importaba, fue una alegría, claro, pero no una reivindicación. Recuerdo que en lugar de hablar de eso mientras esperábamos para embarcar nos dedicamos emocionadamente a comentar que el día anterior —lo decía el periódico— en el zoológico había nacido por primera vez en cautiverio una jirafita.


Siempre, toda la vida, mi padre y yo tuvimos infinito amor el uno por el otro e infinita complicidad entre artistas. Lo dicho: él mi papá, yo su hijo, el Jornalero, como le gustaba llamarme. En las tintas que acompañan esta edición de la Cartonera del escorpión azul no he sabido dialogar con Coartada para Dios sino con mi padre. Y lo extrañé.


Gracias por vuestra paciencia y atención.


Os robo un minuto más de vuestro tiempo: la presencia esta tarde-noche de muchos de vosotros que vais a leer poemas de Coartada... me resulta absolutamente entrañable, me emociona hasta lo más hondo del alma. No tengo palabras. Gracias, gracias.

 

[Palabras de Gabriel Viñals en la presentación de Coartada para Dios el día 25 de octubre de 2025 en el espacio Selecta de Escritura en Valencia]


josé viñals







COARTADAS

 

            Permítame probarles que usted no existe, que es usted la coartada de los verdaderos culpables.

 

            Entonces permítame probar que las víctimas son las verdaderas autoras del propio daño, en uso de su libre albedrío.

 

            Pero entonces permítame probarles que los victimarios actuaron por desobediencia y que usted no pudo impedir el genocidio.

 

            Pero entonces déjeme que les pruebe que el exterminio de una mitad era necesario para impedir el exterminio de la mitad mejor.

 

            Sí, pero al menos deje que les pruebe que el sacrificio de las víctimas era necesario porque ellas taponaban el nacimiento del hombre nuevo.

 

            Entonces autoríceme a presentar las pruebas de que ellas disfrutan ahora de una situación superior e infinitamente más justa y dichosa.

 

            Bien, entonces permítame decirles que ésta es sólo la primera escena de su ira sin límites y sin sosiego.

 

            Entonces permítame probarles que usted ha perdido el sentido.

 

            Entonces permítame recusar el tribunal y persuadirles de que lo ideal no se prueba por lo real.

 

            Entonces permítame reemplazarle por otro reo.

 

            Entonces déjeme preparar minuciosamente su huida.

 

            Entonces permítame rezar.

 

            Entonces permítame dormir.

 

            Entonces, mierda.






gabriel viñals



 

 

ENCUENTRO FORTUITO EN UNA MESA DE OPERACIONES

 

            He asistido a mi autopsia. Ni el cloroformo ni la muerte habían interesado, como se dice, las partes vitales.

 

            Yo miraba todo el quehacer de los médicos con una lejana sonrisa que se enfriaba en las hojas de los bisturíes.

 

            Solamente una vez cerré los ojos y fue cuando se pusieron a examinar mis intestinos.

 

            Primero me practicaron un corte longitudinal, abriéndome en dos mitades, como a una res, pero como si destaparan una caja.

 

            Cuando me cortaron el tallo oriné tenuemente. Y el corazón no dio el menor trabajo.

 

            Poco a poco me desinteresé de las operaciones, del ruido de los serruchos eléctricos que mordisqueaban los huesos y comencé a mirar los rostros, preocupados y profundos, tras las barandas del anfiteatro.

 

            Había uno especialmente hondo que me observaba con una infinita tristeza. Le dirigí una mueca divertida. Para sus ojos inteligentes, ya no que no para sus oídos, musité una cita: -Dios mío, por qué me has desamparado. Cobardemente encendió un cigarrillo y yo perdí toda curiosidad por su persona.

 

            Cuando arrancaron la hoja del cuchillo estalló el chisporroteo de los electrónicos y una música forense, especialmente benigna, renovó el aire viciado. Alivio; la tensión comprimida dejó escapar algunas tosecitas.

 

            Me levanté, me puse mi traje. Ahora estoy perfectamente. Pero debo cuidarme y no realizar grandes esfuerzos. Sobre todo no me está permitido emocionarme. Tal vez alguno me encuentre todavía un poco frío.

 

 

ASEGÚRESE CONTRA LA ETERNIDAD

 

            La facultad de reír no abolirá por completo la facultad de rezar.

 

            De todas maneras, así como el disfrute de una excelente salud y de una juventud a toda prueba, no deja grietas para el acceso del agente de seguros, la risa proyecta hacia otro planeta el aire necrológico de las religiones.

 

            La risa, la poca risa; pero no la mucha risa, la risa del buzo en las profundidades, ésa no. Este es un completo misterio, un jeroglífico.

 

            Así como una excelente juventud y una salud inquebrantable abren resquicios para que argumenten los agentes de la eternidad.

 

 

TONEL DE ROBLE DE LAS METÁFORAS

 

            Estoy sentencioso; envejezco. Antiguamente llamaba al verano caravana de bueyes, vidrio.

 

            Antiguamente decía fragancia por olor, luna de los cacharros al agua de lluvia.

 

            Antes llamaba al viento el gran destructor o el Gran Destructor de los pájaros disecados, padre de los detritos y al amor el Elefante de la boca; a la muerte lagar, tonel de roble.

 

            Y a Dios le llamaba vendimiador. A ella, asesina, hermana.

 

            Las dos últimas son las únicas metáforas en las que creo, todavía.

 

 


gabriel viñals





POEMA DEL RELOJ INOCENTE

 

            Yo sé que el hombre necesita algo que le conduzca suavemente al sueño; algo apacible, sin sobresaltos.

 

            Pero yo sé que el hombre necesita algo que le conduzca suavemente a la muerte; algo tranquilizante, una certeza, una idea majestuosa y profunda.

 

            Pero yo sé que el hombre necesita un objetivo para su baldía ferocidad. Y una causa para su heroísmo sin ocupación. Y una verdad para su mentira. Y una admiración para su piedad y para su abnegación y para su locura.

 

            El hombre corre con una alegría relampagueante que va de ojo a ojo como una culebrilla, y de pronto siente miedo ante el ridículo y se tambalea con una risa ostensible y despavorida.

 

            Pero yo sé que el hombre es pequeño cuando teme que le encuentren pequeño.

 

            Pero yo sé que el hombre teme que descubran que es demasiado simple su mecanismo, demasiado inocente su relojería.

 

            Pero yo sé que el hombre es una gota de agua.

 

            Pero yo no sé qué es una gota de agua. Y mucho menos la lluvia. Y mucho menos el mar.

 

            Pero yo sé que hombre necesita algo suave, algo sereno, algo muy sólido y estable que le conduzca lentamente al naufragio, consubstanciado con la impávida boca del océano, con el horror, con la dulzura, con su impreciso porvenir de isla flotante y desasida de los oscuros archipiélagos.

 

            Pero yo sé que el hombre no lo sabe y por eso pregunto y a quién pregunto porque nadie y ninguna respuesta ni nada nada ni el amor que va a encontrar cercano ya y se hunde, rostro que entra a mi vida para siempre y antes cierra los ojos.

 

 

De Coartada para Dios (Cartonera del escorpión, Madrid, 2024)



 

gabriel viñals









sábado, 6 de diciembre de 2025

teaser: PATRICIA GOLA. DE GÉRMENES

 

heidi lender



Algunos poemas de la sección “lo gutural”.

 

 

                            I

            qué son esas brezas?

                 esos humedales, qué son?

 brota

           esos pastos crecidos?

                esas estepas?

 pajas bravas

                     rojas

 circundadas por el agua

                 animadas por la hoguera

                                                 del deseo

 

 

        II

 un verano

 un paseo

 una noche estrellada

 los grillos

 los sonidos de siempre

 andamos

 por veredas oscuras

 y la luna allá arriba

 la noche alta

 un efluvio de azahares

 y la llama encendida

 de los cuerpos

 contra el muro

 un beso

 que la luna ilumina

 mientras tus manos

 tiemblan

 y recorren palmo a palmo

 mi espalda

 

           III

 una avutarda –dijiste

 ¿una avutarda blanca?

 sí, una avutarda

 ahí parada en la punta

de un poste

en el agua

una avutarda

así nuestras vidas

silenciosas

miran

y no se cruzan

sueñan

y no se palpan

 

            V

 nada menos ridículo

 me arrastra por andurriales

 me arroja entre matorrales

 cardos espinas hinojos

 paja brava

 el barro salpica mis piernas

 mis pantorrillas blancas

 torneadas

 la tensión

 un alambre de púas

 oh el dulce sabor de las cerezas

 las moras negras manchan

mis manos mi boca

la dulce forma del anacardo

como niño dormido

un ovillo en el vientre

y las espigas

 respiro:

 y digo sí


    XI

ni lluvias

ni auroras boreales

ni siquiera el olor de los azahares


        XV

 desde tu acantilado

 un tatuaje en mí

 una marca

 la moneda está en el aire

 gira gira

 giróvago

 de siete suelas

 brilla la moneda

 en el aire

 y cae

 absuelta

 

 

heidi lender

    



XVII

 desfasajes

 fisuras

 grietas

 una viva vivida

 antes de dar

  a luz

 

     XIX

 no dejemos

 no dejemos que se vaya

 entre los dedos

 como fina arena

 escabulléndose

 que caiga sí

 pero al pozo

 gozoso

 de los días

 

       XX

 pajas bravas alrededor

 pajas bravas que el viento

mueve entre bañados

un rumor

una marea

una tarde de otoño

o era entrado el verano?

o era un cielo combado de estrellas

una luna una noche

de aromos

sus flores

pequeñas

destilando

un amarillo tardío

espinas

un zumbido de insectos

una fiebre de sapos arañas y culebras

entre la maleza y el fango

la arena y el polvo

y en medio

ese vacío que hoy

te nombra

de dónde todo esto?

de dónde?

 

FABIÁN DARÍO MOSQUERA. PARQUE NUPCIAL, PRIMERA PARTE

 


dave krugman


Migaja de archipiélago es el paladar de las mujeres Blandas / Tajantes / Blandas / Tajantes como un potro 

en fulgente altanería sobre cábalas de viento.                                              

Me dicen quédate no zarpes quédate un rato -un ratito- más

y busco allí porque sé que en la veda del insomnio la memoria está eyaculando

buitres y campanas.

 Campanas y buitres.

 Y allí seguiré buscando / Ah Madre Oh Sister Morphine a veces Rezo por Vos entre

                                                                                                                     el sarro de las pálidas preseas] 

Pero no soy digno de que entres en mi casa.

 Solo en aquel sueño de bronces licuados donde llevas como arpón de cetrería

 un buitre al que llamaste como yo decidí llamarme al alba y bajo la fronda de tus muertos.

 Bajo el ascua de una sed tan negra amor tan negra amor tan negra.

 ¿Recuerdas, Hermana Madre?

 ¿Recuerdas el grosero silabario de los días sobre el pastizal ardido como boca de viejo?

 ¿Recuerdas la calvicie de las playas?

 ¿Tú / Yo / El regateo / Los treinta denarios / La pátina deshojadora de zarzas que no habrán  

                                                                                                                         jamás de enrojecer?]

 Dime cómo no sembrar querella sobre estas mujeres cuando las horas son apenas superchería de búfalos 

de agua / que pastan en mis sienes / donde tú nunca has puesto un labio / donde tú nunca has puesto / 

donde tú nunca / donde tú / ¿Dónde?

Ahora viene a mí la vida conjurada:

Tumbado sobre el camastro yacía como una costra como una cordillera.

 Tumbado sobre el camastro con una costra en la voz que centelleaba como una cordillera.

Y la puerta dividiste vapuleando a la noche -curtida

en su contracción fetal- con brutales

isobaras, tan solo

 con palabras, esa fragua de viento cicatrizable.

¿Recuerdas amor, pulcra lisonja de los vientos en el rostro del que era cuando era?

 A pastar bajaban los sollozos y los rezos. 

Búfalos de agua los sollozos y los rezos.  

Han pasado los años,

las estrías enjambrándose sobre la cáscara de las galápagos / Todo

un cartón bilioso pateado por el polvo / el verso embistiendo como mastín alebrestado / Trepidan

los valles clarea el arrecife, por donde la esperma desciende como palabra nupcial huyendo

de la podredumbre / Cuánto abrojo para llegar hasta aquí / Mira que los amigos auguraron

 en mis salivaciones el chasquido del moscón que muere a mitad de su vuelo y cae a tierra /

El rojo

Sí el rojo venéreo de una pira ritual regurgitando a orillas del alba.

Pero cuánto abrojo entre las zarzas que no habrán jamás de enrojecer. 

Algo así como una estirpe en peso.

Algo así.                  El sol

no esconde aquel útero de negra tiza sobre mis hombros ni los de mis amigos.                

Mis amigos en su bajío de cáñamo que palpita como un sexo.             Búfalos

de agua mis amigos.

 Estropeados y hermosos, más bien, como un pulpo marchito que aguarda por los mercaderes.

 Con un naipe en la frente, todavía, mis amigos.

Ahora vuelve a mí, vuelve a mí la vida conjurada:

 Las seis menos cuarto sobre viejos platanales / Abejorros que reventaban contra el parabrisas

como contra el galope de las mujeres Blandas / Tajantes / Blandas / Tajantes “quédate

no zarpes quédate un rato -un ratito- más” / Mi padre

que iba conduciendo, yo tendría diez o doce años, los plantíos a estribor, una sucesión

de cantos caribes para atenuar el tedio / “Siguaraya, qué va” / Lo que yo

a veces quisiera -la verdad- es llamarte entre el sarro de las pálidas preseas. 

A veces.

 Y aún espero de tu embocadura de alabastro la Canción de Cuna que sea más o menos como esto:

Canción.

 Fumando Samsara frente a un Cristo enconado, espero

 (capillita crayoleada en el asfalto. Oh Lord algunos de los lemas que de niño me largabas

los he prensado al cráneo como rémora que aún percute en su pugilato informe). Tatuado

a la garúa, ese predicador que se demora demasiado en llegar al amén, aguardo. Puro

desmadejamiento. Oráculo crucial. Yonki doblado como el costillar de bueyes sobre la herbosa

placenta del río, aguardo  

la Canción de Cuna la llaga del candil acercándose al andrajo sediento de fuego / Oh Sister Morphine

que las horas al fin se agrieten con las dentelladas de una luz que por igual depreda

y siembra:

 ¡

 OM/VAJRA/FET

 !

 



Ahora puedo hablarte de algo que a tientas me conmueve como el ciprés cuando tirita. 


erwin olaf


Deja que te cuente que desde la Edad de los Faisanes es que sus ojos trasiegan gárgaras de

                                                                                                                                          plancton]

 (las pestañas entreveradas como cresta de choza bajo el aguacero).   Y el rostro

libera un calor que huele a silencio en las dunas añiles.   

(Fraile afiebrado la palabra y su huésped).                   

Es pequeña, como tú, pero fuma.

 La espalda como un relincho a la hora de escanciar el Yo.

 A la hora del trémulo estatuto.

(Piedra de agua; insinuado alacrán del color de la encía que lo azuza).

Pero mejor dejamos todo aquí porque este poema se parece demasiado al de tantos otros

 que le hablaban a la madre sobre sus mujeres como si fueran a obtener algo. Mal/paridos Imbéciles.

(Perdón mamá). Un zócalo de sal para una virgen coronada de buitres, pobres alimañas los escribas /

Siempre con su Taj Mahal de puño y lepra / Jactancia y tutelaje del sollozo / Te digo que nada de eso importa

a la hora de los albañales bajo la garúa, ese predicador que se demora demasiado en llegar al amén /

y dictamina:

“Al salmo respondemos: pero los torsos acendrados crecerán

                                                                                                   en la estibación

                                                                                                                                   de tus hijos”.

 Yo soy el vertedero, vicio del gallinazo.

Pero los torsos acendrados crecerán          en tus hijos

                                                                       airados

                                                                          como la escaldadura

                                                                                               de los blancos

                                                                                                        astilleros

                                                                                                      blancos.

                                       

                                                                                                                                            Esta ciudad,

                                                                                     liendre en la barba de un sismo,

te dijo calla y sé pobre pero Tu boca Tus hijos Tu zarza de Morfina y Sarro que habrá al final de enrojecer…                

                                                                                                                                                          

Y en esa luz labradora aceptaré malgastarme como en un sexo como en un dios cauterizado

por el albedrío del relámpago.

                                           

                                                                            Entonces

acendrada nacerá la sangre de un labio precipitado en sacramento;

 y en procelosa cabellera cuyas trenzas son sudores que se burlan de la muerte.

 

(De A sorbos la desmesura, Colección Inusitada sombra, No. 1, Editorial Turbina, Quito, 2024)

SARAH MARTÍN / GALOPE DE MIEDO EN PUNTA DEL NORTE [SE OYE DESDE EL OTRO EXTREMO EL POLVO QUE LEVANTA]

 



heidi lender


el miedo no admite contracción

                  mi amor

hay un caballo azul en mi garganta

sabes cuando expulsan las amígdalas

piedras de Rosetta y escrutamos

y ninguna inscripción es legible

sabes cuando no se quedan pequeños los castillos

de nuestro mundo interior

se agrandan hasta el desvarío

y las ganas se multiplican y es exponencial

el cuerpo

 

el miedo también está allí

y nos desplaza el mundo

 

nos recluye en un lugar de apariencia

insustancial                         enclenque

 

y a mí me doblega como de niña

y no sé llorar

 

por eso escribo

 

                                           el miedo

no admite contracción

                                           despliéguese

 

 

*

al bosque

a la piedra de la oscuridad al secreto diáfano

esto también te lo enseñaron de niña

ve niña

Adonde puedan devorarte las fieras así que allí

a la hojarasca de los pensamientos a la fronda de la depravación

 

prepárate para lo que otros imaginan que te va a pasar

 

*

Al orificio de la ignorancia lo llaman boca del lobo

hacia esa luz lábil tus bridas imploran misericordia

 

a la casa de empeños la moneda en la lengua y / mira mamá / los ojos de cristal son los que más brillan

 

la ciudad exhibe en sus avenidas todos los vicios

                                             fluorescente sobre fondo buitre

¿de verdad se trata de escapar?

 

las aspas rotas o este bochorno portuario y sus muelles de alcohol

 

quién / dijo / miedo

 

*

estos pájaros atrapados en la bajante

se sabe porque sus alas chocan

perecen en la estrechez del tubo

agotados

de aletear

 

no hay salida

pero hubo entrada

 

esto / es / posible

 

*

 si galopa igual

nadie lo monta los ojos en la espalda y la muerte del

horizonte

si en la noche igual

fugaz y ebrio la mirada no hiende

si no va de jinetes fantasma ni de magnicidios

si tampoco de eriales desensillando corceles renqueantes

si galopa igual

y el martillo de feria del ombligo a la garganta

¿cómo hace?

¿cómo hace, niña, si galopa igual?

 

*

Selección de cinco poemas de la obra Galope de Miedo en Punta del Norte [se oye desde el otro extremo el polvo que levanta]

 

Sarah Martín. Autora de Hierro (RIL editores) y traductora de El pequeño libro de la subversión fuera de sospecha y El libro de la hospitalidad de Edmond Jabès. Trabaja como profesora e investigadora universitaria.