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lunes, 5 de enero de 2026

ROM FRESCHI . TAMARA KAMENSZAIN Y EL NEOBORROSO: UN CHISTE LITERAL

 


foto de Ludy Villanueva




La trayectoria de Tamara Kamenszain atraviesa diferentes agrupaciones y generaciones de escritores y se constituye en enlace de redes (Maíz y Fernandez Bravo; 2009, Maíz, 2011) que actúan tanto en la tradición argentina como en la latinoamericana. Allegada a la revista Literal, protagonista de la flexión rioplatense del neobarroco, el neobarroso, y punta de flecha de las reflexiones del siglo XXI en torno a las literaturas sin metáfora (Kamenszain, 2008) y/o postautónomas (Ludmer, 2021), lo cierto es que al proponer el término “neoborroso” (2013), Kamenszain enlaza, de manera humorística, un recorrido que la mantiene conectada con variadas redes a nivel nacional y continental, al tiempo que produce una diferencia que la vuelve vinculable con otras generaciones. De esa manera, consolida nuevas conexiones y se recorta en un “cuarto propio” como “poeta-crítica” que postula la continuidad de la tradición a través de la ruptura.  Me interesa hacer un recorrido por la trayectoria de Kamenzsain a través de las propuestas de las distintas agrupaciones y redes con las que establece contacto para, a través de una “explicación del chiste” (Masotta, 2008; Kristeva, 2005) “neoborroso”, dar con una posición de irreverencia que conjuga tradiciones que se piensan por separado.

 
Lo borroso

Este escrito surge en el marco de los intereses de distintos proyectos de investigación en el ámbito académico, que se combinan con mis inquietudes previas como poeta, y lectora y que me llevaron a singularizar desde distintos aspectos la figura y la obra de Tamara Kamenzsain como una presencia recurrente a la vez que cambiante en los últimos cincuenta años de literatura argentina y latinoamericana.

Esa recurrencia y esa variación se deben, en gran medida, a una multiplicidad de roles asumidos por Tamara Kamenszain en el trabajo con la literatura, que van más allá de un género literario o incluso de la escritura misma, y que van configurando un determinado espacio, con un determinado acervo dentro del reparto de lo sensible (Rancière, 2009). Kamenzsain ha formado parte de grupos de, en sus palabras, amigos escritores, en torno a la revista Literal, fue llamada y se autodenominaba neobarroca, a la hora de escribir literatura y eso implica el rol dual de poeta-crítica, pero también ha realizado trabajos en otras posiciones que ofrece la institución literaria, como son la tarea de bibliotecaria, la realización de entrevistas y reseñas periodísticas, la lectura de originales como consultora en editoriales, la gestión de espacios culturales como el C. C. Rojas, la coordinación de Talleres de Poesía o Escritura Creativa particulares y en diferentes instituciones, tanto en Argentina como en el exterior, la docencia universitaria tanto de teoría e historia literaria como de escritura creativa, labor que incluye la creación y participación en la Licenciatura en Artes de la Escritura de la Universidad Nacional de las Artes. A eso podemos sumar el enlace “literal” con Héctor Libertella, (Freschi, 2025) (y la maternidad también literal en relación a Mauro Libertella). Esa multiplicidad la posiciona como una figura de enlace y conexión entre redes de muy diferente índole.

En su escritura propiamente dicha, es notable una construcción elástica de los géneros literarios que lleva a una indiferenciación entre ellos, en cuanto a que, si bien la leemos mayormente como poeta, ensayista y crítica literaria, también ha escrito novela y autobiografía, pero sobre todo, en cada uno de esos géneros, ha mezclado todos los otros produciendo tensiones en la enunciación literaria y sus polos de ficción y testimonio. (Hamburger, 1995)

 En ese punto de cruce entre un lugar de enunciación múltiple y una diversidad de roles dentro de la institución literaria, podríamos pensar que Tamara Kamenszain se encuentra habilitada a tomar varias o incluso todas las direcciones a la vez. Me interesa entonces pensar su lugar de enunciación y su posición en la literatura argentina – y también la latinoamericana. Para ello, me serviré como punto de partida de una de sus invenciones: el vocablo “neoborroso”.  La palabra, que fue evolucionando a la vista de los lectores- indiferenciados también entre amigos, alumnos, íntimos y éxtimos-  puede volverse metáfora a la vez que proyección de la propia carrera y poética de Kamenzsain.

De acuerdo a su relato en una entrevista realizada por Enrique Foffani en 2010, el término surge como respuesta del momento a una pregunta sobre el neobarroco en una mesa de lectura en un festival de Ecuador. Más tarde, en la promoción de su poesía reunida, en 2013 aparece el titular: “Kamenszain: <Quiero transitar hacia el neoborroso>” (Toledo, 2013). Ya en 2016, el término resulta parte de uno de sus artículos académicos, y queda convertido en “concepto” que permite pensar la obra de una generación posterior.

Entonces, surge en un contexto latinoamericano: Ecuador, y el neobarroco. Es notable en cuanto que, en algunas discusiones meramente argentinas, el barroco y el neobarroco son temas perimidos (Díaz, 2021; Freschi, 2025), mientras que fuera de Argentina las discusiones hallan continuidades de distinta índole. Esto sería material para otro trabajo. Con todo, es posible señalar que marca desde el surgimiento del término una diferencia de contextos en los que el vocablo opera: uno latinoamericano, en el que el debate y la escritura neobarroca continúan teniendo vigencia y otro argentino en el que esas discusiones y prácticas se hallan invisibilizadas o se consideran obsoletas, en tanto no son retomadas por los espacios académicos, incluso hasta el punto en el que parecen darse por terminadas con el propio Perlongher (Freschi, 2025).  En ese punto, la respuesta de Tamara consigue por un lado, señalar lo perimido de la discusión, pero sin cortar del todo su propia relación con el neobarroco. La expresión reúne dos pájaros de un tiro.


El chiste

La palabra “neoborroso” puede describirse como compuesta del prefijo “neo” y el adjetivo “borroso”. Sin embargo, está claro que su sentido no se limita a la unión de los significados que aporta cada significante, sino que debe interpretarse en el contexto de las discusiones ya mencionadas sobre el neobarroco. Es entonces cuando puede pensarse como un chiste, de acuerdo a la reflexión de Freud, puesto que actúa en un contexto que le ofrece, como mínimo, una otra interpretación. En el espacio de una sola palabra, se condensa y ahorran una serie de explicaciones si uno se halla en el marco del contexto compartido al que alude la expresión.

 Es que el término resulta una variación del término “neobarroco”, pero además del “neobarroso” consignado por Perlongher, el cual resulta el modelo para comprender el gesto de Kamenszain. Los dos, tanto Perlongher como Kamenzsain, emplean la técnica de composición de un chiste que Freud describe como “condensación con formación de sustitutivo”, es decir, una mezcla de palabras que resulta una palabra mixta en la que además se cambia un sonido y que necesita un contexto particular para ser comprendida. (Freud, 1996, p.1036)

De acuerdo con Freud (1996, p.1167) el chiste produce placer, y este placer es vivido como un ahorro que se extrae de la “actividad anímica, un placer que se había perdido precisamente a causa del desarrollo de esta actividad, pues la euforia que tendemos a alcanzar por estos caminos no es otra cosa que el estado de ánimo de una época de nuestra vida en la que podiamos llevar a cabo nuestra labor psíquica con muy escaso gasto: esto es, el estado de ánimo de nuestra infancia, en la que no conocíamos lo cómico, no éramos capaces del chiste y no necesitábamos del humor para sentirnos felices en la vida”.

De esta cita,  me interesa pensar el cambio etario, cronológico, en la producción de sentido, y el placer ligado al humor, que es una producción pero es vivida como un ahorro. En el lugar – o los lugares – de enunciación que condensa o combina  Tamara Kamenszain hay una producción de sentido humorística ligada a la línea  Literal- Neobarroso- Neoborroso, que es además una línea temporal, cronológica en la historia literaria nacional y en la de Kamenzsain misma.


A continuación me centraré en algunas reflexiones más sobre el chiste provenientes de otros teóricos del psicoanálisis cercanos a Kamenszain y que considero pueden ser útiles a la hora de pensar su lugar de enunciación.

En primer lugar, Oscar Masotta, publicado y referido con frecuencia en el entorno de Literal. He mencionado aquí la frase “matar dos pájaros de un tiro” en un intento por unir aquello que, de acuerdo con Masotta, en la lógica del discurso, funciona al modo de los teros: “ponen el grito en un lugar y los huevos en otro” (Masotta, 1991. p. 45). En su visión del psicoanálisis, Masotta refiere a una política del tero, esto es, un funcionamiento del lenguaje en el que “la palabra revela su semejanza fundamental con el chiste. La función de las palabras por donde las palabras revelan su capacidad de remitir no a lo que quieren decir sino a otra cosa. Hay en la palabra para el psicoanálisis un operador “tero”. No hay que buscar en ellas lo que ellas significan sino otra cosa.” (Massotta, 1991, p. 45)

En esta operación de referir a un contexto otro, propia del discurso, y del chiste, Masotta propone, con una operación también de humor, una diferencia de contextos, que están separados pero que se unen a través de la palabra. Así el lenguaje es capaz de traer a la superficie manifiesta del lenguaje, contenidos ocultos en la profundidad latente del inconsciente, que en su contraste, resultan una “confesión”. En Masotta, las pulsiones sexuales y sus divisiones, entre varones y mujeres, o masculinas y femeninas resultan equivalentes como formas de relación con un solo objeto teórico: el falo y una misma falta de éste.

De esta manera, las jerarquías entre ámbitos, dimensiones, géneros, estructuras, roles, lenguajes, etc. esto es, las jerarquías en general, se ven en un estado de transgresión: es el contraste y la fricción lo que produce el chiste, en un universo ilimitado de contextos, sean banales, o altamente consagradores.

Otra posición cercana a Kamenzsain es la de Julia Kristeva. En su primera visita a Buenos Aires, Julia Kristeva ofreció una conferencia sobre la Pasión Materna. Kamenszain da cuenta de esta visita (2020), además de otras lecturas que hace sobre ella. En esa conferencia, Kristeva comenta aquello que llama la “pasión materna”.

En relación a la subjetividad materna, Kristeva (2005) observa una inestabilidad de la relación yo-Otro que produce graduaciones muy variadas entre polos muy amplios de exaltación-depresión, o proyección-identificación con distintas presentaciones, estadíos y tensiones que se suceden desde el embarazo, el parto y vuelven a experimentarse al recursar la infancia con le niñe.

De esta manera, la pasión o función materna, para Kristeva, resulta tan estructurante de la subjetividad de le niñe como la función paterna. Será la madre la encargada de estructurar, con el cambio y su posibilidad, el sentido de la temporalidad en le niñe, y la adquisición del lenguaje.

Kristeva otorga la transmisión de la cultura a la pasión materna, y hace uso de la reflexion de Freud sobre el chiste. Kristeva observa que quien cuenta un chiste, no solamente sabe el efecto que tiene, sino que sabe construirlo, y su atención se concentra en el espectador, quien debe captar el significado oculto del chiste. De esa manera, como quien cuenta un chiste, son las madres quienes transmiten los sentidos de la cultura para que sean descubiertos por le niñe sin explicación previa, y sobre todo, sin forzar los propios sentidos sobre le niñe.

En ese acto de transmitir los sentidos sociales, de manera chistosa y didáctica y sin anticipar el final, Kristeva observa una sublimacion de la pasión materna que permite a les niñes crear su propio lenguaje. En esa sublimación, hay un desapasionamiento que torna la pasión en una broma y consigue transmitir, igual que el adn, las claves de la cultura.

Me parece muy claro que Tamara Kamenszain es consciente de su lugar en las culturas argentina y latinoamericana,  lugar que está además tamizado por el espacio que esas culturas les han dado y les dan a las mujeres, es decir, a las poetas- poetisas (del neobarroco- neobarroso o no), tanto en el contexto argentino, como en el latinoamericano y el occidental.

Su respuesta, en clave de humor, tiene el valor de reunir sin mencionarlos una serie de sentidos que marcan la diferencia de los contextos, les da lugar, para luego dejarnos ver la construcción de un cuarto propio[1]. Que no los mencione, no implica que no sean escuchados, al contrario, desde una tradición Literal, el modus operandi de Tamara Kamenszain resuena de lleno en la irreverencia, en la intriga y el humor.

Por un lado, se hace parte del neobarroco al avanzar en la denominación a partir de un juego fónico con el lenguaje frecuente en esa red – ella menciona primeramente a Perlongher y el neobarroso, y posteriormente alude al New Barranco, enunciado por Cucurto (Kamenzsain, 2016, pp.601-602) pero podríamos pensar otras, desde lo latinoamericano, lo neoberraco (Sarduy, Castañón), o lo neo-no-barroco o el barrococó (Espina). Por otro lado, al instalar lo borroso, se sitúa en una zona de indeterminación aún mayor que la que ofrecería lo barroso del neobarroso, puesto que tanto el neobarroco como el neobarroso tendrían un desgaste que los convertiría en cristalizaciones:

 

“… con el Neoborroso se trata de borrar lo ya cristalizado, ahora podemos pasar a otra cosa, es como una vuelta de página: lo que una vez fue útil, ahora ya no lo es más.” (Entrevistada por Foffani, 2010)

 

A diferencia de lo barroco y lo barroso, que aluden a cosas materiales – perlas, barro – el neoborroso anula, borra esa materialidad, parece tornarse puramente conceptual. El neoborroso propone un estado de indeterminación y una acción “borradora”, garante de un futuro posible.

 

En esa garantía de futuro, opera un lugar de enunciación en perpetua transición, que además es fiel solo a la transición. Cuando hay dureza y cristalización, la lengua borra lo anterior con un fluido. Ahí el chiste, el desapasionamiento materno, de acuerdo a Kristeva. Que es además neobarroso, cuya lengua poética se despliega en juegos de palabras.

 

Kamenszain admite no haber comprendido originalmente el gesto de Perlongher:

“… nosotros, sus compañeros de ruta, no teníamos la capacidad de vislumbrar. Es por eso tal vez que leímos el paso con el que él avanzó desde el neobarroco al neobarroso, más como ejemplo de un extraordinario malabarismo lingüístico que como un verdadero gesto crítico” (Kamenszain, 2016, p.600)

Así como “lo que empezó como poesía / tuvo que terminar como novela” (Kamenszain, 2021, p.15) parece que lo que comenzó como un chiste o “malabarismo lingüístico” puede devenir herramienta crítica. Kamenszain enlaza vida y poesía, ficción y testimonio, chiste y crítica a través de un movimiento temporal que permite hallar entre lo binario un punto de indiferenciación (o indiferencia, diría Aira) borroso. 


Lo singular como tradición

Con la palabra “neoborroso”, entonces, más que dos, Kamenzsain mata varios pájaros de un mismo tiro, entra y sale del neobarroco y del neobarroso, con un término propio que le da un lugar de singularidad. A su vez, inventa un concepto, asunto de la Filosofía (Deleuze- Guattari, 1997), concretando una vez más una posición entre la literatura y la filosofía que la ha caracterizado, que podemos pensar que también la singulariza en tanto su género: poetisa-crítica. Se suma así el debate sobre la palabra “poetisa”, que Kamenszain (2021) parece revivir como un anacronismo - esto es también un cambio de contexto -, y esa reflexión sobre la historicidad de las palabra, que puede pensarse en primera instancia como otro chiste, o gesto de provocación,  resulta que la mete de lleno – o la devuelve pero esta vez con su propio espacio e independencia simbólica - a una tradición de irreverencia argentina.  

Esa tradición, en su trayectoria personal, podemos verla desde sus inicios con su cercanía a la revista Literal. (Freschi, 2025) Desde su número 1, la revista propone la intriga como modo de participación, cuestión que instala en cinco puntos al inicio de la publicación y un ensayo breve al final. Allí se lee, entre otras cosas:

“La insistencia de ciertos juegos de palabras es literatura, como lo comprende cualquiera que sepa escuchar un chiste”  Literal nro. 1: una intriga

Y también:

“Montada como intriga literal, el juego donde el texto teórico podrá ser portador de la ficción, y de la reflexión semiótica y tejerá la trama de poema.” Literal nro.1, La intriga

 

Entre estas nociones de intriga, juego, reflexión semiótica, teoría, ficción y poema, la práctica literaria se acerca a una producción para la escucha del chiste. Es decir, a un tipo de comprensión y transmisión particulares de la cultura.

 


 

Bibliografía

 Deleuze G., Guattari, F, (1997) ¿Qué es la filosofía? Barcelona, Anagrama

Díaz, V. (2021). “neobarroco, neo-barroco”. En Beatriz Colombi

(coord.). Diccionario de términos críticos de la literatura y cultura en

América Latina, Buenos Aires, Clacso pp.353-364.

Fernández, N (2020) Ensayos críticos. Violencia y políticaen la literatura argentina. Tradición, canon y reescrituras. Córdoba, Alción

Foffani, E. (2010) “La extraña familia” Entrevista a Tamara Kamenszain, Radar Libros, Página 12, 24 de octubre

Freud, S (1996) “El chiste y su relación con el inconciente” en Obras Completas, Madrid, ed. Biblioteca Nueva, Tomo I pp.1029-1167

Freschi, R (2025) “Un enlace Literal en el neobarroso rioplatenseen Narodowski, Patricio   4tas. Jornadas de Investigación / UNAJ : investigaciones interdisciplinarias en el territorio en el actual contexto pp.517-528 disponible en: https://rid.unaj.edu.ar/handle/123456789/3375.2

----- (2025) “La red visible de Medusario: conexiones analógicas para la emergencia de la Muestra”  en Freschi R y Schnirmajer A. Compiladoras Redes culturales en América Latina (siglos XIX a XXI) Algunos entramados continentales: modernismo, neobarroco y desbordes, UNAJ, pp.93-144

disponible en https://rid.unaj.edu.ar/server/api/core/bitstreams/62810ed5-170a-4166-af0e-26e028e76620/content

-----(2024) “Muchas versiones / en una única escena sobre Tamar(a) y Kamenszain”, en plebellanube iimxxiv, disponible en https://plebellanube.wordpress.com/wp-content/uploads/2024/07/tamara-y-kamenszain-x-freschi.pdf

----- (2023) “Narratología transgenérica: un enlace entre poesía e historia. dictadura y posdictadura argentina en dos poemas de perlongher y thénon”, Revista de Investigación Narrativa, Universidad de Mar del Plata, RAIN, Vol. 3, Nº6, Julio-Diciembre , ISSN 2718-751 pp. 145-162

García G. et al. (2011) Literal, edición facsímil, Bs. As. Biblioteca Nacional

Hamburger K. (1995) La lógica de la literatura, Madrid, Visor

Kamenszain, T. (1996)  “Epílogo” a Medusario, muestra de poesía latinoamericana, Echavarren, Kozer, Sefamí, compiladores, México, Fondo de Cultura Económica

----- (2000) Historias de amor (y otros ensayos sobre poesía), Paidós, Bs. As..

----- (2012) La novela de la poesía, obra reunida, Bs. As. Adriana Hidalgo

----- (2016) Un intimidad inofensiva: los que escriben con lo que hay, Bs. As. Eterna Cadencia

----- (2016) “NEOBARROCO, NEOBARROSO, NEOBORROSO: Derivas de la sucesión perlongheriana en la poesía argentina actual”, BHS 93.6 UNA pp.599-608

----- (2018) El libro de Tamar, Bs. As. Eterna Cadencia

----- (2020) Libros Chiquitos, Bs. As. Ampersand

----- (2021) Chicas en tiempos suspendidos, Bs. As. Eterna Cadencia.

Kristeva, J. (2005) “Maternity today”, Colloque Gypsy V Vendredi 21 et samedi 22 octobre 2005-10-28 Rêves de femmes, disponible en www.kristeva.fr

Libertella, Héctor, (2002) compilador Literal 1973-1977, Bs. As. Santiago Arcos Editor.

----- (2006) La arquitectura del fantasma. Autobiografía. Bs. As.Santiago Arcos Editor.

Masotta, O. (1991) Lecciones de introducción al psicoanálisis, México, Gedisa

-----(2008) Lecturas de psicoanálisis. Freud, Lacan, Bs. As. Paidós

Rancière, J (2009) El reparto de lo sensible, Santiago de Chile, LOM

Toledo F. G. (2013) “Kamenszain: <Quiero transitar hacia el neoborroso>”, Diario Uno, 11 de Octubre.

 



[1] En el punto del humor, cabe destacar que Kamenszain no puede leerlo del todo en el neobarroco, podemos pensar por su contexto latinoamericano, y sí en el neobarroso, al que circunscribe a Perlongher como autor argentino. Lo reconoce de manera más tardía, y por eso quizás lo adjudica mejor a una generación siguiente, viendo humor únicamente en algunos poetas, sin salir ya del contexto argentino. En el caso de Cucurto, por ejemplo, Kamenszain asocia el gesto de leer el neobarroco como un sketch televisivo, o en el caso de Laguna, realizar un poema sobre una toallita femenina como algo banal y abyecto a la vez, como herencia de Perlongher en clave “neoborrosa”. En futuros trabajos cabría pensar que esas características- y otras - ligadas a Perlongher pueden adjudicarse a varios poetas neobarrocos y también a otros posteriores justamente porque la influencia y herencia de Perlongher resulta mucho más amplia de lo que ha sido leída hasta ahora. Por otro lado, también es necesario mencionar que esas características también han sido pensadas dentro de la categoría generacional de los 90, exclusiva del contexto critico argentino, con las contradicciones que allí se encuentren. Quizás sea momento de pensar las relaciones de la escritura de Perlongher con un arco mayor de las variantes de escritura de los 90 y posteriores, y con un marco que le restituya los vínculos con el neobarroso como práctica rioplatense y el neobarroco como movimiento continental. Un buen punto de partida es el modo en que Nancy Fernández (2020, pp. 189-191) analiza la polémica objetivismo- neobarroco en Argentina como una instalación del objetivismo como generación en pugna a partir de un recorte del neobarroco que, entre otras cosas, lo desliga de las relaciones con generaciones anteriores (como la de Literal) y del contexto latinoamericano (Freschi, 2025).

viernes, 2 de enero de 2026

NICK CAVE. LA CANCIÓN DE LA BOLSA PARA EL MAREO. TRAD. MARIANO PEYROU

 



Nick Cave, nacido en 1957 en Warracknabeal, Australia, es ese espécimen de músico que parece haber nacido con un cuaderno de poemas en una mano y un cuchillo metafórico en la otra, listo para desgarrar el alma del mundo con voz grave y teatralidad shakesperiana; líder de los Bad Seeds, su obra transita entre el gospel demoníaco, el noir literario y la épica trágica, como si Edgar Allan Poe hubiera decidido encarnar en un hombre que canta sobre amores perdidos, asesinatos simbólicos y crímenes de conciencia, todo mientras se pasea con chaqueta negra y sombrero de elegancia apocalíptica; Cave no es solo músico sino un arquitecto de atmósferas, un demiurgo que combina la violencia del blues con la solemnidad de los himnos cristianos, recordándonos que la melancolía puede ser católica y el desamor un sacramento laico. Su talento literario no se queda en la lírica: The Death of Bunny Munro y And the Ass Saw the Angel revelan a un narrador que entiende la Biblia, el noir estadounidense y la literatura gótica como un brunch dominical en el Infierno, servido con sarcasmo y té negro; y si su nombre aparece ligado a colaboraciones cinematográficas con Iain Softley o John Hillcoat, es porque Cave entiende que la imagen y el sonido son extensiones de su verbo oscuro, una mise en abyme de la tragedia moderna, donde cada acorde parece ensayar el Juicio Final y cada palabra canta como si el propio Dante hubiera decidido tocar bajo un neón en Brighton. Socarrón, teatral y siempre al filo entre lo solemne y lo ridículo, Cave nos recuerda que la elegancia oscura es una forma de resistencia y que la poesía puede sangrar con glamour mientras el mundo sigue caminando como si nada; y allí está él, con su piano, su voz cavernosa y su lirismo apocalíptico, como un alquimista de la desesperación que hace del dolor un espectáculo elegante, y de la literatura y la música, un templo donde lo trágico y lo sublime se dan la mano en un vals eterno.

A continuación les presentamos unos textos del libro La canción de la bolsa para el mareo (Sexto Piso, 2015), traducidos por Mariano Peyrou aquel curioso y venerable artífice de palabras que parece haber aprendido el arte de la poesía entre cafés humeantes, libros apilados en torres tambaleantes y papeles arrugados como pergaminos de alquimista olvidado un demiurgo que no se limita a trasladar vocablos sino que resucita la música secreta del texto la cadencia huidiza los silencios que se escapan entre signos y que el autor original dejó como migajas de pan para lectores perspicaces mientras lanza su ironía afectuosa a quienes piensan que traducir es oficio de monótonos escribas Peyrou combina erudición picardía y afecto esa mezcla rara en  la tradición literaria se pasea de la mano con guiños socarrones y donde cada línea traducida es acto de respeto juego y amor por la lengua porque sabe y lo hace saber con sutil desenfado que traducir no es transponer palabras sino acariciar custodiar y volver a nacer cada poema en otra lengua acto de devoción que exige escucha intuición y valor y así en este libro se deja entrever que el traductor es también lector y poeta capaz de guiar al lector por los vericuetos de lo dicho y lo sugerido de lo musical y lo silencioso y hacerlo con la sonrisa de quien conoce los secretos de la lengua la reverencia de quien ama los textos y el aplomo de quien sabe que la poesía manejada con cuidado y picardía es territorio tanto de juego como de afecto profundo donde la palabra puede ser daga abrazo y guiño simultáneamente y donde Peyrou con su talento y paciencia convierte cada poema en pequeño milagro de vida sonido y memoria asegurando que los versos lleguen intactos al lector y que el corazón además de la mente se deje seducir y sorprender y uno no puede menos que rendir homenaje a su labor porque si los poemas sobreviven si respiran hoy en la lengua de Cervantes y en los oídos de nuevos lectores es gracias a su celo amoroso su erudición socarrona y su afecto profundo hacia la palabra y el arte que nos recuerda que traducir es acto heroico y lúdico a la vez y que Mariano Peyrou merece que su nombre se pronuncie con admiración y una sonrisa cómplice cada vez que alguien lea y se deje hechizar por estos versos traducidos.






KANSAS CITY – MISSOURI

Soy un sistema nervioso que se alimenta de risas y fantasmas.
Los fantasmas aúllan a través de las palabras haciéndolas armonizar.
No tenía idea de que podía haber saboreado tu dulce aliento por última vez,
y cuando en casa pienso en ti, noto
en el pecho la breve expansión de un anhelo preocupado,
mientras cruzamos el límite estatal hacia Missouri
y estacionamos el autocar junto a la carretera y desembarcamos,
y en la pausada oscuridad llegamos a la pradera con su hierba baja
que nos roza el vientre como serpientes.

Representamos la matanza del bisonte por parte de William “Buffalo Bill” Cody,
y después la guerra contra los indios, incluida la Batalla de Coon Creek.
Y esa noche, en el Intercontinental de Kansas City,
trato de llamarte por el cable transatlántico de comunicaciones,
pero el teléfono se limita a sonar y a rimar,
así que dejo un mensaje oscuro y espectral
en nuestro contestador. Dice:

Eres el escultural bisonte que hay en la pradera de mi ausencia.
Eres la tristeza de Squanto al regresar a su hogar.
Eres la lágrima derramada en la manga de cuero sin curtir.
Levanta el teléfono.
Levanta el teléfono.
Yo soy la joroba despellejada que pinta la pradera de rojo.
Yo soy el tipo de las moscas. Yo soy el que se muere.
Yo soy el hombre que va de gira y se esconde.
Yo soy el que se casó y huyó.
Contesta el teléfono.
Contesta el teléfono.
Yo soy el muerto.

Después me tomo una pastilla y me meto en la cama.

 

*

Bajo las sábanas, me pongo la bolsa para el mareo al lado de la oreja y la agito. Oigo el tintineo de los símbolos de las nueve musas: la tablilla para escribir, el pergamino, la flauta, las flechas del amor, la máscara trágica, el arpa, la lira, la máscara cómica, el globo celeste y la brújula.

Oigo la sangre caliente de mi cuello que impregna la autopista mientras llamo a casa y tú no contestas.

Oigo el corazón terrible del niño apuntando hacia el tren que se acerca a toda velocidad.

Oigo a gente sin sangre susurrando, compadeciendo y conspirando. Reconozco las voces; son de colaboradores de un pasado lejano.

Mis nueve musas duermen tranquilas, sobre mi pecho, pues han concluido su trabajo de hoy.

Regulo mi respiración mientras los ángeles con las alas desplegadas me llevan.

En mi sueño, me transportan a través de un paisaje onírico norteamericano, delicado y violeta, una panorámica de solución y resolución, donde lo mejor que podemos hacer se nos revela sin ningún esfuerzo.

 

MILWAUKEE – WISCONSIN

 A la mañana siguiente vamos en el autocar hasta Milwaukee,

donde si no eres alemán es que eres polaco.
Al menos eso es lo que nos dice el tipo del restaurante Mader’s
mientras nos trae un pretzel grande como una cabeza humana cortada.

Después, en una noche lluviosa, corremos hasta el Hotel Intercontinental
con los chalecos antibalas de plástico azul puestos encima de la cabeza,
paso junto a los cazadores de autógrafos y ante el espejo del baño canto:

Cuando me pongo esta máscara, todas las chicas gritan.
En cambio, cuando me pongo esta otra, se ríen.
Cuando llego a Milwaukee con una pinta de nata,
meten la cabeza debajo de las sábanas.

Preparo cuidadosamente un engrudo en un recipiente y me pinto el pelo de negro,
de modo que cae como el ala de un cuervo, oscuro y brillante,
sobre mi frente, que tiene varios pisos. Me acerco y observo
los confusos cultivos circulares de mis ojos. En el derecho,
sobre lo azul, hay una pequeña decoloración marrón, y los blancos
están empezando a amarillear. Tengo una mancha en la sien izquierda.
Una araña vascular en la ventana derecha de la nariz. La luz del baño es brutal.
Cambio la posición de la cara para dejar de parecerme
A Kim Jong-un y empezar a parecerme un poco a Johnny Cash,
o a algún otro. ¡Espera! ¡Un minuto! ¡Ahí está! ¡Así!

*

En un estudio de Malibú, Johnny Cash se sentó y tocó una canción. Estaba parcialmente ciego y apenas podía caminar. Yo estaba allí. Vi a un hombre enfermo agarrar su instrumento y ponerse bien.

Por desgracia, también he visto lo contrario. Agarrar, agarrar, agarrar. He visto a hombres que estaban bien agarrar sus instrumentos y ponerse enfermos.

 

*

Resistir la necesidad de crear.
Resistir la creencia en el absurdo.
Resistir mediante la provocación.
Resistir mediante la enfermedad y la tristeza.
Resistir mediante la masturbación.
Resistir gracias a los libros de autoayuda.
Resistir gracias a hacer cosas por los demás.
Resistir gracias a compararse con los demás.
Resistir a través de la opiniones de los demás.

Éstos son Los nueve tormentos del desarrollo. Viven en la sangre y en la piel y en los nervios. Están tan presentes en nuestros progresos, y resultan tan catastróficos para ellos, como un tren fuera de control que avanzara tronando hacia nosotros mientras nos quedamos paralizados de miedo en las vías.

Las entrañas supurantes de mi bolsa para el mareo diseminan barras y estrellas
sobre el suelo de serrín de los Estados Unidos. Pero ¡escucha!
¿Qué es ese dulce aliento que noto en la oreja?
Son las musas y Johnny Cash que nos van soplando mientras avanzamos.




MINNEAPOLIS – MINNESOTA

Estoy vomitando los mejillones y el pretzel de Milwaukee en un callejón
detrás del Teatro Estatal de Minneapolis (Minnesota).
Minneapolis, con sus razonables pasarelas peatonales que te protegen de las inclemencias del tiempo,
y el Teatro Estatal, una versión libre del estilo renacentista italiano,
con su proscenio restaurado curvándose treinta metros por encima del escenario,
comprado por Live Nation en el año 2000
y vendido a Key Entertainment en el 2008.

Llegamos pronto, pero nos dan ganas de vomitar y salimos tarde.
Las muestras de cariño del púbico son asombrosas. “¡Mira!”.
¡Los cuerpos de la gente se están convirtiendo en pilotes de hormigón!
¡Sus brazos se extienden como las ramas letales de árboles a medio talar!
¡La música viene retumbando hacia nosotros por las vías!
Hemos vadeado a través de la sangre del búfalo
y de los guerreos cheyennes para estar con ustedes esta noche. “¡Mira!”.
Los pilotes de hormigón se están convirtiendo en columnas de luz.
Estoy como un perro despellejado sobre mis patas traseras y muestro
una amplia franja de piel húmeda y rosada. “¡Salten!”, digo,
sujetando torpemente mi bolsita de vómito. “¡Salten, cabronas!”.
Y todas las columnas de luz se agarran de la mano y, una por una, saltan dentro.

*

Esa noche, tarde, en el Grand Hotel, en el centro de Minneapolis,
agarro Las canciones del sueño, de John Berryman,
como un ladrón experto. Ralentizo el pulso de mi corazón
y pego la oreja a las dieciocho vías
de versos oscuros y vibrantes. Las tripas me rugen como un tren.
Lenta, pacientemente, voy apagando los interruptores y, aterrorizado
y cómodo, todo el mundo se desmorona. Bostezo.

Entonces sueño que voy hasta el puente de Washington Avenue,
donde el poeta debatió entre la sutil diferencia entre
volar y caer con la orilla, hermosa y cubierta de hierba, que tenía abajo.
Tienes que dar el primer paso tú solo;
un ángel fraudulento con unas alas de papel pegadas a la espalda, como una vela,
dijo: ¡tienes que dar el primer paso tú solo1 ¡Y, por la tanto, también el último!
Después empujó a John Berryman por encima de la barandilla.

Y mientras el poeta , que quedó como un acordeón, se ahogaba en la hierba,
Llego al cuarto verso de “La canción del sueño 54” como un tren fuera de control:
“Me apoyo en la costosa cama y pienso en mi mujer”
y me despierto con una urgencia, con una necesidad imperiosa
y llamo, llamo, llamo a mi mujer. “¡No saltes! ¡Por Dios! ¡Cariño, no saltes! ¡Levanta el teléfono!”.
Mientras, recuerdo, en los escalones de nuestra casa,
su mirada al despedirme, húmeda, inestable, que decía ay, ay, ay,
no te vayas. No vayas. Quédate en casa.

*

La canción de la bolsa para el mareo es las sobras.
La canción de la bolsa para el mareo es las peladuras.
La canción de la bolsa para el mareo es las virutas.
La canción de la bolsa para el mareo es los últimos vestigios.
La canción de la bolsa para el mareo es la bilis y las tripas.
La canción de la bolsa para el mareo es los restos y los residuos.
La canción de la bolsa para el mareo es la escoria y lo devuelto.
La canción de la bolsa para el mareo es la hez en el fondo del barril.
La canción de la bolsa para el mareo es lo rechazado, vomitado.

Para poder seguir avanzando y mañana saltar de otra manera.

 

 

 

La canción de la bolsa para el mareo (Sexto Piso, 2015)

jueves, 11 de diciembre de 2025

EPISODIO 1: ¿LO QUE HAY ES LO QUE VES? «GUATAMBÚ», MARIO ARTECA

 Guatambú es un libro que fue escrito por el argentino Mario Arteca (1960) en el año 2003. Así como hoy nos referimos a este título — sin duda emblemático— recordaremos otros editados a «principios de siglo» con el propósito de dilucidar cómo lo que, entonces, parecía alborear con la claridad  de un período promisorio —existen varios ejemplos de ello—devino en un régimen digitado por  la inmediatez ramplona  de la “poesía Instagramática” con la promesa de ser famosos mediante la escritura.
Salvo algunos aportes de Vicente Luis Mora, Martín Rodríguez Gaona y, eventualmente, de Cristina Rivera Garza, no he leído muchos debates sobre esto. No como tal vez lo exija este ¿cambio?.  Para ello en lugar de hablar de «lo que hay» —en su librería favorita—comenzaremos refiriéndonos a las escrituras, perdidas en el submundo de las ferias ambulantes, esperando ser descubiertas o, por qué no, reeditadas.
MM






L
a escritura del argentino Mario Arteca (1960) constituye una coartada contra el discurso, comprendido como estructura orgánica o ideológica. No hay tal. Y si lo hubiera, sería por contra-lógica; es decir, desde la propia negación del mismo. A través del cuadrado mallarmeano, y contra el ruido blanco de la página, yuxtapone paradoja y suspicacias, doxa y voz urbana; de pronto refiere, en otro evoca. El Yo del sujeto poético ora es una imagen pictórica, ora una idea, ora una insinuación, oscura o no, que alude a otros planos, siempre desde la alusión a otros planos. Coartada, dijimos. Agregamos ahora: “ensamblado”. Esta escritura es composicionalmente prismática. No hay tesis. Si la hubiera sería solo para liberarla de los determinismos que han sido puestos sobre ella, y casi al borde del pensamiento crítico: aquel que nos da el medio para pensar el mundo tal y como es (y como podría ser), pero, cuando el lector empieza a creer en este, basta una sola frase para tirarlo todo abajo.   
De acuerdo con José Kozer, la escritura de Arteca es concebida con tal rapidez que aparece como una continuidad deshaciendo la propia continuidad. Esta es una de las operaciones más características de Guatambú, un libro articulado en cincuenta y cinco zonas, pero que deben ser entendidas como una organicidad indivisible.
La performance de Arteca podría hacernos pensar en un “tiempo real”, en uno que transcurre conforme se va hablando, y que se recoge a través de una mímesis narrativa. Los flujos de pensamiento, las voces, las referencias fluyen y devienen, como en John Ashbery, sin aspavientos ni arbitrariedad. Connotan, al mismo tiempo, un plano real-mental, como se imbrican, tal si cada uno deviniera desde otra lengua. Mario Arteca es solo el lugar de cruce. Escapa a eso que él  llama
caídas retóricas de la sensiblería, las mismas que ocurren, incluso, en grandes poetas de nuestro continente. 
No es raro, entonces, rastrear en Guatambú influencias anglosajonas: Eliot, Pound, Hughes, o de las más recientes generaciones brasileñas: Paulo Leminski, Wilson Bueno. Tampoco es raro –por el contrario, es una de las bases de su discurso- el recurso ensayístico, la poética del poema, el apunte reflexivo que irrumpe y se integra al flujo expresivo. Expresión y reflexión: decisión de un decir que se expresa. Este proyecto, que atraviesa toda su obra hasta llegar a El pekinés (2011), aunque cada libro concentre en sí a una variante, hace de esta escritura una operación de desmontaje de lo real a través de la deriva. 
No hay estructura, no hay lírica, no hay estilo y, sin embargo, todo encaja perfectamente.
Maurizio Medo (en “País imaginario. Escrituras y transtextos. Poesía latinoamericana. 1960-1979).





“A Guatambú lo veo como un libro que funciona como un manual de escrituras a punto de dispersarse en varios fragmentos, que luego serán textos literarios autónomos.

Permanentemente pensaba en huir de cualquier etiqueta previsible… No se trata de un movimiento racional, pensado, calculado, sino del resultado de lo que mejor me salía hacer en ese momento.”

Mario Arteca.



Por distintas razones, este libro está dedicado al amor

y a la amistad de Esteban López Brusa, Reynaldo Jiménez,

Aníbal Cristobo, José Kozer y Víctor Sosa.

Sin ellos, este libro jamás hubiera visto la luz.

Y por una sola razón, este libro es para Fernanda y Olivia.

 




Guatambú: en guaraní: guata: caminar, viajar, funcionar; mbú: ?

1) m. amer. Árbol de excelente madera que se usa para adulterar la hierba mate: “¿Siempre nota a la primera el sabor del guatambú?”. Plural: guatambús, guatambúes. Tronco duro de los bosques del Paraguay. En Argentina existe la variedad “guatambú blanco”. Tiene gran flexibilidad y es muy codiciada en la zona del triple límite entre Argentina, Paraguay y Brasil. Arquitectos y urbanistas suelen trabajar con ella, sobre todo para amoblamiento de casas; 2) municipio del estado sureño de Santa Catarina, Brasil. Población: 4.707 habitantes. Ciudad esencialmente agrícola ganadera.

 

                    

1/

 

Más bien la oscuridad misma, y no sólo opaca

   a causa de su influjo. Todo es inquietante;

1999       o algo que luego podría aclararse tras

ponerlo de manifiesto. Ante sus ojos,

un alma abierta imposible de adivinar cualquier

acertijo. Es así: la señora iba pocas veces

a la cabaña; no siempre le llevaba comida a su hijo.

Las peras asadas en ceniza son lo mejor del mundo

-tallaba con navaja grandes rebanadas de pan negro;

también lonchas de sebo pellizcando el nervio

de un brasero. Para probar si ya estaban cocidas,

clavaban en ellas (batatas) y unos bastones

de lo más delgados; al retirarlas apenas debiera

registrarse la transpiración de un filamento. Allí

se despreció la regla, según la cual no hay que seguir

a todas partes a la persona que se adora. Atracción,

sumisión. Nada lo desvelaba sino una faceta

de su naturaleza. Era un largo caracol sin cáscara,

acercándose al fuego, contemplándose cómo

al primer contacto se encogía, vulnerable;

o una rata a la que empujan hacia un túnel,

entre carbones encendidos. Así el encanto

de una pequeña columna de humo entre

los árboles, y aquellos seres lanzando salivazos

a gran distancia, no pueden aun con él. Los

que hablaban, además eran gente lithuani. Pero

él no tenía miedo, tan sólo un júbilo que lo unía

para siempre jamás. Un lobo, en la linde del bosque:

negras jorobas echando campos bajo

1989       la ausencia de lugar. Es el mismo animal

quien voltea la cabeza en dirección

a una ventana. Al reparo, alguna vez tendrá sentido

probar. Aquel rectángulo cortado de luz atraía

seres menos inteligentes, cuando el viento

del deshielo soplaba desde el oeste, esquivando

concilios de dipolos rumbo a cada antena de radio.

Sigan filmando; reincidan en la escucha; apunten

esos nudos del sinónimo. ¿Cuál será el equivalente

a una escopeta colgada de un clavo? Cuál papá,

pariente mío de todos los sapos. Y: “¡Ay de mí,

que no puedo acabar de morir en esta hoguera!”,

decía Servet. Una heráldica de plumas de pato

zumbando en Basilea, Tubinga, Wittenberg,

Estrasburgo y Cracovia, por una diferencia

de ducados, sufriendo hasta la muerte. Una ciudad

flotante, una aglomeración de puntos oscuros

1940       entre el humo de las aguas y una bandada

de ánades; el bote tomó un nuevo impulso,

cortándole la huida hacia los juncos. Pero enseguida

perdieron el orden intercambiando gritos. Las mismas

raíces (napis) y las manchas de cieno bajo las matas,

le parecían ahora menos extraordinarias; ajeno

al meollo de partida, sonó el silbato y el aguamanil

desbordó en shampús, cera para pantorrilla en el vello

de la carne, tras los poros su lisura. Con el baño

concluido a la hora, a su señal, dechado del indicio

la criatura inunda su animal, ríe entre pies de apoyo,

casi desnuca, ameniza la velada, localiza el objeto

(mío, suyo), da tres pasos y lanza la cosquilla al padre;

alcanzará con ponerlo en autos, triscarle sus relieves,

sacarlo del apuro y del ganglio de la hora, entre tantas;

decirle con aproximación allí donde la tutela falta

a la cita, cuando memoriza su libreto,

kilómetros de fallas en los mohines aquellos.

Cosa bien retornable el sondeo, no soporta

mientras la visten. Candil y media luz a tientas,

a otra llaga brutal; el decomiso de unas prendas,

la velocidad del tinglado cuando escupe

1989       cielo y tierra: adolece la marca en el cinzano,

con un clima de aquellos: tiene temperatura.

Reza, ora entre abluciones, irrumpe modal, simétrica

ya entre la frase. Padre –nuestro-, siquiera estás

en la tierra, danos lo que puedas, ya fuere muy poco

a saber y en qué sitio o reino. Corroe en un tiempo

las hogueras, a sus costados las lonchas embebidas

en romero, azul de vinagre en la imantación

de unas órbitas, tomando de pronto el zumo

y su epicentro; y relojea luego la pasión

según su criterio, de acuerdo al impulso primero,

anómalo, respectivo hasta tanto otros sumen

mucho más por retracción, toda bicoca. Enciende

así sus indicios, fuera de esas trufas en manteca.

Observa, ponle atención a la galleta en dos

para su hija. Mirá la niña ahora, junto al apóstrofe

de su padre, cubriéndole cara y cabello

entre los dedos. Qué hace. Por qué no

quitarle mica por mica sus capas donde rebosa,

proveyendo el único momento unicelular del día,

y cada tanto ella, por igual número sus deposiciones.

Ese sonido no recuerda en absoluto voces que suelen

salir de una garganta, pero aún así aprendió a imitarlo.

Hasta él mismo se extrañó de poder hablar

1980       con ellos. Sí, hay una depresión del terreno

cubierta de alisios y en verano todo muda

en un lago. Las puntas de los alisios se recortaban

sobre un fondo de cielo color limón, con sus contornos

oscuros, mientras tenía ante sí un compacto de árboles

jóvenes. Allí donde el acceso era difícil, la tierra

se conservaba mojada; cada vez que alguna cosa sucedía,

desde un lugar le respondían desde tres o cuatro puntos

diferentes. Por encima de los árboles, una silueta

y luego otra. El hecho de que estuvieran volando allá

arriba no probaba nada aún. Atención: una sombra pasó

entre el cepillo de las brisas más jóvenes, se posó después

de un disparo y encontró aquello tendido de espaldas, vivo

aún, las garras erguidas en actitud de defensa. La piel,

disecada, conservará durante un tiempo el aspecto de éste

y no de otro ser, mientras no la destruya la polilla.

Quiso lanzar un reclamo, aunque sólo consiguió quedarse

ronco, cambiada ya la voz, nunca otra vez aquella señal

aguda (contrapicado) entre el maullido de un gato

y el silbido de la bala, haciendo centro. Lo único

que los justifica es la medida de sus proporciones;

cuando no se expresa aquello que no existe, de la misma

forma en que el Estado protege a sus animales

2001      de caza mediante leyes y a la nueva generación

por medio de verjas (G. Benn). Asbesto,

la inflación de la conducta; sucesión espontánea del páramo

en su dogma, las muñecas anuda hasta zamparlas del todo;

es un mundo para ella y así, incluso, con esa carga apenas

lo conoce. Pero insiste con él, se deja estar entre esos brazos

iguales a los suyos en la compensación de los detalles.

A escala dará lo mismo que él y ella sumen de a un coágulo

el ritmo del vareo, aúnen sus pies en el caldo de la noche,

cuando incurrir en ello supone el principio de toda atracción

tras largas emanaciones. Corrige, tacha la válvula paterna;

proviene del horror vacui cada despunte de sus ojos. Lo ve,

imprime los suyos saliente de un reflejo acercándose al apego

de una cámara. En la nueva toma ningún miembro del dúo

opina lo contrario. Hacen correr sus cilicios al amparo

de un efecto, un rebote. Al tiempo se refractan, salpican

milímetros de la piel que los une (si es para siempre, mejor)

pero sería demasiado, tamaña coincidencia; o bien le zumba

cualquier atisbo de un script en la cara, segura cosa entre ellos.  


 


2/

 

El lugar de observación sigue siendo el mismo:

               un cúmulo de ramas secas al filo de una hoguera

1973      ante el menor chispazo de cigarro, atalaya

               aún en plan de desprendimiento de la mirada

haciéndose visera por el fondo de la calle, y aunque

la luna irrumpa con su ojo de buey el muchacho continúa

observando. Así ninguna situación anticipa descanso

alguno para él. Además: los jefes duermen

en las cuchetas; tutelaje del daemon de una cama solar

y bajo un sueño en el que bien fornican al colimba de turno.

Así serán, lo fueron, y escaparon de nosotros. Un compás

de espera previo al seguro ataque, aquello tantas veces

un preanuncio se volverá topos de horror, dolencia,

cosa fibrilar en auténtico desgarro por el meollo

de los intestinos hacia la punta del colon, luego inevitable:

terror mundi, a lo Lowell en el Boston Common; alzan

la barbilla igual y en consonancia con la misión interfecta.

Uno de ellos recibirá la suma de todos los disparos,

reservorio de todo blanco móvil cuando no se trata

de aquellos quienes debieran aguardar el fin

de la descarga. La carne de cañón será puesta a punto,

dente, en otros mayores desprevenidos. La clase se preserva

y la elipse de muerte frena su rasguño final, a tiempo.

Así bien, piedra de toque, una estirpe

1974     que comprende, rezuma de importancia

dentro del esquema: el objeto de no verse

averiada. Igual los desmalezarán, con la azada puesta

en el límite del cogote en el instante de pasar a la cena

de despedida, sin amenaza, siempre anticipación.

El esófago será recuerdo en la pluma y otra vez

vigencia de cualquier notario, apostado frente

a esos cadáveres como pequeño ante el mecano.

Conteo previo, reuniendo evidencia entre los restos

sin oriente de los grandes hombres de la fundación,

su circuito arterial en el preciso diluir de la pesquisa.

El chico hace visera, las luces de la ciudad empaquetan

su resudación a chorros frente a la antesala: vendrán,

serán muchos, enviarán la molécula huidiza

de sus pasos y el miedo se tornará arroz al arrozal.

Roce; tendrá sus ojos. Piensa en tiempos en que la duda

entre hacer y deshacer cobraba un intersticio de tedio

y sólo eso; pero en este ahora confunde esa latencia

y promueve un grito destemplado –interior- en el seno

de la entraña cuyo apogeo se contrae alicaído,

y crea su mundo de imaginaria fuera de proyecciones

y ángulos de retardo, y conoce, y más allá avienta

cuándo será el ataque, el achique. Desde su lugar,

casi diez veces su presea de diez y nueve años, el halo

de los jacarandáes alcanza con martirizar el polen

ambiente y revolverlo en un saco de colonia,

diseminando estos menesteres. La vigilancia,

desde la fundación de su mundo cargó

contra un ejercicio sagrado. Desde ya, aquello

lo ignoraba; el muchacho contemplaba la posible

llegada del racimo de enemigos, su atención

parecía venirle de los tiempos donde sólo

observar con agudeza formaba parte de una heráldica

invisible, movida incluso por el afán de paternóster

en el recuento del día, y verificada por informes

a los altos mandos, horas más tarde. Un reporte, así.

               Esa es la exigencia, y el chico la cumple muy

1976        a su pesar. El escándalo, espanto provocado

               en cada roce de telaraña contra el manubrio

de una bicicleta, en pleno intento. La más leve brisa

vacila así entre el climaterio de la garita. Al tiempo

irá recordando, en busca de alejarse mente arriba

tamaña responsabilidad, una antigua canción

de sus años (que eran hasta el momento todos

los que había acumulado: diez y nueve). Las ramas

de pronto abrazando en un anillo de ceñir novios

-dentro de la garita- eran de laurel. Sea definitivo.

Saberlo después, la perspicacia de un aroma. Pero

no se anima en decirles nada sobre cuán repentino

perfume amanera la atmósfera, y en la sordidez

espartana todo el regimiento. Llegan más datos,

según se apunta, en el interior de un camuflaje;

el muchacho exhibe tres pies de cabeza hacia

los costados, igual si estuviese comprobando

esa orientación de la calzada. Raleas de peatón,

el posible ataque llega a la medianoche. Se trata

de un comando que días atrás consiguiera los añicos

de un jefe de policía, por interpósito artefacto debajo

de la cama, previo acierto. Un trabajo de hormiga

la inserción de la muchacha en el seno familiar

bajando hacia la siesta del jerarca, depositando

esos abastos, y él encima de la munición, próximo

a repartirse entre los suyos. De inmediato

una impresión refleja, y segura detonación. 


 

 

3/

 

Bombitas de noche, fungibles, calóricas -filisteas:

dan su punto en esos progresos del tranco;

2001       y de nuevo abiertas como barrigas de batracios

(auto, asfalto). Ponen lumbre en mi talante

decenas de bichos aumentando su ciego: un fino

en el callejón y hacia otro (uno) más recóndito. Allí,

diversos lamentos sueltan la lengua, desdicen y acomodan

una petición lista para servir. El bicherío, encandilado,

reconforta. Pies yendo del sigilo a la epilepsia, diezman

imprecaciones contra el muro, vencidos los terrores

del invierno (bien) y bien, ya incestuoso. Cosen así

la brea entre las muelas, digieren sin dilación

los remanentes de la fiesta; loas y asenso a la trituración.

De hinojos ahora alcanzan con detenerse y poner fin

a la sospecha del residuo. Es alimento, doble cocción

de los fluidos, inmanencia de los pies quitándolos del medio.

Las bombitas en su cóctel de mercurio, son paupérrimas

bajas de los zócalos; allí buscan, y encuentran

seguros quilates en sus reservas. Lo mismo se agravan,

enferman. Tener cuidado: en casos más graves, diplopía;

también hipotensión, reacciones cutáneas, depresión

respiratoria. Coma, raramente. Y apnea en el sueño,

miastenia severa, ausencia de estado anímico.

La continuidad de todo esto (los bichos no suponen

desperdicio) no debiera extenderse dos o tres meses.

Aunque en determinadas situaciones será necesario

alargar el período de tratamiento. Laboratorios Lwów.

Riapuzuk, widzenia, miasto dzienne. Después

emergen gruesas estacas negras cubiertas

de musgo, verdín en balanceo junto

1966       al movimiento de las aguas, donde antes

se conformara un puente en medio

de cercetas, modelo común y pequeño de palmípedos

lituanos. Y allí, formando pasarelas de mujeres en torno

a un fondo de canoas, pervive la exacción de un huerto

de manzanos, y las redes de los pescadores ahora cuelgan

como mármoles en aquellas estacas. A través suyo

un viento suave eriza la superficie del lago, estropeando

la fiesta durante un raro santiamén, mientras un grupo

de aves sobrevuela en círculos cada perímetro

de la helada. Cuando se trata de pájaros acuáticos

la espera tiene su recompensa: en una pata

encontramos un anillo y dentro de él, escritos, cifras,

signos de alguna estación científica en un país lejano.

Las aves hundiéndose contra el doblez de una hoja

oculta en la cabeza, estableciendo pausas en el aire,

ajenas al litigio.


 

 



4/

 

A partir de sí misma, la oscuridad se traslada al texto

y al tipo de letra, privada de sentido y luego

1965       vuelta gradual hacia el principio del grabado;

los epígrafes en bastardilla; nomparell:

el orden sencillo de las cosas, incluyendo en una suerte

de fiebre el concepto de las cosas reunido en el grabado.

Estaba escrito. Ríos de pronto vertiendo sangre;

una invasión repentina de anuros; la velocidad

de los mosquitos en su trampa de succión; el ganado

corrido por la apetencia de las moscas o cualquier plaga

social; de inmediato, granizo; langostas sobre el climax

del sorgo; más granizo y luego tres noches consecutivas

inclinando los ojos a la tierra; y todos los primerizos

expulsados de su faz, dando calibre a la commedia.

Lamentos se oyeron, porque no hubo casa

sin una persona muerta. Pues, obviemos ese pasaje:

quod erat demonstrandum. Mientras que los antiguos

asertos insistían en la objetividad de los hechos

exteriores, sin participación del espíritu humano,

1937       la de ellos repone esta dimensión por la presencia

del inconsciente (Durozoi-Lecherbonnier);

campo de exploración, azar, psiquismo. Y escogiendo

la observación médica como modelo de relación

con los hechos. De pronto, la iluminación:

ese navegante que descubre una nueva costa o el sabio

testigo de fenómenos desconocidos. Y claro, también

quien hace el trabajo sucio. Los tres abiertos

a un mundo que no ha dejado de existir;

la electricidad de un evento donde el suelo recoge

sus pies a mansalva, ya instalada cierta matriz

del escrúpulo afectivo; la vida en ceniza,

circuyendo marcas en la piel lejanas, inclusivas

al reintegro. Quid pro quo: raro isósceles abjurando

ya libre de un cuarto miembro, a pesar de la demanda.


 

 

5/

 

“En el Génesis hay un momento conmovedor 
en que Jacob dice: ‘Y he aquí el olor 
2001     de mi hijo como el de un campo 
               bendecido por Dios (Yahvé)’. Esa 
es Oli o mi Milonga o mi Susana: olerlas 
es el mayor recuerdo. Esa hija mayor, cada vez 
que nos visita y entra en casa, lo primero que hace 
es husmearme. Reímos, y aguardo. Gracias 
por tu discreta misión”. Y en fin, aquí están 
estos pocos: dará banquete leyéndolos. 
Mañana en la calle todo el día y si aquello 
llega irá a recogerlo a la oficina de correos, 
haciendo largas colas en la que serán 
dos pichoncitos, porque cada cola de diez tiene 
unos dos mil años de futilidad reunidos en carne 
ajena. Jijoja. Luego ruega no se queje: ya 
lo estarán viciando sus niñas en la casa. 
Que lo acompañan por unos días sin la cercana 
familia carnal. Si entiende lo hará con el mayor 
gusto. Sólo, please, la confirmación; y viene 
por el camino un libro no titulado Asunción. 
Con la edad surge el privilegio de verse solicitado 
por los amigos: ahora no pasa día 
2000      en que alguien no le pida una opinión, 
              y convertido de repente en una putilla 
doméstica, suele acceder. Pero a veces quien lo pide 
es la persona en sí, de primera intuición, alegato 
sucesivo de días y horas en transcurso. Y así 
escribirá alguna cosa, mientras sigue abonando 
trabajo sobre Eielson, o traducción portuguesa 
de Girondo, y después, sí, contará con ello. 
Agradece; inscribe loco entre los suyos. Darle 
a los pobres pibes de su país a leer doppio rarezas: 
“pobres chicos: no sabía que te encantaba 
envilecer a jóvenes estudiantes con lecturas 
malsanas. Espero sobrevivan el trance y dediquen 
todas sus fuerzas a la cibernética, que es el presente. 
El futuro somos tú y yo”. Así llama a juntar fuerzas, 
ya quedan pocos sitios alternos. Algo en Brasil, 
muy poco en México; en España casi nada o menos; 
la poesía está más muerta que la calaca deshuesada 
de sí misma. ¿Entonces, por dónde “conspirar”? 
Lecturas, donativos, dineros, golpe al mecenazgo, 
más compra de libros y promoción, etc. En fin, 
todo toma su tiempo –dice- y jura un día a esa hija 
suya (de otro) enseñará a bailar gaitas a lo cubano. 
¿Chi lo sá? Ruega cuidado, para después la promesa
de decir las veces necesarias amor en latín, 
-no en griego, cosa muy abstrusa-, bien en castellano, 
sí, pero sólo para que lo diga al oído de ese amigo suyo 
hasta su edad de siete años. Y que, además, verá fotos, 
tantas e iguales a lo posible. Intuye bien una familia 
idéntica a la suya, en amoroso orden libérrimo, 
comunidad. Bien: el poblado donde vive y defeca 
tiene una calle, más bien avenida, se toma el ascensor, 
se llega al piso 9, izquierda, izquierda, recto, se llega 
al número 2133, sumados, nueve: al abrir la puerta 
se encuentra a un hombre sonriente, tiene 
2001       en la mano un libro de aspecto sesentón, 
 tal y como el propio hombre; el libro está 
apenas rozado por las manos del hombre sesentón, 
claro que apenas, si es que acaba de llegar. 
Y el hombre tras la sonrisa revela salto, alegría, 
zapatetas, altura, se muestra eufórico, quién 
se lo iba a decir: un día tendría aquello en sus manos, 
y es tal su alegría que ya se confunde, no sabe, para qué 
saberlo, si tiene entre sus manos las Memorias 
de Ultratumba de René de Chateaubriand, enviado 
desde un país cambiado por su amigo, o si tiene 
entre sus manos a su amigo o las memorias 
de su amigo escritas por Chateaubriand, o quizás 
si el hombre al abrir el libro, que pronto llevará varios 
días leyendo se encuentra con que todas sus letras 
se han borrado y él tendrá que escribir las memorias 
de Chateaubriand con su nuevo seudónimo: 
el de su amigo. Aquél le ha traído la alegría, 
gracias mil: está en esa casa junto a los suyos, 
de uno en uno con los otros –y otras- damas chinas, 
todas comiéndose en respingos. Diagonal, tal vez 
ese costado, bajo omisión. Le sugiere hacerse 
de un ejemplar de esas memorias; aún tiene tiempo 
y es joven. “Qué bruto el papi del romanticismo 
francés”. Después otros: Willa Cather, 
2001      novelista (cuentista) usamericana: apenas 
hoy día se lee (volverá): es la madre 
de Hemingway, afín a Sherwood Anderson 
(otro olvidado): todos narradores de línea muy recta, 
cronológica, limpidez compleja dando gusto, siempre 
a un milímetro del melodrama pero no, no cae. 
Y su humanidad entonces se centuplica, 
porque se acercó a lo lacrimógeno, 
el nudo en la garganta, sin nudo ni moqueos. 
Y luego, ahora, eso sí, las cuentas 
llegan al buzón, infalibles; y se las paga lo mismo, 
para eso se incurrieron. Qué ganas de verlo. 
Yace Chateaubriand sobre una repisa que implica, 
entre sus rituales, “siguiente libro a leer”. 
Primero terminar la novela de la madre del viejo 
lobo, banquetazo (acto seguido): tiempo
al tiempo y todo se andará, faltaba más 
a estas alturas (bajuras) de su vida.

 

 
6/

 

Polska Rzceczpospolita: un escritor es un obrero

productivo. Ende, el modelo de explicación

1972      se reduce a un análisis de roles, límite

de los alcances; secuelas; la neutralidad

respecto a los problemas lleva al sometimiento:

material descriptivo (Löwenthal) de enorme

importancia. Una vida transcurre (Kolbe) entre Tieck

y Raabe, donde sólo se admite destreza en quien

prevalece sobre los recursos. Y con eso darle

a la afectación una muerte digna de ella.

Pues si la capuchina calada por el otoño

ofrece todo eso, el olor ha quedado en la palabra.

Así una yema de álamo, parásita y pegote. Después,

el musgo a instancias de un demo y verdes

en partículas; por ahí resbala también un ciclo

geométrico, los movimientos de cabezas

cuando alternan ritmos circadianos. Bien, aquello

se sostiene en vilo, toma huelgo, respira de nuevo;

una mano oscura colocando con distancia –práctica-

que se ve y practica de continuo su quehacer.

2001       Tiembla por él. Por su existencia y futuro,

alabado. Mantenerse frugal y remoto, bajo

refachimento final, de cabo a rabo y por la espiral

del rabo, de vuelta al cabo. Una alegría spinoziana,

surgida del deseo de la virtud, de la razón rigiendo

pulcra hacia la necesidad, conforme la naturaleza

o algo así. Le aguarda arduo camino: no lo dejarán

vivir, hasta aburrirse del gesto, en paz. Entonces

reunirán silencio bajo la luz de una lámpara,

fueran por igual número sus remociones.


 

 

7/

 

Los pueblos blancos se encuentran en el estadio final,

sin importar qué tipo de teorías fijen

1935      su decadencia. Esa fisión ya es palpable,

menos imposible: aquí rige la segunda ley

de la termodinámica y el nuevo poder está ahí, la mecha

en su sitio, sea consunción del átomo o espita de fuego,

desinteresado del mecanismo sólo porque produce,

contrario al raciocinio. Ya no se tiene realidad alguna,

ni posesión, ni cualidad del instinto: hay estómago vacío

en ese círculo de recelos del ciudadano de a pie.

Zôon Politikón. Hasta ahora no presenta batalla

en ninguna parte. Niágara para ahogarse en la bañera;

Constantino alocando clavos en la cruz del príncipe.

La paz en su cincha, embeleco, y ya antítesis, pase ahora

de largo. Blandengue, contenido, evitando así

1933      el peligro, algo de ello velada la pauperización.

               En eso el aislamiento resulta más evidente,

aunque (claro) siguiendo con él, más esmalte y barniz.

Del cernícalo duplica el grito en el cielo, entre cercetas,

ya sumando nuevas cifras a viejas intercesiones.

En resumidas: Kleist no vivió lo suficiente; nunca.

Drittes Reich for out. Nunca. Y así levantaron

su cabeza de puente en el Este, y tras ello,

de lo mejor evaporándose.



 


 



8/

 

Oblicuo, con besos; towering con seis pies

de silla que talla una madera y dura

1988       (rubia) de guatambú, en llamado Paraguay.

Ella tiene un aliño más de oro disponible

ante cualquier acabado natural; y ese modelo del grano,

con marcas pequeñas. Cierto. De vez en cuando

grandes, semejante a besos. Entonces la silla es mano,

frotada a un liso, final del lustre de satén (y otro rasgo

suyo: no siempre acaba sencillo como cristal). Él

asienta y posterior ante-como se encadenan con 5/16

cuerdas de cuero, sólida del diámetro u obtenga

por fin textura; los olores del cuero aquél,

1797       cuando se utiliza mejor la silla. Se siente

y huele. Preside: mostrando se piensa rey

de la serial. “Estamos desarrollando modelos de reina;

modelos de empeño”. Así su majestad ofrecerá pliegues

en el marco, y luego apenas ya delgado, más estrecho

que mayor, un rey. La silla de empeño, de alguna manera

será una cimiento de la parte posterior, del punto bajo.

Más tarde una especie de casa Wolfe (Rudolph

1921       Schindler, 1923), de pirámide invertida, ganará

toda inserción de mixtura en cócteles de hierro,

donde perfiles normales irán soldando a pie juntilla

una fila india de remaches, tras monteras de placas

y madera laminadas; o bien alerces.Tres o cuatro

protuberancias alares; apenas quedan muy pocas:

si se observa desde aquí ya todo está construido,

imágenes casi imposibles, excavándolas igual

un arqueólogo, con pala: a ver si rescatan cosa

alguna del paisaje, color marfil de homogenous.

Variedad de aplicaciones para muebles (diversos

elementos); adornando (las cocinas, almacenes; están

paradas); construcción (paredes, puertas, escaleras);

insolación: phonic y térmico empaquetando (plegable,

cuando reutiliza);  carretes de sirga disponibles en pies

y avanzando de a poco, a petición. Esas

1984      aplicaciones, ayuda del suelo, muebles,

montaje, material para techos, dicen algo

de su fibra regular: capa de 1,5 milímetros; 2200

x 1600 milímetros; 2440 x 1220 milímetros (talla).

 Aspidosperma polineuron. Árboles por agudos,

en más de un estrato. Y emergentes, si con ello

fuera necesario internarse en el remozo

de un combate. El gametofito se alimenta

en el megasporo, y las hojas liguladas, los tallos

polistélicos, ceden importancia ante cierta tecnología

flotante. Y bien: existe una alternativa (continua)

entre dos tipos de frondas: el primer grupo, aquellas

en blanco y negro, bajo un sistema abierto

y menudo, consiguen todo en un sólo punto conocido;

y el segundo, fuera siempre de secuencia cronológica,

igual, aunque en orden cerrado al dolo de los faustos.

De existir un mecanismo entre ellas, no siempre

sería bajo el reflujo de los amos.


 

 

9/

 

Paréntesis en la explotación: 800 mil hectáreas

aún restan de bosque nativo; cosa irracional

1995       lleva al hatajo hacia un camino sin retorno.

Rollotráfico. Servicio Forestal Nacional,

y demás popes de la frontera. Intervinieron camiones,

sacaron carga, varios transportes, amén. Cuando

se entraba a los aserraderos, se molestó a mucha gente,

y es así: todo se vuelve un borde seco tan activo.

Además, en Curitiba hay versión guatambú

paraguayo, segado en kilos como si fuera brasileño.

“El estado de Paraná no tiene más guatambú” (Folha).

Mientras la Ley 200 ata de manos y toma sanciones

anuales contra funcionarios y agrotóxicos. Cristo

Crucificado, en una sola pieza de guatambú,

1902       obra del tirolés Leo Moroder (Catedral

de La Plata). Tallado íntegro por él salvo

los brazos, con su cruz de roble de Eslavonia, ahora

reza, ora, absorbe su minúsculo don; será porra verbal

hacia todo costado e sitios. Poezji: vieja permuta

para demasiados epítomes. 


 






 

10/

 

Misa mayor por la mañana. Paseos, afternoon;

tocan piano a dos manos. Ellas

1965       y sus cananas bajo un sostén regio,

después de bruto entre las ropas. Levan

romanzas y más tarde vida concentrándose pálida

en sus sueños. Esa sala donde drena la oscuridad

a chorradas, quita ya la vista y todo sermón, cualquier

inmediata pastelería de flan chino, más copa de Larios.

Muy pocos domingos después, alguna de ellas se irán

yendo para siempre. Y la cena, tras pasar la cena,

y el trapo del polvo sobre aquellos tálamos de níquel,

donde ahora se recuestan con sus vestidos ajenos

a la moda, delante fotografías. Al cuarto de sus padres,

esa certeza plena de los guatambúes reunidos

1970      en un dosel de raso, junto a cobertores de piel

    leonada. La rara somnolencia de un padre

al afeitarse, niega de improviso todo fundamento.

También en ellas esa hoja de fígaro (stainless steel)

estará abriéndoles surcos día y noche, a la luz

de novísimos movimientos. Concédase así la pausa

en estos y otros enviones. Líbralas de ellas.

De la aerofagia, de próximos desgarros. Adluego,

niños de Maeterlink ya reposan lejos

1972       de los autores muertos, simples formas nunca

leídas, cachando los ojos en doble pestañeo.

Allí pensó, al sentarse a la mesa: con el luto

no se tiene gana de nada. A través de aparejos

vacíos de guante, la acetona yendo del relevo al relevo

de prueba, en su apareamiento de píxeles, y delante

suyo un frío sacudiendo cabezas, pies, ojos

en su sombra, enzimas, tanto como agua

y creolina, donde existieron apenas bienes raíces.


 

 

11/

 

Rescató esa imagen del olvido: el concilio acechando

la bocacalle en silencio mientras dos hombres

1965      apuntan al zaguán con una bandera blanca.

Aquella se destaca intensa bajo el polvo ocre,

sobre el blanco a la vez enlucido de las paredes.

Semeja encenderse todo cuando ondea, vibra en el aire,

en un efecto típico del espejismo. Asistencia en la alucinación,

al cabo de muchos años jamás vividos; los acordes

de “La Santa Espina”, el Jarama, descuentan la bandera

del panegírico ahora chusco, cegado, por amor a un Jehová

con lágrimas en los ojos. No era una bandera sino una capa

de brega. Se sirven un vaso de Fefiñanes, apurado a sorbos,

cuando entero filman la estampía, el regreso del novillo

a los cabestros y al sindicato único de mayorales. Boyeriza.

Trifulca en la camisa cuando se prende fuego hasta la hilada.

Un chico enmaroma la ristra en el cuello animal,

   mientras aquél entiende de desobediencias al hilo,

1966       girando sobre sí mismo al modo peonza. Tras

primeros estampidos, la bestia corrige su carrera

en medio del camino a las esquilas, con gran empaque,

y desaparece con otras desde cualquier campo visual.

Boinas, calzones de pana, mandiles y blusas, junto

a la sangre en la comisura del novillo; público elemental.

Intentan restañar la hemorragia, pero aquél sigue

con su agonía concéntrica, en sus trece, luego de arrancarle

la cola para el señorito de sombrero cordobés y cigarro habano.

Hermoso en agosto, el paisaje de la sierra de Yeste;

1963       la comarcal 3.212 serpentea en medio de los bosques

madereros, el agua azul del pantano de Fuensanta,

baja, bordea la orilla, regresa a escalar, detrás de los pinos

y el llano. En tanto, los alberos promedian esos espartizales,

a cubierto de la ruidosa ola turística; del cielo maná

en el perezoso país del verano, a pesar de los cien mil

vehículos vadeando la frontera del Perthus durante

el último fin de semana (de paso, requisas). Franceses,

belgas, suizos, alemanes, eslavos, se reunieron

para ventilarse como saurios en un bautismo de brebajes,

bajo consuelo a la generación de los suyos. Y chinos,

gitanos, sefardíes, siempre lejos del radio de apreciación,

fueron también prevenidos. Sikh de turbante azul,

sellando con su mano una que otra boca, y floja.

El recato civil en los Reinos Taifas; la madurez a costa

de indispensables errores. Por lo que Swedenborg se refiere

   a la afección; la tendencia del hombre es más

1848     abstracta: habrá un intercambio entre hombre

   y mujer, darwiniano: el trabajo científico

en el suave sobrepeso de las caderas: formando estribillo

con sus lamentaciones. Es así: “Para entender a Balzac

primero se debe volver a Swedenborg. Se empieza

con la Séraphita y se sigue con El amor conyugal”.