lunes, 5 de enero de 2026

LUIS ROLDÁN. TOM WAITS. MÁS ALLÁ DE LOS HITS.

 





Al pensar en la gran canción popular de la segunda mitad del siglo XX, hay nombres que inevitablemente vienen a la mente: Bob Dylan, Leonard Cohen, Johnny Cash y, si vamos un poco más allá, quizá aparezca sobre la mesa el nombre de Lou Reed. Sin embargo, a mi parecer, existen figuras que no aparecen con la frecuencia que deberían, figuras con las que la historia mantiene aún cabos sueltos y una de esas es Tom Waits.


Tom Waits ha llevado la canción popular hasta los límites de la realidad, quebrantando incluso las convenciones mismas de lo que una canción debe narrar y de cómo debe hacerlo. Desde baladas jazz de carácter urbano, que retratan la decadencia moral y material de la ciudad que lo vio formarse, hasta disolverse como parte de su propio universo felliniano de circo, cabaret y surrealismo, Waits ha estado siempre atravesado por una necesidad de frenesí creativo que lo ha conducido a realizar discos que dialogan con el cine, el teatro, la publicidad y las historias de bares.

Resulta pertinente establecer una separación de etapas dentro de su carrera. Por un lado, existió el baladista beatnik que retrataba a los personajes marginales de Los Ángeles. Este primer Waits, fuertemente influenciado por el cine noir y la literatura norteamericana de su tiempo, explora los distintos géneros propios del folclore de su país. Folk, country, blues y jazz conviven a lo largo de sus cuatro primeros discos. Nos encontramos ante canciones situacionales que invitan al oyente a emitir sus propios veredictos o a extraer sus propias conclusiones, del mismo modo en que podría suceder frente a una pintura de Edward Hopper o en uno de los cuentos de Raymond Carver. Waits aplica magistralmente una fórmula ya transitada por los artistas antes citados, pero la desplaza hacia el territorio de la canción popular con una sensibilidad más ambigua, narrativa y profundamente teatral.

Ya bien entrada la década de los ochenta, Tom Waits da un giro radical en su sonoridad, llevando su ambición creativa más allá de los instrumentos musicales que, en un inicio, dieron forma a su obra. Influenciado por Harry Partch, Waits comienza a hacer música a partir de sonidos que no provienen de instrumentos convencionales, sino de la vida misma. Incorpora grabaciones de máquinas industriales, sillas arrastradas por el suelo y golpeteos de cristales, desplazando el eje de la composición hacia una escucha ampliada de lo cotidiano.

Waits otorga voz a esa cotidianidad y la impregna de un carácter artístico. El gesto de Waits recuerda al de Duchamp en tanto desplazamiento de lo cotidiano al campo del arte. Sin embargo, mientras el ready-made duchampiano busca la desactivación del afecto, Waits opera en sentido inverso: inscribe el ruido en el cuerpo, la narración y la experiencia social. No se trata únicamente de una búsqueda estética: cada sonido arrastra un trasfondo simbólico, una carga expresiva que se camufla entre los elementos del día a día. De este modo, los metales industriales percutidos con martillos no funcionan solo como recursos sonoros, sino como parte de una escenificación más amplia, donde la precariedad del obrero —figura recurrente en la obra de Waits— encuentra una forma de hacerse audible.

Tom Waits admite sin conflicto no tener hits y ser un artista difícil, y lo hace sin pedir disculpas: las cosas son como son. No responde a parámetros comerciales, no persigue estadios llenos ni la repetición constante en la radio. Desde 1973, Waits emprendió una búsqueda que no ha cesado: una exploración obstinada de los márgenes, donde el ruido se vuelve lenguaje, el cuerpo deja oír su cansancio y la canción popular se resiste a ser cómoda. En esa negativa a complacer, en esa fidelidad a lo torcido, reside la vigencia de su obra.

PRIMICIA: CAYRE ALFARO FONSECA. EL ANIMAL Y OTROS FELINOS

 





Escribí los doce fragmentos de la primera parte de este libro, dedicado doce meses después, publicado gracias a la complicidad de mis mejores amigos. Años después, reescribí texto por texto bajo el título  
El animal y otros felinos, en una serie de prosas que parodiaban un bestiario medieval. Es otro proyecto, sin embargo, acaso descartado. Al revisar mis apuntes de los últimos cinco años, en la simulación de una semana, reescribí siete fragmentos que entendí como la secuela de Hay un animal entre nosotros, la segunda parte lo primero que publiqué y que espero nunca dejar de escribir. 


Lima, verano de 2024

 

 

[…]

pensar en un poema
de amor fascista

versos como
qué bonito
el color de tus ojos
qué lindo
tu tono de piel
qué—

la televisión interrumpe
el fluir de lugares comunes

algo así como una carrera
de motociclistas
en una ciudad desconocida

el narrador pide que alguien
se caiga / se accidente
para que una carrera aburrida
se convierta en algo interesante

pensar en un verso contra hitler
y no escribirlo




[…]

escribir un poema
es cuando tienes dos vacas
y viene un vecino
y ya no sé qué sigue

nunca diría
hagamos la revolución juntos

en todo caso diría
veamos una serie juntos
hasta quedarnos dormidos


nacimos en un tiempo
que no nos corresponde
sería una afirmación
que me mandaría
de vuelta a la facultad

en todo caso
un amague
de estrofa marxista

solo a tu lado
es posible
sobrellevar
el capitalismo


 

PANTERA

Yo jugué el juego del amor. Tú jugaste el juego de la mentira. Eso escribe, con el peso de los lugares comunes, la pantera en su libro dedicado al animal. Siente que ha vivido un libro que nunca debió ser escrito. Siente que la escritura no sirve para la vida y que la vida no sirve para nada y que el animal es una mierda. Eso siente. El animal también tiene sentimientos encontrados. Siente que hay dos libros. En la vida siempre hay dos libros. En un libro, en el libro de la pantera, es un villano. Es el enemigo. Una presa que debería ser cazada. No le gustaría leer ese libro. No le gustaría que ese libro se escribiera. No le gustaría, en realidad, que ningún libro se vuelva a escribir. Sin embargo, disfruta de escribir su libro. En su libro no hay villanos ni héroes. Solo un matrimonio que no funcionó. Alguien salió de caza y regresó con las manos vacías. Eso sucede más de lo que se cree, piensa el animal. Acaso escribe esa oración. Piensa en terminar su libro, en dedicárselo a la pantera y en que la vida siga como la escritura. Salir de caza, regresar con las manos vacías y evitar el llanto. 

 







EDUARDO PADILLA. SCHEHEREZADE, NOVELISTA

    







   

Adolf Eichmann estrenó su autobiografía de 315 páginas

en Jerusalén; edición severa,

inflexible,

de un manuscrito original de

3,564 páginas

transcritas a partir de una grabación magnética,

según Arendt,

que observa

que a Eichmann

le hubiera encantado seguir

hablando  y componiendo

auto-ficciones

a lo largo de un juicio

que le concedió el honor

de batir los récords

de tiempo registrado por un solo alemán

bajo el más riguroso y publicitado

escrutinio.

Pero Eichmann, siendo honestos,

no era bueno,

i.e.,

su vida era extrañamente

aburrida

y su talento

no podía conducir

la atención del público

a través de las mil y una

noches didácticas

necesarias para

liberarlo.

 

Esto no significa, creo,

que la autoficción

sea una empresa abyecta

per se,

pero tal vez sugiere

que nuestras vidas

son más interesantes

antes de compartirlas.

 

A veces pienso en el tío Antonio que

-según mi madre-

pasó sus años

guardando sus uñas

(las que se cortaba

cada tercer día)

en una caja fuerte

y al final

murió y nadie sabía la

combinación de la caja

pero nadie tampoco

quiso averiguar.  

ROM FRESCHI . TAMARA KAMENSZAIN Y EL NEOBORROSO: UN CHISTE LITERAL

 


foto de Ludy Villanueva




La trayectoria de Tamara Kamenszain atraviesa diferentes agrupaciones y generaciones de escritores y se constituye en enlace de redes (Maíz y Fernandez Bravo; 2009, Maíz, 2011) que actúan tanto en la tradición argentina como en la latinoamericana. Allegada a la revista Literal, protagonista de la flexión rioplatense del neobarroco, el neobarroso, y punta de flecha de las reflexiones del siglo XXI en torno a las literaturas sin metáfora (Kamenszain, 2008) y/o postautónomas (Ludmer, 2021), lo cierto es que al proponer el término “neoborroso” (2013), Kamenszain enlaza, de manera humorística, un recorrido que la mantiene conectada con variadas redes a nivel nacional y continental, al tiempo que produce una diferencia que la vuelve vinculable con otras generaciones. De esa manera, consolida nuevas conexiones y se recorta en un “cuarto propio” como “poeta-crítica” que postula la continuidad de la tradición a través de la ruptura.  Me interesa hacer un recorrido por la trayectoria de Kamenzsain a través de las propuestas de las distintas agrupaciones y redes con las que establece contacto para, a través de una “explicación del chiste” (Masotta, 2008; Kristeva, 2005) “neoborroso”, dar con una posición de irreverencia que conjuga tradiciones que se piensan por separado.

 
Lo borroso

Este escrito surge en el marco de los intereses de distintos proyectos de investigación en el ámbito académico, que se combinan con mis inquietudes previas como poeta, y lectora y que me llevaron a singularizar desde distintos aspectos la figura y la obra de Tamara Kamenzsain como una presencia recurrente a la vez que cambiante en los últimos cincuenta años de literatura argentina y latinoamericana.

Esa recurrencia y esa variación se deben, en gran medida, a una multiplicidad de roles asumidos por Tamara Kamenszain en el trabajo con la literatura, que van más allá de un género literario o incluso de la escritura misma, y que van configurando un determinado espacio, con un determinado acervo dentro del reparto de lo sensible (Rancière, 2009). Kamenzsain ha formado parte de grupos de, en sus palabras, amigos escritores, en torno a la revista Literal, fue llamada y se autodenominaba neobarroca, a la hora de escribir literatura y eso implica el rol dual de poeta-crítica, pero también ha realizado trabajos en otras posiciones que ofrece la institución literaria, como son la tarea de bibliotecaria, la realización de entrevistas y reseñas periodísticas, la lectura de originales como consultora en editoriales, la gestión de espacios culturales como el C. C. Rojas, la coordinación de Talleres de Poesía o Escritura Creativa particulares y en diferentes instituciones, tanto en Argentina como en el exterior, la docencia universitaria tanto de teoría e historia literaria como de escritura creativa, labor que incluye la creación y participación en la Licenciatura en Artes de la Escritura de la Universidad Nacional de las Artes. A eso podemos sumar el enlace “literal” con Héctor Libertella, (Freschi, 2025) (y la maternidad también literal en relación a Mauro Libertella). Esa multiplicidad la posiciona como una figura de enlace y conexión entre redes de muy diferente índole.

En su escritura propiamente dicha, es notable una construcción elástica de los géneros literarios que lleva a una indiferenciación entre ellos, en cuanto a que, si bien la leemos mayormente como poeta, ensayista y crítica literaria, también ha escrito novela y autobiografía, pero sobre todo, en cada uno de esos géneros, ha mezclado todos los otros produciendo tensiones en la enunciación literaria y sus polos de ficción y testimonio. (Hamburger, 1995)

 En ese punto de cruce entre un lugar de enunciación múltiple y una diversidad de roles dentro de la institución literaria, podríamos pensar que Tamara Kamenszain se encuentra habilitada a tomar varias o incluso todas las direcciones a la vez. Me interesa entonces pensar su lugar de enunciación y su posición en la literatura argentina – y también la latinoamericana. Para ello, me serviré como punto de partida de una de sus invenciones: el vocablo “neoborroso”.  La palabra, que fue evolucionando a la vista de los lectores- indiferenciados también entre amigos, alumnos, íntimos y éxtimos-  puede volverse metáfora a la vez que proyección de la propia carrera y poética de Kamenzsain.

De acuerdo a su relato en una entrevista realizada por Enrique Foffani en 2010, el término surge como respuesta del momento a una pregunta sobre el neobarroco en una mesa de lectura en un festival de Ecuador. Más tarde, en la promoción de su poesía reunida, en 2013 aparece el titular: “Kamenszain: <Quiero transitar hacia el neoborroso>” (Toledo, 2013). Ya en 2016, el término resulta parte de uno de sus artículos académicos, y queda convertido en “concepto” que permite pensar la obra de una generación posterior.

Entonces, surge en un contexto latinoamericano: Ecuador, y el neobarroco. Es notable en cuanto que, en algunas discusiones meramente argentinas, el barroco y el neobarroco son temas perimidos (Díaz, 2021; Freschi, 2025), mientras que fuera de Argentina las discusiones hallan continuidades de distinta índole. Esto sería material para otro trabajo. Con todo, es posible señalar que marca desde el surgimiento del término una diferencia de contextos en los que el vocablo opera: uno latinoamericano, en el que el debate y la escritura neobarroca continúan teniendo vigencia y otro argentino en el que esas discusiones y prácticas se hallan invisibilizadas o se consideran obsoletas, en tanto no son retomadas por los espacios académicos, incluso hasta el punto en el que parecen darse por terminadas con el propio Perlongher (Freschi, 2025).  En ese punto, la respuesta de Tamara consigue por un lado, señalar lo perimido de la discusión, pero sin cortar del todo su propia relación con el neobarroco. La expresión reúne dos pájaros de un tiro.


El chiste

La palabra “neoborroso” puede describirse como compuesta del prefijo “neo” y el adjetivo “borroso”. Sin embargo, está claro que su sentido no se limita a la unión de los significados que aporta cada significante, sino que debe interpretarse en el contexto de las discusiones ya mencionadas sobre el neobarroco. Es entonces cuando puede pensarse como un chiste, de acuerdo a la reflexión de Freud, puesto que actúa en un contexto que le ofrece, como mínimo, una otra interpretación. En el espacio de una sola palabra, se condensa y ahorran una serie de explicaciones si uno se halla en el marco del contexto compartido al que alude la expresión.

 Es que el término resulta una variación del término “neobarroco”, pero además del “neobarroso” consignado por Perlongher, el cual resulta el modelo para comprender el gesto de Kamenszain. Los dos, tanto Perlongher como Kamenzsain, emplean la técnica de composición de un chiste que Freud describe como “condensación con formación de sustitutivo”, es decir, una mezcla de palabras que resulta una palabra mixta en la que además se cambia un sonido y que necesita un contexto particular para ser comprendida. (Freud, 1996, p.1036)

De acuerdo con Freud (1996, p.1167) el chiste produce placer, y este placer es vivido como un ahorro que se extrae de la “actividad anímica, un placer que se había perdido precisamente a causa del desarrollo de esta actividad, pues la euforia que tendemos a alcanzar por estos caminos no es otra cosa que el estado de ánimo de una época de nuestra vida en la que podiamos llevar a cabo nuestra labor psíquica con muy escaso gasto: esto es, el estado de ánimo de nuestra infancia, en la que no conocíamos lo cómico, no éramos capaces del chiste y no necesitábamos del humor para sentirnos felices en la vida”.

De esta cita,  me interesa pensar el cambio etario, cronológico, en la producción de sentido, y el placer ligado al humor, que es una producción pero es vivida como un ahorro. En el lugar – o los lugares – de enunciación que condensa o combina  Tamara Kamenszain hay una producción de sentido humorística ligada a la línea  Literal- Neobarroso- Neoborroso, que es además una línea temporal, cronológica en la historia literaria nacional y en la de Kamenzsain misma.


A continuación me centraré en algunas reflexiones más sobre el chiste provenientes de otros teóricos del psicoanálisis cercanos a Kamenszain y que considero pueden ser útiles a la hora de pensar su lugar de enunciación.

En primer lugar, Oscar Masotta, publicado y referido con frecuencia en el entorno de Literal. He mencionado aquí la frase “matar dos pájaros de un tiro” en un intento por unir aquello que, de acuerdo con Masotta, en la lógica del discurso, funciona al modo de los teros: “ponen el grito en un lugar y los huevos en otro” (Masotta, 1991. p. 45). En su visión del psicoanálisis, Masotta refiere a una política del tero, esto es, un funcionamiento del lenguaje en el que “la palabra revela su semejanza fundamental con el chiste. La función de las palabras por donde las palabras revelan su capacidad de remitir no a lo que quieren decir sino a otra cosa. Hay en la palabra para el psicoanálisis un operador “tero”. No hay que buscar en ellas lo que ellas significan sino otra cosa.” (Massotta, 1991, p. 45)

En esta operación de referir a un contexto otro, propia del discurso, y del chiste, Masotta propone, con una operación también de humor, una diferencia de contextos, que están separados pero que se unen a través de la palabra. Así el lenguaje es capaz de traer a la superficie manifiesta del lenguaje, contenidos ocultos en la profundidad latente del inconsciente, que en su contraste, resultan una “confesión”. En Masotta, las pulsiones sexuales y sus divisiones, entre varones y mujeres, o masculinas y femeninas resultan equivalentes como formas de relación con un solo objeto teórico: el falo y una misma falta de éste.

De esta manera, las jerarquías entre ámbitos, dimensiones, géneros, estructuras, roles, lenguajes, etc. esto es, las jerarquías en general, se ven en un estado de transgresión: es el contraste y la fricción lo que produce el chiste, en un universo ilimitado de contextos, sean banales, o altamente consagradores.

Otra posición cercana a Kamenzsain es la de Julia Kristeva. En su primera visita a Buenos Aires, Julia Kristeva ofreció una conferencia sobre la Pasión Materna. Kamenszain da cuenta de esta visita (2020), además de otras lecturas que hace sobre ella. En esa conferencia, Kristeva comenta aquello que llama la “pasión materna”.

En relación a la subjetividad materna, Kristeva (2005) observa una inestabilidad de la relación yo-Otro que produce graduaciones muy variadas entre polos muy amplios de exaltación-depresión, o proyección-identificación con distintas presentaciones, estadíos y tensiones que se suceden desde el embarazo, el parto y vuelven a experimentarse al recursar la infancia con le niñe.

De esta manera, la pasión o función materna, para Kristeva, resulta tan estructurante de la subjetividad de le niñe como la función paterna. Será la madre la encargada de estructurar, con el cambio y su posibilidad, el sentido de la temporalidad en le niñe, y la adquisición del lenguaje.

Kristeva otorga la transmisión de la cultura a la pasión materna, y hace uso de la reflexion de Freud sobre el chiste. Kristeva observa que quien cuenta un chiste, no solamente sabe el efecto que tiene, sino que sabe construirlo, y su atención se concentra en el espectador, quien debe captar el significado oculto del chiste. De esa manera, como quien cuenta un chiste, son las madres quienes transmiten los sentidos de la cultura para que sean descubiertos por le niñe sin explicación previa, y sobre todo, sin forzar los propios sentidos sobre le niñe.

En ese acto de transmitir los sentidos sociales, de manera chistosa y didáctica y sin anticipar el final, Kristeva observa una sublimacion de la pasión materna que permite a les niñes crear su propio lenguaje. En esa sublimación, hay un desapasionamiento que torna la pasión en una broma y consigue transmitir, igual que el adn, las claves de la cultura.

Me parece muy claro que Tamara Kamenszain es consciente de su lugar en las culturas argentina y latinoamericana,  lugar que está además tamizado por el espacio que esas culturas les han dado y les dan a las mujeres, es decir, a las poetas- poetisas (del neobarroco- neobarroso o no), tanto en el contexto argentino, como en el latinoamericano y el occidental.

Su respuesta, en clave de humor, tiene el valor de reunir sin mencionarlos una serie de sentidos que marcan la diferencia de los contextos, les da lugar, para luego dejarnos ver la construcción de un cuarto propio[1]. Que no los mencione, no implica que no sean escuchados, al contrario, desde una tradición Literal, el modus operandi de Tamara Kamenszain resuena de lleno en la irreverencia, en la intriga y el humor.

Por un lado, se hace parte del neobarroco al avanzar en la denominación a partir de un juego fónico con el lenguaje frecuente en esa red – ella menciona primeramente a Perlongher y el neobarroso, y posteriormente alude al New Barranco, enunciado por Cucurto (Kamenzsain, 2016, pp.601-602) pero podríamos pensar otras, desde lo latinoamericano, lo neoberraco (Sarduy, Castañón), o lo neo-no-barroco o el barrococó (Espina). Por otro lado, al instalar lo borroso, se sitúa en una zona de indeterminación aún mayor que la que ofrecería lo barroso del neobarroso, puesto que tanto el neobarroco como el neobarroso tendrían un desgaste que los convertiría en cristalizaciones:

 

“… con el Neoborroso se trata de borrar lo ya cristalizado, ahora podemos pasar a otra cosa, es como una vuelta de página: lo que una vez fue útil, ahora ya no lo es más.” (Entrevistada por Foffani, 2010)

 

A diferencia de lo barroco y lo barroso, que aluden a cosas materiales – perlas, barro – el neoborroso anula, borra esa materialidad, parece tornarse puramente conceptual. El neoborroso propone un estado de indeterminación y una acción “borradora”, garante de un futuro posible.

 

En esa garantía de futuro, opera un lugar de enunciación en perpetua transición, que además es fiel solo a la transición. Cuando hay dureza y cristalización, la lengua borra lo anterior con un fluido. Ahí el chiste, el desapasionamiento materno, de acuerdo a Kristeva. Que es además neobarroso, cuya lengua poética se despliega en juegos de palabras.

 

Kamenszain admite no haber comprendido originalmente el gesto de Perlongher:

“… nosotros, sus compañeros de ruta, no teníamos la capacidad de vislumbrar. Es por eso tal vez que leímos el paso con el que él avanzó desde el neobarroco al neobarroso, más como ejemplo de un extraordinario malabarismo lingüístico que como un verdadero gesto crítico” (Kamenszain, 2016, p.600)

Así como “lo que empezó como poesía / tuvo que terminar como novela” (Kamenszain, 2021, p.15) parece que lo que comenzó como un chiste o “malabarismo lingüístico” puede devenir herramienta crítica. Kamenszain enlaza vida y poesía, ficción y testimonio, chiste y crítica a través de un movimiento temporal que permite hallar entre lo binario un punto de indiferenciación (o indiferencia, diría Aira) borroso. 


Lo singular como tradición

Con la palabra “neoborroso”, entonces, más que dos, Kamenzsain mata varios pájaros de un mismo tiro, entra y sale del neobarroco y del neobarroso, con un término propio que le da un lugar de singularidad. A su vez, inventa un concepto, asunto de la Filosofía (Deleuze- Guattari, 1997), concretando una vez más una posición entre la literatura y la filosofía que la ha caracterizado, que podemos pensar que también la singulariza en tanto su género: poetisa-crítica. Se suma así el debate sobre la palabra “poetisa”, que Kamenszain (2021) parece revivir como un anacronismo - esto es también un cambio de contexto -, y esa reflexión sobre la historicidad de las palabra, que puede pensarse en primera instancia como otro chiste, o gesto de provocación,  resulta que la mete de lleno – o la devuelve pero esta vez con su propio espacio e independencia simbólica - a una tradición de irreverencia argentina.  

Esa tradición, en su trayectoria personal, podemos verla desde sus inicios con su cercanía a la revista Literal. (Freschi, 2025) Desde su número 1, la revista propone la intriga como modo de participación, cuestión que instala en cinco puntos al inicio de la publicación y un ensayo breve al final. Allí se lee, entre otras cosas:

“La insistencia de ciertos juegos de palabras es literatura, como lo comprende cualquiera que sepa escuchar un chiste”  Literal nro. 1: una intriga

Y también:

“Montada como intriga literal, el juego donde el texto teórico podrá ser portador de la ficción, y de la reflexión semiótica y tejerá la trama de poema.” Literal nro.1, La intriga

 

Entre estas nociones de intriga, juego, reflexión semiótica, teoría, ficción y poema, la práctica literaria se acerca a una producción para la escucha del chiste. Es decir, a un tipo de comprensión y transmisión particulares de la cultura.

 


 

Bibliografía

 Deleuze G., Guattari, F, (1997) ¿Qué es la filosofía? Barcelona, Anagrama

Díaz, V. (2021). “neobarroco, neo-barroco”. En Beatriz Colombi

(coord.). Diccionario de términos críticos de la literatura y cultura en

América Latina, Buenos Aires, Clacso pp.353-364.

Fernández, N (2020) Ensayos críticos. Violencia y políticaen la literatura argentina. Tradición, canon y reescrituras. Córdoba, Alción

Foffani, E. (2010) “La extraña familia” Entrevista a Tamara Kamenszain, Radar Libros, Página 12, 24 de octubre

Freud, S (1996) “El chiste y su relación con el inconciente” en Obras Completas, Madrid, ed. Biblioteca Nueva, Tomo I pp.1029-1167

Freschi, R (2025) “Un enlace Literal en el neobarroso rioplatenseen Narodowski, Patricio   4tas. Jornadas de Investigación / UNAJ : investigaciones interdisciplinarias en el territorio en el actual contexto pp.517-528 disponible en: https://rid.unaj.edu.ar/handle/123456789/3375.2

----- (2025) “La red visible de Medusario: conexiones analógicas para la emergencia de la Muestra”  en Freschi R y Schnirmajer A. Compiladoras Redes culturales en América Latina (siglos XIX a XXI) Algunos entramados continentales: modernismo, neobarroco y desbordes, UNAJ, pp.93-144

disponible en https://rid.unaj.edu.ar/server/api/core/bitstreams/62810ed5-170a-4166-af0e-26e028e76620/content

-----(2024) “Muchas versiones / en una única escena sobre Tamar(a) y Kamenszain”, en plebellanube iimxxiv, disponible en https://plebellanube.wordpress.com/wp-content/uploads/2024/07/tamara-y-kamenszain-x-freschi.pdf

----- (2023) “Narratología transgenérica: un enlace entre poesía e historia. dictadura y posdictadura argentina en dos poemas de perlongher y thénon”, Revista de Investigación Narrativa, Universidad de Mar del Plata, RAIN, Vol. 3, Nº6, Julio-Diciembre , ISSN 2718-751 pp. 145-162

García G. et al. (2011) Literal, edición facsímil, Bs. As. Biblioteca Nacional

Hamburger K. (1995) La lógica de la literatura, Madrid, Visor

Kamenszain, T. (1996)  “Epílogo” a Medusario, muestra de poesía latinoamericana, Echavarren, Kozer, Sefamí, compiladores, México, Fondo de Cultura Económica

----- (2000) Historias de amor (y otros ensayos sobre poesía), Paidós, Bs. As..

----- (2012) La novela de la poesía, obra reunida, Bs. As. Adriana Hidalgo

----- (2016) Un intimidad inofensiva: los que escriben con lo que hay, Bs. As. Eterna Cadencia

----- (2016) “NEOBARROCO, NEOBARROSO, NEOBORROSO: Derivas de la sucesión perlongheriana en la poesía argentina actual”, BHS 93.6 UNA pp.599-608

----- (2018) El libro de Tamar, Bs. As. Eterna Cadencia

----- (2020) Libros Chiquitos, Bs. As. Ampersand

----- (2021) Chicas en tiempos suspendidos, Bs. As. Eterna Cadencia.

Kristeva, J. (2005) “Maternity today”, Colloque Gypsy V Vendredi 21 et samedi 22 octobre 2005-10-28 Rêves de femmes, disponible en www.kristeva.fr

Libertella, Héctor, (2002) compilador Literal 1973-1977, Bs. As. Santiago Arcos Editor.

----- (2006) La arquitectura del fantasma. Autobiografía. Bs. As.Santiago Arcos Editor.

Masotta, O. (1991) Lecciones de introducción al psicoanálisis, México, Gedisa

-----(2008) Lecturas de psicoanálisis. Freud, Lacan, Bs. As. Paidós

Rancière, J (2009) El reparto de lo sensible, Santiago de Chile, LOM

Toledo F. G. (2013) “Kamenszain: <Quiero transitar hacia el neoborroso>”, Diario Uno, 11 de Octubre.

 



[1] En el punto del humor, cabe destacar que Kamenszain no puede leerlo del todo en el neobarroco, podemos pensar por su contexto latinoamericano, y sí en el neobarroso, al que circunscribe a Perlongher como autor argentino. Lo reconoce de manera más tardía, y por eso quizás lo adjudica mejor a una generación siguiente, viendo humor únicamente en algunos poetas, sin salir ya del contexto argentino. En el caso de Cucurto, por ejemplo, Kamenszain asocia el gesto de leer el neobarroco como un sketch televisivo, o en el caso de Laguna, realizar un poema sobre una toallita femenina como algo banal y abyecto a la vez, como herencia de Perlongher en clave “neoborrosa”. En futuros trabajos cabría pensar que esas características- y otras - ligadas a Perlongher pueden adjudicarse a varios poetas neobarrocos y también a otros posteriores justamente porque la influencia y herencia de Perlongher resulta mucho más amplia de lo que ha sido leída hasta ahora. Por otro lado, también es necesario mencionar que esas características también han sido pensadas dentro de la categoría generacional de los 90, exclusiva del contexto critico argentino, con las contradicciones que allí se encuentren. Quizás sea momento de pensar las relaciones de la escritura de Perlongher con un arco mayor de las variantes de escritura de los 90 y posteriores, y con un marco que le restituya los vínculos con el neobarroso como práctica rioplatense y el neobarroco como movimiento continental. Un buen punto de partida es el modo en que Nancy Fernández (2020, pp. 189-191) analiza la polémica objetivismo- neobarroco en Argentina como una instalación del objetivismo como generación en pugna a partir de un recorte del neobarroco que, entre otras cosas, lo desliga de las relaciones con generaciones anteriores (como la de Literal) y del contexto latinoamericano (Freschi, 2025).

viernes, 2 de enero de 2026

NICK CAVE. LA CANCIÓN DE LA BOLSA PARA EL MAREO. TRAD. MARIANO PEYROU

 



Nick Cave, nacido en 1957 en Warracknabeal, Australia, es ese espécimen de músico que parece haber nacido con un cuaderno de poemas en una mano y un cuchillo metafórico en la otra, listo para desgarrar el alma del mundo con voz grave y teatralidad shakesperiana; líder de los Bad Seeds, su obra transita entre el gospel demoníaco, el noir literario y la épica trágica, como si Edgar Allan Poe hubiera decidido encarnar en un hombre que canta sobre amores perdidos, asesinatos simbólicos y crímenes de conciencia, todo mientras se pasea con chaqueta negra y sombrero de elegancia apocalíptica; Cave no es solo músico sino un arquitecto de atmósferas, un demiurgo que combina la violencia del blues con la solemnidad de los himnos cristianos, recordándonos que la melancolía puede ser católica y el desamor un sacramento laico. Su talento literario no se queda en la lírica: The Death of Bunny Munro y And the Ass Saw the Angel revelan a un narrador que entiende la Biblia, el noir estadounidense y la literatura gótica como un brunch dominical en el Infierno, servido con sarcasmo y té negro; y si su nombre aparece ligado a colaboraciones cinematográficas con Iain Softley o John Hillcoat, es porque Cave entiende que la imagen y el sonido son extensiones de su verbo oscuro, una mise en abyme de la tragedia moderna, donde cada acorde parece ensayar el Juicio Final y cada palabra canta como si el propio Dante hubiera decidido tocar bajo un neón en Brighton. Socarrón, teatral y siempre al filo entre lo solemne y lo ridículo, Cave nos recuerda que la elegancia oscura es una forma de resistencia y que la poesía puede sangrar con glamour mientras el mundo sigue caminando como si nada; y allí está él, con su piano, su voz cavernosa y su lirismo apocalíptico, como un alquimista de la desesperación que hace del dolor un espectáculo elegante, y de la literatura y la música, un templo donde lo trágico y lo sublime se dan la mano en un vals eterno.

A continuación les presentamos unos textos del libro La canción de la bolsa para el mareo (Sexto Piso, 2015), traducidos por Mariano Peyrou aquel curioso y venerable artífice de palabras que parece haber aprendido el arte de la poesía entre cafés humeantes, libros apilados en torres tambaleantes y papeles arrugados como pergaminos de alquimista olvidado un demiurgo que no se limita a trasladar vocablos sino que resucita la música secreta del texto la cadencia huidiza los silencios que se escapan entre signos y que el autor original dejó como migajas de pan para lectores perspicaces mientras lanza su ironía afectuosa a quienes piensan que traducir es oficio de monótonos escribas Peyrou combina erudición picardía y afecto esa mezcla rara en  la tradición literaria se pasea de la mano con guiños socarrones y donde cada línea traducida es acto de respeto juego y amor por la lengua porque sabe y lo hace saber con sutil desenfado que traducir no es transponer palabras sino acariciar custodiar y volver a nacer cada poema en otra lengua acto de devoción que exige escucha intuición y valor y así en este libro se deja entrever que el traductor es también lector y poeta capaz de guiar al lector por los vericuetos de lo dicho y lo sugerido de lo musical y lo silencioso y hacerlo con la sonrisa de quien conoce los secretos de la lengua la reverencia de quien ama los textos y el aplomo de quien sabe que la poesía manejada con cuidado y picardía es territorio tanto de juego como de afecto profundo donde la palabra puede ser daga abrazo y guiño simultáneamente y donde Peyrou con su talento y paciencia convierte cada poema en pequeño milagro de vida sonido y memoria asegurando que los versos lleguen intactos al lector y que el corazón además de la mente se deje seducir y sorprender y uno no puede menos que rendir homenaje a su labor porque si los poemas sobreviven si respiran hoy en la lengua de Cervantes y en los oídos de nuevos lectores es gracias a su celo amoroso su erudición socarrona y su afecto profundo hacia la palabra y el arte que nos recuerda que traducir es acto heroico y lúdico a la vez y que Mariano Peyrou merece que su nombre se pronuncie con admiración y una sonrisa cómplice cada vez que alguien lea y se deje hechizar por estos versos traducidos.






KANSAS CITY – MISSOURI

Soy un sistema nervioso que se alimenta de risas y fantasmas.
Los fantasmas aúllan a través de las palabras haciéndolas armonizar.
No tenía idea de que podía haber saboreado tu dulce aliento por última vez,
y cuando en casa pienso en ti, noto
en el pecho la breve expansión de un anhelo preocupado,
mientras cruzamos el límite estatal hacia Missouri
y estacionamos el autocar junto a la carretera y desembarcamos,
y en la pausada oscuridad llegamos a la pradera con su hierba baja
que nos roza el vientre como serpientes.

Representamos la matanza del bisonte por parte de William “Buffalo Bill” Cody,
y después la guerra contra los indios, incluida la Batalla de Coon Creek.
Y esa noche, en el Intercontinental de Kansas City,
trato de llamarte por el cable transatlántico de comunicaciones,
pero el teléfono se limita a sonar y a rimar,
así que dejo un mensaje oscuro y espectral
en nuestro contestador. Dice:

Eres el escultural bisonte que hay en la pradera de mi ausencia.
Eres la tristeza de Squanto al regresar a su hogar.
Eres la lágrima derramada en la manga de cuero sin curtir.
Levanta el teléfono.
Levanta el teléfono.
Yo soy la joroba despellejada que pinta la pradera de rojo.
Yo soy el tipo de las moscas. Yo soy el que se muere.
Yo soy el hombre que va de gira y se esconde.
Yo soy el que se casó y huyó.
Contesta el teléfono.
Contesta el teléfono.
Yo soy el muerto.

Después me tomo una pastilla y me meto en la cama.

 

*

Bajo las sábanas, me pongo la bolsa para el mareo al lado de la oreja y la agito. Oigo el tintineo de los símbolos de las nueve musas: la tablilla para escribir, el pergamino, la flauta, las flechas del amor, la máscara trágica, el arpa, la lira, la máscara cómica, el globo celeste y la brújula.

Oigo la sangre caliente de mi cuello que impregna la autopista mientras llamo a casa y tú no contestas.

Oigo el corazón terrible del niño apuntando hacia el tren que se acerca a toda velocidad.

Oigo a gente sin sangre susurrando, compadeciendo y conspirando. Reconozco las voces; son de colaboradores de un pasado lejano.

Mis nueve musas duermen tranquilas, sobre mi pecho, pues han concluido su trabajo de hoy.

Regulo mi respiración mientras los ángeles con las alas desplegadas me llevan.

En mi sueño, me transportan a través de un paisaje onírico norteamericano, delicado y violeta, una panorámica de solución y resolución, donde lo mejor que podemos hacer se nos revela sin ningún esfuerzo.

 

MILWAUKEE – WISCONSIN

 A la mañana siguiente vamos en el autocar hasta Milwaukee,

donde si no eres alemán es que eres polaco.
Al menos eso es lo que nos dice el tipo del restaurante Mader’s
mientras nos trae un pretzel grande como una cabeza humana cortada.

Después, en una noche lluviosa, corremos hasta el Hotel Intercontinental
con los chalecos antibalas de plástico azul puestos encima de la cabeza,
paso junto a los cazadores de autógrafos y ante el espejo del baño canto:

Cuando me pongo esta máscara, todas las chicas gritan.
En cambio, cuando me pongo esta otra, se ríen.
Cuando llego a Milwaukee con una pinta de nata,
meten la cabeza debajo de las sábanas.

Preparo cuidadosamente un engrudo en un recipiente y me pinto el pelo de negro,
de modo que cae como el ala de un cuervo, oscuro y brillante,
sobre mi frente, que tiene varios pisos. Me acerco y observo
los confusos cultivos circulares de mis ojos. En el derecho,
sobre lo azul, hay una pequeña decoloración marrón, y los blancos
están empezando a amarillear. Tengo una mancha en la sien izquierda.
Una araña vascular en la ventana derecha de la nariz. La luz del baño es brutal.
Cambio la posición de la cara para dejar de parecerme
A Kim Jong-un y empezar a parecerme un poco a Johnny Cash,
o a algún otro. ¡Espera! ¡Un minuto! ¡Ahí está! ¡Así!

*

En un estudio de Malibú, Johnny Cash se sentó y tocó una canción. Estaba parcialmente ciego y apenas podía caminar. Yo estaba allí. Vi a un hombre enfermo agarrar su instrumento y ponerse bien.

Por desgracia, también he visto lo contrario. Agarrar, agarrar, agarrar. He visto a hombres que estaban bien agarrar sus instrumentos y ponerse enfermos.

 

*

Resistir la necesidad de crear.
Resistir la creencia en el absurdo.
Resistir mediante la provocación.
Resistir mediante la enfermedad y la tristeza.
Resistir mediante la masturbación.
Resistir gracias a los libros de autoayuda.
Resistir gracias a hacer cosas por los demás.
Resistir gracias a compararse con los demás.
Resistir a través de la opiniones de los demás.

Éstos son Los nueve tormentos del desarrollo. Viven en la sangre y en la piel y en los nervios. Están tan presentes en nuestros progresos, y resultan tan catastróficos para ellos, como un tren fuera de control que avanzara tronando hacia nosotros mientras nos quedamos paralizados de miedo en las vías.

Las entrañas supurantes de mi bolsa para el mareo diseminan barras y estrellas
sobre el suelo de serrín de los Estados Unidos. Pero ¡escucha!
¿Qué es ese dulce aliento que noto en la oreja?
Son las musas y Johnny Cash que nos van soplando mientras avanzamos.




MINNEAPOLIS – MINNESOTA

Estoy vomitando los mejillones y el pretzel de Milwaukee en un callejón
detrás del Teatro Estatal de Minneapolis (Minnesota).
Minneapolis, con sus razonables pasarelas peatonales que te protegen de las inclemencias del tiempo,
y el Teatro Estatal, una versión libre del estilo renacentista italiano,
con su proscenio restaurado curvándose treinta metros por encima del escenario,
comprado por Live Nation en el año 2000
y vendido a Key Entertainment en el 2008.

Llegamos pronto, pero nos dan ganas de vomitar y salimos tarde.
Las muestras de cariño del púbico son asombrosas. “¡Mira!”.
¡Los cuerpos de la gente se están convirtiendo en pilotes de hormigón!
¡Sus brazos se extienden como las ramas letales de árboles a medio talar!
¡La música viene retumbando hacia nosotros por las vías!
Hemos vadeado a través de la sangre del búfalo
y de los guerreos cheyennes para estar con ustedes esta noche. “¡Mira!”.
Los pilotes de hormigón se están convirtiendo en columnas de luz.
Estoy como un perro despellejado sobre mis patas traseras y muestro
una amplia franja de piel húmeda y rosada. “¡Salten!”, digo,
sujetando torpemente mi bolsita de vómito. “¡Salten, cabronas!”.
Y todas las columnas de luz se agarran de la mano y, una por una, saltan dentro.

*

Esa noche, tarde, en el Grand Hotel, en el centro de Minneapolis,
agarro Las canciones del sueño, de John Berryman,
como un ladrón experto. Ralentizo el pulso de mi corazón
y pego la oreja a las dieciocho vías
de versos oscuros y vibrantes. Las tripas me rugen como un tren.
Lenta, pacientemente, voy apagando los interruptores y, aterrorizado
y cómodo, todo el mundo se desmorona. Bostezo.

Entonces sueño que voy hasta el puente de Washington Avenue,
donde el poeta debatió entre la sutil diferencia entre
volar y caer con la orilla, hermosa y cubierta de hierba, que tenía abajo.
Tienes que dar el primer paso tú solo;
un ángel fraudulento con unas alas de papel pegadas a la espalda, como una vela,
dijo: ¡tienes que dar el primer paso tú solo1 ¡Y, por la tanto, también el último!
Después empujó a John Berryman por encima de la barandilla.

Y mientras el poeta , que quedó como un acordeón, se ahogaba en la hierba,
Llego al cuarto verso de “La canción del sueño 54” como un tren fuera de control:
“Me apoyo en la costosa cama y pienso en mi mujer”
y me despierto con una urgencia, con una necesidad imperiosa
y llamo, llamo, llamo a mi mujer. “¡No saltes! ¡Por Dios! ¡Cariño, no saltes! ¡Levanta el teléfono!”.
Mientras, recuerdo, en los escalones de nuestra casa,
su mirada al despedirme, húmeda, inestable, que decía ay, ay, ay,
no te vayas. No vayas. Quédate en casa.

*

La canción de la bolsa para el mareo es las sobras.
La canción de la bolsa para el mareo es las peladuras.
La canción de la bolsa para el mareo es las virutas.
La canción de la bolsa para el mareo es los últimos vestigios.
La canción de la bolsa para el mareo es la bilis y las tripas.
La canción de la bolsa para el mareo es los restos y los residuos.
La canción de la bolsa para el mareo es la escoria y lo devuelto.
La canción de la bolsa para el mareo es la hez en el fondo del barril.
La canción de la bolsa para el mareo es lo rechazado, vomitado.

Para poder seguir avanzando y mañana saltar de otra manera.

 

 

 

La canción de la bolsa para el mareo (Sexto Piso, 2015)